Jn 1:35. Al día siguiente Juan estaba de nuevo (junto al río Jordán), y dos de sus discípulos estaban con él.
En el texto original, el versículo 35 dice, por ejemplo, literalmente: «Al día siguiente Juan estaba allí de nuevo, y dos de sus discípulos estaban con él». Aquí surge la pregunta: ¿dónde estaba? ¿Estaban los dos discípulos con él o se encontraban en algún otro lugar, solo al mismo tiempo? A todos debe resultarles evidente de inmediato que aquí no se indica ni el lugar ni, mucho menos, la actividad de los dos discípulos.
Ahora bien, ¿por qué no mencionó el evangelista esta circunstancia?
La razón ya se indicó arriba, pues se entiende por sí sola y, especialmente para aquel tiempo, en que esa forma de escribir era la regla, debía darse completamente por sobreentendido que Juan estaba junto al río Jordán, allí bajo un sauce, y esperaba a ver si llegaba alguien para hacerse bautizar por él. Y como tenía varios discípulos que escuchaban y también anotaban su enseñanza, por lo general había dos a su lado; a veces, cuando había mucho que hacer, también había varios. Estos lo ayudaban en sus bautismos e incluso bautizaban en su nombre y según su manera.
Como en aquel tiempo todas esas circunstancias eran demasiado conocidas por quienes rodeaban a Juan, tampoco se las anotaba. En esa época era la regla escribir así y, en parte, también una necesidad por la escasez de material para escribir. Por eso solo se anotaba lo principal y, mediante la conjunción «y» colocada al comienzo de una frase, se daba a entender si las frases que parecían estar aisladas guardaban relación entre sí o no. Por esa razón, tales conjunciones rara vez se escribían con letras; en su lugar, se anteponían ciertos signos conocidos a las frases principales relacionadas entre sí.
La explicación dada aquí no es, en sí, una explicación evangélica; sin embargo, es muy necesaria, porque sin ella los Evangelios apenas pueden entenderse hoy en su sentido histórico exterior; menos aún en su sentido espiritual interior, y muchísimo menos todavía los libros proféticos del Antiguo Testamento. En estos, en lugar de frases desarrolladas, solo aparecen imágenes correspondientes y, naturalmente, no puede hablarse de indicaciones circunstanciales de ninguna clase. Pero como ahora conocemos tales reglas de la antigüedad, en lo sucesivo no será difícil relacionar con mayor facilidad todos los versículos y textos siguientes, leerlos de manera más correcta y poner al menos su parte histórica natural bajo una luz más clara. Haremos un breve análisis de esta clase con los versículos 36 y 37; así quedará clara la regla expuesta.
Jn 1:36. Y cuando vio caminar a Jesús (a la orilla del Jordán), dijo: «¡Este es el Cordero de Dios!».
El versículo 36 dice en el texto original: «Y cuando vio caminar a Jesús, dijo: Mira, este es el Cordero de Dios». El «y» indica aquí que este texto guarda alguna relación con el anterior. Históricamente señala que Jesús, después de recibir el bautismo con agua, permaneció todavía algún tiempo cerca de Juan y que, por eso, tanto los dos discípulos de este como él mismo Lo vieron caminar a la orilla del Jordán.
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Cuando Juan Lo ve, reúne de inmediato todos sus pensamientos en uno solo y dice, como para sí, en una especie de gran entusiasmo: «¡Mira, este es el Cordero de Dios!». En el tiempo actual se habría expresado aproximadamente así: «¡Miren allá! A la orilla del río camina todavía hoy el Dios-hombre altísimo, tan carente de pretensiones y tan humilde como un cordero». Pero Juan omite todas estas explicaciones más detalladas y dice solamente lo que aparece en el versículo.
Jn 1:37. Y cuando los dos discípulos oyeron hablar así a Juan, (dejaron de inmediato a Juan) y siguieron a Jesús.
El versículo 37, que en realidad presenta la consecuencia de los dos anteriores, comienza otra vez con «y» por la razón que acabamos de exponer. Indica sencillamente lo sucedido y apenas alude muy brevemente a la causa.
El texto original dice con toda sencillez: «Y dos de sus discípulos lo oyeron hablar y siguieron a Jesús». En el tiempo actual, sin menoscabo de su comprensión y sentido, el versículo podría decir: Cuando los dos discípulos que estaban con él, Juan, oyeron hablar así a su maestro, lo dejaron de inmediato y se dirigieron hacia Jesús; y cuando Jesús comenzó a alejarse de aquel lugar, Lo siguieron.
Todo lo expuesto en esta ampliación del texto tuvo que haber ocurrido también en este acontecimiento, pues de otro modo el hecho no habría podido realizarse. Pero, como ya se dijo, según la forma de escribir de aquel tiempo solo se mencionan los dos conceptos de «oír» y del «seguir» inmediatamente posterior; todas las frases de transición y enlace se omiten por considerarse evidentes. Quien comprenda bien esta regla podrá reunir al menos la parte histórica del texto original en un sentido más comprensible y, de ese modo, también podrá representarse con mayor facilidad el sentido interior.