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GEJ 1.95

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 95 de 161

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GEJ 1.95.1

Entonces Tomás se acercó a Judas Iscariote y le reprochó cómo podía atreverse a exponerme sus ideas necias acerca del dinero, siendo Yo en el espíritu Jehová mismo y realizando obras que únicamente Dios puede efectuar.

GEJ 1.95.2

Judas le responde: «Sigues siendo tan corto de entendimiento como siempre. O crees cualquier cuento de viejas o, cuando se te ocurre, no crees absolutamente nada. No piensas ni haces cálculos. Cuando llevabas pescado al mercado, no pocas veces vendías los pequeños al mismo precio que los grandes, de modo que los compradores se reían en tu cara. Sigues siendo hoy como siempre: no piensas ni calculas nada, sino que continúas viviendo neciamente al día conforme a tu antigua costumbre.

GEJ 1.95.3

Apenas llevo unas horas aquí en compañía de este gran profeta, y considero un deber sagrado investigarlo y conocer tanto como sea posible Su manera de pensar y el propósito de Su actuación. Tú llevas aproximadamente medio año a Su lado y, por eso, debes conocerlo mejor que yo. Pero ¿acaso porque tú ya Lo conoces no debo esforzarme en conocerlo al menos en la medida en que tú Lo has conocido hasta ahora?».

GEJ 1.95.4

Tomás dice: «Espero que no pienses regresar mañana mismo a tu casa solo porque hoy quieres averiguarlo todo. Es bueno que el Señor finalmente comenzara a caminar; de lo contrario, por causa de tu necio dinero ustedes no habrían llegado a un acuerdo ni siquiera mañana. El Señor tiene razón: ese dinero maldito te causará la muerte porque ves en él tantas cosas magníficas. El Señor te explicó con suficiente claridad cuál es el valor del dinero y cómo causa el mayor perjuicio a la vida espiritual del ser humano. Pero tú hace tiempo eres más sabio que Dios mismo y, por eso, hasta puedes coronar tu sabiduría delante de Él. ¡Cuídate de no ahogarte algún día con tanta sabiduría!

GEJ 1.95.5

¿Por qué me reprochas mi comercio de pescado? Yo siempre vendía primero mis pescados, mientras que tú, con tus buenos consejos, tenías que llevar de nuevo a casa la mitad de los tuyos. Vendía tanto los grandes como los pequeños, diez piezas por dos centavos, y habría podido vender cinco veces más si hubiera llevado esa cantidad al mercado. Por eso pienso que evidentemente calculé mejor que tú, quien se cree más sabio que Dios, pero al mismo tiempo es un avaro y busca toda su salvación en el dinero. En verdad, ¡no doy ni un estátero por semejante sabiduría!».

GEJ 1.95.6

Judas dice algo desconcertado: «Cada uno habla según entiende». Tomás responde: «Eso es verdad. Por causa de tu necedad comprendes neciamente el asunto y por eso también hablas de ese modo. Mira mejor hacia allá, donde un pobre descansa junto al camino. Dale tu bolsa y actuarás con plena sabiduría por primera vez en tu vida».

GEJ 1.95.7

Judas dice: «Eso sí que no lo haré, pues nadie me ha regalado jamás nada en el verdadero sentido de la palabra y de su significado; por eso, tampoco yo le regalo nada a nadie».

GEJ 1.95.8

Tomás dice: «Ese es un principio muy digno de elogio; merece ser maldecido desde el comienzo. Te digo que con semejantes principios no llegarás muy lejos al lado de este Salvador y Maestro nuestro; te lo garantizo. Él es la generosidad suprema en persona, mientras que tú eres un avaro incomparable. ¡Qué bien combinan ambos!».

GEJ 1.95.9

Judas dice: «Cuando haya trabajado suficientemente en Él y reconozca cómo debe vivir una persona en el mundo para ser respetada, moderará un poco Su generosidad. Además, no tiene ningún mérito ser generoso a costa de quienes poseen bienes y preparar buenas comidas para Sus discípulos. Escucha: si encuentro necios como este joven posadero, también yo puedo ser tan generoso como cualquiera a costa de ellos. Que este mismo Jesús, pobre de nacimiento, mantenga y alimente a la multitud de Sus discípulos únicamente con Sus propios recursos; entonces se verá de inmediato cuán generoso será y si no despedirá cuanto antes a todos estos seguidores».

GEJ 1.95.10

Tomás dice: «Solo te digo una cosa: perteneces por completo al diablo, pues únicamente el diablo puede hablar como acabas de hacerlo. Aunque parece haber algo de entendimiento en tus palabras, sucede todo lo contrario, y tu discurso es la mentira más descarada del mundo entero. Me arrepiento de haberte mostrado el camino hasta aquí. Muchos cientos de personas estaban en Sicar y todas fueron alimentadas desde los Cielos. Él reconstruyó en pocos instantes la casa derruida de Irhael de tal manera que ahora es, con mucha diferencia, la más valiosa de esa ciudad. Y tú, el hombre más necio y presuntuoso más allá de todos los límites, quieres demostrarme, como si fueras el sabio de los sabios, que Jesús es un pobre infeliz que vive bien a costa de otros; ¡a mí, que vi con estos ojos corporales los Cielos abiertos y a innumerables multitudes de ángeles de Dios ascender y descender! ¡Pobre infeliz! ¿Acaso Él, a quien pertenecen exclusivamente el Cielo y la Tierra porque los fundó mediante Su omnipotencia, necesitará mis tesoros o los tuyos para vivir en este mundo, donde Él hace crecer y madurar los frutos? ¡Ciego entre los ciegos! Ve a Sicar, convéncete de todo y regresa; entonces veremos si todavía hablarás tan neciamente al azar como ahora».

GEJ 1.95.11

Aquí interviene Judas y dice de manera muy lacónica: «¿Viste todo eso con tus propios ojos? ¿O quizá pediste prestados además un par de ojos de buey y otro par de ojos de asno para poder contemplar tantas cosas extraordinarias al mismo tiempo? Por lo demás, me alegra que este sabio de Nazaret también haya conocido a la bella Irhael, quien, según escuché hace poco, ya vive con su sexto marido porque, por decirlo así, los cinco anteriores se le murieron junto a su propio cuerpo. Al lado de una belleza semejante, el Cielo debe de haberse abierto de par en par para todos ustedes. Sí, sí, Irhael ya transportó a muchos a todos los cielos; ¿por qué habría de hacer una excepción con ustedes? Sin embargo, no iré a Sicar por causa de ella, pues observo la ley de Moisés y no quiero ocuparme de semejantes cosas pecaminosas».

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