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GEJ 1.84

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 84 de 161

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GEJ 1.84.1

Nosotros seguimos nuestro camino, llegamos al amanecer a la frontera del territorio de los samaritanos y entramos en Galilea. Allí hacemos una pausa necesaria en una colina despejada, sobre una hermosa y exuberante pradera.

GEJ 1.84.2

Todos alaban sin cesar la magnífica vista desde aquella altura, y el escritor Mateo dice: «Señor, si los seres humanos estuvieran compenetrados con Tu enseñanza en todos y cada uno de los aspectos, un país así sería realmente lo bastante hermoso como para servirles de cielo. Pero cuando considero que la mayoría de las personas son todavía peores que las fieras más rapaces y sanguinarias, casi quisiera reprocharle a Dios, el Señor, que haya creado esta Tierra tan espléndida para una gentuza tan mala».

GEJ 1.84.3

Yo digo: «Entonces el reproche va dirigido contra Mí, porque el Padre y Yo somos uno. La sabiduría del Hijo eterno, que en el sentido más propio es la sabiduría del Padre, trazó el gran plan de la Creación; el amor del Padre añadió el gran “¡Hágase!”, y así surgieron esta Tierra, el Sol, la Luna y las estrellas.

GEJ 1.84.4

Los seres humanos que habitan esta Tierra también fueron creados por Mí, y ahora deben ser transformados y lo serán.

GEJ 1.84.5

Pero si las cosas son así, ¿cómo puedes hacerme un reproche? Además, esta Tierra tampoco es tan hermosa como te parece. Todas las regiones que contemplas desde aquí solo ofrecen una imagen encantadora a cierta distancia. Ve hasta ellas y encontrarás poco o nada bello y atractivo, salvo algún árbol aquí y allá o quizá un jardín plantado por manos humanas y, dentro de él, el palacio de algún hombre rico. ¿También llamarías bellas y magníficas a esas cosas?

GEJ 1.84.6

Mira hacia lo alto, al Sol: ¡allí hay otras regiones! Un desierto de allá es más magnífico que un paraíso de aquí. Si únicamente la luz del Sol hace que las regiones de esta Tierra se vean bellas, magníficas y agradables, mientras que sin ella la Tierra sería un puro valle de aflicción y espanto, ¿cuánto más magníficas deberán ser las regiones del gran Sol mismo, de cuya sobreabundancia de resplandor y esplendor toma prestado esta Tierra su tenue brillo?».

GEJ 1.84.7

Mateo dice: «Señor, ¿qué dijiste? ¿Que el Sol también es un mundo grande y que hasta un desierto de allí es indescriptiblemente más magnífico que un paraíso de aquí? ¡Mira la gran Tierra y, en comparación, el diminuto disco resplandeciente del Sol! ¿Cuántas veces cabría sobre la superficie que contemplamos ahora, la cual seguramente constituye apenas una parte mínima de la Tierra? ¿Y cuántas veces cabría entonces sobre la Tierra entera?».

*

GEJ 1.84.8

Yo digo: «Mira, así son las cosas: cuando les hablo de asuntos terrenales, no los comprenden. ¿Cómo podrían entenderme entonces si les hablara de asuntos celestiales? ¡Observa y compréndelo!

GEJ 1.84.9

Mira hacia el sur aquel cedro situado en el borde más lejano de la cadena montañosa. Compara su pequeña altura aparente con la de una mata de hierba de aquí, que apenas mide una cuarta. Verás que, si sostienes esa mata delante de tu rostro, parecerá elevarse en el aire muchas veces más que aquel cedro distante, aunque este sea en sí varios cientos de veces más alto que la mata. ¡Mira lo que hace la distancia! Si caminas bien, llegarás a aquel cedro en diez horas. ¿Qué efecto tienen, pues, tan solo diez horas sobre la medida de la vista?

*

GEJ 1.84.10

¡Piensa ahora en la distancia entre el Sol y esta Tierra! Si en el tiempo de la creación de Adán un ave hubiera partido de la Tierra hacia el Sol con su vuelo más veloz, todavía no habría llegado, sino que aún le faltarían varios años de vuelo. Si puedes concebirlo, seguramente comprenderás por qué este Sol, más de mil por mil veces mayor que la Tierra, te parece tan pequeño desde aquí».

GEJ 1.84.11

Mateo, completamente sobrecogido por semejante distancia y tamaño, dice: «Oh Señor, si esto es así, ¿cómo puedes dirigir y mantener un mundo semejante desde esta Tierra?».

GEJ 1.84.12

Yo digo: «Mira, por imposible que algo te parezca, para Mí es sumamente fácil hacerlo —dicho por ahora solo entre nosotros—. En este momento, por supuesto, no puedes comprenderlo; pero llegará un tiempo en que comprenderás esto y también la conversación sobre el tamaño natural de la Creación visible, la cual no debe registrarse ahora porque el mundo todavía está demasiado ciego.

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GEJ 1.84.13

Pero para que puedas reconocer que, mediante el poder del Padre en Mí, alcanzo instantáneamente hasta el Sol, ¡presta atención! Voy a ocultar el Sol por unos instantes, de modo que ningún ojo pueda verlo en toda la Tierra; así comprenderás con claridad que también desde esta Tierra puedo llegar hasta el Sol».

GEJ 1.84.14

Mateo dice: «Oh Señor, ¡no lo hagas! La gente se consumirá de miedo». Yo digo: «¡Preocúpate por otra cosa! Las personas creerán que se trata de un eclipse solar ordinario, como los que ocurren con frecuencia de manera enteramente natural, y al cabo de unos instantes volverán a tener el Sol. ¡Presta atención!». Mateo pregunta con cierta inquietud: «Señor, ¿no habría que avisar a todos los presentes?». Yo digo: «Dejémoslos dormir y descansar. Basta con que tú solo tengas esta experiencia, porque un escritor debe saber más que aquellos que por ahora no están destinados a escribir. Y mira, ahora digo: “¡Sol, oculta tu rostro durante siete instantes ante toda la Tierra!”». En ese instante queda completamente oscuro; solo se distinguen débilmente algunas de las primeras estrellas.

GEJ 1.84.15

Mateo tiembla de miedo y dice: «Señor, ¡Tú, Todopoderoso! ¿Quién puede mantenerse en pie junto a Ti cuando Tu brazo divino alcanza en un instante una distancia tan infinita?». Apenas Mateo había pronunciado estas pocas palabras cuando el Sol vuelve a brillar con todo su esplendor, y Mi Mateo respira otra vez con mayor libertad; pero el asombro no le permite decir palabra. Solo después de un buen rato recobra algo de valor y dice: «¡Señor mío, no logro comprenderlo! Tu poder debe ser infinito. Pero en el futuro, oh Señor, líbranos de semejantes demostraciones aterradoras de Tu omnipotencia, pues en poco tiempo todo el mundo se consumiría de miedo y perecería».

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GEJ 1.84.16

Yo digo: «¡Preocúpate por otra cosa! ¿Acaso ha perecido ya alguien? Un poco de miedo nunca perjudica a las personas dominadas por los sentidos. Ahora despierta a los que duermen, porque enseguida seguiremos adelante. Pero no le menciones a nadie, ni de lejos, nada acerca de esta visión y esta señal». Entonces Mateo despertó a los que dormían y reanudamos el viaje. Desde allí el camino descendía de manera considerable y, por eso, avanzábamos más rápido que antes, cuando íbamos cuesta arriba.

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