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GEJ 1.24

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 24 de 161

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GEJ 1.24.1

Jn 3:27. Juan respondió: «Una persona no puede recibir nada si no le es dado desde el Cielo».

Juan se repuso y dijo a sus discípulos: «Escuchen, a mí me parece que es así: una persona no puede recibir nada, especialmente en asuntos del espíritu, si antes no le es dado desde los Cielos. El hombre extraordinario que se hizo bautizar por mí al otro lado del Jordán, sobre quien vi descender desde los Cielos al Espíritu de Dios, suave como una paloma que se posa en su nido y en forma de una pequeña nube luminosa, y de quien di testimonio, no habría podido obtener como simple ser humano lo que posee. Pero Él es más que un simple ser humano y parece tener el poder de tomar para Sí desde los Cielos, conservar lo recibido o darlo a quien quiera. Creo que todos hemos recibido cuanto tenemos de Su gracia; por eso es imposible que pretendamos prescribirle qué debe hacer y cómo. Él da, y nosotros somos quienes recibimos de Él. Tiene Su pala de aventar en la mano; limpiará Su era como quiera, recogerá el trigo en Su granero, quemará la paja con el fuego eterno y hará con las cenizas lo que quiera».

GEJ 1.24.2

Jn 3:28. Ustedes mismos son mis testigos de que dije: «Yo no soy Cristo, sino que fui enviado delante de Él».

«Ustedes mismos son mis testigos de que dije ante los sacerdotes y levitas llegados de Jerusalén: “Yo no soy Cristo, sino que fui enviado delante de Él”. ¿Cómo podría entonces molestarme por lo que hace Aquel que tiene Su propia pala de aventar en la mano? Si Él limpia Su era como quiere, nosotros no podemos imponerle una ley. El campo —el mundo— es Suyo, como también el trigo —los hijos de Dios— y la paja —los hijos del mundo o del diablo—; Suyo es el granero —el Cielo— y Suyo el fuego —el Infierno—, que jamás se apaga».

GEJ 1.24.3

Jn 3:29. Quien tiene a la novia es el novio, el Señor. El amigo del novio está presente, lo escucha y se alegra mucho por su voz. Esta alegría mía se ha cumplido ahora.

«Quien tiene a la novia —la Sabiduría de los Cielos— es un verdadero novio. Pero el amigo del novio está presente, lo escucha y se alegra mucho por la voz del novio. Miren, esta alegría se ha cumplido ahora en mí. Cuando viene el Señor mismo, termina el oficio del mensajero, pues este no tiene otra tarea que anunciar la llegada del Señor; una vez presente el Señor, el mensajero ya no sirve».

GEJ 1.24.4

Jn 3:30. Él debe crecer, pero yo debo disminuir.

«Por eso ahora yo debo disminuir; pero Él, como Señor, debe crecer entre las personas de esta Tierra. Ustedes fueron siempre mis discípulos desde que llegué como mensajero enviado; sin embargo, ¿quién de ustedes oyó alguna vez de mi boca que yo me hubiera gloriado de ello? Siempre reservé la gloria justa para Aquel a quien corresponde. Cuando di testimonio de que no era digno de desatar las correas de Sus zapatos, ciertamente no me elevé a mí mismo, sino que di únicamente a Él toda la honra que la ceguera humana quería tributarme. Por eso repito: mi oficio ha terminado. Cuando viene el Señor mismo, el precursor ya no presta utilidad; por eso el mensajero —la carne— debe disminuir, y Él como Señor —el Espíritu— debe crecer por encima de toda carne. Hay una gran diferencia entre el mensajero y Aquel que lo envía, por Su propio poder supremo, adonde quiere».

GEJ 1.24.5

Jn 3:31. Aquel que viene de arriba está por encima de todos. Quien es de la Tierra pertenece a la Tierra. Pero Aquel que viene del Cielo está por encima de todos.

«Quien tiene poder para dar leyes está arriba; quien debe obedecer está abajo. Nadie puede estar arriba legítimamente si no ha venido de arriba. Pero quien verdaderamente viene de arriba está por encima de todos. Quien es de la Tierra nunca puede ser de arriba, sino que permanece siempre ligado a la Tierra. Aquel que viene del Cielo está por encima de todos, pues es el Señor y puede hacer lo que quiera; puede bautizar con agua, fuego y Espíritu, porque todo es Suyo.

GEJ 1.24.6

Sin embargo, pienso que Él mismo no bautiza mucho con agua, sino únicamente con el fuego del Espíritu. Sus discípulos bautizarán primero a las personas según mi manera; es decir, a todos los que todavía no hayan recibido de mí el bautismo con agua. Pero este bautismo no le sirve de nada al ser humano si después no es bautizado con el Espíritu de Dios».

*

GEJ 1.24.7

Jn 3:32. Él da testimonio de lo que ha visto y oído; sin embargo, casi nadie quiere aceptar Su testimonio.

«El agua solo da testimonio del agua y limpia la piel de la suciedad de la Tierra. Pero el Espíritu de Dios, con el cual únicamente el Señor puede bautizar porque el Espíritu de Dios es Su Espíritu, da testimonio de Dios y de aquello que solo Él contempla y percibe en Dios en todo momento.

GEJ 1.24.8

Pero lamentablemente casi nadie acepta todavía este santo testimonio. Lo que es barro inmundo sigue siéndolo y no puede recibir el Espíritu, a menos que antes pase por el fuego y allí se vuelva espíritu; pues un fuego verdadero consume todo excepto al espíritu, que es él mismo un fuego poderoso. Por eso el bautismo espiritual del Señor también destruirá a muchos, y muchos temerán aceptarlo».

GEJ 1.24.9

Jn 3:33. Quien lo acepta sella dentro de sí que Dios es verdadero, naturalmente en Aquel que le dio el testimonio mediante el bautismo con el Espíritu de Dios.

«Quien acepte este bautismo y el santo testimonio contenido en él sellará dentro de sí, ante el mundo, que Aquel que lo bautizó con el Espíritu es verdaderamente Dios y que solo Él puede dar la vida eterna. Sin embargo, ustedes se preguntan: “¿Por qué sellar dentro de uno mismo el testimonio de los Cielos acerca de Dios dado por Dios?”. Ya se lo dije: el barro inmundo es y sigue siendo barro inmundo, y el espíritu sigue siendo espíritu. Pero si el ser humano terrenal, que desde su fundamento es barro inmundo, recibe el espíritu dentro de ese barro, ¿permanecerá en él si no lo guarda bien en sí mismo, es decir, en su corazón?

GEJ 1.24.10

¿Existe acaso una medida determinada conforme a la cual se distribuya el espíritu, para que cada uno sepa cuánto ha recibido? Si no existe semejante medida, el ser humano terrenal, hecho de barro inmundo, debe abrir en su corazón una medida para el espíritu recibido; y solo cuando el espíritu haya llegado al reposo permanente dentro de esa medida y haya llenado en tal reposo la nueva medida, el ser humano reconocerá dentro de sí cuánto espíritu recibió.

GEJ 1.24.11

¿De qué les serviría recoger agua del mar en un barril agujereado? ¿Podrían decir y reconocer alguna vez cuánta agua sacaron de ese mar que para ustedes no tiene medida? Pero si el barril está bien cerrado, podrán medir cuánta agua marina contiene. El agua del mar es igual en todas partes; mucha o poca, da lo mismo. El mar sigue siendo mar en toda su extensión, y quien extrae de él, mucho o poco, extrae verdadera agua marina y solo después reconoce la medida».

GEJ 1.24.12

Jn 3:34. Aquel a quien Dios envió habla la Palabra de Dios. Dios no da Su Espíritu al enviado conforme a una medida, como a un ser humano, sino en toda Su plenitud.

«Lo mismo sucede con Aquel que vino de Dios para dar testimonio de Dios y hablar la pura Palabra de Dios. Él mismo es el mar sin medida —el Espíritu de Dios—. Cuando da Su Espíritu a alguien, no lo da conforme a la medida infinita que solo puede existir en Dios con toda su plenitud sin fin, sino conforme a la medida que hay en el ser humano. Pero si este quiere recibir el Espíritu, su propia medida no debe estar dañada ni quedar abierta, sino bien cerrada y sellada.

GEJ 1.24.13

Pero Aquel con quien estuvieron y a quien preguntaron si era Cristo —siendo exteriormente también un Hijo del Hombre— no recibió el Espíritu de Dios según la medida de un ser humano, sino desde la eternidad conforme a la medida infinita de Dios mismo; pues Él mismo es dentro de Sí el mar sin medida del Espíritu de Dios. Su Amor es Su Padre desde la eternidad, y este Amor no está fuera del Hijo del Hombre visible, sino dentro de Él mismo, que es el fuego, la llama y la luz desde la eternidad, en el Padre y procedente del Padre».

GEJ 1.24.14

Jn 3:35. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en Su mano.

«Este Padre amoroso ama por encima de todo a Su propio Hijo. Todo poder y autoridad están en las manos del Hijo, y cuanto tenemos conforme a la medida justa lo hemos recibido de Su plenitud sin medida. Él mismo, procedente de Su propia Palabra, es ahora entre nosotros un ser humano de carne; y Su Palabra es Dios, Espíritu y carne, a la que llamamos el Hijo. Por consiguiente, el Hijo también es eternamente en Sí la vida de toda vida.

*

GEJ 1.24.15

Jn 3:36. Quien cree en el Hijo tiene la vida eterna. Quien no cree al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

«Quien acepta al Hijo y cree en Él ya tiene dentro de sí la vida eterna. Así como Dios mismo es en cada Palabra Su propia vida eterna y perfectísima, también lo es en cada persona que recibe dentro de sí Su Palabra plenamente viva y la conserva. Pero quien, por el contrario, no acepta la Palabra de Dios de boca del Hijo y no cree al Hijo, no recibirá ni podrá recibir la vida, ni verla ni sentirla dentro de sí. Y la ira de Dios —que es el juicio de las cosas que no poseen otra vida que la de la ley de necesidad eternamente inmutable— permanecerá sobre él mientras no crea en el Hijo.

GEJ 1.24.16

Yo, Juan, les he hablado ahora de estas cosas y les he dado a todos un testimonio plenamente válido. Los he limpiado de la suciedad de la Tierra con mis propias manos. Vayan ahora y acepten Su Palabra, para que reciban el bautismo de Su Espíritu; pues sin él todo mi esfuerzo por ustedes carece de utilidad y valor. También yo quisiera ir personalmente a Él, pero Él no lo quiere y me revela por medio de mi espíritu que debo permanecer aquí, porque ya he recibido en el espíritu lo que a ustedes todavía les falta».

GEJ 1.24.17

Este es el último y mayor testimonio de Juan acerca de Mí y no necesita más explicación, porque se explica en sí y por sí mismo.

GEJ 1.24.18

La razón por la cual no aparece con tanta amplitud en el Evangelio sigue siendo la misma. En primer lugar, la manera necesaria de escribir en aquel tiempo consistía en registrar únicamente los puntos principales y omitir todo lo demás que un espíritu despierto puede encontrar fácilmente por sí mismo. En segundo lugar, se procuraba que lo santo y vivo de la Palabra no fuera contaminado ni profanado. Por eso, cada versículo semejante es una semilla vigorosa y cubierta por una cáscara firme, dentro de la cual reposa oculto el germen de una vida sin fin y de su inconmensurable plenitud de sabiduría.

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