La persona egoísta y carente de amor está sometida a la ley divina y universal. Debido a su incredulidad y arbitrariedad, el Padre no tiene acceso a la configuración de su vida. La persona atraviesa espiritualmente ciega su existencia terrenal, no ve un sentido ni propósito espiritual superior de su existencia, vive casi siempre solo para satisfacer sus sentidos, acumula tesoros materiales y libra una lucha ciega por la vida; pero todo su hacer y aspirar es perecedero y la muerte vuelve a quitárselo todo. Así muere finalmente entrando en la conciencia extraviada y oscura de su arbitrariedad, su obstinación, su soberbia y su amor mal dirigido. Esta tierra árida y desolada forma su esfera en el más allá, donde permanece y vaga hasta que se abre a un Dios de gracia y misericordia.
Si una persona se confía a Dios con fe y le permite entrar en su vida, se produce un acercamiento correspondiente y paulatino. Esa persona ha reconocido que Dios es la verdad, el amor y la vida, y que sin Él no existe una existencia digna de ser vivida ni liberación del valle del pecado y de la muerte. Abandona el destino ciego, se vuelve cada vez más vidente a la luz del amor de Dios y reconoce los valores verdaderos e imperecederos de la vida. Mediante su humilde orientación hacia el Padre celestial, este obtiene acceso a la vida de la persona. Entonces la obra redentora de Jesucristo se hace efectiva y saca a la persona de la ley de la Divinidad para ponerla en la misericordia divina. En ella se vuelve cada vez más consciente de la presencia de Jesús en su corazón, reconoce que todo lo bueno que hay en ella y que ocurre por medio de ella procede del Padre y por tanto tiene validez eterna. Siente cada vez más íntimamente el afecto y el amor de su Padre celestial, hasta que finalmente se produce una unión en el amor mutuo.
Representación gráfica
Espacio abierto de conciencia divina
Hijo verdadero de Dios
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Alimentación del árbol de la vida
Desarrollo – unificación
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Acercamiento – perdón de los pecados
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Ser humano caído
Divinidad inviolable y juzgadora