Entretanto llegamos a la casa de Irhael y Joram, donde ya estaba todo preparado para la cena de la misma manera que el día anterior, solo que con mucha mayor abundancia. En el vestíbulo de la casa, los numerosos habitantes de Sicar que habían estado en el monte quisieron despedirse; pero enseguida una multitud de jóvenes vestidos de blanco se mezcló entre ellos y los instó a todos a participar en la cena.
El sumo sacerdote, completamente asombrado por la gran cantidad de aquellos jóvenes magníficos y, sobre todo, por su gran amabilidad, cordialidad y humanidad, se acercó de inmediato a Mí y preguntó lleno de humildad: «Señor, te ruego que me digas quiénes son estos jóvenes tan magníficos. Ninguno puede tener más de dieciséis años y, sin embargo, con cada palabra y cada movimiento demuestran poseer una formación extraordinaria. ¡Oh, dime de dónde han venido y a qué escuela pertenecen! ¡Qué hermosa es su figura y qué bien alimentados están! ¡Cuán agradable y profundamente reconfortante para el corazón es el sonido de sus voces! Señor, dime, te lo ruego, quiénes son estos jóvenes y de dónde proceden».
Yo dije: «¿Nunca has oído lo que se dice desde tiempos antiguos: “Todo señor tiene sus servidores y siervos”? Ahora tú me llamas Señor, de modo que es apropiado que Yo también tenga Mis servidores y siervos. El hecho de que posean tanta formación indica que su Señor debe de ser muy sabio y amoroso. Los señores del mundo son personas duras y carentes de amor, y así son también sus servidores. Pero el Señor que es Señor en el Cielo y que ahora vino a la Tierra, al duro mundo de los seres humanos, tiene también Sus servidores de allí de donde Él vino. Y los servidores se parecen a Él, porque no son únicamente Sus servidores, sino también hijos de Su sabiduría y de Su amor. ¿Me has comprendido?»
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El sumo sacerdote dijo: «Sí, Señor, en la medida en que se puede comprender Tu lenguaje figurado, digno de la mayor consideración. Naturalmente, todavía habría mucho que preguntar para llegar a una comprensión completa de este asunto; pero por ahora lo dejaré así y espero que hoy se presenten todavía muchas oportunidades para hacerlo».
Yo dije: «¡Oh, sí, por supuesto! Pero vayamos ahora a cenar, porque todo está preparado».
Toda la gente que creía fue a la cena; solo una parte que aún no creía regresó a casa, porque consideraba todo aquello una trampa. La razón era que se trataba principalmente de galileos emigrados, entre ellos muchos de Nazaret, quienes me conocían a Mí y también a Mis discípulos, pues los habían visto con frecuencia en el mercado de pescado. Ellos dijeron a los verdaderos samaritanos: «Conocemos a este hombre y a sus discípulos. Él es carpintero de profesión y sus discípulos son pescadores. Estudió con los esenios, que conocen bien toda clase de artes, la medicina y una extraña magia. Allí aprendió todo eso y ahora practica su arte bien aprendido para conseguir a los esenios un gran número de seguidores y abundantes ingresos. Estos jóvenes son en realidad muchachas disfrazadas, bien educadas y compradas en el Cáucaso por esos mismos esenios; ellas serán probablemente el mayor atractivo. Pero a nosotros no nos engañan tan fácilmente, porque sabemos que no se puede bromear en absoluto con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Para los esenios, que quizá creen que sus antepasados crearon el mundo, resulta fácil bromear con Aquel que para ellos no existe. Mientras creamos en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, no necesitaremos semejantes engaños esenios; y si alguna vez perdiéramos esta fe, los esenios y sus astutos mensajeros ciertamente no podrían ofrecernos ningún sustituto, sino que al final nos convertirían en puros saduceos, que no creen en la resurrección ni en la vida eterna. ¡Que Jehová nos proteja de eso!». Con semejantes declaraciones regresaron a sus casas.
Yo y gran parte de la gente, compuesta principalmente por samaritanos, nos sentamos a cenar. Después del trabajo realizado, disfrutamos del bienestar y dejamos que los ángeles nos atendieran. Pues también allí trabajé en un desierto, y está escrito: «Cuando Satanás se vio obligado a retirarse, se acercaron ángeles a Él y le sirvieron».
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