Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, como la fuerza que creó y sostiene todo, Yo Soy la vida en cada uno. Reflexionan demasiado poco acerca de lo que significa que, desde la eternidad y por todos los tiempos, Yo sostengo sin cesar todo y hago que crezca. Las personas, si es que lo hacen, siempre dirigen la mirada únicamente al origen de la creación, como si hubiese sido un acto único. La creación nunca terminará. A ello contribuyen todos Mis hijos, cada uno a su manera y conforme a sus capacidades.
Aquello en lo que reflexionan muy rara vez o nunca es esto: todo lo creado vive; vive sin interrupción, y esta vida no conoce fin, aunque desde su perspectiva limitada parezca que con la llamada muerte de la persona se extingue la vida. La vida es energía y la energía no puede destruirse. Por tanto, viven por todos los tiempos, aunque bajo formas de existencia cambiantes y en planos distintos cada vez.
¿Quién de ustedes ha reflexionado alguna vez acerca del misterio de la vida, que también lo concierne personalmente? ¿Quién ha pensado que no solo llegó al mundo como algo creado una vez, sino que este ser lleva vida en sí, la cual le brinda la posibilidad de desarrollarse hacia una meta? ¿No debe toda vida, toda energía, tener una fuente? ¿No debe existir un punto de partida desde el cual esta vida fluya y llene todo de energía? No puede haber vida que exista por sí sola. Entonces, ¿dónde y quién es el origen? ¿Qué los sostiene? ¿Los alimentos que ingieren o el aire que respiran? Si fuera así, ¿de qué vive su alma cuando algún día abandona el cuerpo?
Mi espíritu está en todo, por tanto, también en ti. De lo contrario, no existirías. ¿Qué te imaginas cuando oyes «Mi espíritu»? ¿Simplemente una forma de energía sencilla que —como la corriente eléctrica— enciende una bombilla? ¿Que apenas te concede fuerza suficiente para que los días de tu vida se sumen hasta convertirse en años y puedas existir así durante algún tiempo en el planeta Tierra?
Sus Escrituras dicen que el ser humano fue creado a Mi imagen, lo cual está expresado de manera muy «imprecisa». Significa que doté a cada criatura de los cielos de muchas de Mis características esenciales, que el ser espiritual inmortal lleva también en sí cuando abandona los cielos y encarna. Por consiguiente, entre Mí y todos Mis hijos existe una unión eterna e indestructible. En su verdadero hogar intercambiamos por medio de ella, entre otras cosas, nuestro amor; por ella enseño a Mis hijos y promuevo su desarrollo; por ella Estoy en todo momento disponible para cada uno; por ella nos comunicamos siempre que un hijo siente la necesidad de acudir a la fuente de su vida, aunque sea «solo» para recostarse en los brazos del amor.
Esta capacidad de comunicación directa es tan natural en el cielo que no hace falta mencionar de manera especial si hablamos o que hablamos entre nosotros. El cielo es una unidad y, del mismo modo, también nosotros dos —Yo y tú— somos para siempre uno e inseparables. En principio, nada cambia en ello aunque un ser espiritual entre como alma durante un tiempo en un cuerpo humano. Sin embargo, las influencias del lado contrario dificultan mucho que Mis hijos humanos lleguen a este conocimiento, lo conviertan en una convicción firme y, con ello, también en algo natural en su relación Conmigo.
¿Puede entonces siquiera concebirse remotamente la idea de que Yo guardo silencio? ¿Que Me niego a hablar con Mis criaturas? ¿Que Yo, el amor desinteresado e incondicional, no tengo oídos para las preocupaciones y necesidades de Mis hijos? ¿Que, como muchas personas tienen la impresión, no Me interesa lo que sucede en su mundo?
¿No será más bien que la mayoría no escucha cuando les hablo de las maneras más diversas? ¿Que ni siquiera Me dan la oportunidad de llegar a ellas en su interior porque su interés está dirigido al mundo y a su ego? ¿Y que quizá tampoco quieran oír lo que tengo que decirles porque Mi voluntad perturbaría los planes de su voluntad propia?
En su tiempo, las palabras procedentes de la seriedad divina son más necesarias que nunca. Si crees —mejor aún, si sabes— que Yo también vivo y hablo en ti, y construyes sobre ello tu pensamiento y conducta, ya se ha ganado mucho. Pero como todavía puedo llegar a muy pocos por medio de impulsos claros o de un mensaje directo en su interior, les hablo mediante el lenguaje de cada día, mediante aquello que se acerca a ellos. Si estuvieran vigilantes, podrían obtener casi tanto provecho de este lenguaje indirecto como si ya estuvieran familiarizados con el diálogo interior.
Para enseñar a Mis hijos humanos de manera más amplia de lo que todavía Me es posible por medio de la palabra de Dios, muchas veces sepultada en el interior de cada uno, y transmitirles así más conocimientos fundamentales y esclarecerlos, en todos los tiempos llamé a almas dispuestas, como seres humanos, a asumir este servicio de amor. Esto sucedió tanto en la Antigua Alianza, cuando se preparó Mi venida y fue anunciada por boca de profetas, como en el tiempo posterior a Mi obra en la Tierra. El número de quienes anuncian Mi amor por medio de la palabra y procuran expresarlo también en su vida se ha vuelto ya inmenso. Los encontrarán en todos los pueblos. Llevan en sí tareas individuales de las clases más diversas y las cumplen de una manera correspondiente a sus posibilidades y mentalidades.
Pero siempre, cuando están a Mi servicio y ya se encuentran en gran medida libres de ideas propias, anunciarán a un Dios que es amor, que no amenaza ni castiga y que llevará de regreso hacia Sí a todos los que alguna vez abandonaron el cielo. Y esto sucede en un lenguaje que no es elitista, sino que todos pueden comprender y poner en práctica.
La ley de atracción procura que cada persona encuentre «su» grupo o «su» maestro espiritual, al menos en lo que respecta al comienzo de su búsqueda o de su orientación hacia Mí. A lo largo de su camino y de su desarrollo interior, que puede calificarse como ampliación de la conciencia, conocerá, si es necesario, otras comunidades y personas. Así se agudiza su sensibilidad y aprende a separar la paja del trigo; porque en su búsqueda encontrará muchas cosas que se presentan como enseñanza divina, pero que no proceden de una fuente divina o que constituyen una mezcla.
Desarrollar esta capacidad de discernimiento, amados Míos, representa para más de un buscador un problema que no debe subestimarse. La palabra de sus Escrituras «Examínenlo todo y quédense con lo bueno» presupone que conocen la medida correcta que deben aplicar al examen. Y deben llevarla dentro de ustedes. Esto significa que deben examinar con el corazón. Si creen que basta únicamente con la palabra «amor» para distinguir una enseñanza correcta de una falsa, se equivocan. Esta suposición era válida antes de que el lado contrario —bien preparado y con una estrategia urdida de manera refinada— comenzara a dirigir un gran contingente de vasallos hacia aquellos que, si bien llevan en sí el deseo de paz y armonía, por distintos motivos no encontraron su hogar en las comunidades religiosas cristianas. Se los conduce por un camino mediante el amor, la luz, la liberación, la ascensión, la transformación y muchas otras cosas, un camino que, después de «experiencias de éxito» iniciales, acaba por atarlos y convertirlos en proveedores de energía para las tinieblas.
Se acercan cada vez más a Mi corazón y finalmente Me encuentran en su interior cuando dirigen su anhelo exclusivamente hacia Mí. Al principio esto no siempre es del todo fácil, porque es posible que el alma tenga «hambre». Tiene muchas preguntas y busca respuestas que se le ofrecen en grandes cantidades, principalmente en el esoterismo, aunque en muchos casos sean las equivocadas. Si no permiten que nada los confunda, si buscan el amor que llegó a su mundo en Jesucristo y volvió a abrir el cielo para todas las almas y personas —es decir, el amor que trajo la redención—, entonces Me encontrarán. Entonces también reconocerán que para emprender el camino de regreso no se necesita otro esfuerzo que este: amen, y nada más.
La ley de causa y efecto les resultará entonces cada vez más comprensible y finalmente reconocerán en ella la clave decisiva para entender todo cuanto sucede en el mundo y en su vida personal. Y poco a poco aceptarán también que las circunstancias en las que viven no son casualidades ni mucho menos un castigo de Mi parte, sino un proceso de aprendizaje que deseo superar junto con ustedes. Entonces llegarán a conocerme como Aquel que los conduce incluso a través de las peores tormentas del tiempo que tienen por delante, si no sueltan la mano del amor —Mi mano—. Venga lo que venga.
Entonces sabrán que Yo Soy el único guía digno de confianza; porque vivo en cada uno y los conozco mejor de lo que jamás se conocerán ustedes mismos. Sé lo que necesitan y, por Mi omnipotencia, Soy capaz de disponer los cambios de vía en sus caminos hacia Mí de manera que lleguen a la meta con seguridad y sin daño. No importa si se dirigen a Mí como Padre —o también como Madre— o a Cristo, que en Jesús se hizo ser humano y, con ello, su hermano. En cualquier caso, se encuentran junto al corazón del amor eterno.
Si este es el resultado de «Examínenlo todo y quédense con lo bueno», y si deciden dirigirse sin vacilar hacia esta meta Conmigo, entonces están «en el lugar correcto».
A quien todavía esté inseguro o vacile le ofrezco esto: recorre «a prueba» un tramo de tu camino Conmigo. Esto significa: esfuérzate cada vez más por vivir Mi mandamiento del amor. Cuando las cosas de tu vida comiencen entonces a ordenarse, podrás decidir si hablo desde la verdad y Soy tu Padre celestial o no. Puedes volver a soltar Mi mano en cualquier momento y practicar antiguas conductas; nada cambiará Mi amor por ti.
Una persona que no conoce o rechaza las leyes espirituales y solo acepta lo que le comunican los sentidos se parece a un caminante en una región inhóspita y desconocida que se niega a quitarse la venda de los ojos. Nunca podrá encontrar el camino y se convertirá así en juguete de las fuerzas que quieren hacerlo girar en círculos o extraviarlo. Por eso es importante que aprendan a contemplar todo acontecimiento desde la perspectiva de las leyes espirituales, que están por encima de todas las demás. De otro modo, es fácil que sean engañados, incluso en la opinión que tienen de ustedes mismos.
Por eso formó parte del proceder del oscuro lado contrario impedir el conocimiento de Mis leyes; pero también ocultar que los seres caídos existen de manera muy real, que desde sus ámbitos intervienen en los acontecimientos de su mundo y cómo lo hacen. De ese modo, desde tiempos inmemoriales estas fuerzas pudieron librar en gran medida sin impedimentos, desde lo invisible, su lucha contra la luz y sus fieles. En su tiempo esta confrontación avanza hacia un punto culminante provisional. Quien en el pasado estuvo dispuesto a mirar y escuchar con atención pudo reconocer fácilmente la evolución.
El trasfondo es este: la oscuridad se rebela porque percibe que ya no puede vencer. Las causas establecidas por la humanidad a lo largo de siglos y milenios avanzan hacia sus efectos. La mala semilla muestra sus malos frutos. En esta fase corresponde a ambos lados —al luminoso y al oscuro— movilizar una vez más todas sus fuerzas. Mi intención y la de Mis fieles es despertar a Mis hijos humanos e impulsarlos a reflexionar y cambiar de rumbo. Las tinieblas intentan conservar su posición tanto tiempo como sea posible y dejar fluir hacia su mundo tanto mal como sea posible; y no solo aceptan la destrucción, sino que la utilizan deliberadamente como medio para producir miedo.
Tanto Yo como Mi adversario y, por tanto, también el de ustedes, nos hemos preparado bien. Del lado de la luz hay muchos que, mediante una decisión anterior a su encarnación, expresaron que deseaban obrar como seguidores de Jesús. No pocas veces tomaron su decisión hace ya muchos siglos según su cómputo del tiempo, y distintas encarnaciones sirvieron para fortalecer sus almas y preparar su actuación en los acontecimientos de la época actual.
Se añade que muchos de sus hermanos y hermanas de los ámbitos puramente espirituales decidieron encarnar para reforzar el gran ejército de quienes están dispuestos a luchar por Mí y Conmigo. En esto pueden reconocer su amor desinteresado, que, por cierto, arde también en ustedes de forma igual o semejante, aunque en la mayoría todavía no sea reconocido: abandonan una existencia en armonía y libertad para sumergirse durante una o varias encarnaciones en la pesadez y las ataduras de una incorporación terrenal, a fin de ayudar a las personas. Y con ello asumen conscientemente el riesgo de enredarse en lo terrenal. Al mismo tiempo, conocen también la fuerza insuperable de Mi amor, que está con ellos y en ellos. Sin embargo, siempre es caminar por una cresta estrecha, porque las trampas satánicas tendidas no tienen igual en refinamiento ni número.
También las fuerzas de la caída hicieron sus preparativos. Ellas también enviaron a sus seguidores a la Tierra y los dotaron con las facultades de un intelecto seductor que, por un lado, nubla el pensamiento de Mis hijos y, por otro, describe con colores brillantes el camino hacia el extravío. Hace dos mil años vine al mundo para oponer al espíritu de la época —que coloca el ego y sus ventajas satisfactorias a corto plazo en el centro de todo afán— Mi mandamiento sencillo y, sin embargo, eternamente válido de amar a Dios y al prójimo. El estado en que se encuentra su mundo dice, más que muchas palabras, a qué guía siguió la gran mayoría de las personas.
Así se presenta su situación: ciertamente, la luz y la oscuridad se enfrentan en lo espiritual, pero el lugar de la confrontación se encuentra en lo material, en la Tierra, y las «piezas del tablero de ajedrez» son ustedes. Aquí se encuentran los dos opuestos; aquí llevé a cabo la redención e inicié el regreso de todos los seres caídos; y aquí la oscuridad acabará reconociendo su conducta equivocada y decidirá volver a la casa del Padre. Allí espero a cada uno con los brazos abiertos.
Pero todavía no ha llegado ese momento. Las tinieblas aún luchan por cada palmo de terreno y por cada alma. Se han posicionado bien y durante un tiempo parecerá que conservan la superioridad. Pero eso engaña, aunque ganen terreno aquí y allá. Al final tropezarán con los efectos de la falta de amor que han practicado durante eones y entonces llegarán a comprender.
La victoria de la luz no constituirá un triunfo sobre un adversario derrotado, sino que estará sostenida por la alegría de haber llevado a casa también a quienes parecían perdidos. Contribuyen a ello todos los que se esfuerzan por hacer, mediante su vida y en el lugar donde están, que el mundo sea más pacífico y amoroso. Los he equipado con las armas de la justicia, la sabiduría y la paciencia. Les di Mi bendición y esta continúa fluyendo hacia ellos sin cesar ni limitación. Porque, como un buen jefe de ejército, equipé a cada uno que optó por Mí con todo cuanto necesita. A esto pertenecen también el valor y la seriedad, pero sobre todo el amor, que le permite librar con Mi apoyo incluso —y a menudo en primer lugar— la lucha contra sus propias insuficiencias.
Hago que la fortaleza para Mis fieles fluya hacia ellos como energía. Todo aquel que sea un poco sensible percibe Mi irradiación. Esta facilita muchas cosas, endereza caminos torcidos y abre puertas y portones que antes parecían cerrados. La alegría y la confianza surgen en más de un corazón que reconoce que, si bien muchas cosas son inevitables, al mismo tiempo sirven para permitir que surja algo nuevo. En este sentido viven en un tiempo sumamente interesante; sin duda no «por casualidad» —digo con una sonrisa—, con la cual fortalezco en ustedes la certeza de que están protegidos porque los envuelvo en Mi amor, si ese es también su deseo y voluntad.
Las fuerzas contrarias también han hecho sus preparativos y envían con mayor intensidad sus energías negativas al mundo y a las almas de las personas. Quienes representan los intereses de la oscuridad conocen su lugar; en parte ya lo han ocupado y han comenzado a ejecutar sus planes. Su objetivo es hacer que muchas personas se sientan inseguras y duden mediante disturbios e informaciones falsas.
Pero aunque se trate de seguidores de las tinieblas que quieren y van a propagar caos y maldad, les recuerdo que son sus hermanos y hermanas que simplemente se extraviaron. La tarea de quienes toman en serio su condición de cristianos y Me aman no consiste en responder con los mismos medios. Su tarea consiste en llevar el amor al mundo con mayor intensidad, algo que con toda seguridad no será fácil en el tiempo venidero.
En otro contexto dije que enviaría a los Míos como ovejas en medio de lobos. Ha comenzado nuevamente un tiempo al cual se aplica esta imagen. Si crees en Mí y deseas seguirme, algún día también se te planteará la pregunta de si quieres ir por Mí en medio de los lobos. Expresado de un modo menos dramático, esto significa si estás dispuesto a anunciar Mi amor mediante tu vida incluso en tiempos difíciles.
Las acciones de quien decide seguirme se asemejan a una caminata. Sin embargo, no siempre conduce por terreno despejado. Hay tramos que requieren toda la atención del caminante. El peligro de apartarse del sendero, como sus hermanos y hermanas caídos, es especialmente grande cuando el camino atraviesa un bosque oscuro en medio de la noche profunda. Cada uno dispone de una lámpara. Si la utiliza sin dejarse distraer, es decir, si el resplandor de su luz cae siempre delante de él sobre el camino, no puede extraviarse; aunque no se excluye que de vez en cuando tropiece y caiga porque no prestó atención.
Si toma en serio Mi palabra de que lo decisivo es levantarse de nuevo y seguir caminando, no ha sucedido gran cosa. Ha vivido una experiencia; y si aprende de ella, se ha ganado incluso mucho.
Naturalmente, el lado contrario sabe de su caminata. No los conoce tan bien como Yo, pero sus debilidades y errores no le están ocultos. Y ahora se requiere la lógica de su corazón: ¿dejarían caminar sin más a un caminante que avanza hacia Dios, sin intentar apartarlo de su camino? ¿No intentarían desviarlo en lugares que no están exentos de peligro y requieren su máxima vigilancia? Mis hijos e hijas, ¡no subestimen los medios que las tinieblas emplean para perturbar o interrumpir su camino hacia Mí!
Cuando su luz ilumina sin vacilar el camino delante de ustedes, poco o nada puede sucederles. Sus adversarios también lo saben. Por eso tratarán de inducirlos a dirigir su luz hacia la derecha o la izquierda, hacia la oscuridad donde los atraen distracciones interesantes y pseudoverdades. O les dirán que el camino elegido es demasiado difícil. O les ofrecerán alternativas y prometerán que también puede avanzarse sin autoconocimiento ni trabajo interior. O los harán reflexionar durante demasiado tiempo acerca del trecho ya recorrido o preguntarse, quizá incluso con preocupación, qué dificultades tendrán los tramos que todavía quedan por delante.
En el momento en que cedan a estas tentaciones, o bien se detendrán —se estancarán en el desarrollo de su alma—, o bien seguirán caminando, pero hacia la oscuridad, porque su luz estará iluminando otros rincones. No tardarán mucho en advertir que se apartaron del camino. Y si incluso siguen las tentaciones que acechan por todas partes y emprenden uno de los muchos caminos de los seductores, que quizá al principio promete éxito y satisfacción, tarde o temprano comprobarán que resulta ser un callejón sin salida o algo peor: un pantano o una espesura de espinas.
Pero esa no era su aspiración cuando emprendieron el camino que Yo recorrí primero.
Para que cada uno pueda encontrar su camino, deposité el anhelo en su corazón. Si todavía no lo percibes en la medida deseada, entra en tu interior y pídeme que lo avive con mayor fuerza en ti. Para que todo aquel que emprende el camino alcance también la meta, puse en sus manos la lámpara mencionada y la encendí. Brillará con mayor intensidad y mantendrá tu camino cada vez más claro ante tus ojos cuanto más sinceramente avances. Entonces no verás solo unos cuantos metros, sino que iluminarás con tu lámpara muy lejos en la oscuridad y ya divisarás la meta a lo lejos.
Sin embargo, entonces también serás reconocido más fácilmente por las tinieblas; porque, por una parte, tu luz las perturba y, por otra, intentarán atraerte hacia sus caminos, pues tu avance encierra para ellas el peligro de que otros sigan tu ejemplo.
Por tanto, permanece vigilante, amado hijo Mío, pero ten también conciencia de que serás guiado con seguridad y llegarás si diriges el haz de tu luz con la mayor constancia posible hacia el camino que conduce a Mí. Y si permitiste que te distrajeran, recuerda Mi amor y el tuyo, y procura volver al camino cuanto antes.
Mi imagen ha de servirles como una brújula con la cual puedan orientarse en el tiempo venidero. No es fácil mirar sin preocupaciones hacia el futuro cuando ideas humanas todavía determinan el pensamiento y la conducta. Pero lograrán cada vez mejor confiar sin miedo en Mí y en Mi guía cuando hayan vivido experiencias Conmigo. Para ello, sin embargo, deben entregarse a Mí, a fin de convertirse cada vez más en la luz que brilla en la oscuridad y llama la atención de otros.
Y quizá algún día estén también preparados para ir voluntariamente, por amor a Mí y a su prójimo, como ovejas en medio de lobos, con el fin de anunciarles también a ellos Mi amor: no mediante sus palabras, sino mediante su vida.
Toda la fuerza de Mi amor está a su disposición para su camino.
Amén