Un escriba dijo: «Amigo, te arriesgas mucho al decirnos cosas cuya revelación el Templo castiga con la muerte. Tu suerte consiste en que le hiciste a nuestro superior una obra tan grande; de otro modo podría irte muy mal. Pues estamos ligados al Templo por un juramento poderoso».
Yo dije: «Pueden quebrantar ese juramento cuando quieran, pues no se lo prestaron a Dios, sino al Templo, que fue hecho por manos humanas y en el cual Dios ya no habita.
Pero donde Dios no habita, allí habita el antiguo príncipe de la mentira y de todo mal; pueden quebrantar sin temor el juramento prestado a ese príncipe y actual señor del Templo.
Si quebrantaran su juramento totalmente inútil al Templo, agradarían a Dios el Señor, y Él les daría lo que Me ha dado a Mí desde el comienzo del mundo. Ahora ustedes lo admiran y no comprenden cómo realizo obras que, según su propia afirmación, solo son posibles para Dios. Pero si temen al Templo más que a Dios, a quien no conocen, entonces seguirán aferrados al Templo y por eso serán una abominación ante Dios.
Pero si no creen esto por Mis sencillas palabras, créanme al menos por las obras que realizo ante ustedes para su bien y de las cuales ustedes mismos dicen que solo son posibles para Dios».
El escriba dijo: «¿Cómo puedes conocer a Dios mejor que nosotros si no has estudiado la Escritura?».
Yo dije: «Ustedes conocen bien la letra muerta; pero Dios no está en ella, y por eso tampoco pueden conocer a Dios a partir de la Escritura. La Escritura solo les muestra el camino hacia Dios, y únicamente cuando caminan por él sin desviarse.
¿De qué les sirve conocer el camino a Roma si nunca lo recorren para llegar allí y contemplar la gran ciudad del rey? ¿Qué conocedor del camino puede afirmar que conoce Roma solo porque sabe cómo llegar hasta ella, si nunca ha avanzado siquiera una cuarta por ese camino? Del mismo modo, ¿de qué les sirve conocer la Escritura, que es un camino hacia Dios, si nunca han dado un solo paso por ella?
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Yo, en cambio, conozco toda la Escritura igual que ustedes y siempre he actuado de acuerdo con las leyes de Dios contenidas en ella. De este modo he llegado al conocimiento más pleno de Dios y, por eso, puedo decirles desde la primera fuente originaria que ninguno de ustedes ni de quienes son como ustedes ha conocido jamás a Dios, ni Lo conocerá nunca por sus caminos malignos; pues todos ustedes niegan a Dios.
Ustedes mismos no quieren conocer a Dios; pero a quienes todavía desean caminar por el camino correcto se lo cierran con muerte y perdición. Por eso recibirán un juicio condenatorio mucho mayor en la otra vida; pues todos aquellos a quienes han perseguido y continúan persiguiendo sin cesar serán sus jueces eternos».
Después de que Yo había anunciado esto a los fariseos y escribas, se levantó entre el pueblo un poderoso grito de aprobación, y la gente quiso echarles mano. Pero Yo lo impedí y salí por la pequeña puerta que daba al mar, acompañado por los discípulos y por todos los fariseos y escribas, hasta llegar a la orilla. Como allí había varias embarcaciones preparadas, las abordamos de inmediato y nos alejamos rápidamente de la orilla con un viento moderado y favorable, de manera que la gran multitud no pudo alcanzarnos.
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