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GEJ 1.134

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 134 de 161

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GEJ 1.134.1

Mateo el evangelista y Juan se acercaron a Mí, Me miraron y Me dijeron: «Señor, esta obra sí debería quedar registrada, pues es demasiado extraordinaria y demasiado puramente divina».

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GEJ 1.134.2

Yo respondí: «¿Acaso no hice lo mismo en Sicar? ¿No proveí hace apenas unos días a Mi casa del mismo modo que a la casa de Mi discípulo Mateo? Ustedes quisieron registrar también todo aquello, pero Yo no lo permití porque tengo para ello una razón muy sólida. ¿Por qué habría de registrarse ahora de pronto esta obra, que es enteramente igual a las anteriores? Déjenlo así. Solo Yo sé mejor que nadie lo que el mundo necesita; por eso ya les diré qué deben volver a registrar y cuándo se trate de una obra nueva. Y en cuanto a ti, hermano Mío Juan, todavía faltará mucho para que llegue tu turno».

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GEJ 1.134.3

Pero ahora quiero escoger de entre ustedes, Mis queridos discípulos, a algunos que enviaré, en parte desde este mismo momento, a las ciudades de Israel para predicar a los pueblos acerca del Reino de Dios. Simón Pedro, tú eres el primero; Andrés, hermano de Simón, el segundo; Jacobo, hijo de Zebedeo, el tercero, y Juan, hermano de este, el cuarto; Felipe, tú eres el quinto; Bartolomé, el sexto; Tomás, el séptimo; y Mateo, el recaudador, el octavo; Jacobo, hijo de Alfeo, el noveno; Lebeo, llamado también Tadeo, el décimo; Simón de Caná, el undécimo, y Judas Iscariote, el duodécimo.

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GEJ 1.134.4

A ustedes doce les doy el poder de expulsar de las personas a los espíritus impuros y de sanar toda clase de epidemias y otras enfermedades. En todas partes deberán anunciar el Reino de Dios; pero guardarán silencio acerca de ciertas obras especiales».

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GEJ 1.134.5

Después de esta elección, los doce discípulos escogidos Me preguntaron adónde debían dirigirse de inmediato.

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GEJ 1.134.6

(Después de esta pregunta les di la siguiente respuesta extensa. Aunque no fue muy del agrado de los doce escogidos, solo después de Mi ascensión hicieron pleno uso de esta exhortación.

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GEJ 1.134.7

La exhortación fue dada de tal manera que se refería principalmente al tiempo posterior a Mi ascensión, pues solo entonces les ocurrió a los doce —o más bien a todos los que difundían Mi enseñanza en aquel tiempo— aquello que Yo anuncié aquí a los doce.

GEJ 1.134.8

Pero antes de pasar al extenso mandato dirigido a los doce, debo mencionar, para una comprensión más precisa del conjunto, que los Evangelios —tanto el de Mateo como el de Juan—, tal como hoy se encuentran ante ustedes en diferentes lenguas, son solamente extractos del Evangelio primigenio. Por eso ni siquiera contienen, ni con mucho, todo lo que Mateo y Juan escribieron. Sin embargo, aquí y allá aparece un pequeño añadido de algún compilador y copista posterior, que evidentemente solo pudo ser introducido más tarde. Así, por ejemplo, en Mateo 10:4 aparece junto al duodécimo apóstol, Judas Iscariote, la frase añadida: «el que después lo traicionó». Pero en el momento de la elección, Mateo, que escribió su Evangelio en Mi presencia, no sabía todavía ni una sílaba de aquello y, por tanto, no pudo haber agregado esa frase. Eso lo hizo posteriormente un copista.

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GEJ 1.134.9

Por eso, tanto en las Biblias hebreas como en las griegas aparece siempre al comienzo la indicación: «Evangelio según Mateo, Juan, etcétera».

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GEJ 1.134.10

Por eso, nadie debe escandalizarse si al leer a Mateo y a Juan encuentra aquí y allá pasajes semejantes que el verdadero evangelista no podía haber registrado en el tiempo en que escribió su Evangelio, porque el hecho señalado por ellos ocurrió mucho después. Aquí, en cambio, todo se reproduce en el orden más estricto. Para que con el tiempo los razonadores intelectuales no hagan observaciones equivocadas, he mencionado esta circunstancia aquí, en el lugar más apropiado.

GEJ 1.134.11

Como antes, en el transcurso de esta comunicación aparecerán aquí y allá inserciones explicativas. Esto es tanto más necesario cuanto que en las copias algunas cosas importantes no fueron registradas con total exactitud, y otras que al copista le parecieron insuficientemente auténticas fueron quizá omitidas por completo. En aquel tiempo se hicieron numerosas anotaciones, unas por testigos presenciales y otras simplemente de oídas; por ello, para los copistas plenamente honrados fue una tarea decididamente difícil permanecer en todas partes enteramente fieles a la verdad completa.

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GEJ 1.134.12

Así, los dos Evangelios según Mateo y Juan son, salvo algunos detalles aislados, los que han permanecido más puros.

GEJ 1.134.13

Desde una perspectiva crítica del entendimiento bien podría plantearse aquí la pregunta: «¿Adónde fue a parar el verdadero original? ¿Ya no existe en ningún lugar de la Tierra? Y dada la multitud de personas que en aquel tiempo estaban vivificadas e impregnadas por el Espíritu Santo, ¿habría sido imposible para Dios sacar nuevamente a la luz el Evangelio primigenio con absoluta fidelidad literal?».

GEJ 1.134.14

A esto sirva la siguiente respuesta: los originales fueron retirados del camino de la manera más sabia, por la sencillísima razón de que al poco tiempo no se practicara idolatría con semejantes reliquias. Es verdad que esto sigue ocurriendo incluso con reliquias falsas e inventadas, aunque Mi enseñanza verdadera y pura prohíbe estrictamente todo ello y contiene la seria advertencia contra la levadura de los fariseos. ¡Pero tomen ahora una reliquia cuya autenticidad histórica esté demostrada! Les digo que con ella se practicaría mucha más idolatría que con el llamado Santo Sepulcro de Jerusalén, al que, aparte del lugar mismo, ya no se adhiere ni un solo grano de arena auténtico. Aquí reside, pues, la razón evidente por la que todos los originales fueron retirados del camino.

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GEJ 1.134.15

En cuanto a la segunda pregunta, el espíritu que había en los originales se conservó plenamente también en las copias. En todo caso, nada depende de la letra, sino únicamente de un mismo e idéntico espíritu. ¿Acaso existe diferencia alguna en el Espíritu de Dios —es decir, necesariamente en Él mismo, puesto que solo hay un Espíritu de Dios— cuando, siendo uno y el mismo Espíritu, ya actúa aquí en esta Tierra de manera infinitamente diversa en las formas más disímiles entre sí, y en un sol de manera todavía más infinitamente variada? Miren, aun así es y permanece siempre uno y el mismo Espíritu Santo.

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GEJ 1.134.16

Lo mismo sucede con las copias de Mi palabra. Por diferentes que parezcan exteriormente, en lo más íntimo siguen estando llenas de uno y el mismo espíritu, y no se necesita más.

GEJ 1.134.17

Añadan además las religiones de naciones extranjeras, como las de los turcos, los parsis, los guebros, los hindúes, los chinos y los japoneses. ¡Cuán diferentes son de la religión que Yo di únicamente a los hijos procedentes de los cielos de todos los cielos! Y, sin embargo, también en ellas actúa el mismo Espíritu de Dios, aunque se encuentre oculto a mucha mayor profundidad.

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GEJ 1.134.18

Pero el hecho de que sobre y dentro de la corteza, a menudo muy gruesa y muy deteriorada —que lamentablemente muchos consideran el árbol mismo—, se encuentren toda clase de inmundicias, gusanos e insectos que nacen únicamente de ella, se explica porque esa corteza contiene algo de la vida del árbol. Por eso resulta comprensible que en ella y de ella tantos gusanos y toda clase de insectos encuentren un alimento vital que, ciertamente, es solo sumamente exterior y pasajero.

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GEJ 1.134.19

Las guerras, las persecuciones y las devastaciones solo tienen lugar sobre la corteza pobre y escasa de vida, mientras la madera del árbol vivo permanece fresca y sana. Por eso, ninguna madera viva debe preocuparse por lo que ocurre en la corteza, que en realidad no está sino muerta; pues la corteza será desechada cuando se recoja la madera.

GEJ 1.134.20

Esta explicación intermedia era necesaria para que lo siguiente pudiera comprenderse con mayor facilidad y profundidad. Y como por ahora no puede existir ninguna duda al respecto, podemos volver con plena confianza al asunto principal).

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