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Un diálogo que invita a reflexionar

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Ein Dialog, der zum Nachdenken anregt

Año original: 2025

Traducción al español latinoamericano.

Predominan las ideas más diversas acerca de quién o qué es «Dios», por una parte, y de si el «diablo» existe realmente, por otra. Y, en caso afirmativo, en qué forma y de qué manera existe y actúa.

Esta incertidumbre, incluso ignorancia, fue provocada deliberadamente por las fuerzas que —por no querer someterse a la voluntad de Dios— tuvieron que abandonar la eternidad. Luego hicieron cuanto estuvo a su alcance para crear conforme a sus propias ideas su pequeño mundo —entre otros, este mundo nuestro en el que vivimos actualmente—, aunque, comparado con su antigua patria celestial, sea menos que una sombra de ella.

Quizá resulte muy interesante —en realidad, es urgentemente aconsejable— conocer cómo surgieron las esferas situadas fuera del Cielo y, sobre todo, cómo las tinieblas dominan aquí y nos manipulan a los seres humanos con tanta astucia y nos llevan con una correa corta o larga sin que prácticamente nadie lo sepa. Su gran ventaja es poder mover los hilos en el trasfondo sin ser advertidas. Pero con «trasfondo» no se hace referencia a lugares lejanos. Se trata simplemente de otros ámbitos vibratorios, de mundos no materiales, que bajo ciertas circunstancias pueden llegar a estar tan cerca de nosotros —o que ya lo están— que nos llevaríamos un susto enorme si pudiéramos ver lo que, de vez en cuando —o quizá con bastante frecuencia y regularidad—, sucede inmediatamente a nuestro alrededor.

Este tema siempre me ha interesado. Y con el conocimiento que nos fue regalado durante muchos años, no resulta tan difícil formarse una idea de cómo es el mundo invisible a nuestro alrededor y de lo que allí ocurre. Es cierto que hay que dejar actuar un poco la imaginación, pero nunca hasta el punto de abandonar la realidad.

Un diálogo ficticio, por ejemplo, entre nuestro Padre celestial o Cristo —en lo sucesivo llamado Dios— y Sadhana o el diablo —en lo sucesivo llamado Lucifer *—, que podría haber sido como el que sigue, aclara muchas cosas acerca de las cuales, por regla general, hasta ahora apenas hemos reflexionado o no lo hemos hecho en absoluto.

Dios: Yo Soy todo. Como no quería estar solo, creé de Mí mismo criaturas que se parecían a Mí. Semejantes, pero no iguales. Porque la Fuente primordial, la Energía vital misma —es decir, Aquel que creó todo y sostiene todo por todos los tiempos—, Soy y seguiré siendo Yo. Aquello que por Mí vino a la vida poseía una belleza y un poder para los que ustedes no tienen palabras. Esto no ha cambiado, aunque muchos de Mis hijos estén ahora «en camino» como almas o seres humanos. En su verdadera esencia, en lo más profundo de su interior, son y siguen siendo de magnificencia celestial; son de naturaleza espiritual y algún día volverán a manifestarse así.

Esto también se aplica a ti, hijo Mío, con quien hablo ahora. Ensayaste la rebelión contra Mí y perdiste —por ahora (!) perdiste—, no Mi amor, sino tu vida maravillosa, tu hogar en Mi presencia infinita.

Lucifer: A pesar de toda tu inteligencia, cometiste un error, un error que yo jamás habría cometido: diste libre albedrío a aquello que creaste y, según tus propias palabras, nunca lo tocarás. Esto te puso en un aprieto considerable, con la consecuencia de que aquello que llamaste a la vida casi se habría perdido para siempre y por toda la eternidad.

Dios (sonriendo ligeramente): Yo Soy la Perfección; por tanto, queda excluido que Yo cometa errores.

Lucifer: Eso suena bastante arrogante. Creía que tú eras la humildad. Por lo menos eso dices.

Dios: guarda silencio.

Lucifer (después de un momento): Seguramente no fue tu intención permitir que surgiera una creación fuera de los Cielos. ¿Por qué habría de serlo? Por tanto, tuvo que haber algo o alguien capaz de inducirte a hacerlo contra tu voluntad… Pero tener que hacer algo contra la propia voluntad no es precisamente una muestra de grandeza y soberanía.

Dios: Conozco tu inteligencia; al fin y al cabo, la recibiste de Mí. Quizá tu argumentación impresione o convenza a quienes piensan de manera tan «inmadura» como tú. También lo sabes. Y sabes dónde está tu error, uno de los muchos errores que —todavía— tienes. ¿Crees seriamente que Yo no había tomado en cuenta la posibilidad de que pudiera suceder algo como la denominada «Caída»?

Lucifer: Está bien, supuestamente lo habías previsto. Pero, sin el libre albedrío de tus criaturas, no habría ocurrido. Todo seguiría en el Cielo, bajo tu vigilancia y control. Ahora tienes el problema no solo de ser el soberano de los Cielos, sino también de ser responsable de mantener un orden funcional en los muchos mundos situados fuera del Cielo que jamás quisiste llamar a la vida. Para mí, esto no demuestra sabiduría ni visión de futuro.

Dios: Te doy, como a todos Mis hijos, el derecho de hablar Conmigo de tú a tú. Y no pongo límites a tus palabras ni tampoco a tus actos. Solo en esto deberías reconocer la grandeza de Mi amor. También tú —y lo recordarás aunque ahora estés muy lejos de Mí— eres un hijo de Mi amor y lo seguirás siendo siempre. Abusaste de Mi regalo del pensamiento libre y de tu conocimiento de los secretos de la Creación, aunque Yo te advertí una y otra vez acerca del peligro de tus ideas.

Lucifer: Eso es cierto. Pero luego empleaste tu poder para quitar de en medio a todos los que pensaban como yo, que no querían dejarse tutelar, y también a mí.

Dios: Sabes que no fue así. Pero, por el momento, todavía tienes que conservar esta imagen para ti mismo, porque te sirve de justificación para defender tu conducta ante Mí y ante ti. Yo continúo amándote infinitamente a ti y a todos los que Me abandonaron. Nada ha cambiado en eso, ni cambiará jamás. Quien cambió fuiste tú; quienes cambiaron fueron tus seguidores. Como no reconocieron el amor y permanecieron en ese rechazo, son menos que una sombra de su verdadera esencia.

Lucifer: ¡Pero vivo! Vivimos. Y vivimos en libertad. Eso es lo decisivo para mí. Aquí no hay nadie que me diga lo que debo o no debo hacer. Soy mi propio señor y más poderoso que cualquier otro ser, porque vivo conforme a mis propias leyes y no conforme a las tuyas.

Dios: En eso te equivocas. ¡Sigues viviendo conforme a Mi Ley y dentro de ella! Y Mi Ley es amor…

Lucifer (lo interrumpe): ¡No me hagas reír! ¡Mira lo que tus criaturas, tus hijos, hacen en la Tierra y lo que han hecho con ella! ¿Y a eso lo llamas amor?

Dios: Déjame terminar. Como Mi Ley es amor, y no existe nada más grande que el amor, el amor debe contenerlo todo. Por tanto, también debe incluir la posibilidad de que, cuando se actúe contra el amor, la Ley no sufra daño, pero que, al mismo tiempo, se permita al causante reconocer su error y se le dé la oportunidad de repararlo.

Lucifer: ¿Y qué? Quizá eso funcione en teoría, pero en la práctica las cosas son diferentes. ¡Mira lo que tus «queridos hijos» han hecho y continúan haciendo con tu Creación! Toma la Tierra como simple ejemplo. Se encuentra en un estado miserable. ¿Reconocimiento y cambio de rumbo? ¡Ni remotamente!

Dios: Hablas como si la ley de causa y efecto, denominada también ley de la siembra y la cosecha, te fuera desconocida. Sin embargo, fueron precisamente tu obstinación y tu falta de amor las que llamaron a la existencia esta ley. En la patria eterna, el Cielo junto a Mí, esta ley no existe. ¿Por qué habría de ser necesaria? Allí nadie infringe el amor. Todos son amor y actúan con él, por medio de él y con un poder que, si acaso, todavía debería estar presente muy débilmente en ti como recuerdo.

Lucifer: Como yo no correspondía a tus ideas, empleaste todo tu aparato de poder para expulsar de tu esfera de dominio a quienes pensaban de otra manera. Fue una lucha desigual e injusta. No se percibió consideración ni benevolencia. Esperé en vano comprensión y amor.

Dios: Tú mismo sabes que no fue así. Con eso únicamente justificas tus actos ante ti mismo.

Lucifer: Entonces, ¿cómo fue?

Dios: Como ya dije: tú sabes tan bien como Yo que fue tu obstinación la que hizo necesaria esta ley. A ella se añadió otra ley, que entró en vigor: «Lo semejante atrae a lo semejante» o «lo desigual se repele». Pero aquello que no concuerda con el amor desinteresado no es alejado por él, como se enseña falsamente y como tú contribuiste a hacer creer; sino que se repele a sí mismo. La consecuencia es que el causante —ya sea un ser humano en la materia o un ser sutil en el más allá— cosecha lo que sembró. ¿Existe una justicia mayor?

Lucifer: (Escucha en silencio, aunque conoce muy bien estas relaciones, sus propios actos y su responsabilidad en ellos.)

Dios: Por tanto, fue el propio causante quien hizo que quedara aislado y se excluyera automáticamente. Esta no fue Mi voluntad. Con ello creó y entró en otros planos sutiles cuya vibración ya no era tan elevada como la de los Cielos —y con esto Me refiero a ti y a tus seguidores—. Esta es la verdadera razón del surgimiento de los mundos situados fuera del Cielo, incluida la Tierra.

Lucifer: Muy bien, ¡ahora existen! Y grandes partes de ellos me pertenecen. Sé que tú lo ves de otra manera, pero quizá te engañas a ti mismo. Sobre el papel tal vez tengas razón, pero en la práctica las cosas son distintas. Tus hijos humanos y una parte de tus hijos anímicos tienen poco o nada con qué enfrentarse a mi astucia. Porque no saben que su destino se determina en lo que es invisible para ellos. Para ellos existe la materia; y para los llamados creyentes existe, además, un Cielo cuya existencia, sin embargo, no pueden imaginar. Creen —si acaso— en las ideas que sus religiones les transmiten. No preguntan, ni siquiera cuando sus enseñanzas religiosas están llenas de contradicciones.

Dios: Sí, esa es la situación actual en la Tierra. Pero sabes muy bien cómo surgió y quién procuró, con todos los medios a su alcance, que los seres humanos tengan una imagen completamente falsa de Mí. También sabes cómo se llegó a que ciertamente crean en Mí de una manera inofensiva para ti, pero no vivan Conmigo. Y hay una gran diferencia entre ambas cosas.

Lucifer: Exactamente, lo sé. Y no estoy poco orgulloso de esta obra: de haberlo conseguido y de la manera en que lo conseguí. Tú hiciste que yo tuviera que abandonar los Cielos. ¿Qué otra opción me quedaba sino fundar mi propio reino, un reino en el que yo ejerzo el dominio porque conseguí que tus hijos se alejaran de ti tanto interior como exteriormente? Aquel a quien no querías en tu mundo te mostró de qué es capaz, aunque sea un desterrado a tus ojos y a los de muchos. También yo soy un creador, aunque de una clase distinta de la tuya.

Dios: Tenías que procurar apartar a los seres humanos de la creencia en un Ser superior que es Amor. Cuando comenzaste a vivir fuera de tu patria eterna, Mi amor no dejó por ello de recordarte que tu manera de pensar y actuar era equivocada. Pero, en vez de escucharme, continuaste por el camino errado. A causa de Mi propia Ley tuve que observar; no podía ni debía intervenir. Pero la ley de causa y efecto comenzó su labor.

Lucifer: Naturalmente, advertí que recibía cada vez menos fuerza…

Dios: Te viste confrontado con una ley que casi nadie conoce.

Lucifer: Sí, pero no reconocía ni sigo reconociendo que deba existir alguien cuya voluntad tenga que cumplir para poder vivir bien. Naturalmente advertí las dificultades que surgieron cuando intenté vivir conforme a mis propias ideas. Pero tenía y sigo teniendo mi propio método para compensar esta falta de energía que aumentaba cada vez más.

Dios: ¿Recuerdas todavía cómo era cuando vivías junto a Mí? Quiero ayudar un poco a tu memoria. No digo sin motivo que Mi amor es desinteresado y fluye infinitamente. Cada criatura que vive junto a Mí, sí, que vive en Mí, es atravesada por él sin limitación. De ese modo puede vivir y crear de manera semejante a Mí. Semejante, pero no igual a Mí, como ya dije al comienzo. Sin embargo, quien Me abandona no queda separado de la energía de Mi amor y Mi vida. Si así fuera, ese ser moriría. Pero junto a Mí no existe la muerte; junto a Mí no existe nada carente de vida. Todo es sostenido por Mí, incluso tú y quienes estuvieron y todavía están contra Mí.

Lucifer: Sé lo que viene ahora. (Y con sarcasmo en la voz): tú eres el gran Sustentador-de-toda-la-vida.

Dios: Ninguno de Mis hijos —subrayo «ninguno»— carece de energía divina. Pero la afluencia de la energía de Mi amor disminuye, paso a paso, en quienes Me abandonan. Así pues, quien por decisión propia —porque en su obstinación no reconoce Mi Ley— vive fuera de los Cielos ya no es atravesado plenamente por Mi energía. Esta disminuye cada vez más. Cuanto más se aleja de Mí, dicho en sentido figurado, con tanta mayor intensidad entra en acción este proceso. La afluencia de Mi vida puede reducirse hasta un mínimo. Esto también ocurrió contigo, Sadhana, y con tus seguidores. Pero no Soy Yo el responsable de esta limitación. Siempre es el propio causante quien desencadena este acontecimiento.

Lucifer: Yo estaba a merced de tu poder. Naturalmente sentí que ya no tenía toda mi fuerza. Por eso tuve que idear algo. Para poder vivir de una manera medianamente soportable no me quedó más opción que obtener de otra fuente la energía que ahora me faltaba. Solo había una: ¡los seres humanos!

Dios: Y al hacerlo caíste cada vez más bajo, y surgieron siempre nuevas esferas fuera del Cielo. En el punto más profundo se formó el universo material; entretanto, los científicos de ustedes han reconocido que tampoco la materia es otra cosa que energía «condensada».

Lucifer: Tuve que aceptarlo. La alternativa —doblegarme y, con ello, someterme a tu dominio— no era una opción para mí. Quería ser y seguir siendo mi propio señor, y lo conseguí. Ahora mi gran reino está formado por partes de los mundos astrales; pero, sobre todo, le pertenece la Tierra, ¡el lugar donde yo ejerzo el dominio!

Dios: ¿Estás seguro, hijo Mío, de que todavía ejerces el dominio en la Tierra?

Lucifer: Esperemos y veremos. Aún tengo algunos ases bajo la manga. Los seres humanos, con sus limitaciones espirituales, no son capaces de descubrir mi proceder, cuidadosamente planeado con mucha anticipación. Además, tengo un ejército gigantesco de seres que piensan como yo, me siguen y me obedecen. Y no hay que olvidar a los propios seres humanos, continuamente asediados e influidos por mis seguidores y por mí sin que lo adviertan. No lo advierten por dos razones: en primer lugar, carecen de la clarividencia y la percepción extrasensorial que les permitirían mirar y sentir en el más allá; en segundo lugar, ni siquiera saben que existimos, que existimos de manera muy concreta. Lo conseguimos falseando sus enseñanzas y presentándoles en su lugar un conocimiento sustituto que, aunque es ilógico de principio a fin, casi nadie lo nota. Y cuando alguien lo nota, hemos procurado que no investigue el asunto. Antes nos servíamos para ello de la persecución y el miedo; hoy nos sirve la distracción, que nos vuelve «invisibles» para la inmensa mayoría. No tienen tiempo ni interés para ocuparse de las cosas espirituales, sobre todo porque muchos están decepcionados por lo que las religiones les ofrecen y han abandonado la fe. No saben que todas las visiones del mundo que se les ofrecen están impregnadas de mis «ideas».

Dios: ¿Y crees que Yo observé y observo sin actuar mientras tú, porque continúas sin reconocer tu error, intentas seducir a Mis hijos? Tú tienes una gran fuerza de combate; ¿y qué tengo Yo? ¿Qué opongo a ella? El concepto de «ángel guardián» no te es desconocido; Mis hijos humanos también lo conocen, aunque no puedan formarse una idea concreta de él. Frente a ti y a quienes piensan como tú se encuentra un ejército de ángeles contra el que, a largo plazo, no tienes ninguna posibilidad. Mis combatientes están equipados con las armas del amor, superiores a las tuyas en todos los ámbitos.

Lucifer: Tal vez sea así, pero tengo de mi lado una ventaja incalculable: yo no respeto el libre albedrío de los seres humanos, mientras que quienes luchan por ti sí lo hacen. Tienen que hacerlo, porque fuiste y eres tan magnánimo que decidiste no intervenir jamás en el libre albedrío de tus hijos. En este punto soy claramente superior a ti.

Dios: Pero olvidas que la ley de causa y efecto también se aplica a ti.

Lucifer: No me das miedo. ¿Cuántos eones han transcurrido desde que me «liberé nadando» y me convertí en mi propio señor? ¿Y cuántos eones tengo todavía por delante? Supuestamente, tu paciencia es «infinita». Entonces, ¿qué tendría que temer? La eternidad es mi herencia. Y con ella, también mi libertad, en lugar de una vida bajo tu «santa voluntad», que impusiste a todas tus criaturas.

Dios: Tu rechazo y tu odio siguen determinando tus pensamientos y tus actos. Pero —pues tu inteligencia no está limitada hasta ese punto— tienes que haber advertido que ya no eres tu propio señor. Muchas cosas ya no marchan como deseas. Y, sobre todo, te falta la energía que necesitas con urgencia y que ya no recibes de Mí.

Lucifer: Lamentablemente, no puedo hacer nada contra el hecho de que me limites energéticamente. Pero he encontrado una solución con la que puedo vivir bastante bien.

Dios: ¿Quieres decírmela?

Lucifer: No finjas; la conoces. Pero no te agradó y sigue sin agradarte. Tus hijos humanos se convirtieron en mis proveedores de energía. Y, si buscas a un responsable, mírate en un espejo. Me obligaste a obtener mi energía de los seres humanos, con todas las consecuencias que esto tiene para tus hijos. Nada de esto habría sido necesario si hubieras sido un poco más tolerante; si hubieras sido como tú mismo proclamas ser.

Dios: Como ya dije al principio: «Conozco tu inteligencia; al fin y al cabo, la recibiste de Mí». Quien te escucha podría pensar fácilmente que Yo, el Amor, te traté injustamente. Sin embargo, lo único que entró en vigor fue Mi Ley, que protege a todos Mis hijos y, al final, también a ti.

Lucifer: Pero solo si se cumple tu voluntad. A quien desea vivir conforme a sus propias ideas, tú lo limitas. Yo, en cambio, quiero y voy a configurar mi vida conforme a mis ideas, aunque transcurra «únicamente» en lo espiritual. Pero aquí, en el mundo sutil, puedo conseguir mucho más que si estuviera encarnado. Aquí mis seguidores y yo actuamos de manera invisible y nuestro éxito es mucho mayor que si fuéramos a la Tierra. Para ello dispongo de un número infinito de fieles que me representan a mí y a mis leyes en la Tierra y que también viven conforme a ellas, especialmente en este tiempo.

Dios: La ley de la siembra y la cosecha también se aplica a ti. Será válida hasta que todos Mis hijos estén nuevamente en el Cielo junto a Mí. Entonces ya no será necesaria. Tampoco existirán ya esferas fuera del Cielo, porque todo habrá vuelto a encontrar el camino hacia la unidad. También tú, hijo Mío.

Lucifer: Pero, hasta que llegue ese momento, puedo y voy a vivir mi libertad.

Dios: Y para ti esa libertad consiste en amordazar e influir en los seres humanos, y también en «trabajar» sobre las almas para impedir que se desarrollen conforme a Mis mandamientos y puedan llegar a ser libres.

Lucifer: Debido a tu intervención no tengo otra elección. Vista así, la responsabilidad recae sobre ti. Trabajo sobre los seres humanos de una manera que ellos desconocen y contra la que, por tanto, poco o nada pueden hacer. Es verdad que saben que en alguna parte y de alguna manera existe un «diablo», pero yo soy responsable de que su idea sea totalmente insuficiente y, en parte, falsa. Y no estoy poco orgulloso de ello. (Se golpea el pecho.) Conseguí que los seres humanos vivieran para su yo y olvidaran por completo a su prójimo y el amor que tú ordenaste. No fue tan difícil, porque como sustituto les ofrecí otras mil distracciones y metas deslumbrantes. Mi propósito casi tuvo éxito, pero entonces interviniste viniendo tú mismo a la Tierra como Jesucristo para vivir como ejemplo la enseñanza del amor al prójimo que tanto exaltas. Tu vida debía ser un modelo y demostrar que, incluso bajo las circunstancias más desdichadas, es posible vivir el amor desinteresado.

Dios: Después de la preparación correspondiente vine a los seres humanos. Fue un acto único, de un alcance que ellos no reconocieron; tampoco lo reconocieron Mis discípulos y apóstoles.

Lucifer: Me llevé un susto, debo admitirlo. ¿Estaba ahora en peligro lo que yo tenía y lo que me proponía? Encontré la solución, o eso me pareció en aquel momento: influí en aquellos de mis fieles que estaban encarnados en la misma época que Jesús y conseguí que mataran al hombre Jesús. Y que lo hicieran de una manera muy cruel. Durante un breve tiempo tuve la sensación de que finalmente había vencido y de que podía vivir sin miedo. Lamentablemente, me había equivocado. (Se encoge de hombros con pesar.)

Dios: Junto a Mí no existe la muerte. Y, aunque el final de Mi vida humana en la cruz fue terrible, no estuvo unido al triunfo de las tinieblas. Porque con Mi «muerte» afluyó a cada alma y a cada ser humano una chispa adicional de energía —cerca del corazón—, que fue y sigue siendo la garantía de que la fuerza de las tinieblas ya no podría ejercer el dominio de manera permanente, sino que, por el contrario, había sido derrotada. El Amor había vencido.

Lucifer: Quisiera o no, tuve que admitir con gran pesar que había sufrido una derrota. Pero esto no significaba para mí que ahora fuera a rendirme. Aunque no había vencido —y, según parecía, ya tampoco podría vencer conforme a mis ideas—, aún tenía el poder de destruir. Así pues, durante el período que siguió, y sobre todo durante los siglos posteriores, hice cuanto estuvo a mi alcance para difamar la nueva enseñanza, perseguir a sus seguidores y, si era posible, matarlos. Un paso muy importante —quizá el más importante— consistió en modificar, es decir, falsear, la enseñanza de los denominados «primeros cristianos». A lo largo de los siglos siguientes logré hacerlo mediante la amenaza y la ejecución de persecuciones, torturas y muertes. Finalmente, los cristianos solo podían acceder a la versión modificada de la enseñanza original de Jesús que se les había dejado. Y aquello ya solo era el esqueleto de la enseñanza de Jesús; en gran parte se había convertido en una doctrina falsa. Por lo menos, había sido despojada de elementos importantes y apenas era capaz de conducir a las personas hacia su interior, donde, si buscaban con verdadera seriedad y vivían conforme a los mandamientos, necesariamente encontrarían a Dios. Lamentablemente, tengo que admitirlo. Pero ya no conocían esa posibilidad. Y así ha permanecido hasta hoy. Ese fue y sigue siendo mi «pequeño triunfo», mediante el cual impedí y continúo impidiendo que los seres humanos encuentren a Dios en su interior. Creen superficialmente en las palabras de un libro que llaman Biblia y que ya no contiene lo que una vez se dijo y enseñó. En ese sentido, aunque no de manera definitiva, yo había ganado.

Dios: ¿Y ahora, hijo Mío? ¿Cómo crees que terminará tu rebelión? Has llegado al punto más profundo de tu existencia. ¿Puede llamarse todavía vida? Si aún lo recuerdas, compáralo con el tiempo en que vivías a Mi lado. Mi fuerza vital afluía plenamente hacia ti. ¿Y hoy? La afluencia de Mi fuerza, sin la cual ninguna criatura puede vivir, se ha reducido hasta un mínimo. Tú y todos ustedes que practicaron la rebelión siguen existiendo, es cierto. Pero ¿cómo?

Lucifer: Porque fuiste y sigues siendo implacable y respondiste a nuestro deseo de libertad separándonos poco a poco de tu energía. Pero encontré para mí y para los míos una solución que nos permite obtener la energía vital necesaria; una solución que con toda seguridad no te agrada. Pero tú me obligaste a hacerlo. Conoces la solución; no tendría que decírtela. Sin embargo, lo haré porque estoy orgulloso de haber torpedeado tu proceder, al menos en gran parte: encontré otra fuente de energía que es prácticamente infinita cuando se la aprovecha de la manera correcta. ¡Desde entonces, mi fuente de energía es el ser humano! Lo mejor es que el ser humano no sabe que me entrega una gran parte de su energía, si yo lo hago correctamente. Y créeme: a lo largo de muchísimo tiempo desarrollé métodos y procedimientos infalibles que prácticamente nadie descubre. Llevo de la nariz a tus hijos humanos y vivo bastante bien de la energía que me dan sin advertirlo y sin quererlo. ¡Y, al hacerlo, vivo mi libertad! Esa fue y sigue siendo mi respuesta al hecho de que nos excluyeras a mis seguidores y a mí.

Dios: Solo abarcas un breve tramo del acontecimiento cuyo causante eres tú, no Yo. Pero tú mismo lo sabes. Sin embargo, tienes que contemplarlo de ese modo ante ti mismo, porque no podrías vivir con la verdad; todavía no podrías. Pero Yo sé cómo terminará todo. Lo sé porque nada de cuanto ocurre en Mi Creación sucede fuera de Mí, pues Yo Soy el Alfa y la Omega.

Lucifer: ¿Quieres saber —en su entusiasmo olvida con quién habla: con Dios, que todo lo sabe— cómo influyo en los seres humanos, cómo los seduzco y finalmente los domino? En realidad, es muy sencillo, y tú me ayudaste. Tu ley del amor a Dios y al prójimo facilitó mucho mi trabajo. Porque esta instrucción era y sigue siendo demasiado grande para los seres humanos. No fue por casualidad que, especialmente en los comienzos de esta nueva visión del mundo o corriente espiritual, muchos de tus ayudantes procedentes de los Cielos encarnaran para ayudar a los seguidores de las nuevas ideas. Pero los míos y yo tampoco permanecimos inactivos. Muchos de nuestros partidarios también fueron a encarnar durante ese tiempo. Y lo admito: donde no había otra manera, trabajamos con violencia y coacción. Pero tuvimos éxito, ¡y eso era y sigue siendo lo decisivo!

Dios: Tu visión y tu pensamiento son demasiado cortos, hijo Mío. No consideras el final o lo desplazas muy, muy lejos hacia el futuro, muy, muy lejos de ti. Pero puedes alejarlo cuanto quieras o incluso quitarlo de tu vista: el final también llegará para ti. Sin embargo, no será un final en el sentido de «ahora todo terminó», sino que tu final estará junto a Mí, lo creas o no. Porque Yo no pierdo aquello que una vez llamé a la vida.

Lucifer (sin dejarse impresionar por las palabras del Padre celestial): Después de que, durante los primeros siglos, cada vez más personas se unieran a la nueva enseñanza, y de que lamentablemente ni la persecución ni la necesidad pudieran impedirlo, dimos nuestro golpe maestro. Después de la preparación correspondiente, conseguimos que en el Concilio de Constantinopla del año 553 se declarara doctrina falsa la enseñanza de que las almas humanas habían tenido una existencia anterior. **) Con ello habíamos ganado. Es verdad que muchas cosas dejaron de tener sentido, pero también supimos qué hacer contra eso, pues con los medios adecuados se puede «vender» prácticamente cualquier cosa a los seres humanos. Y lo conseguimos.

Dios: Estaban y están tan enredados en su modo de pensar y actuar que ya no les era ni les es posible admitir siquiera de manera incipiente otras consideraciones.

Lucifer: ¡Pero tuvimos y seguimos teniendo éxito! Eso es lo decisivo. Mira tan solo lo que produjo tu intervención personal hace dos mil años. ¿Qué quedó de la enseñanza que vino al mundo por medio de Jesús? Prácticamente nada. Y no se trataba únicamente de «mutilar» la enseñanza, sino de algo igual de importante: influir en los seres humanos, guiarlos y seducirlos sin que lo advirtieran. Y verdaderamente lo conseguimos. Pudimos representar nuestra existencia de una manera tan distorsionada y vaga que nadie, o casi nadie, cree todavía que nosotros —que el diablo— existimos de verdad. No podría habernos ocurrido algo mejor: no creen en nosotros y podemos trabajar tranquilamente en el trasfondo y, sin embargo, inmediatamente junto al ser humano y sobre él.

Dios: (guarda silencio).

Lucifer (está tan entusiasmado que apenas puede detenerse y, por puro orgullo de su obra, vuelve a olvidar con quién habla): A los seres humanos se los mantuvo ignorantes en lo que se refiere a las cosas espirituales. Esto también es mérito nuestro. Por ejemplo, no saben cómo nos acercamos a ellos para, después, guiarlos pasito a pasito —de modo que no lo adviertan— e inducirlos a reflexiones y actos que finalmente los conducen exactamente en la dirección que queremos. Nos favorece que la inmensa mayoría de las personas no se conoce a sí misma. De este modo tenemos —y, lamentablemente, debo admitirlo, también tienen los seres espirituales procedentes de los Cielos— la gran ventaja de poder atacarlas en puntos que ellas ni siquiera sospechan que son vulnerables. ¿Conocimiento sincero de sí mismos entre los seres humanos? ¡Nada de eso! Imaginen solamente: nosotros vemos y sabemos dónde y cómo podemos acercarnos al ser humano, pero él no conoce esa puerta de entrada. Incluso calificaría de fantasía un ataque exitoso en esos puntos. ¿Intuyen la ventaja incalculable que esto representa para nosotros? El enemigo ataca el castillo y el señor del castillo dice: «Yo no tengo puntos débiles». ¡Ja, ja! Maravilloso. Nada mejor podría sucedernos. Y así ocurre con la mayoría de las personas, porque no están dispuestas —tampoco se les enseñó— a contemplarse a sí mismas. Por cierto, esto también se debe a nuestro trabajo.

Dios: (sigue guardando silencio).

Lucifer: Por mi parte, no queda mucho más que decir acerca de esto. Quizá solo lo siguiente: desde nuestra perspectiva, este principio funciona sin fallas. Desde que conseguimos modificar las palabras del Guía de ustedes, todo resulta mucho más fácil. Para ello, al menos al comienzo y luego durante la Edad Media, nos ayudó el miedo de las personas a ser perseguidas y asesinadas por nosotros. Esto ya no funciona hoy; pero preparamos algo nuevo y finalmente lo pusimos en práctica —como siempre, paso a paso—. Presentamos como interesantes e importantes otras metas: el éxito, el placer, el dinero, la satisfacción del yo y muchas cosas más. De ese modo, a la mayoría ya no le queda tiempo para las preguntas acerca del sentido de la vida, de ¿de dónde? y ¿hacia dónde?; sobre todo porque son muy pocos quienes se esfuerzan por anunciar la verdad. Pero sus voces se pierden, y naturalmente intentamos hacerles la vida difícil precisamente a ellos. Lamentablemente, solo lo conseguimos de manera limitada, pues la ayuda que reciben de los Cielos es enorme. En ese caso tenemos muy pocas posibilidades. ¡Lamentablemente! Pero de vez en cuando conseguimos algo incluso con ellos —cuando no examinan sus puntos débiles ni piden ayuda—, aunque no es sencillo. Hay demasiada Luz alrededor de ellos para que podamos tener éxito allí a largo plazo. Pero —y este es nuestro consuelo— todavía hay incontables personas que no conocen esta protección ni la piden. Ellas son y continuarán siendo nuestros proveedores de energía. Y no temo que se nos termine el suministro, al menos no en un futuro previsible; quizá (?) alguna vez, dentro de eones.

Dios: Originalmente poseías una inteligencia sumamente elevada, hijo Mío. Pero en tu camino hacia las profundidades perdiste cada vez más de ella. De lo contrario reconocerías los errores de tu pensamiento. Sabes que Yo Soy, sin limitación alguna, el Amor absoluto. Este conocimiento continúa presente en ti, aunque tú mismo lo hayas desplazado al rincón más remoto de tu conciencia. Este amor Mío se dirige a todos y a todo, sin importar cómo se comporten frente a Mí. Por tanto, también se dirige a ti y a tus seguidores. ¿Qué significa esto para ti y para ustedes? Como Yo no pierdo aquello que una vez creé, ¡también tú regresarás a Mí con los tuyos! ¡Es Ley! Y como Yo Soy la Fuente y el Origen de todo y poseo el poder que nadie puede tocar, haré regresar a Mí todo cuanto cayó. Porque no conozco represalia, venganza ni castigo. Esto se encuentra anclado en Mí por todas las eternidades, lo que significa que nadie podrá abandonarme para siempre. Tampoco tú, que fuiste y continúas siendo la causante de la Creación dividida —todavía por ahora—. Percibe dentro de ti; percibe profundamente dentro de ti. Con Mi ayuda, si la pides, lo lograrás. Entonces reconocerás Mi verdad eterna: que te amo; ¡a ti y, sin excepción alguna, a todos Mis hijos! Deja que penetre profundamente en ti lo que esto significa para ti. Y aunque en este momento todavía no logres reconocer la chispa de verdad que hay en Mis palabras, Yo he depositado la semilla que te permitirá reconocer la verdad cuando estés preparada interiormente. Entonces véncete a ti misma y ven a Mí. A Mis brazos. Yo te espero.

*) Aunque, estrictamente hablando, esto no es del todo correcto. El nombre Lucifer significa «portador de luz» o «el que trae la luz». Sadhana se dio a sí misma este nombre después de haber provocado la Caída.

**) Esta enseñanza, denominada apocatástasis 1, fue rechazada por primera vez en el año 543, cuando los adversarios de Orígenes consiguieron que el emperador Justiniano I —cuya esposa Teodora era la fuerza impulsora detrás de todo— promulgara un edicto que enumeraba en diez puntos las enseñanzas no ortodoxas de Orígenes. El Concilio de Constantinopla del año 553 las condenó y, por ello, declaró hereje a Orígenes. Todos los obispos del Imperio, incluido el papa Vigilio, que ocupaba entonces el cargo, aprobaron esta condena. Dice así:

«Quien afirme o sostenga que las almas humanas tuvieron una existencia anterior, es decir, que antes fueron espíritus y potestades, pero que se cansaron de la contemplación divina, se volvieron hacia el mal, se enfriaron por ello en el amor de Dios, recibieron así el nombre de “almas” y fueron confinadas en cuerpos como castigo, sea excluido».