Queridos hermanos y hermanas, el Padre despierta cada vez a más de Sus hijos para que proclamen Su Palabra y revelen Su corazón en este último tiempo, tal como Él lo profetizó. Existen distintas formas de expresión debido a las diferentes tonalidades de las almas.
Imagínenlo así: cada alma corresponde a un cristal que tiene una coloración y un grosor propios. A través de esta sustancia e individualidad del alma resplandece la luz divina pura, se expresa la Palabra de Dios. De este lado llega mediante la personalidad, es decir, a través del color del alma y de la conciencia más o menos material del médium. Si existe una fuerte coloración propia, el mensaje celestial puede deformarse o incluso falsearse. Cuanto menor sea la coloración propia del alma gracias a su humildad y entrega, tanto más clara y pura llega la Palabra del Padre a este mundo.
Por consiguiente, las distintas revelaciones pueden asignarse a distintas estructuras del alma y niveles de desarrollo de los hijos de Dios y, por tanto, resultan útiles en diferentes planos. Esta es la razón por la que el Padre también Se comunica por medio de personas que en algunos ámbitos todavía están atrapadas en el pensamiento material y/o aún no han terminado de formarse en el amor a Dios. Pero incluso cuando alguna manifestación divina llega a este mundo de una manera un tanto peculiar, la sabiduría-amor-verdad de Dios siempre resplandece a través de ella, si uno contempla correctamente las palabras.
Si una persona no es un verdadero buscador de la verdad, es decir, si su deseo de verdad y amor no es auténtico sino que está fundado en el egoísmo y el amor propio, por lo general se encuentra a sí misma en las manifestaciones dudosas, porque `Dios los cría y ellos se juntan´. Para ella no puede reconocerse la afirmación divina que constituye el núcleo del mensaje manipulado por el alma; solo se hace valer y adquiere peso la aparente contradicción o falta de lógica. En el fondo, estas personas tienen miedo de colocarse de manera permanente sobre un fundamento espiritual firme; vagan más o menos ciegas por el laberinto de fe que ellas mismas han creado hasta que se reconocen en su amor propio y egoísmo y entonces, en humildad, vuelven sus corazones hacia Dios.
La sinceridad absoluta frente a Dios y frente a uno mismo es, por tanto, necesaria para reconocer siempre la verdad dentro de la falsificación, tanto de la Palabra como de los acontecimientos del mundo. En el amor a Jesucristo despierta la luz en el corazón del alma, que sumerge todo en lo verdadero. Todo depende del amor a nuestro Padre celestial.
Naturalmente, también existen dones espirituales completamente falsos, palabras envenenadas de Satanás que son mortales para el alma. Se entregan envueltas en el papel de regalo de la hipocresía. Corresponden a la manzana del paraíso que nos ofrece la serpiente astuta; brillante y seductora, ofrece sus dulces caramelos a los niños, y ellos los toman con gusto. Por eso siempre es necesaria la cautela para no caer en una trampa de Satanás.
Si un hijo de Dios no está seguro de si puede aceptar un mensaje o no, lo mejor es apartarlo y atenerse a aquellos en los que está seguro de que aquí habla el Padre y de que las manifestaciones corresponden a la verdad. O puede preguntar a hermanos y hermanas que ya viven en el Espíritu.
Queridos hermanos y hermanas, el tiempo apremia; es necesario dar un paso más. Es hora de penetrar más profundamente en el corazón de Jesús. Necesitamos más sostén en el Espíritu; de lo contrario no soltaremos el mundo. El alma necesita sostén, de una manera u otra; nosotros decidimos a qué nos aferramos.
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Examinar palabras del Padre
Queridos hermanos y hermanas, existen varias maneras de recibir la Palabra de Dios. No siempre sucede palabra por palabra; a veces la Palabra de Dios se revela como un conjunto temático que se abre gradualmente y el receptor reviste el flujo divino con sus propias palabras. En este caso recibe del Espíritu divino el alma del mensaje, es decir, del amor del Padre la luz, que reviste de comprensión material, según la estructura de su alma, su condicionamiento y su manera propia de usar el lenguaje.
Entonces a veces uno piensa: `Dios no habla así´, pero olvida la individualidad del hijo de Dios que revela. Por eso es necesario examinar primero el contenido y dejar de lado la forma, tal como también debería hacerse con una persona. Aunque en ambos casos, cuando la forma resulta extraña, uno tiende a entrar en el contenido con cierto prejuicio. Por lo general se examina ese contenido con el propio material de pensamiento, casi siempre leído en alguna parte, o, si uno ya está unido al Espíritu de Dios, con la verdad reconocida en el corazón en Jesucristo.
En el primer caso, todo depende de lo que uno haya leído u oído: se compara con el entendimiento. Si uno está sobre el fundamento de la verdad cristiana, puede —aunque no tiene que hacerlo— leer y escuchar tranquilamente cualquier cosa, pues la forma perecedera es neutralizada en el amor y lo anímicamente torcido se separa aquí por sí mismo. Lo que queda es la esencia espiritual, la Palabra original.
Por eso he aprendido a no descartar rápidamente ninguna Palabra del Padre ni ninguna profecía, sino a obtener en la oración una comprensión divina de las revelaciones que llegan hasta mí; y desde entonces encuentro a menudo, en palabras del Padre y profecías aparentemente extrañas, una afirmación divina que amplía mi horizonte espiritual y enriquece mi corazón. Porque hay cada vez más revelaciones divinas y, por tanto, es importante discernir los espíritus, examinar las palabras con humildad y no juzgar precipitadamente desde cierta arrogancia espiritual. También aquí el amor es la llave del conocimiento correcto y de la acción correcta.
Con esta explicación no quiero exhortarlos a introducirse en todos los mensajes; solo quiero exponer cómo quizá resulte más fácil manejar la creciente avalancha de profecías y manifestaciones divinas.
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