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GEJ 1.89

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 89 de 161

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GEJ 1.89.1

Después del desayuno les digo a todos los presentes: «Quien tenga algo que ordenar o realizar en su casa puede ausentarse de aquí unos días con ese propósito; pero deberá volver a presentarse aquí el tercer día. Yo permaneceré ahora un par de días en Caná y Me concederé un breve descanso. Quienes tengan su casa demasiado lejos pueden quedarse aquí, al igual que aquellos que no quieran dejarme. Durante estos dos días no enseñaré ni haré nada aquí, sino que —como dije— solo descansaré y oraré al Padre por todos ustedes».

*

GEJ 1.89.2

Ahora María y Mis cinco hermanos también se acercan a Mí y Me preguntan si ellos pueden ir durante unos días a Nazaret para poner allí en orden los asuntos de la casa.

*

GEJ 1.89.3

Y Yo digo: «Sí, vayan y háganlo, porque Mis discípulos también deben mantener en orden sus asuntos domésticos en el mundo. Organicen la casa para algunos años y alquílensela a una persona pobre, pero —ténganlo muy presente— sin cobrar renta. Como Mis hermanos y discípulos, en el futuro nunca deberán exigir de nadie pago ni interés alguno, sino aceptar únicamente lo que se les dé de manera voluntaria». Los hermanos y María lo prometen y se dirigen a Nazaret.

GEJ 1.89.4

De los discípulos que Me habían seguido desde Betábara, donde Juan bautizaba, solo Tomás regresó a casa con la intención de conseguir allí más discípulos para Mí, lo cual hizo. Entre ellos había, sin embargo, cierto judío que no era propiamente galileo y que se llamaba Iscariote, quien más tarde Me traicionó. Hasta cierto momento fue el más fervoroso de todos Mis discípulos. Se encargaba de la caja, pagaba todo en todas partes y actuaba en cierto modo como precursor y organizador en cada lugar al que Yo iba después. Pero también sabía obtener dinero en secreto a partir de Mis obras y enseñanzas, y esta codicia acabó convirtiéndolo en lo que llegó a ser: un traidor contra Mí. Pedro y los demás discípulos que igualmente Me habían seguido desde Betábara permanecieron aquí.

GEJ 1.89.5

Cuando le pregunto a Pedro si no quiere ir también unos días a casa, él responde: «Señor, solo la muerte o una orden de Tu boca pueden separarme de Ti. Con respecto a mi hijo Marcos, le encargué a Tomás que le dijera que viniera aquí, pues sería útil porque conoce la escritura casi tan bien como Mateo. Eso es todo lo que debo atender ahora en relación con mi casa; de todo lo demás ya Te ocupas Tú, mi Señor y mi Dios». Yo digo: «No tan fuerte, Mi Simón Pedro, porque aquí no estamos en Sicar. Ahora hay aquí algunos que todavía no han llegado tan lejos como tú y podrían ofenderse. Por eso basta con que en el futuro Me llames “Señor”; guarda por ahora lo otro únicamente en tu corazón, que Yo conozco bien».

GEJ 1.89.6

Pedro queda satisfecho con esta respuesta y Me pregunta si durante los dos días en Caná no haremos absolutamente nada. Pero Yo digo: «¡Eso está lejos de nosotros! Sin embargo, aquí no trabajaremos con la misma intensidad que en Sicar. En términos terrenales estamos en nuestra verdadera patria, y tú sabes cuánto vale un profeta en su propia tierra. Por eso, tampoco haremos ni enseñaremos mucho aquí, en nuestra esfera propia, pues donde falta la fe hay poco trabajo para nosotros. Así pues, como se suele decir, pasaremos muy bien estos días y nos prepararemos un poco más para lo que vendrá».

GEJ 1.89.7

Después de estas palabras se acerca Mateo y Me pregunta si durante esos dos días debe registrar allí algunas de las cosas que había presenciado y oído en Sicar.

GEJ 1.89.8

Pero Yo digo: «Si de todos modos quieres hacer algo, copia unas veces más el Sermón del Monte. Un ejemplar deberá quedarse aquí en Caná, con el anfitrión, y otro lo dejaremos en Cafarnaúm, pues de lo contrario tampoco allí tendremos mucho que hacer».

GEJ 1.89.9

Entonces llega el anfitrión y Me pregunta qué quiero comer al mediodía. Yo le digo: «Amigo, ¿para qué una pregunta tan vana? Antes del desayuno no Me preguntaste y, mira, Me gustó mucho. De igual modo Me gustará la comida del mediodía. Te digo que todo alimento sazonado con el corazón noble y amoroso de quien lo ofrece sabe mejor que los manjares más costosos que adornan las mesas de los glotones egoístas y llenan los salones con sus aromas de ámbar gris». Nuestro joven anfitrión queda completamente satisfecho con esta respuesta y, con el corazón más alegre, hace todo cuanto puede para atendernos al mediodía tan bien como le sea posible.

GEJ 1.89.10

Así transcurrieron los dos días entre muchas buenas conversaciones y numerosas visitas de los ciudadanos de aquella pequeña ciudad.

GEJ 1.89.11

También algunos enfermos fueron sanados mediante la sola imposición de manos. A un médico honrado del lugar, que no podía comprender el poder curativo de la imposición de manos, le mostré muchas hierbas medicinales y otras cosas con las que después realizó curaciones excelentes y adquirió así una reputación honorable.

GEJ 1.89.12

Al tercer día regresaron todos los que durante esos dos días habían ido a sus respectivas localidades de origen, excepto la madre María y los cuatro hermanos mayores, y trajeron nuevos discípulos de todas partes. En particular, Tomás había obtenido en este aspecto una pesca muy abundante; también llevó consigo una gran cantidad de pescado asado, pues sabía que a Mí Me gustaba comerlo.

*

GEJ 1.89.13

Del mismo modo, el joven Marcos le envió muchos saludos a su padre Simón y llevó además una gran cantidad de pescado asado de excelente calidad. Iscariote aportó mucho dinero y una gran animación al grupo, porque era muy vivaz y activo, lo organizaba todo, sentía un agrado extraordinario por Mí y sabía contar muchas cosas acerca de los acontecimientos más variados que habían sucedido aquí y allá en el extenso Imperio romano.

GEJ 1.89.14

Cuando ya estábamos todos reunidos, quise emprender la continuación del viaje; pero el anfitrión Me pidió que permaneciera hasta el atardecer porque afuera hacía mucho calor, y Me quedé hasta entonces. Cuando el Sol comenzó a acercarse mucho a su ocaso, le recordé al grupo que se preparara para viajar, pues tenía intención de reanudar el camino al ponerse el Sol.

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