En el acto divino de amor
hay alegría del corazón, ligereza
y también un carácter juguetón.
En el amor a Sus hijos
Dios revela Su naturaleza de niño.
Sí, el Padre se emociona como un niño
en la espera y la anticipación
de que un hijo abra Su/su corazón.
Este amor Padre-hijo
es el misterio del corazón de Dios.
Está reservado únicamente a las almas
que incondicionalmente
en el amor de Dios
se realizan.
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