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GEJ 1.60

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 60 de 161

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GEJ 1.60.1

Después de esta observación Mía llegamos con pasos pausados al gran patio del castillo. Todo el personal de servicio salió al encuentro del comerciante, sumamente asombrado y desconcertado. El sirviente principal, que era el administrador de los servidores, tomó la palabra: «¡Señor, señor! ¡Esto sí que es una buena administración! Nuestros cocineros y cocineras no logran preparar ningún alimento; todo sale mal. Queríamos llenar las mesas por lo menos con frutas, vino y una buena cantidad de pan, pero todas las habitaciones están cerradas de tal manera que ni siquiera pudimos abrir una sola puerta usando toda nuestra fuerza. ¿Qué haremos ahora?».

GEJ 1.60.2

El comerciante, en parte sumamente sorprendido y en parte muy enojado, dijo: «Así sucede siempre en cuanto cruzo el umbral: ¡desorden tras desorden! ¿Qué están haciendo los cocineros y las cocineras? ¿No se ha atendido muchas veces en mi casa a diez mil invitados y todo transcurrió ordenadamente? Ahora apenas son mil en total, ¡y por todas partes se ve el mayor desorden! Pero ¿qué veo? Por todas las ventanas se asoman jóvenes. Mi castillo está lleno de personas, y tú y los servidores subordinados a ti dicen que todas las puertas de mi castillo están cerradas. ¿Cómo puede ser? ¿Mienten y quieren disimular ante mí su pereza? O, si las habitaciones están cerradas, ¿quién las cerró?».

GEJ 1.60.3

El administrador no sabía qué responderle a su señor. Debido al enojo manifiesto de este, todo el numeroso personal de servicio del dueño del castillo quedó muy desconcertado, consternado y preocupado. Nadie sabía qué aconsejar ni cómo ayudar.

*

GEJ 1.60.4

Pero Yo le dije al comerciante: «Querido amigo, deja que todo permanezca tal como está ahora. Mira, cuando hace poco tus servidores y guardianes, enviados por ti, vinieron hasta Mí en la arboleda para preguntarme quién era Yo y qué buscaba aquí con una compañía tan numerosa, te exigí como un señor que nos dieras a todos un buen almuerzo. Rápidamente estuviste dispuesto a hacerlo, aunque no sabías quién era Aquel que se atribuía el derecho de pedirte un almuerzo para tantos invitados.

*

GEJ 1.60.5

Tus servidores y también tú me tomaron al principio por un príncipe de Roma, y por eso te esforzaste aún más por satisfacer Mi petición. Pero cuando, en el transcurso de nuestra conversación variada e instructiva, llegaste a reconocer que Yo era el Mesías, te sentiste feliz en tu corazón y pensaste con mayor empeño en atendernos de la mejor manera a Mí y a toda la compañía, para que me agradara permanecer contigo hasta que reunieras en Asia Anterior y en la parte oriental de Asia Menor tu supuesto ejército contra los romanos. Bajo Mi dirección querías expulsar de la tierra de Dios a todos los enemigos que son puros paganos y no creen en el Dios viviente.

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GEJ 1.60.6

Cuando habías tomado esta decisión en tu interior, Yo también decidí algo en secreto: ahora tú serías Mi invitado, aunque estuviéramos en tu propia casa, y no Yo el tuyo. Por eso se lo ordené a Mis excelentes servidores, y mira, ya todo está dispuesto de la mejor manera. Hoy serás alimentado a Mi lado con el más auténtico alimento celestial.

GEJ 1.60.7

Pero sirve los frutos de tus jardines y lo que haya preparado tu cocina a aquellos bocones de Sicar, ávidos de insultar, que todavía andan por la arboleda y no saben qué hacer de la rabia porque no forman parte de los invitados. Pienso que eso no te causará ningún pesar, pues cuando veo en alguien una voluntad recta, de inmediato la acepto como si fuera la obra completa. En ti he reconocido una voluntad recta y por eso te liberé de la obra que habría sido costosa para ti. Porque Yo soy más rico que tú y no quiero que me alimentes, sino que tú seas alimentado por Mí».

GEJ 1.60.8

Entonces el comerciante abrió mucho los ojos y, después de reflexionar profundamente durante un rato, dijo: «¡Señor! Para un pobre ser humano pecador esto es demasiado de una sola vez. No puedo abarcar el milagro en toda su grandeza y profundidad. Si fueras solamente un ser humano, así como yo no soy más que un ser humano, esto sería imposible para Ti, pues no vi a ningún portador de alimentos en Tu compañía. Entonces, ¿de dónde habrías obtenido ahora los alimentos por una vía natural y de una manera tan sumamente extraña? Hace poco observé también a algunos servidores de extraordinaria belleza —o tal vez había servidoras entre ellos— dentro de Tu compañía, y todavía veo a los mismos. Pero ¿de dónde vinieron? Mi castillo tiene muchas habitaciones y la mayoría son muy espaciosas; diez mil personas caben fácilmente en ellas. Sin embargo, ahora veo a estos hermosísimos servidores mirándonos desde todas las ventanas. Por eso pregunto nuevamente: ¿de dónde y de qué lugar vinieron?».

*

GEJ 1.60.9

Yo dije: «Amigo, cuando sales de tu casa hacia otro país para comprar o vender, también llevas contigo los servidores que necesitas y permites que te atiendan. Mira, Yo hago lo mismo. Tengo muchísimos; difícilmente podrías llegar a comprender su número. Cuando Yo salgo, ¿por qué deberían Mis servidores y siervos quedarse en casa en una ocasión semejante?».

GEJ 1.60.10

El comerciante dijo: «Señor, todo eso está en el orden más perfecto; pero quisiera saber de dónde vinieron Tú y todos estos magníficos servidores Tuyos. Eso, precisamente eso, me urge conocer».

GEJ 1.60.11

Yo dije: «Primero tomemos el almuerzo; después se presentará una oportunidad en la que recibirás una explicación más detallada al respecto. Por ahora ya hemos hablado lo suficiente y ha llegado plenamente el momento de descansar y fortalecernos. Vayamos, pues, al gran salón situado en este castillo hacia el este, que ahora no podemos ver porque nos encontramos precisamente en el lado occidental del castillo, desde donde no se puede ver su ala grande».

GEJ 1.60.12

De pura admiración, el comerciante estuvo a punto de desmayarse. Después de un momento dijo, lleno del mayor asombro: «¡Señor! Este asunto ya comienza a resultarme casi excesivamente milagroso. En otro tiempo sí existió un ala oriental de este castillo de Esaú, pero probablemente ya han descendido dos siglos hacia el pasado irrecuperable desde que esa ala existió. Mis antepasados y yo apenas sabemos algo de ella. Entonces, ¿cómo hablas del gran salón situado en el ala oriental de este castillo?».

GEJ 1.60.13

Yo dije: «Solo podrás hablar así cuando no encuentres ningún ala oriental en este castillo tuyo. Pero si encuentras una, reflexiona y comprende en tu interior que para Dios todas las cosas son posibles. Sin embargo, guarda silencio al respecto y no le cuentes nada a Mi compañía, pues quienes me rodean todavía no están preparados para semejantes obras».

GEJ 1.60.14

El comerciante dijo: «En verdad, ahora ardo sinceramente de deseos de ver el ala oriental de mi castillo, de la cual incluso mis antepasados más remotos apenas oyeron hablar. Los cimientos todavía son visibles aquí y allá, pero eso es todo lo que ha llegado hasta mí de aquella ala de este castillo que, según se dice, fue en otro tiempo tan magnífica». Solo entonces el comerciante avanzó con agilidad y nosotros lo seguimos.

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