Epílogo
Cuando se contempla correctamente el mundo, se hace evidente que vivimos en un manicomio en el que los guardianes se han vuelto locos. En todo el globo reinan la mentira y la violencia, aumentan las catástrofes y las guerras, actúan la falta de conciencia y la explotación. Solo de manera aislada se informa de ello en los medios; su tarea es negar la verdad, difundir hipocresía y falsedad, presentar lo malo como bello y bueno, narcotizar permanentemente a las personas y entretenerlas cada día. La masa humana no ve lo que está sucediendo ahora mismo en el mundo; no ve que el barco del mundo ha sido conducido al abismo del infierno, a la más profunda oscuridad espiritual.
También nosotros, hijos de Dios, nos encontramos en este barco; vemos rugir y embravecerse a nuestro alrededor las olas de la mentira y la violencia, vemos el espíritu anticristiano de la época, que convierte todo lo verdadero y bueno en su opuesto diabólico, que tiene en mente el dominio violento, la aniquilación y la destrucción.
Pero hay un lugar en el que todo acontecer cobra sentido, donde existen un sentido y un propósito divinos. Hay un lugar donde reinan la calma y la paz en medio de la actividad de las fuerzas infernales. Hay un lugar donde no existe el miedo ni la muerte, donde la luz divina penetra la oscuridad satánica. Hay un lugar que lleva en sí la redención. Ese lugar se encuentra en nosotros. Es el corazón de nuestra alma. Allí se encuentra el arca que nos conduce con seguridad a través de este diluvio de pecado del tiempo final.
Jesucristo ha preparado este lugar para nosotros y nos espera aquí. Es el lugar al que son arrebatados los verdaderos hijos de Dios. Este lugar santo es el corazón de Dios, es el amor de nuestro Padre celestial, en el que estamos seguros y protegidos. Por eso es vital entrar diariamente en el silencio del corazón para recibir allí el amor de Jesucristo.
Queridos hermanos y hermanas, mientras escribo esto me encuentro en ese lugar y solo puedo decir: Oh verdad y misericordia divinas, aquí se está bien. Aquí el hijo de Dios puede vivir, en su imperfección, dentro de la perfección de Dios. Aquí no siente muerte alguna y respira libertad completa. Aquí el corazón de Jesús está completamente abierto; aquí no existen palabras, solo lágrimas de alegría. Queridos hermanos y hermanas, reciban un abrazo de corazón; que Su bendición esté siempre con nosotros.
Samuel
* * *
Querido Jesús,
mi tiempo está en Tus manos.
Ahora puedo estar en calma,
estar en calma en Ti.
Tú das seguridad,
Tú puedes cambiarlo todo.
Dame un corazón firme,
hazlo firme en Ti.