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GEJ 1.1

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 1 de 161

Deutsch English
GEJ 1.1.1

Texto original.

Jn 1:1. En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y Dios era la Palabra.

Explicación.

Este versículo ya ha dado lugar a una gran cantidad de interpretaciones erróneas y explicaciones de toda índole; incluso los más declarados negadores de Dios se valieron precisamente de este texto para impugnar con mayor seguridad Mi divinidad, puesto que rechazaban la divinidad en general. Pero no volveremos a exponer tales artimañas —pues con ello la confusión solo aumentaría en vez de disminuir—, sino que sacaremos de inmediato a la luz la explicación más breve posible. Esta, siendo ella misma luz en la luz de la luz, combatirá y vencerá por sí sola los errores.

GEJ 1.1.2

Una causa principal de la incomprensión de tales textos reside, por desgracia, en la muy deficiente e incorrecta traducción de la Escritura desde la lengua original a las lenguas de la época actual. Pero está bien que sea así. Si el espíritu de tales textos no estuviera tan bien oculto como lo está, hace mucho que lo más sagrado contenido en ellos habría sido profanado en lo más profundo, lo cual sería un mal enorme para toda la Tierra. Así, en cambio, solo se ha roído la corteza y no se ha podido llegar al santuario viviente.

GEJ 1.1.3

Pero ahora ha llegado el momento de mostrar el verdadero sentido interior de tales textos a todos los que sean dignos de participar de él; quien no sea digno lo pagará caro, pues en tal ocasión no permitiré en absoluto que nadie juegue conmigo, ni aceptaré jamás trato alguno.

*

GEJ 1.1.4

Después de esta necesaria advertencia preliminar, sigue ahora la explicación. Solo hago aún esta observación y digo que aquí debe entenderse únicamente el sentido interior, anímico-espiritual, pero no el sentido celestial más íntimo y purísimo. Este es demasiado sagrado y solo puede concederse, sin perjuicio para el mundo, a quienes lo buscan mediante una conducta de vida conforme a la palabra del Evangelio. En cambio, el sentido meramente interior, anímico-espiritual, puede hallarse con facilidad, a veces ya mediante una traducción correcta, adecuada y correspondiente a la época, como enseguida se mostrará al explicar el primer versículo.

GEJ 1.1.5

La expresión «En el principio» es muy incorrecta y encubre en gran medida el sentido interior; pues con ella incluso podría negarse y ponerse en duda la existencia eterna de la divinidad, como también hicieron algunos filósofos antiguos, de cuya escuela proceden en realidad los negadores de Dios de este tiempo. Pero si ahora presentamos correctamente el texto, el velo parecerá muy fino y no será difícil vislumbrar bien y, a veces, con gran precisión, el sentido interior a través de ese ligero velo.

GEJ 1.1.6

Así, pues, la traducción correcta debería decir: En el fundamento primordial, o también en la causa fundamental (de todo ser), estaba la luz (el gran pensamiento sagrado de la creación, la idea sustancial). Esta luz no solo estaba en Dios, sino también junto a Dios; es decir, la luz emergió de Dios como una realidad sustancial y perceptible y, por consiguiente, no solo estaba en Dios, sino también junto a Dios, y de cierto modo envolvía el Ser divino primordial. Con ello parece ya establecido el fundamento para la futura encarnación de Dios, lo cual también se hará por sí mismo plenamente evidente en el texto que sigue.

GEJ 1.1.7

¿Quién o qué era, en realidad, esta luz, este gran pensamiento, esta santísima idea fundamental de todo futuro ser sustancial y plenamente libre? No podía ser otra cosa que Dios mismo, porque en Dios, por Dios y desde Dios solo Dios mismo podía manifestarse en Su Ser eternamente perfectísimo; por ello, este texto también puede formularse así:

GEJ 1.1.8

En Dios estaba la luz; la luz fluía a través de Dios y lo envolvía, y Dios mismo era la luz.

GEJ 1.1.9

Jn 1:2. Esta misma estaba en el principio con Dios.

Ahora que el primer versículo, suficientemente iluminado, puede ser comprendido con facilidad por cualquiera que posea alguna luz, el segundo se explica por sí mismo y solo atestigua que la Palabra o luz antes descrita, es decir, el gran pensamiento de la creación, no es un pensamiento surgido posteriormente en el Ser divino primordial, sino un pensamiento coeterno con Dios, pues él mismo es Dios y, por tanto, no encierra jamás proceso alguno de origen. Por eso, a modo de testimonio explicativo, dice: Este mismo estaba en el principio, o en el fundamento primordial de todo ser y de todo devenir posterior, como el fundamento primordial mismo, junto a Dios, en Dios y desde Dios; por tanto, era enteramente Dios mismo.

GEJ 1.1.10

Jn 1:3. Todas las cosas fueron hechas por medio de ella, y sin ella nada de lo que ha sido hecho fue hecho.

En este versículo se atestigua, por así decirlo, ya puesto en acción y de manera palpable, aquello que en el primer versículo se había mostrado claramente como la Palabra o la luz, plenamente presente en el fundamento primordial de todo ser y devenir, aunque todavía no como algo ya salido de él y puesto en obra.

GEJ 1.1.11

Por consiguiente, este tercer versículo, expresado con pureza, también debería decir: Todo ser llegó a ser a partir de este Ser primordial, que en sí mismo es, de principio a fin, el eterno fundamento primordial de Su propio ser. La luz, la Palabra y la voluntad de este Ser llevaron desde Él mismo Su luz más propia, Su idea eternamente primordial de la creación, a una existencia firme y perceptible; y en toda la infinitud eterna no hay nada que no haya entrado en una existencia manifiesta y perceptible desde el mismo fundamento primordial y por el mismo camino.

GEJ 1.1.12

A quien haya comprendido plenamente estos versículos explicados con toda claridad, el cuarto versículo necesariamente le resultará claro por sí mismo.

GEJ 1.1.13

Jn 1:4. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los seres humanos.

Es ya de sobra evidente que el Ser que es fundamento primordial de todo ser, la luz de toda luz, el pensamiento primordial de todos los pensamientos e ideas y la forma primordial como fundamento eterno de todas las formas no podía, en primer lugar, carecer de forma ni, en segundo lugar, estar muerto, pues la muerte representa, en el fundamento de los fundamentos, la oposición más absoluta a todo ser, cualquiera que fuese su índole. En esta Palabra o luz, o en este gran pensamiento de Dios en Dios —que, en el fundamento de los fundamentos, era Dios mismo— había por consiguiente una vida perfectísima. Dios era, pues, la vida fundamental, eternamente primordial y perfectísima, plenamente en Sí mismo y desde Sí mismo; y esta luz o vida hizo surgir de Sí a los seres. Esta luz o esta vida era la luz y, por tanto, también la vida en los seres, en los seres humanos surgidos de Él; y estos seres y seres humanos eran, por consiguiente, una imagen plenamente semejante a la luz primordial, la cual determinaba en ellos el ser, la luz y, con ello, una vida plenamente semejante al eterno Ser primordial.

GEJ 1.1.14

Pero como la vida primordial de Dios es y debe ser completamente libre, pues de lo contrario sería como si no fuera vida alguna; y como esta misma vida en los seres creados debe ser una y la misma vida, pues de otro modo tampoco sería vida y, al no ser vida, tampoco sería ser alguno, resulta más que palpablemente claro que a los seres creados, los seres humanos, solo podía dárseles una vida perfecta y absolutamente libre. Esta debía sentirse a sí misma como una vida completa, pero, a partir de este mismo sentimiento, también debía reconocer que no procedía de sí misma, sino que, siendo plenamente semejante, había surgido de Dios conforme a Su voluntad eternamente omnipotente.

GEJ 1.1.15

Esta percepción tenía que estar presente en todos los seres creados, al igual que la percepción de que su vida y su ser debían ser plenamente semejantes a Dios; de lo contrario, no tendrían ni vida ni ser alguno.

GEJ 1.1.16

Pero si examinamos más de cerca esta circunstancia, resulta que en los seres creados tienen que encontrarse necesariamente dos sentimientos: primero y ante todo, el sentimiento de la semejanza divina, o de la luz primordial de Dios en ellos; y segundo, surgido precisamente de esa luz, también necesariamente el sentimiento de haber llegado a ser en el tiempo por la voluntad primordial del Creador.

GEJ 1.1.17

El primer sentimiento equipara incondicionalmente a la criatura con el Creador y la presenta como surgida de sí misma, completamente independiente del eterno fundamento primordial, como si contuviera y albergara dentro de sí ese mismo fundamento. Pero el segundo sentimiento vital, que surge necesariamente de este primero, debe verse y considerarse, no obstante, como algo hecho surgir de Sí por el verdadero fundamento primordial, manifestado libremente en sí mismo solo dentro de la sucesión de los tiempos y, por tanto, muy dependiente del fundamento primordial principal.

*

GEJ 1.1.18

Pero este sentimiento que vuelve humilde convierte asimismo el primer sentimiento de grandeza en un sentimiento de humildad, lo cual es, ciertamente, algo sumamente necesario e ineludible para el sentimiento de grandeza, como se mostrará con toda claridad más adelante.

GEJ 1.1.19

El sentimiento de grandeza combate con enorme vehemencia semejante rebajamiento y pretende aplastar el segundo sentimiento.

GEJ 1.1.20

Pero a causa de tal lucha surgen entonces el resentimiento y, al final, el odio contra el fundamento primordial de todo ser y, de ahí, contra el sentimiento inferior de humildad o dependencia. Con ello, sin embargo, el sentimiento de grandeza se debilita y oscurece; entonces la luz primordial en el ser creado se convierte en noche y tinieblas. Esta noche y estas tinieblas apenas reconocen ya la luz primordial dentro de sí y, así, ciegas pero todavía autónomas, se alejan del fundamento primordial de su ser y devenir, y en su ofuscación no lo reconocen.

*

GEJ 1.1.21

Jn 1:5. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprenden.

Por eso, por mucho que esta luz primordial brille en semejante noche, como la noche —que ciertamente también nació de la luz— ya no posee una visión adecuada, no reconoce la luz que entra en tal noche para transformarla de nuevo en la verdadera luz primordial.

GEJ 1.1.22

¡De este modo vine también Yo, como el eterno Ser primordial de todo ser y como la luz primordial de toda luz y vida, al mundo de las tinieblas, a aquellos que procedían de Mí; pero no Me reconocieron en la noche de su debilitado sentimiento de grandeza!

GEJ 1.1.23

Pues este quinto versículo señala precisamente cómo, conforme a las medidas y relaciones originales y dentro de ellas, Yo, exactamente el mismo que era desde la eternidad, vengo a este mundo creado por Mí y desde Mí, y este no Me reconoce como el Ser fundamental que le es más propio.

GEJ 1.1.24

Pero ¿acaso Yo, como fundamento primordial de todo ser, no tenía que ver desde Mi Luz universal eternamente primordial cómo el sentimiento de grandeza, en cuanto luz primordial en el ser humano, se volvía cada vez más débil y apagado por la lucha continua y, en consecuencia, también se oscurecía como luz vital hasta acabar en completa tiniebla; y que, por tanto, los seres humanos no Me reconocerían si Yo viniera a ellos en la semejanza dada por Mí —al menos no muchos de ellos—, especialmente si llegara como un puro deus ex machina, de manera totalmente inesperada y sin preparación, en una forma humana limitada; y que entonces tendría que atribuirme a Mí mismo que los seres humanos, al no estar preparados para tal venida Mía, no pudieran reconocerme?

*

GEJ 1.1.25

Sí, ciertamente lo comprendí desde la eternidad y por eso hice que, desde que los seres humanos llegaron por primera vez a existir separados de Mí y hasta Mi llegada real, muchos miles de videntes que no habían perdido la luz en la lucha les anunciaran de antemano esa venida Mía, y describieran fielmente la manera e incluso el lugar y el tiempo de Mi llegada. También hice que, al producirse realmente Mi llegada, ocurrieran grandes señales, y desperté a un hombre en quien hizo morada un elevado espíritu primordial, para que anunciara a los ciegos Mi llegada y Mi plena presencia en la Tierra.

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