«El Señor es mi pastor; nada me faltará. Me hace descansar en verdes prados y me conduce hasta
aguas frescas. Reconforta mi alma. Me guía por camino recto por causa de su nombre.
Y aunque caminara por el valle oscuro, no temería desgracia alguna, pues Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me consuelan. Preparas ante mí una mesa en presencia
de mis enemigos. Unges mi cabeza con aceite y llenas mi copa.
El bien y la misericordia me seguirán
todos los días de mi vida, y permaneceré
en la casa del Señor para siempre».
Como instrumento de Dios, tengo conocimiento de los planes de las maquinaciones anticristianas que operan tras bastidores en este mundo. Aquí debe distinguirse entre las dictaduras del próspero mundo occidental, que actúan de manera manipuladora bajo la fachada de la democracia; las dictaduras políticas manifiestas del hemisferio oriental —Rusia, China, Turquía, Corea del Norte, etc.—, y las dictaduras militares africanas, latinoamericanas y sudamericanas. Las exposiciones siguientes ilustran ante todo la actividad pérfida y carente de escrúpulos de la política y la economía en las naciones prósperas e industrializadas; como carezco de conocimientos políticos y económicos, solo puedo trazar un bosquejo simplificado.
¿Existe una «conspiración mundial» secreta, como la presentan ciertos medios? Sí y no.
Las instituciones que determinan la economía y las finanzas mundiales se han creado una posición desde la cual pueden influir en los acontecimientos políticos tanto de países individuales como del mundo entero. Muchos gobiernos que en apariencia actúan con autonomía aprueban sus leyes bajo el dictado de los grupos de presión de corporaciones obsesionadas con el poder o, debido a su dependencia financiera, son conducidos de la correa por intereses económicos, o ambas cosas. Este es un hecho evidente, no una noticia nueva.
Todas estas personas, desde el magnate financiero y económico de riquezas inconmensurables hasta el político despótico, son esclavas de su egoísmo y ambición. Cuando una empresa, una organización o un gobierno entran en la corriente del afán de dominio y la codicia, se convierten inevitablemente en una máquina de fraude y explotación que degrada toda vida animal y humana a la condición de objeto de uso del afán inescrupuloso de lucro y de las pretensiones despiadadas de poder.
En el ejercicio mundial de estas maquinaciones destructivas, la muerte espiritual se ha convertido en un proceso que se perpetúa por sí mismo: un campo energético egocéntrico global que degrada a las personas a la condición de marionetas egoístas en todos los aspectos.
Quien tiene acceso a este campo superior del alma está en condiciones de contribuir activamente a configurarlo, o incluso de determinarlo, para influir en la manera de vivir de los distintos estratos de la población. Mediante la aplicación deliberada de mecanismos y automatismos psíquicos se manipula y engaña así en todos los ámbitos de la existencia, a fin de poner en práctica objetivos megalómanos.
Aunque el sistema político, financiero y económico dominante está entrelazado de forma laxa en parte y estrecha en algunos sectores, todavía no se ha producido una unión integral. Esta resulta difícil porque, en el mundo del afán egoísta de poder, nadie confía en nadie. Debido a la fuerte mentalidad competitiva, hasta ahora no ha podido erigirse una estructura estable y unificada. Solo podría hacerlo una alianza juramentada que gobernara el mundo de manera absoluta mediante la creación y el mantenimiento de dependencias existenciales fundamentales en todos los ámbitos de la vida.
Los autores de esta idea de un Nuevo Orden Mundial sí existen. Son los poderosos y superricos clanes de banqueros y magnates petroleros estadounidenses que, no solo en su país, han formado reiteradamente gobiernos corruptos y colocado presidentes criminales. Como en la era de la computadora y de internet surgieron nuevas estructuras y jerarquías que determinan el mercado, estos clanes han perdido una parte considerable de su influencia. Ahora, el pensamiento y la conducta generales también están determinados por los gigantes corporativos de los nuevos medios y de la World Wide Web, así como por los grandes conglomerados. Estos, a su vez, actúan predominantemente bajo el dictado de influyentes bancos de inversión y sociedades de fondos.
Estos gigantes económicos trabajan afanosamente para absorber todas las empresas que les resulten útiles y todas las que compitan con ellos, con el objetivo de dominar el mercado mundial como monopolios. Su proceder está bien camuflado mediante un compromiso social de gran repercusión mediática, una preocupación hipócrita por el medioambiente y una buena voluntad fingida hacia los consumidores por medio de campañas publicitarias de tono amistoso y cordial.
A diferencia del afán de poder por motivos políticos, cuyo interés principal es ejercer una autoridad de mando incondicional y dictatorial, los bancos y las grandes corporaciones están impulsados por una insaciabilidad despiadada y sin conciencia que quiere engullirlo todo en sus fauces infames, de preferencia el mundo entero. Aquí el espíritu satánico gobierna de manera absoluta.
En las plataformas correspondientes ya se investiga y se informa bastante sobre hasta qué punto existe una cooperación secreta a puertas cerradas y sobre cómo están entrelazadas las empresas financieras, las corporaciones, los gobiernos, los servicios de inteligencia y las logias. Tampoco es mi tarea exponerlo con mayor detalle en este lugar.
Pero sí proclamo lo siguiente con certeza: los planes de los agitadores anticristianos no triunfarán al final, pues ellos también son meras marionetas de su obsesión con el poder, su codicia de dinero y su sed de fama, que en último término siempre producen decadencia y ruina. No saben que su afán egoísta sirve, en manos de energías satánicas, a intenciones muy distintas, como se explicará más adelante.
A pesar de todas las resistencias posibles, se sigue trabajando en la puesta en práctica de planes viles. Ejemplos de los objetivos necesarios:
- La brecha entre unos pocos ricos y muchos pobres se hace cada vez mayor. Desde hace décadas se trabaja intensamente para redistribuir el capital y el patrimonio hacia la clase alta, ya inmensamente rica, y hacia los poderosos actores globales. Pero no para combatir deliberadamente la pobreza de este mundo, como suele afirmarse, sino para poder ejercer un control cada vez mayor mediante la esclavización financiera de la población.
- El dinero en efectivo deberá eliminarse gradualmente hasta que, por último, el dinero circule solo de manera virtual. Un microchip implantado —ya se encuentra en fase de prueba en algunos países— pronto deberá servir como medio de pago y de identificación en todos los ámbitos de la vida, así como medio de legitimación para recibir asistencia social y médica.
Los argumentos a favor son la practicidad y la seguridad: todos los datos y documentos de identidad se llevan siempre juntos, o mejor dicho, dentro de uno mismo. Los teléfonos inteligentes, los documentos y las tarjetas de crédito pueden perderse o ser robados; el chip implantado, no. Para que una persona pueda ser localizada siempre que se pierda o sufra un accidente, se aconseja utilizar un implante con transmisor, pero esto también permite una vigilancia completa. Si se desactiva el chip, la persona queda aislada y sin recursos.
- Con el internet móvil, la humanidad será automatizada de manera uniforme. La digitalización integral hace que el mundo pueda dirigirse y controlarse en todos los niveles. Las nuevas frecuencias tienen efectos devastadores sobre la salud. Los trastornos del sueño y los estados de agotamiento, la demencia, el cáncer y los tumores aumentarán en una medida alarmante, y en todo el mundo se producirán daños psíquicos graves. A las empresas codiciosas esto no les importa. Como las instancias gobernantes se han sometido a ellas, pueden continuar casi sin impedimentos con su locura mortífera.
- Como ya ocurre con el sida, los virus patógenos que comparativamente solo resultan mortales en unos pocos casos son declarados epidemias potencialmente letales y se convierten así en instrumentos de medicación a gran escala. Se aceptan de buen grado los efectos secundarios conocidos por los fabricantes. ¿Cuáles son las razones?
- Una atención médica «necesaria» para la población general, en el marco de una vacunación obligatoria ordenada por el Estado, produce grandes ganancias para las corporaciones. 2. La inseguridad, el miedo y el sufrimiento generan dependencia. 3. Mediante una influencia deliberada sobre las cifras de población, los distintos estratos sociales resultan más fáciles de dirigir.
Todos estos crímenes contra la humanidad no solo son tolerados en silencio por algunas de las instituciones gubernamentales competentes, sino que incluso son ordenados en parte, pues estas son representantes de los psicópatas que operan tras bastidores en este teatro terrenal, no servidoras de su Estado.
¿Cuál es el motivo de esta conducta diabólica? Por una parte, se trata de asegurar la riqueza inconmensurable y la posición de poder para sí mismos y para sus descendientes carnales. Por otra, se trata de poder influir a voluntad, en todo momento y lugar, sobre los acontecimientos mundiales. A lo largo de la historia siempre ha habido déspotas dictatoriales de esta clase. Pero con las posibilidades actuales de una interconexión digital integral para el adoctrinamiento y la sugestión del alma, la locura terrenal ha adquirido una nueva dimensión de horror.
De vez en cuando, espíritus celestiales encarnan en clanes familiares dominantes, o el Padre los conduce a puestos elevados en distintas corporaciones, donde intentan romper estructuras endurecidas y denunciar las maquinaciones secretas dentro de la propia organización o revelarlas al mundo. Mediante su forma amorosa de pensar y vivir crean un campo luminoso de conciencia que toca a más de un alma maliciosa y la impulsa a reconsiderar su conducta. Por tanto, no toda persona que pertenece a una institución explotadora o a un régimen dictatorial es malhechora. Por desgracia, estos buenos espíritus suelen morir prematuramente a causa de «accidentes o suicidios» cuando no se amoldan y sacan a la luz —o quieren sacar a la luz— maquinaciones criminales.
Lamentablemente, no es infrecuente que las cualidades sanadoras de un enviado de la luz se transformen en su contrario y que este sucumba al poder inescrupuloso y a la codicia de dinero. En combinación con su enorme fuerza de voluntad, esto puede convertirlo en un miembro decisivo o incluso en la cabeza de un gobierno corrupto o una organización codiciosa.
En épocas pasadas, la violencia era casi siempre evidente. Casas reales intrigantes y dominantes, así como jerarcas megalómanos de la Iglesia, ejercían un régimen severo y explotador. Se mantenía sometida a la población: quien no derramaba su sangre en trabajos forzados y esclavitud era torturado y ejecutado públicamente como hereje o bruja, o cruelmente masacrado como soldado en los escenarios bélicos que surgían una y otra vez. Se sabía a qué atenerse. La violencia era visible.
La violencia manifiesta también existe hoy. Muchas instituciones estatales se mantienen mediante el terror dictatorial. En todo el mundo se cometen a diario innumerables atrocidades y abusos. ¡Hay cerca de 1000 asesinatos cada día! ¡Sin contar las guerras! Actualmente (2017), se estima en unos 8 millones la cifra de personas que mueren cada año por desnutrición; un tercio de ellas son niños.
Pero, sobre todo en el mundo próspero, se ha extendido una nueva oleada de violencia apenas perceptible. Junto a toda la brutalidad manifiesta actúa aquí una fuerza invisible que, de manera refinada, aleja cada vez más a las personas de su identidad divina más propia: se llama sugestión y manipulación. Los instrumentos de estas maquinaciones finamente tejidas son los medios de comunicación conectados en todo el mundo. Por medio de ellos, el engaño de las masas no solo se mantiene, sino que se intensifica de manera permanente. Su conciencia queda, por así decirlo, cimentada en la materia.
En la actualidad, la manipulación deliberada se funda en conocimientos de la investigación científica, no en valores empíricos como antes. Por medio de los medios públicos, la población puede (re)programarse y dirigirse de manera deliberada, y pueden determinarse su pensamiento y su conducta. Incluso se tienen en cuenta las fuerzas contrarias generadas por personas difíciles o imposibles de influir, que frenan y rompen las oleadas manipuladoras. Así se controla el subconsciente a voluntad, y quien es dueño de este también lo es de la conciencia.
En su dependencia sutil de estas fuerzas destructivas, la población de la Tierra se ha convertido en esclava de la muerte espiritual, que experimenta y ama como espíritu de la época, y convierte así la locura cotidiana en normalidad. Esta guerra, librada únicamente en el nivel del alma y del espíritu, degrada a las personas que en realidad deberían recorrer el sendero hacia la vida divina a la condición de marionetas del entretenimiento y el consumo, vaciadas de sentido.
Así vendrá Dios como un ladrón en la noche mientras nosotros, cegados, corremos tras las satisfacciones mundanas. Habrá entonces gran llanto y lamentación en los acontecimientos del fin de los tiempos. Ahora es la hora de recapacitar y abandonar el camino ancho que conduce al abismo. Se puede salir del mundo en el alma y, sin embargo, continuar viviendo en él con el cuerpo. El amor al Padre es la llave que abre la puerta de la libertad.
La identificación completa con la materia, el verdadero mal fundamental de la condición humana caída, ha llevado a que ya no se considere la vida eterna ni tampoco un sentido divino; por eso se procura obtener en la existencia terrenal la mayor cantidad posible de diversión y entretenimiento. Las empresas comerciales y los medios masivos aprovechan esta circunstancia; atienden la desorientación general reduciendo el contenido de la vida al afán de riqueza, poder, belleza y libertad sexual sin límites: la vida terrenal es un juego del azar; ¡toma cuanto puedas conseguir!
Las exhibiciones y seducciones de celebridades de toda clase que ocupan el centro de atención satisfacen nuestro deseo infiltrado de ideales de belleza prescritos, prestigio, lujo y la felicidad supuestamente asociada a ellos. Sobre todo, el mundo programado del estilo de vida constituye un eficaz medio de hipnosis y anestesia, iniciado, promovido y pulido por los órganos, en gran parte infectados de orgullo, de una industria editorial al servicio del espíritu egoísta de la época. El estado de embriaguez permanente en los medios televisivos, generado por emocionantes programas deportivos y concursos, espectáculos glamorosos, comedias basadas en la desgracia ajena, películas violentas de crímenes, acción y terror, así como muchas otras presentaciones «de valor artístico», envenena de nuevo nuestras almas cada día.
Todos estos elementos de entretenimiento, emociones intensas y dramas que generan expectativas y parecen colmarlas nos ayudan a huir de nuestra propia realidad vaciada de sentido. En esta experiencia pasiva, el intelecto y la razón pueden manipularse a voluntad mediante emociones instrumentalizadas. Así se ha extendido de manera imperceptible y gradual el manto de la ceguera espiritual y del embrutecimiento del alma sobre la conciencia humana.
(Nota: Aunque ciertamente existen películas y documentales atractivos en los que, y a partir de los cuales, la persona unida a Dios puede obtener provecho para su alma.)
En los programas de debate tan populares se forman, mediante opiniones y opiniones contrarias, bandos que sirven de modelo y que pueden dirigirse a largo plazo dentro de sus perspectivas inculcadas. A primera vista, los moderadores de estos debates están instruidos y sirven así a quienes forman opinión desde el trasfondo. Para establecer orientaciones políticas y movilizar a los espectadores en favor de sus propios fines, públicos pagados apoyan ruidosamente la propaganda mediática.
Los noticieros y los periódicos nos alimentan con burbujas económicas, políticas, sociales y deportivas que se repiten a diario. Las imágenes de enemigos, tanto reales como creadas artificialmente, sirven como puntos emocionales de fijación y afianzan condicionamientos establecidos durante décadas.
Para neutralizar conocimientos científicos o económicos alarmantes, o encauzarlos por vías lucrativas, se emplean peritos corruptos para favorecer intereses propios y se les paga generosamente a puertas cerradas con fondos disponibles en cantidades inagotables. Sus mentiras sirven para mantener los campos energéticos necesarios para la anestesia general, los cuales desvían la conciencia pública del proceso real de su embrutecimiento intelectual. Aquí se confirma la frase: «¡Si una mentira es lo bastante grande, la gente la creerá!»
La «corrección política» y la dirección estatal de las necesidades, que ya ejercen gran influencia sobre niños y jóvenes en las escuelas, colocan en el centro el pensamiento libre, pero en el fondo producen exactamente lo contrario: la imitación de una moralidad y unos valores prescritos.
Tolerancia es la palabra mágica por excelencia. Sin embargo, debajo de ella se esconden tanto la aceptación y admisión de toda superstición como de cualquier aberración material imaginable, bajo el dictado de establecer lo antes posible, por una parte, un cóctel religioso sin sustancia; por otra, la «libertad» colectiva permite toda clase de decadencia social y sexual, y conduce a la humanidad todavía más profundamente hacia la desvergüenza y la perversión.
Así, «pan y circo para el pueblo» tiene más vigencia que nunca para ocultar procesos anticristianos que conducen a los habitantes de este mundo terrenal cada vez más profundamente hacia los abismos de la muerte espiritual. Pero esta no es la motivación primordial de los directivos de las corporaciones ni de los gobiernos. Su interés principal es conservar el poder y enriquecerse desmesuradamente con dinero y posesiones. En último término, ellos también son meros servidores ciegos de poderes satánicos.
Desde hace unos 100 años, la humanidad está cada vez más expuesta a la influencia de seres procedentes del reino de los muertos, pues cuanto menos amorosa y más entregada a la materia está la sociedad, con mayor facilidad encuentran acceso a este mundo las fuerzas demoníacas. Al mismo tiempo, ángeles formados para este tiempo han adoptado y siguen adoptando forma terrenal, y combaten, junto con el ejército celestial del más allá, la oscuridad espiritual que reina en la Tierra.
Estos procesos repercuten en la conciencia colectiva; sin embargo, las personas dedicadas a actividades creativas, que no pocas veces albergan una clarividencia latente, perciben con mayor intensidad los poderes ocultos. Transforman la lucha del bien contra el mal en el mundo de la literatura y la industria cinematográfica, con lo cual los poderes espirituales se convierten en artículos de satisfacción y consumo para las masas. Así, en el mundo de los libros y las películas puede leerse bastante bien lo que ocurre en los ámbitos del más allá de la Tierra, aunque en las representaciones artísticas estos acontecimientos siempre se presentan adaptados a la comprensión material.
Géneros a modo de ejemplo:
- Cuanto más se acerca el momento de la renovación del mundo, con mayor frecuencia llegan a los cines representaciones apocalípticas. Del mismo modo, las catástrofes climáticas y naturales presentadas, así como las amenazas de asteroides y los impactos de meteoritos, son presagios de consumo de una realidad que nos aguarda.
- Las películas de vampiros nos revelan el vampirismo espiritual. La sangre del cuerpo es el medio portador de la vida del alma. La sangre —el nutriente— del alma es portadora de la vida divina. El amor al mundo material nos priva de ella; también el mundo inferior de los espíritus se alimenta de nosotros y nos roba el amor de nuestros corazones.
- Los salvadores del mundo de los cómics, cuyas historias suelen llevarse una y otra vez al cine, corresponden a los espíritus encarnados procedentes de la luz. Dotados de los más diversos talentos, actúan sin ser reconocidos en su entorno vital. Provistos de fuerzas sobrehumanas, combaten el mal, aunque no con violencia material, sino con el poder del amor divino. Estas representaciones dan testimonio de manera especial de cómo Satanás utiliza indebidamente los procesos espirituales para fines inferiores.
Algunos actores que interpretan a tales héroes y salvadores del mundo son almas celestiales con una misión. Como han perdido el contacto con su verdadera identidad, viven su vocación en papeles cinematográficos. Esto suena extraño y, sin embargo, es una triste verdad. Nadie imagina las rarezas que surgen en la interacción entre la vocación terrenal y la espiritual.
- Debido a la percepción cada vez mayor de realidades del más allá por parte de personas creativas, en las series televisivas y de internet se manifiestan con creciente frecuencia fenómenos sobrenaturales, místicos y demoníacos. Como precursores digitales de acontecimientos reales, los juegos de computadora contienen cada vez más escenarios bélicos y apocalípticos.
Todas estas representaciones afianzan la opinión de que el cielo y el infierno, los ángeles y los demonios, en suma, toda actividad del más allá, son una invención de la industria del entretenimiento. Pero en realidad sucede lo contrario: las inspiraciones proceden de realidades espirituales. Además, la instrumentalización de los procesos del más allá sirve para continuar anestesiando a la humanidad mediante el frenesí del consumo mediático y mantenerla profundamente dormida, de modo que no pueda producirse un despertar espiritual general.
Sin embargo, por regla general, este no es el motivo de los actores terrenales. En su obsesión con el éxito, su codicia de dinero y su afán de reconocimiento, las productoras, los guionistas y los directores son también meras marionetas del espíritu satánico que todo lo domina. Este es el autor intelectual oculto tras todo estímulo y satisfacción de necesidades de la especie humana, por inofensivos que parezcan y, sin embargo, sean mortales.
Al igual que todas las realidades y los acontecimientos mundanos, internet también tiene dos caras. Por una parte, allí se realiza una gran labor de esclarecimiento y se informa, al margen de los medios públicos, sobre los trasfondos de los acontecimientos terrenales; por otra, se difunden mentiras mediante material audiovisual falsificado para sembrar todavía más confusión en los corazones de las personas. Mediante las llamadas teorías de la conspiración se manipula de tal modo en las plataformas en línea que la mayoría de la población ya no puede distinguir lo verdadero de lo falso. Esto ha creado prácticamente una carta blanca para procesos y planes delictivos reales como los descritos en los textos siguientes.
Ovnis y extraterrestres
Las teorías imposibles de demostrar acerca de fenómenos inexplicables han fascinado desde siempre. El tema de los ovnis también ocupa a la humanidad desde hace más de un siglo. Entretanto, toda una industria vive de la ufología: una mentira se ha convertido en un negocio multimillonario.
Con frecuencia se presenta a los extraterrestres como ayudantes en los próximos acontecimientos del fin de los tiempos y como acompañantes en la nueva era. Es cierto que existe ayuda exterior, pero no llega en naves espaciales; se trata de seres llenos de luz, tanto del cosmos de este mundo como del cosmos del más allá, que asisten a la humanidad en el espíritu.
Ha alcanzado una difusión considerable la tesis de que los dioses —antiguos— eran en realidad extraterrestres que fundaron la civilización humana, y que regresarán para guiar a la población de la Tierra por el camino hacia el futuro. Con estos engaños, autores y editoriales consiguen cifras elevadas de ventas.
Desde hace algún tiempo circula el rumor de que una élite reptiliana oculta tras la forma humana gobierna el mundo. Este tema se sirve acompañado de todo tipo de ideas espirituales y se sustenta con material gráfico falsificado. Con tales relatos mentirosos y otros semejantes se han erigido las más diversas prisiones espirituales, en las que muchas personas que buscan han quedado atrapadas en un mundo muy alejado de toda realidad. El punto de partida de estas ideas son personas que, mediante la apertura del ojo espiritual —posiblemente a causa del consumo de drogas o una traumatización—, contemplan realmente la forma demoníaca de reptil, oculta bajo el cuerpo de una persona maliciosa. Pero esta aparición es solo una analogía, no una realidad. Otras afirmaciones absurdas, como que el interior de la Tierra está habitado por otra raza o que se ha demostrado que este planeta es, después de todo, plano, se difunden para elaborar estudios a partir de la reacción general, los cuales servirían de base para intensificar el control de la conciencia.
Quienes supuestamente han entrado en contacto con los llamados extraterrestres son principalmente personas presuntuosas a las que les gustaría ocupar alguna vez el centro de la atención pública. Sin embargo, contagiadas por el entusiasmo por los ovnis, muchas personas simplemente sufren ilusiones sensoriales o son víctimas de su imaginación.
En ocasiones, personas sometidas a control mental presentan informes detallados de encuentros extraterrestres —control de la conciencia mediante una traumatización grave; más al respecto en el capítulo «Satanismo»—. Cuando se mencionan temas como los ovnis y los extraterrestres, se activan áreas del alma sensibles a ciertos «desencadenantes» —implantes en el alma—; entonces se presentan relatos de experiencias útiles para el tema y descripciones explícitas de ovnis y de sus ocupantes, lo cual puede ocurrir con gran intensidad emocional. Sin embargo, tales representaciones no corresponden en absoluto a la verdad.
La remuneración económica también puede ser el motivo por el que personas supuestamente íntegras informan de encuentros con extraterrestres. Sí, se llega incluso al extremo de que unidades especiales de las fuerzas armadas estadounidenses fingen la existencia de extraterrestres y realizan secuestros.
En ocasiones se produce un contacto con presuntos extraterrestres que, sin embargo, son habitantes del más allá. Esto pueden experimentarlo clarividentes sin conocimiento, pues a veces carecen de la capacidad necesaria para distinguir las apariciones espirituales y, por eso, no están protegidos contra el espectáculo del más allá; o bien se trata de personas que no son conscientes de que su ojo espiritual se ha abierto —también aquí puede ser la causa una irrupción en el alma debida a una experiencia traumática o al consumo de drogas—. Entonces ven seres del más allá que consideran extraterrestres o que, con malicia, se hacen pasar por tales. En realidad también lo son, pero no son de naturaleza material ni pilotos de ovnis.
Lo repito expresamente: no existen extraterrestres que aterricen aquí en ovnis o que puedan trasladarse físicamente a esta Tierra de alguna otra manera. Tampoco existen personas que supuestamente provengan de un futuro que permita viajar a través del tiempo.
(Nota: En realidad, innumerables planetas y estrellas están habitados por seres que van desde los revestidos de cuerpos sólidos hasta los de materia sutil y etérea. Pero Dios dispuso las condiciones y las distancias de tal modo que solo es posible un contacto espiritual, no material. Esto garantiza que los encuentros solo puedan producirse a partir de cierto nivel de desarrollo y madurez espiritual.)
Entonces, ¿por qué y para qué todo el esfuerzo en torno a la mentira de los ovnis? Hay varias razones:
Por una parte, sirve como maniobra de distracción y para ocultar investigaciones y experimentos científicos en instalaciones militares. Por otra, se necesitan concentraciones de interés creadas artificialmente que permitan controlar de manera deliberada la conciencia colectiva; el tema de los ovnis también forma parte de ellas. Por eso, mediante una manipulación avanzada, se ha implantado y se sigue implantando en la conciencia de personas crédulas y anhelantes de comunión con los habitantes de astros lejanos una presencia de extraterrestres que, en realidad, no existe entre nosotros de esa forma.
En general, se necesita el mayor número posible de afirmaciones y contraafirmaciones imposibles de demostrar, pues así es como mejor puede engañarse a la humanidad. Para mantener la confusión general es necesario configurar el tema de las teorías de la conspiración de la manera más variada posible, a fin de impedir en todos los niveles que se distinga entre verdad y mentira.
Conducir hechos reales, junto con falsificaciones y maquinaciones delictivas, en el barco del ridículo y las incoherencias a través del colorido mar de las conspiraciones es un principio fundamental de la sugestión y el adoctrinamiento de masas.
Cada vez se cuestiona con mayor intensidad la política en los ámbitos nacional e internacional. En internet se difunden informes esclarecedores sobre maquinaciones ilegales de gobiernos y servicios de inteligencia que despiertan el interés general. Entonces resulta urgente desviar el creciente deseo de esclarecimiento de la población. No es posible apagarlo, pero sí controlarlo y encauzarlo por vías predeterminadas. Para ello hace falta un acontecimiento traumatizante que vuelva a vincular emocionalmente con las instituciones estatales la necesidad humana de protección que se produce después.
Los atentados son un medio probado para conseguirlo. Cuando es necesario, los servicios de inteligencia financian y apoyan organizaciones terroristas. A causa de las atrocidades terroristas se intensifica el deseo de la población de un mayor control; incluso ella misma llega a exigirlo. De este modo se legalizan y justifican las violaciones de los derechos personales, y la libertad y la privacidad se socavan capa tras capa.
Por otra parte, los ataques sirven para iniciar intervenciones militares y guerras bajo el manto de la lucha contra el terrorismo. Esto permite instalar gobiernos corruptos después de cometido un genocidio, a fin de dominar países económicamente lucrativos o de importancia político-estratégica y mantener su desestabilización a voluntad. La industria armamentística, que se ha creado un imperio casi intocable, ejerce una influencia nada desdeñable sobre las decisiones políticas relativas al apoyo de dictaduras o la orden de emprender conflictos bélicos.
En un futuro cercano aumentarán los ataques y atentados. Los controles policiales se intensificarán y la vigilancia será más amplia. El lema: «¡Sin vigilancia no hay seguridad y, por tanto, tampoco libertad!»
Muchos poderes gubernamentales actúan de acuerdo con sus directrices políticas, pero en su autocomplacencia y delirio de poder están ciegos ante el adoctrinamiento de los dirigentes mundiales que operan en secreto, o bien son sus vasallos ideológicos o comprados. Quienes actúan maliciosamente en el trasfondo y creen saber y gobernar son, a su vez, marionetas de la energía satánica.
Europa tiene una gran responsabilidad por esta Tierra en la lucha espiritual, tanto durante los acontecimientos del fin de los tiempos como en la actividad apostólica posterior a la renovación del mundo terrenal. En Alemania, en particular, se producirá y ya se está produciendo un despertar extraordinario de soldados de Cristo, pues esta nación se encuentra bajo una gracia especial en la providencia divina.
Alemania no es solo el corazón de Europa; debido a la intensidad de la encarnación de espíritus celestiales, es ante todo el corazón del cuerpo de Cristo. Aquí se librará la batalla final, tanto en lo terrenal como en lo espiritual. Aquí se produce una manifestación divina como pocas veces antes en la Tierra.
Por eso Satanás combate este país de un modo especial con ayuda de sus marionetas anticristianas. Desde hace más de un siglo se trabaja intensamente para debilitar a Alemania de forma duradera a fin de poder influir política y económicamente en ella. Esto también fue posible mediante la colocación de un dictador demente que condujo a esta nación a una guerra inefable, para que, como potencia derrotada, fuera más fácil manejarla a largo plazo.
En la actualidad esto ocurre, entre otras cosas, manteniendo por todos los medios en la conciencia pública la culpa y la responsabilidad por las crueldades de la 2.ª Guerra Mundial, a fin de poder seguir exigiendo cuentas permanentemente a Alemania por los crímenes de aquella época. Así se puede chantajear moralmente al pueblo y políticamente al gobierno.
Esta atribución incesante de culpa ha engendrado una política de tolerancia y servilismo sin firmeza que, totalmente acorde con los intereses de individuos maliciosos, divide cada vez más el país y socava el orden social.
Cada nación no solo tiene una identidad y una homogeneidad terrenales, sino ante todo una identidad y una homogeneidad del alma y del espíritu. Estas se fundamentan en la estructura de las almas encarnadas, que forma la unidad espiritual de un pueblo, así como en la orientación y el desarrollo comunes del amor y en la culpa frente a la vida contenida en ese amor. Cuando los pueblos se mezclan, también se mezclan sus identidades en los niveles del alma. Cada pueblo carga entonces, en su responsabilidad heredada o asumida, con la culpa y la expiación de otro pueblo y debe pagar una parte de ellas. Hasta cierto punto, esto es soportable y no afecta demasiado la estructura de una nación.
Sin embargo, cuando los pueblos se mezclan en masa y sin la bendición divina, esto trae gran aflicción sobre la humanidad, pues esta aún no está madura para un mundo compartido. Sobre todo en este tiempo de transformación, cuando el mal se organiza e intenta destruir por todos los medios la convivencia amorosa, existe un peligro oculto en la combinación de una cultura supersticiosa, una religiosidad fanática y una tolerancia ciega. Solo bajo la guía y protección de nuestro Padre celestial, cuando el amor al prójimo se haya convertido en el mandamiento supremo de todas las personas, será posible un mundo compartido en paz y armonía.
La inmigración procedente desde hace décadas de toda clase de ámbitos culturales hacia los prósperos Estados europeos, así como la acogida actualmente necesaria de refugiados de Siria y de las regiones africanas en crisis, sirven a déspotas pérfidos como instrumento para desintegrar los Estados. No solo contribuye al descontento general la incapacidad de las instancias gobernantes para llevar a cabo una integración sólida y viable y ofrecer una existencia digna a los refugiados necesitados. Con el predominio, en especial, de la religión islamista fanática y misógina se pretende socavar tanto la identidad nacional como la cristiana.
La división de la población a favor y en contra de la política migratoria que ha surgido en estas circunstancias es deliberada y recibe impulso de los medios. Así se forman y agrupan campos de conciencia contrarios que resultan fáciles de dirigir. Estas y otras maquinaciones permiten desestabilizar países estratégicamente importantes para poder manejarlos con mayor facilidad mediante la influencia política y económica.
Sobre todo en Alemania, la ignorancia, la arrogancia y la cobardía de los llamados representantes del pueblo han conducido a una política de refugiados confusa e insuficiente que ha sembrado y sigue sembrando mucha discordia. Pero, como siempre y en todas partes, también aquí el mal debe servir finalmente al bien. La disposición a ayudar y el apoyo amoroso de muchos ciudadanos y voluntarios, así como las iniciativas propias de comunidades y municipios para atender y acompañar a las personas necesitadas, abren puertas espirituales por las que fluye la bendición de Dios. Así, la ayuda al prójimo produce un beneficio incomparablemente mayor que el daño provocado.
Muchas personas buscan entre nosotros protección frente a la persecución y el asesinato. Las atrae y guía el poder del amor que se despliega aquí, pues Alemania es la tierra elegida del Padre.
Un objetivo prioritario para seguir conteniendo las fuerzas de Cristo después de la pérdida de poder de la Iglesia católica es establecer un espiritualismo en el que las doctrinas religiosas, esotéricas, filosóficas y éticas se fundan en una mezcla uniforme indefinible. Casi imperceptiblemente, esta doctrina religiosa abstracta y sin sustancia gana predominio: el cristianismo se diluye cada vez más.
En esta espiritualidad de validez universal se habla mucho de comprensión y amor al prójimo. Pero la meta es mantener a Dios tan anónimo como sea posible y presentar a Jesucristo como una persona «normal» con defectos, para negarle de ese modo la divinidad personificada.
La equiparación religiosa se denomina progreso y desarrollo en tiempos de tolerancia e ilustración: en nombre de la libertad, toda forma de fe y de vida no solo debe aceptarse, sino que debe poder practicarse sin restricciones, siempre y en todas partes. Al mismo tiempo, se socava la libertad de expresión con respecto a la verdad de Jesucristo y se la expone al escarnio público. Así sigue impulsándose el alejamiento de la fe verdadera: el camino hacia el Padre ya no puede reconocerse.
En oposición a la religión unitaria proclamada, aunque equivalente a ella en su instrumentalización satánica, se encuentra el islam. Su expansión mundial se ve favorecida por la violencia fanática, así como por la tolerancia ciega e ingenua y la igualdad religiosa. Esto contribuye a seguir neutralizando el cristianismo. En zonas habitadas predominantemente por musulmanes, los islamistas radicales acosarán cada vez más a los cristianos. Constituyen una amenaza seria para los seguidores de Jesús, como ya ocurre en algunos países, donde musulmanes enfermos mentales amenazan con violar, torturar y asesinar, y llevan a cabo sus amenazas si los cristianos no renuncian a su fe.
El islam y el hinduismo ya se han dividido y seguirán dividiéndose entre «guerreros de Dios» fanáticos y creyentes amorosos y sinceros de sus respectivas religiones. Estos últimos denuncian a sus hermanos cegados y les muestran su extravío, tras lo cual ellos mismos son perseguidos y amenazados de muerte.
Para los cristianos es de gran importancia iluminar el pensamiento manipulado en el amor al Padre, a fin de que pueda distinguirse entre verdad y mentira. En la entrega al amor divino, el regreso de Jesucristo se convierte en la presencia de Jesucristo. Mientras los poderes anticristianos intentan realizar sus propósitos en secreto, los hijos fieles del Padre celestial manifiestan fuerzas divinas a partir de las cuales, y con ellas, surge un mundo luminoso en las tinieblas terrenales con Jesucristo como Rey. Ellos forman su comunidad de trabajadores en la Tierra.
Forma parte de ella toda alma que se sienta llamada aquí a colaborar seriamente en la edificación del Reino de Dios. ¡Esto reviste una seriedad sagrada! ¡Nadie debe considerarse demasiado pequeño, demasiado insignificante o demasiado poco importante, ni sentirse indigno de luchar al lado de Dios! El Padre ha mantenido a muchos de sus hijos en cierta pequeñez y humildad dentro del mundo y ante él, para que al sonar el llamado al despertar no permanezcan en la prisión del orgullo y el materialismo.
Llamado desde el mundo espiritual:
«¡Este es un llamado de Dios a todos los llamados y escogidos! ¡Escuchen el llamado de Jesucristo! Despierten y ábranse a su amor. ¡Es el tiempo del despertar! El corazón del Padre está abierto de par en par. ¡Nadie, escuchen! ¡Nadie será rechazado! Y aunque estuvieran enteramente cubiertos de pecados, el Padre limpiará sus almas con su amor y las iluminará con su luz, si están dispuestos a seguirlo.
Él derribará la iglesia de Satanás y en tres días volverá a construirla como iglesia de Dios. Esta iglesia será una nueva Tierra. El altar será el corazón de Dios, y las campanas proclamarán el poder de su amor por toda la Tierra y más allá, en las esferas infinitas de sus creaciones materiales y espirituales».
Resumen de los acontecimientos actuales
y futuros
En los próximos años se pretende establecer, por una parte, un gobierno alineado y unánime, primero en el mundo occidental y, por último, en el mundo entero. Por otra parte, en la interconexión global de las empresas que determinan el mercado deberá surgir una dictadura financiera, económica y de consumo controlada. Los iniciadores no persiguen la meta de una Tierra compartida y pacífica; son más bien jefes de Estado codiciosos y obsesionados con el poder, así como propietarios megalómanos de diversas corporaciones. Prometen prosperidad, seguridad y paz, pero solo sirven a su afán de dominio y a su codicia.
La lucha contra el delito y la ayuda humanitaria se exhiben con gran repercusión mediática, y los poderes estatales que las ejecutan son honrados como defensores de la paz y la libertad. Pero la protección estatal y la prestación de ayuda sirven ante todo para generar confianza y una vinculación emocional con las instancias gobernantes.
La mezcla de distintas religiones y confesiones con la espiritualidad librepensadora, las perspectivas filosóficas, la moral y la ética desemboca en la profesión de fe en un Dios anónimo o, debido a la confusión espiritual, produce falta de fe.
(Nota: El impulso hacia la unión global de todas las instituciones tiene su causa en la unidad espiritual de todo ser, contenida en el corazón de cada persona. En el mundo material y egoísta, esta realidad se transforma en algo satánico: el afán de unidad se convierte en un afán dictatorial de poder. Así, todo lo divinamente verdadero y bueno se convierte en mentira, maldad y posesión dentro de la creación caída.)
El mandamiento supremo para dirigir la conciencia de las masas es el consumo permanente en los mundos en línea y en los medios impresos y televisivos. Mediante los ámbitos de los grandes eventos —deporte, espectáculos, cine y música— se anestesia a la población con buen entretenimiento. Con la compra constante, por una parte, de las llamadas mercancías baratas y, por otra, de los productos siempre más recientes del mercado de las vanidades terrenales, el anhelo de reconocimiento y plenitud se convierte en una compulsión de compra. La permisividad sexual sin restricciones también es un medio probado para controlar las energías del alma. La sociedad del entretenimiento y el consumo es más fácil de dirigir cuando vive sus deseos inferiores y cuando se le generan sin cesar nuevas necesidades materiales. ¡«Panem et circenses» en su consumación!
Las leyes necesarias en el ámbito europeo para imponer los intereses de un dominio despótico se aprueban individualmente y a intervalos temporales, casi sin que las grandes masas lo noten. Al combinarse, completan el fundamento de un ejercicio activo del poder bajo el dictado de los grupos de presión de corporaciones obsesionadas con el poder. Cuando se trata de reformas constitucionales que el público observa con desconfianza o rechaza con vehemencia, en caso necesario un gran acontecimiento mediático, una catástrofe natural, un atentado o la muerte de una persona famosa sirven como maniobra de distracción para aprobarlas silenciosamente.
Por miedo al terrorismo y la guerra, muchos ciudadanos aceptarán las disposiciones y leyes de sus gobiernos, algunos de buena gana y otros a regañadientes. Algunos sectores de la población exigen ahora incluso lo que antes rechazaban estrictamente: un control integral por parte de la policía y las fuerzas armadas.
Pero la confianza ciega de muchas personas no se utiliza únicamente para fines terrenales viles. Detrás de las palabras y acciones hipócritas del afán humano de poder y la megalomanía se encuentra un poder mucho más corrupto y astuto que tiene en mente algo completamente distinto para el mundo: Satanás.
Con la adoración general de la materia, este espíritu ya ha alcanzado una meta: esclavizar a la humanidad y expulsar de sus corazones al Dios verdadero. Pero solo mediante la aniquilación del mundo terrenal puede, según su opinión ciega y furiosa, impedir el regreso de Cristo y asegurarse de que se destruya el puente hacia la casa de nuestro Padre celestial, así como hace 2000 años quiso destruir a Jesucristo en su odio ciego, creyendo que podía frustrar la obra divina. Y así sigue impulsando sus planes oscuros…
Mientras las masas continúan corriendo, cegadas, hacia su perdición, las personas que piensan de manera independiente reconocen su sometimiento y dependencia. Comprenden que son esclavas de déspotas megalómanos que utilizan su posición de poder para enriquecerse desmesuradamente a costa de la población y satisfacer sin escrúpulos su afán de dominio. Toman conciencia de que la libertad proclamada es, en realidad, un cautiverio bajo un régimen político, financiero y económico corrupto y ávido de poder.
Los críticos y los cristianos verdaderos son difamados, ridiculizados y denigrados en los medios como alborotadores y fanáticos bajo los mantos de la «corrección política», el progreso y la tolerancia; la masa manipulada se convierte en portadora espiritual de estas difamaciones y acusaciones.
Los gobiernos que sirven únicamente a intereses económicos y propios ya habían causado cargas fiscales insoportables, con lo cual los jubilados y la «clase baja» trabajadora fueron introducidos cada vez más en un corsé de necesidad económica que, sin embargo, se hizo soportable mediante el consumo barato —posible gracias a la explotación del ser humano y de la Tierra—, el entretenimiento ilimitado en los medios y la permisividad sexual. Pero ahora, para muchas personas de todos los estratos sociales, la existencia desemboca en la indigencia y la pobreza.
Los mercados de capitales quedan fuera de control. El castillo de naipes de las acciones y las finanzas pierde estabilidad y amenaza con derrumbarse. El dinero en efectivo, que ya llevaba una existencia marginal, sigue perdiendo poder adquisitivo. Pero también se encuentra ahora en peligro el saldo imaginario de las cuentas. Las aseguradoras y los bancos quiebran. Los inmuebles gravados con deudas son expropiados sin piedad. Se pierden millones de puestos de trabajo. Las prestaciones sociales se reducen radicalmente. Se retienen aún más impuestos.
El mundo se encuentra sumido en el caos; todo parece salirse de sus cauces. Las condiciones políticas son insoportables; ya solo se oyen lamentaciones y se hacen promesas engañosas. Ya no puede distinguirse en ninguna parte entre verdad y mentira. En todo el mundo se libran guerras civiles y conflictos regionales. Las corrientes de refugiados no terminan, pero ahora las personas también huyen de la sequía y la falta de agua, de los temporales y las tormentas incesantes, así como de incendios enormes e inundaciones.
En todo el mundo se producen repetidamente levantamientos de la población indignada; en algunos países se declara el estado de excepción. En muchos lugares se forman movimientos clandestinos y de liberación dispuestos a luchar. En las ciudades se libran batallas callejeras, se saquean comercios y arden barrios enteros. La anarquía se extiende. Muchos habitantes de las ciudades buscan protección en el campo para escapar de estos horrores.
Gracias a Dios hay islas luminosas en la oscuridad. Distribuidas por todo el planeta se han formado pequeñas comunidades cristianas, llenas del Espíritu de Dios y fuertes en la fe. En algunos países, sus miembros actúan incluso dentro de los círculos gubernamentales y ayudan así a mitigar la aflicción nacional de la población.
En los últimos días, los apóstoles de Cristo aparecen públicamente como amonestadores y proclaman el juicio cercano si no se produce un cambio de rumbo. Revelan sin miramientos la verdad de la vida y de la muerte. Pero son denunciados y ridiculizados públicamente; algunos son encarcelados y otros mueren de manera misteriosa. Una parte del ejército de Dios actúa oculta del mundo y fortalece a los pequeños rebaños en la fe y la confianza en Dios. Juntos esperan el regreso de Cristo. Están preparados para lo que se avecina; sus corazones están llenos de alegría por el nuevo nacimiento de la Tierra. Se encuentran en íntima unión con los poderes celestiales.
Quien tiene los ojos abiertos ve que ya nos encontramos en medio de los acontecimientos aquí descritos, aunque las secuencias pueden variar. Muchos ya han ocurrido, otros aún están por venir y algunos no se advierten a causa de la ceguera ante el mundo, aunque uno se encuentre en medio de ellos. Ciertos procesos tienen lugar principalmente solo en algunos países. Algunos pueblos y regiones resultan afectados por los disturbios y el colapso económico únicamente de manera limitada, pero están más expuestos a las fuerzas de la naturaleza.
Finalmente, con toda probabilidad se producirá una 3.ª Guerra Mundial, pues Satanás necesita una gran guerra decisiva para realizar sus planes. Esta anunciará los últimos días de la humanidad actual. Sin embargo, el brazo misericordioso de Dios pondrá fin a los combates después de poco tiempo.
Existen predicciones parcialmente muy precisas sobre esta guerra. De las profecías de algunos clarividentes se desprende que ocurrirá en un año precedido por un invierno templado y por un crecimiento vegetal temprano y abundante. Su comienzo suele fecharse entre agosto y octubre. Se afirma que durará tres meses. Según los expertos en profecías, esta guerra todavía tendría lugar en esta segunda década. Quizá se veía así en tiempos de los profetas, pero estas fechas ya no son correctas. El Padre me comunica que, debido al desarrollo general, los últimos acontecimientos se desplazarán inicialmente hacia la tercera década. No sé en esta hora (2017) si las indicaciones estacionales seguirán siendo válidas entonces.
Las explicaciones anteriores contienen algunos objetivos de los poderes gobernantes de este mundo terrenal. Estos se volverán cada vez más evidentes durante los próximos años. Por etapas, en apariencia volverá a parecer que todo está en orden, pero nadie debe dejarse engañar. Las breves pausas para recobrar el aliento deberán servir para calmar los ánimos indignados y neutralizar las más diversas tesis sobre el fin de los tiempos. Las interpretaciones erróneas de las profecías existentes deberán generar inseguridad y hacer creer que no tendrá lugar una renovación global mediante el regreso de Jesucristo.
PERO: El Padre solo permitirá los planes anticristianos aquí descritos hasta la medida establecida. Mitigará algunas cosas o incluso las frustrará, según la fuerza de oración y la capacidad de amar de sus hijos. Por ellos acortará los días de gran tribulación, como está escrito.
El Padre dice: «Pronto sucederá. Permanezcan en la fe en Mí, su Padre en Jesucristo. Aférrense a Mí, vengan una y otra vez a Mí y no se dejen extraviar. Ustedes conocen la verdad. ¡Permanezcan en ella! Ámenme y vengan a Mi corazón, Mis hijos. Satanás los acosará una y otra vez, ¡pero no Me suelten! Yo los amo; permanezcan junto a Mí. Yo los amo».
El Anticristo
El espíritu satánico que domina el mundo recibe el nombre de Anticristo. Cobra vida mediante la adoración de la humanidad a la materia. Toda entrega al cuerpo, todo pensamiento egoísta, toda palabra carente de amor y maliciosa, y toda acción egoísta dan energía a este poder y le permiten seguir gobernando. La religión fanática, la economía de mercado despiadada, el capitalismo sin conciencia y la ciencia sin Dios —todo sistema mundano que actúa ante todo en beneficio propio y se fundamenta en el intelecto frío y calculador— fortalecen su posición.
Por consiguiente, las maquinaciones anticristianas no se refieren principalmente a un gobierno o una organización determinados; se encuentran en todas las estructuras de este mundo. En el fondo, el Anticristo no es otra cosa que el materialismo absoluto: es el abismo del tiempo y la fugacidad, es el espíritu del orgullo, la falta de conciencia y el egoísmo, es el amo de la muerte espiritual que niega la gloria de Dios.
A lo largo de la historia siempre ha habido y sigue habiendo autoridades estatales, eclesiásticas y económicas que concentran la energía satánica y la ejercen a sangre fría. Sin embargo, no es verdad que esta o aquella persona sea Satanás mismo, como se afirma en ocasiones. No obstante, Satanás está encarnado de manera indirecta en las personas que lo sirven, impulsadas por el afán de dominio y una codicia de dinero carente de conciencia, y así obtiene acceso terrenal.
Como casi todas las instituciones dominantes se han consagrado a estas cualidades destructivas, el espíritu satánico extiende sus brazos por todas partes; desde sus posiciones de poder, estos actúan de manera sincronizada y colaboran entre sí en secreto. Esto le permite ejercer una influencia que abarca todos los ámbitos de la vida sin que el ser humano perciba que, en sus deseos, anhelos, pasiones y formas de conducta, es una marioneta de poderes satánicos. Por consiguiente, en la unión de energías pérfidas y maliciosas bajo el dominio de Satanás puede hablarse de una conspiración practicada y operativa a escala mundial, aunque no en el mundo de la orgullosa condición humana, que por su egoísmo y rivalidad no permite en último término una dictadura unificada y absoluta.
Este espíritu atado a la materia, llamado Satanás o Lucifer, constituye la base de todo mal. Sin embargo, es «solo» el fundamento de la mentira, el engaño y la violencia. Es el tentador, el seductor y el embaucador; es quien inspira e instiga, pero quienes ejecutan el mal son los propios seres humanos caídos en una vida sin Dios. En su comportamiento impulsivo, carente de conciencia e inhumano, son los verdaderos engendros del infierno. Satanás utiliza, a su vez, sus acciones brutales e inescrupulosas para sus propios fines. Se dirá más al respecto en lo que sigue.