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La libertad es su herencia

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Freiheit ist euer Erbe

Fecha original: 13 de junio de 2009

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina (como respuesta a algunas de nuestras oraciones)

Sin interrumpir su círculo de oración, quiero responder a sus oraciones, que abordan un tema central y sumamente importante: la aplicación de Mi enseñanza del amor en la vida cotidiana, porque solo mediante ella pueden transformarse para bien las cosas de este mundo, tanto en la vida personal como en la social. No existe otro camino para ello que el camino del amor.

Vine al mundo para traer la enseñanza del amor y, al mismo tiempo, viví el amor como ejemplo. Y muchos de quienes Me siguieron en las décadas y los siglos posteriores reconocieron que se trata de la p r á c t i c a d e l a m o r v i v i d o, y no de la enseñanza en sí.

En el transcurso de muchos siglos, Mi enseñanza fue «depurada» de las instrucciones y ayudas para su aplicación práctica; es más, fue despojada de ellas, y lo que quedó fue un edificio teológico detrás del cual solo unos pocos sospechan todavía que Mi enseñanza del amor puede transformar su vida cotidiana. La mayoría opina que apenas pueden y deben hacer algo más que pertenecer a una comunidad religiosa y cumplir sus reglas y preceptos. Casi nadie tiene la idea de aplicar Mi enseñanza en la vida diaria con el objetivo de cambiarse a sí mismo y, con ello, las circunstancias de su vida, porque ya no se conoce la «herramienta» necesaria para hacerlo.

También por eso elevo Mi palabra en este tiempo: no solo para instruirlos y consolarlos, amonestarlos y anunciarles Mi amor, sino para mostrarles los pasos mediante los cuales, en esta vida, las cosas en ustedes y a su alrededor pueden transformarse para bien.

Así pues, no se trata únicamente —comprendan Mi sentido del humor— de asegurarse un lugar en el cielo y esperar una bienaventuranza posterior; se trata de transformar las condiciones de vida en esta Tierra, y hacerlo ya durante su vida, en relación con sus seres queridos, sus conocidos y amigos, sus colegas, sus vecinos y todos aquellos con quienes entren en contacto: mostrarles que el amor vivido es la única solución que saca al ser humano de cualquier dilema, sea cual sea.

Esto presupone reconocer sus puntos débiles humanos y realizar después el trabajo que llamo «trabajo interior», que está al alcance de todo aquel que conoce Mi mensaje. Este trabajo interior es el alfa y el omega; pues aquello que transforman en su interior transforma las circunstancias de su vida y las de sus familias y, poco a poco, las de la sociedad en la que viven.

Para eso fueron al mundo: para dar testimonio de que una vida vivida conforme a Mis mandamientos puede dar buenos frutos ya aquí y ahora, y no debe entenderse únicamente como una promesa para más adelante. En esta ocasión les recuerdo, amigos Míos, la tarea de ser luz en este mundo. Para reducirlo a una fórmula sencilla: lleven orden, alegría y libertad a su vida mediante el conocimiento de Mis leyes del amor, y serán un ejemplo contagioso. Amén.

Revelación divina

Por tanto, Mis amados hijos, no es ningún misterio cambiar y transformar su vida, la vida a su alrededor y mucho más allá. Porque allí donde los Míos llevan visiblemente a este mundo la ley de Mi amor, donde esta determina su pensar, hablar y actuar, allí debe producirse la transformación.

Así pues, miren: ¡Dejen de buscar la llave! ¿Cuántas veces, hijos e hijas Míos, he puesto ya esta llave en sus manos, y seguiré haciéndolo? ¿Cuántas veces más querrán limitarse a sostenerla en la mano o llevarla en el bolsillo sin pensar en utilizarla cuando sea necesario introducirla en la cerradura?

Hay tanto conocimiento y saber en su corazón, Mis amados, y les pido: ¡Pónganlos en práctica! ¡Conviértanlos en actos! Precisamente cuando una vez más corran el peligro de permanecer en las profundidades de la condición humana, recuerden entonces que la llave del bienestar, la llave para salir de su calabozo, se encuentra en su corazón y en sus manos, colocada allí por Mí.

Y cuando el amor haya arraigado verdaderamente en ustedes mediante la aplicación de Mi ley, no podrán hacer otra cosa que servir a su prójimo en todo aquello con lo que este se presente ante ustedes. Porque no existe amor, no existe amor verdadero, sin el servicio al prójimo y, al mismo tiempo, a toda Mi Creación.

El servicio humilde es un rasgo íntimo y esencial de Mi amor divino, que los rodea aquí y ahora y fluye a través de ustedes. Yo, su Padre, la fuente primigenia de este amor, lo traje desde la patria, y está en medio de ustedes; pues donde dos o tres están reunidos en Mi nombre, donde elevan su corazón y su mirada hacia Mí, allí está Mi bendición y Mi luz santa permanece en medio de ellos.

Sientan, pues, la bendición; sientan Mi luz en ustedes, a su alrededor y mucho más allá de su pequeño círculo. Esta toca toda la Tierra y la Creación, e inflama todo lo oscuro, todo lo que anhela luz, sanación y consuelo. Y sepan: si permanecen en esta luz, se manifestará en su vida bendiciéndola y transformándola.

Esta, Mis amados, es Mi ley; y quien lleva esta certeza en su interior sabe también que es la verdad, la verdad procedente de la fuente que Yo Soy, en medio de ustedes. Amén.

Revelación divina

Una vez más, Mis amados, dirijo Mi palabra a ustedes y quiero llamar su atención sobre un aspecto concreto que también formó parte de su conversación.

Saben que son hijos de los cielos, alojados en un cuerpo humano, pero dotados, no obstante, en su interior de fuerzas inimaginables que deben desarrollar para que, poco a poco, irradien desde adentro a través de su ser humano y así iluminen el mundo.

Ya les he recordado muchas veces que son amor y que todo su pensar y aspirar debe orientarse a volver a convertirse en amor. Pero el amor, hijos e hijas Míos, comprende también la libertad, y de ella quiero hablar con ustedes.

Si te preguntara a ti, hijo Mío, o a ti, hija Mía: «¿Eres libre?», responderías, considerando tu situación exterior: «Claro que sí, Padre, soy libre». Pero si ahora se aplica este concepto de libertad a lo interior y te pregunto: «¿Eres libre?», ¿puedes seguir diciendo con la conciencia tranquila: «Sí, Padre, soy libre»?

La mayoría de Mis hijos humanos no es libre. Pues la libertad, tal como ustedes suelen entenderla, no equivale a poder moverse exteriormente como quieran ni a tener y poseer todo lo que el ser humano cree que debe tener y poseer.

En verdad, en verdad les digo: ¡Más de uno que está en prisión, más de uno que yace en un lecho de enfermo y más de un mendigo son más libres que quienes creen ser libres!

Saben lo que quiero decir con ello: ¡La verdadera libertad es la libertad interior! Quien es verdaderamente libre se ha desprendido de los vínculos que otros le impusieron o que él mismo se impuso. Quien es libre se ha desprendido de las inclinaciones y compulsiones, de las inseguridades y temores que, en el transcurso de esta vida o de vidas anteriores, se convirtieron en parte de la carga de su alma. Por tanto, ser libre no significa poder hacer todo lo que a uno se le antoje; ser libre en Mí significa poder renunciar a aquello que no corresponde a un hijo de Dios sin sentir carencia y sin que el incumplimiento de esos deseos e ideas, a menudo compulsivos, conduzca a la insatisfacción y la frustración.

Examinen su vida desde este punto de vista, y comprobarán que todavía hay muchos aspectos de falta de libertad que determinan su vida. Pero así como deben crecer en el amor, también deben crecer en la libertad. Porque la libertad es su herencia. Solo quien es verdaderamente libre en Mí es l i b r e.

La falta de libertad puede compararse con un calabozo, aunque a veces se parezca a una jaula dorada. Es y seguirá siendo una limitación de la verdadera libertad, se reconozca o no esta limitación. Cuando se reconoce, muchas veces surge el pedido de ayuda con el objetivo de que alguien abra el calabozo desde afuera. Pero ¿pueden la solución y la redención venir realmente desde afuera?

Les digo: «¡Todo aquel que está sentado en su calabozo tiene una parte de responsabilidad en su situación!». Ha aceptado, consciente o inconscientemente, las desventajas de sus decisiones, es decir, su falta de libertad. Muchas veces ha permitido que lo aten con demasiada facilidad y rapidez. Esto se aplica a innumerables ámbitos de su vida y de su ego, desde apelar a sus instintos inferiores hasta halagar su intelecto.

También allí donde las verdaderas intenciones —es decir, la creación de vínculos— se encubren con aspectos religiosos o ideológicos y, por eso, no pueden reconocerse o apenas pueden reconocerse, y finalmente conducen a la falta de libertad, debe existir una debilidad anímica en quienes están atados. También he permitido tales vínculos y seguiré haciéndolo, porque Yo Soy la libertad y dejo libertad a c a d a hijo, sin importar si está del lado de la luz o del de las tinieblas; porque también por este camino puedo conducir a un hijo, mediante el conocimiento de sí mismo, hacia la libertad. Los hijos e hijas de Mi amor que ustedes son llevan en sí la fuerza para descubrir, tarde o temprano, vínculos de cualquier tipo y liberarse de ellos con Mi fuerza.

Pero, por muy fuertes que sean o parezcan ser los muros de un calabozo, les doy una regla inquebrantable: la apertura permanente de su calabozo, el fin de su cautiverio y la disolución de sus vínculos nunca se producen desde afuera; solo pueden producirse desde adentro, por medio de ustedes mismos. Toda falta de libertad se ha basado en una decisión voluntaria o involuntaria de la persona atada, salvo unas pocas excepciones que no ponen en duda el principio. Por tanto, siempre se necesita la decisión del «prisionero» de querer poner fin a su falta de libertad. Para mantener la imagen que ya les ofrecí: ustedes mismos deben introducir desde adentro la llave de su libertad en la cerradura de la puerta de la prisión que limita su libertad.

Así pues, si constatan que han permitido que los aten, que ustedes mismos se han atado o que no han opuesto la seriedad o el esfuerzo necesarios a muchas tentaciones, reflexionen si en esos puntos quieren llegar a ser verdaderamente libres. Si su decisión es: «Sí, Padre», vengan a Mí con ese vínculo, y les digo: «Yo, el amor, que es también la libertad, los redimiré y los liberaré de aquello que aún yace como una sombra sobre su alma».

Sean cuales sean entonces las circunstancias de su vida, podrán decir verdaderamente, desde el profundo amor por Mí y con el conocimiento de que vivo en ustedes y guío su vida: «Padre, Te doy gracias por la libertad que Tú me has regalado». Amén.

Revelación divina

Así pues, en quien viva cada vez más su vida de Mi mano y se entregue a Mí, el amor que vive en él de manera inextinguible, Yo resucitaré. Y él estará en Mí y Yo en él. Así, Mis amados hijos, se convertirán en la llama luminosa que irradia hacia todos los ámbitos oscuros e ilumina el corazón de sus semejantes para que reconozcan y abandonen el camino que los extravía.

Yo Soy su Señor y Dios. En Mí está todo, aunque no puedan comprenderlo con su intelecto. ¡Fuera de Mí no hay nada! Todo está amparado en Mí, y quien está en Mí sabe que nada de lo que encuentra carece de importancia para su salvación personal y para la de sus hermanos y hermanas.

Yo Soy el Dios de Occidente y de Oriente, Yo Soy el Dios del Sur y del Norte; por tanto, Yo Soy la Divinidad que todo lo abarca, de la que todo surgió y sigue surgiendo y hacia la cual volverá a evolucionar todo lo que se encuentra fuera de los cielos. Porque todas las leyes se orientan única y exclusivamente hacia ello.

Anhelo a cada uno de ustedes, ya sea que recorran esta Tierra vestidos como seres humanos o que se encuentren en los reinos de las almas. Todos están amparados en Mí y pueden tener la certeza: algún día volveré a estrechar a cada uno entre Mis brazos, porque Yo Soy amor, y fuera de Mi amor no hay nada.

Sean bendecidos y den los pasos que muestro a cada uno de ustedes —si está dispuesto y preparado—; sí, los coloco ante sus pies para que cada uno pueda comprender adónde lo conduce su camino. Ninguno de ustedes está solo; Yo cuido de ustedes. Tengan la certeza de ello.

Si abren su corazón y sus ojos, reconocerán Mi sabiduría, Mi verdad y Mi amor. Los amo y los acompaño, Yo, su Padre celestial. Amén.