Jn 2:18. Entonces los judíos dijeron: «¿Qué señal nos muestras como prueba de que puedes hacer esto?»
Mientras Yo hablaba todavía de esto con los temerosos discípulos, se acercaron algunos judíos y Me dijeron: «Has realizado una acción poderosa. Personas y animales huyeron de Tu mano como paja en la tormenta, y nadie regresó para recoger su dinero esparcido. ¿Quién eres y qué señal —se referían a una autorización del emperador— puedes mostrarnos para demostrar que tienes derecho a hacer algo así? ¿No conoces la férrea severidad de las leyes, que podrían llevarte a la ruina por esto?»
Jn 2:19. Jesús les respondió: «Derriben este templo, y al tercer día lo levantaré de nuevo».
Yo dije: «Si no conociera las leyes y les tuviera miedo, no habría hecho esto. Pero ustedes Me exigen una señal oficial, y les digo que no poseo ninguna. Sin embargo, derriben este templo, y al tercer día estará nuevamente terminado».
Jn 2:20–21. Entonces los judíos dijeron: «Se necesitaron 46 años para construir este templo, ¿y Tú quieres hacerlo solo en tres días?». Ellos no sabían que Él hablaba del templo de Su cuerpo.
Ante esta afirmación categórica Mía, los judíos pusieron unos ojos muy extraños y al principio no supieron cómo reaccionar. Solo después de un rato, uno de ellos recordó que para construir el Templo habían sido necesarios 46 años completos y el trabajo ininterrumpido de muchos miles de manos. Este judío conocedor de la historia se dirigió entonces a Mí y dijo: «Joven, ¿pensaste bien la necedad que acabas de decir? Mira, para construir este templo se necesitaron 46 años completos y el trabajo intenso de muchos miles de manos. ¿Y Tú quieres hacerlo completamente solo, sin ayuda de otras manos, en tres días? ¡Qué testimonio has dado de Ti mismo, y precisamente en el Templo, donde uno debería hablar con la mayor sensatez!»
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Tu acción anterior nos había sorprendido mucho, y nosotros, los ancianos de Jerusalén, ya comenzábamos a deliberar entre nosotros acerca del poder con que realizaste esa obra, en sí muy digna de alabanza: si procedía de un poder terrenal o profético. Por eso Te interrogamos. Si nos hubieras dicho con palabras sabias y comprensibles que eres un profeta suscitado por Dios y que hiciste esto mediante Su poder, Te habríamos creído. Pero, contra toda expectativa, en lugar de una respuesta sabia nos diste una respuesta sacrílega, presuntuosa y necia, casi indescriptible, en la que no hay una sola sílaba verdadera. Ahora solo vemos en Ti a un hombre que quizá aprendió un poco de magia en alguna escuela pagana y quiere hacerse importante con ella aquí, en la ciudad de David, ya sea al servicio de Roma o secretamente al servicio de los fariseos, sacerdotes y levitas. Pues estos probablemente han obtenido hoy, como consecuencia de Tu acto mágico, la mejor cosecha del Templo. A todos nos duele sinceramente habernos equivocado tanto contigo».
Entonces dije: «También a Mí Me duele de todo corazón haberlos encontrado tan terriblemente ciegos y sordos. Quien es ciego no ve nada, y quien es sordo y mudo no percibe nada. Ante sus ojos realizo una señal que nadie hizo antes de Mí y digo la verdad más plena; sin embargo, ustedes dicen que soy un necio fanfarrón versado en magia pagana que quiere hacerse importante ante ustedes, o un mago al servicio de Roma o al despreciable servicio de los sacerdotes del Templo. ¡Qué acusación tan vergonzosa! Miren allí la considerable multitud que Me siguió hasta aquí desde Galilea. Ella Me ha reconocido, aunque ustedes dicen que los galileos son el pueblo judío más incrédulo y perverso. Ellos, sin embargo, Me reconocieron y Me siguieron. ¿Por qué ustedes no pueden reconocerme?»
Los judíos respondieron: «Nosotros también queríamos reconocerte y por eso Te interrogamos, pues no somos ciegos ni sordos como piensas. Sin embargo, nos diste una respuesta de la que una persona con entendimiento natural no puede deducir otra cosa que lo que Te hemos dicho abiertamente a la cara. Tenemos buena voluntad; si acaso eres profeta, ¿por qué no la reconoces? Somos hombres honorables de Jerusalén y poseemos muchos bienes. Si fueras un verdadero profeta, podrías vivir bien entre nosotros. Pero no reconoces esto y, por tanto, tampoco eres profeta, sino un simple mago que profana el Templo más que aquellos a quienes expulsaste antes».
Yo dije: «Vayan y consulten con quienes vinieron conmigo. Ellos les dirán quién soy».
Los judíos fueron entonces adonde estaban los discípulos y los interrogaron. Estos contaron lo que habían oído acerca de Mí junto al Jordán, el testimonio de Juan y todo cuanto habían visto y vivido a Mi lado; pero también reconocieron que no comprendían lo que Yo había dicho a los judíos.
Jn 2:22. Cuando Él resucitó de entre los muertos, Sus discípulos recordaron que había dicho esto y creyeron en la Escritura y en la palabra que Él había pronunciado.
Pues incluso ellos solo comprendieron esto después de Mi maravillosa resurrección, ocurrida tres años más tarde; entonces comprendieron también la Escritura que lo había profetizado acerca de Mí.
Cuando los judíos supieron todo esto por los discípulos, regresaron a Mí y dijeron: «Según todo lo que hemos averiguado acerca de Ti por medio de Tu grupo tan sincero, evidentemente serías el Prometido. El testimonio de Juan, a quien conocemos, habla poderosamente a Tu favor, y Tus obras no menos; pero Tus palabras son precisamente lo contrario de todo lo demás. ¿Cómo puede ser el Mesías un Dios en Sus obras y un necio en Sus palabras? Explícanos esto, y todos Te aceptaremos y Te apoyaremos con cuanto nos sea posible».
Yo dije: «¿Qué pueden darme que no hayan recibido antes de Mi Padre que está en el cielo? Si lo recibieron, ¿cómo pueden hablar ahora como si no lo hubieran recibido? ¿Qué quieren darme que no sea Mío? Pues lo que pertenece al Padre también Me pertenece a Mí, porque el Padre y Yo no somos dos, sino uno. Les digo: solamente la voluntad es de ustedes; todo lo demás es Mío. Si Me entregan su voluntad con el amor verdadero de su corazón y creen que el Padre y Yo somos perfectamente uno, entonces Me habrán dado todo cuanto puedo pedirles».
Los judíos dijeron: «Entonces realiza una señal, y creeremos que Tú eres el Prometido».
Yo dije: «¿Por qué quieren señales? ¡Oh, generación perversa! ¿No saben que las señales no despiertan a nadie a la vida, sino que solamente juzgan? Yo no he venido para juzgarlos, sino para que reciban la vida eterna si creen en Mí en sus corazones. Todavía ocurrirán muchas señales y verán algunas de ellas; pero no les darán vida, sino que los matarán por largo tiempo».