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GEJ 1.148

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 148 de 161

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GEJ 1.148.1

Ante semejante amenaza, Mis discípulos se acercaron a Mí y dijeron: «Señor, ¿cómo puedes escuchar algo así? ¿No tienes poder suficiente para destruir a semejante gentuza? Los habitantes de Sicar fueron expulsados varias veces cuando quisieron oponerse a Ti, y sin embargo no hiciste en Sicar tanto como en Cafarnaúm».

GEJ 1.148.2

Yo dije: «Ciertamente tendría poder más que suficiente para hacerlo. Pero el Señor de la vida no necesita celebrar aquí un juicio, pues después de esta vida viene otra que jamás termina. Sea buena o mala, su duración es la misma. Para aquel tiempo eterno pronuncio ahora por anticipado un juicio justo y condeno a todas las ciudades en las que he obrado tanto bien y de las que ahora recibo una recompensa como la que acaban de oír.

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GEJ 1.148.3

A pesar de toda Mi predicación, no han mejorado y sus corazones han permanecido insensibles ante todas Mis obras. (Mt 11:21) Por eso, ¡ay de ti, Corazín, y ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y Sidón se hubieran realizado obras como las que se hicieron entre ustedes, en su tiempo se habrían arrepentido vestidos de saco y cubiertos de ceniza.

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GEJ 1.148.4

Pero Yo les digo: en el día final del juicio en el otro mundo, Tiro y Sidón recibirán un trato más tolerable que estas ciudades. (Mt 11:22–23)

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GEJ 1.148.5

Y tú, orgullosa Cafarnaúm, que fuiste elevada hasta el cielo: ¡serás arrojada al infierno! Porque si en Sodoma se hubieran realizado obras como las que se hicieron en ti, esa ciudad existiría todavía hoy.

GEJ 1.148.6

(Mt 11:24) Pero vuelvo a decirles: en el día final del juicio en el otro mundo, la tierra de los habitantes de Sodoma recibirá un trato más tolerable que tú, ciudad orgullosa, dura y desagradecida por encima de toda medida. ¿Acaso sané a miles de tus enfermos y resucité a tus muertos para que ahora Me maldigas? ¡Ay de ti mil veces en el día del juicio en el más allá! Allí sabrás Quién era Aquel a quien maldijiste».

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GEJ 1.148.7

Después de este discurso de reprensión, muchos recibieron una visión y contemplaron lo que sucedería en el día final a las ciudades que Yo acababa de condenar. Vieron Mi figura en las nubes, vieron salir una maldición de Mi boca y cómo esta alcanzaba a las ciudades condenadas.

GEJ 1.148.8

Cuando esta visión terminó para las personas menos maduras, es decir, para la gente sencilla de ambos sexos que Me amaba y Me rodeaba, cayeron ante Mí, Me alabaron y Me glorificaron.

GEJ 1.148.9

Entonces levanté Mis manos sobre ellos, los bendije y dije: «También Yo, como ser humano, Te alabo ahora, Padre y Señor del cielo y de la Tierra, porque ocultaste esto a los sabios e inteligentes del mundo y lo revelaste a quienes aún no han alcanzado la madurez. (Mt 11:25) Sí, Padre santo, así es agradable ante Ti y ante Mí. (Mt 11:26) Pues lo que Tú haces, también lo hago Yo, porque desde la eternidad hemos sido Uno. Nunca fui Otro distinto de Ti, Padre santo, y lo que es Tuyo también es Mío desde la eternidad».

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GEJ 1.148.10

Después de estas últimas palabras, un gran temor comenzó a apoderarse de todos. Entre los discípulos que Me seguían constantemente ya había muchos que no dudaban de Mi divinidad, y precisamente de ellos se apoderó el mayor temor.

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