En la inquietud y el desasosiego del alma,
en el ruido ensordecedor
y el trajín frenético de este mundo,
en cada dolor y sufrimiento
hay un lugar en nosotros
que es silencio y paz.
Ese lugar nos pertenece
y su puerta está siempre abierta.
Sí, en lo más íntimo de nuestro ser
en realidad estamos siempre allí,
pues en el fondo
nosotros mismos somos
ese lugar.
* * *