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GEJ 1.65

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 65 de 161

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GEJ 1.65.1

Jairuth desea que Yo pase todo el día con él. Sin embargo, le explico que en esta región todavía hay varios enfermos a quienes quiero visitar por el camino. Entonces Jairuth me pregunta si podría acompañarme por lo menos de regreso hasta la ciudad, y Yo se lo permito. Inmediatamente se pone en camino y pide también a los dos jóvenes que lo acompañen.

*

GEJ 1.65.2

Pero los jóvenes dijeron: «Es mejor para ti que nosotros permanezcamos aquí, pues los huéspedes del salón del jardín te han denunciado ante los romanos como rebelde, y sin nosotros a tu casa le iría mal. ¿Comprendes esto?».

GEJ 1.65.3

Ante semejante noticia, Jairuth casi pierde la razón y pregunta sumamente alterado: «¿Qué satanás en forma de hombre les ha llevado esto a los romanos, y qué pudo haberlo impulsado a hacerlo?».

GEJ 1.65.4

Uno de los jóvenes dijo: «Mira, en Sicar viven comerciantes que no son tan afortunados como tú. Ellos no pueden construirse palacios, y mucho menos adquirir todo un extenso territorio como el que tú compraste en Arabia: una considerable región junto al mar Rojo. Por eso, esos comerciantes te envidian por tu fortuna terrenal y tienen un enorme deseo de arruinarte. Esta vez también lo conseguirían si nosotros no estuviéramos contigo. Pero como te protegemos en el nombre del Señor, en esta ocasión no se torcerá ni un solo cabello de tu cabeza. Procura, sin embargo, permanecer fuera de tu casa por lo menos durante tres días».

GEJ 1.65.5

Esto tranquiliza a Jairuth, y él se dispone rápidamente a salir del palacio y continuar el camino conmigo.

GEJ 1.65.6

Cuando estamos atravesando el patio del palacio, viene a nuestro encuentro una formación ordenada de mercenarios y esbirros romanos. Se detienen ante nosotros y nos amenazan para que no sigamos avanzando. Pero Yo mismo doy un paso al frente y les muestro la certificación de Nicodemo. Sin embargo, el comandante dice: «Eso no sirve de nada cuando existe una sospecha fundada de rebelión contra Roma».

GEJ 1.65.7

Yo dije: «¿Qué quieres de nosotros? Una mentira insolente y descarada procedente de un grupo de envidiosos te ha obligado a dar este paso. Pero Yo te digo que no hay en ella ni una sola palabra verdadera. Si estuviste tan dispuesto a prestar oído a la mentira, préstaselo ahora con mayor disposición aún a la verdad más evidente, en favor de la cual encontrarás aquí más testigos que los que hallarás en la ciudad en favor de la descaradísima mentira de algunos perversos envidiosos».

GEJ 1.65.8

El comandante dijo: «Esas son excusas vacías y para mí no valen nada. Solo ante el tribunal puede determinarse la verdad mediante una confrontación directa. Por eso, vengan ahora mismo y por su propia voluntad con nosotros ante el tribunal; de lo contrario, usaremos la fuerza».

*

GEJ 1.65.9

Yo dije: «Allí está el palacio. Únicamente su dueño les ha sido denunciado como rebelde; vayan allá e investiguen si pueden descubrir algún indicio de rebelión. Pero si quieren obligarnos por la fuerza a seguirlos ante su tribunal sumamente injusto, también nosotros seremos capaces de oponerles una verdadera fuerza, y se verá quién lleva la peor parte. Hagan, pues, lo que quieran. Mi tiempo aún no ha llegado. Yo he dicho que aquí no existe culpa alguna. Pero quien tiene el derecho de su parte también debe defenderlo mediante toda clase de lucha con palabras y acciones».

*

GEJ 1.65.10

El comandante contempla Mi numeroso grupo y ordena que nos capturen y aten inmediatamente a todos. Primero sus mercenarios y esbirros se lanzan sobre los jóvenes e intentan apresarlos; pero los jóvenes escapan de ellos cada vez con tanta habilidad que no logran capturar ni a uno solo. Mientras los mercenarios y esbirros se esfuerzan por atrapar a los jóvenes y ya se han dispersado mucho porque estos huyen fingidamente en todas direcciones, Yo le digo al comandante: «Me parece que te resulta difícil capturarnos». El comandante intenta golpearme con su espada, pero en ese instante uno de los jóvenes se la arrebata, la arroja visiblemente a gran altura y la destruye de ese modo.

*

GEJ 1.65.11

Yo le dije al comandante: «Y ahora, ¿con qué vas a golpearme o herirme?». El comandante, completamente enfurecido, dijo: «¿Así se respeta aquí el poder de Roma? Muy bien, me encargaré de que esto sea informado a Roma. Vuelvan a contemplar esta región dentro de poco tiempo y digan entonces si todavía será la misma. ¡No quedará piedra sobre piedra!».

GEJ 1.65.12

Pero Yo le muestro cómo en ese mismo momento los jóvenes llevan delante de sí a todos los mercenarios y esbirros, atados con cuerdas. Cuando el comandante ve esto, comienza a invocar a Zeus, a Marte e incluso a las Furias para que lo protejan de semejante humillación.

GEJ 1.65.13

Pero Yo les digo a los jóvenes que dejen libres nuevamente a los mercenarios y esbirros, y ellos lo hacen de inmediato. Después le digo al comandante: «Y ahora, ¿todavía tienes deseos de seguir poniendo a prueba tu fuerza contra nosotros?». El comandante dijo: «Estos jóvenes deben ser dioses; de lo contrario, no sería posible derrotar por completo y con las manos desnudas a estos, mis guerreros más sobresalientes».

GEJ 1.65.14

Yo dije: «Sí, para ti y para los de tu clase bien pueden ser dioses. Por eso, déjanos continuar nuestro camino y realiza tu investigación en el palacio; de lo contrario, te sucederá algo peor».

GEJ 1.65.15

El comandante dijo: «Por consiguiente, los reconozco como inocentes y les permito seguir su camino. Ustedes, mis tropas, entren en el palacio, investiguen todo y no permitan que nadie salga de allí hasta que lo hayan examinado todo. Yo los esperaré aquí». Uno de los oficiales subordinados preguntó: «¿Por qué no quieres dirigir tú mismo la investigación en el palacio?». El comandante respondió: «Ya ves que he perdido mi espada, y sin espada una investigación de esta clase carece de validez». El oficial subordinado dijo: «A nosotros no nos ha ido ni un ápice mejor. ¿Qué validez tendrá entonces nuestra investigación sin espadas?». El comandante superior dijo: «¿Cómo? ¿También ustedes están desarmados? Esto es grave. Sin armas no podemos hacer nada. Hum, ¿qué hacemos ahora?».

GEJ 1.65.16

Yo dije: «Allí, hacia el sur, están sus armas debajo del alto cedro. Vayan a recogerlas, pues no les tememos más con armas que sin ellas». Después de estas palabras, ellos se dirigen al lugar donde están sus armas.

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