Entonces el sumo sacerdote y muchos otros quedaron profundamente desconcertados. Después de un momento, él dijo: «Sí, sí, ahora lo comprendo. Pero ¿por qué el Señor no habló desde el principio de una manera tan comprensible como tú acabas de hablar? Así seguramente no habría pecado contra Él».
Natanael dijo: «Si un niño de siete años me hiciera esa pregunta, no me sorprendería, porque es natural que un niño de esa edad pregunte así. Pero en tu caso me sorprende muchísimo, ya que eres uno de los principales sabios de este lugar.
¿No quisieras plantearle también al Señor la sabia pregunta de por qué puso en las semillas, que no se parecen en absoluto a nada, la capacidad ilimitada de formar y desarrollar el árbol que surge de ellas? ¿No habría sido mejor que hiciera llover de inmediato desde el aire todos los frutos maduros sobre el regazo de las personas? ¿Para qué el lento desarrollo de un árbol a partir de la semilla y luego la larga espera hasta que madure el fruto? ¡Mira cuán necio eres todavía!
La palabra y la enseñanza del Señor son como todas Sus obras. Él nos da Su enseñanza en cápsulas de semillas, y primero debemos sembrarlas en la tierra de nuestro espíritu; esa tierra se llama amor. Entonces la semilla brotará hasta convertirse en un árbol del verdadero conocimiento de Dios y de nosotros mismos, y de ese árbol podremos recoger, en el momento oportuno, frutos completamente maduros para la vida eterna.
Pero el amor es lo primero; sin él no prospera ningún fruto del espíritu. Siembra el trigo en el aire y observa si crecerá y te dará fruto. Pero si colocas el grano de trigo en buena tierra, crecerá y producirá fruto abundante. El amor verdadero es la tierra apropiada para el grano de trigo espiritual que se nos entrega desde la boca del Señor.
Por eso el Señor abolió ahora ante todos ustedes la rigurosa ley mosaica del castigo, para que muy pronto lleguen a poseer más tierra buena en sus corazones. Pues quien castiga conforme a la ley tiene poco amor y, con frecuencia, ninguno; por eso la semilla divina de la palabra prosperará muy mal en él. Pero quien es castigado ya se encuentra bajo el juicio, donde no hay amor, porque el juicio es la muerte del amor.
Por eso es mejor que no se apresuren a ver las faltas de sus prójimos, sino que sean tolerantes y pacientes con ellos. Si en su debilidad les piden algo, no se lo nieguen, para que el amor aumente tanto en ustedes mismos como en sus hermanos débiles. Cuando ese amor exista en abundancia en ustedes y en sus hermanos, la semilla divina prosperará en ustedes; entonces el débil, una vez fortalecido, los mirará con benevolencia y les retribuirá muchas veces lo que hicieron por él durante su debilidad.
Pero si son mezquinos y duros con sus hermanos débiles, nunca llegarán a producir en ustedes mismos un fruto de Dios, y al final el juicio de los débiles también los arrastrará a la perdición.
Cuando el Señor dijo: “A quien te pida la túnica, dale también el manto”, solo quiso indicar que ustedes, que son ricos y poseen mucho, deben dar abundantemente a los pobres cuando acudan a ustedes. De ese modo pronto obtendrán mucha tierra en sus corazones y serán bienaventurados al poseer esa tierra verdadera. Los pobres los bendecirán sinceramente, porque en sus corazones percibirán la predicación más activa del verdadero Evangelio de Dios y, fortalecidos por ella, se convertirán en un apoyo eterno para ustedes. Pero si dan con mezquindad y calculan cuándo y cuánto entregan, no se beneficiarán ni ustedes ni sus hermanos pobres, y por eso ellos nunca llegarán a ser su apoyo».