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GEJ 1.158

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 158 de 161

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GEJ 1.158.1

Pero podría suceder con mucha facilidad que la luz de Dios en el corazón humano se derramara en la luz vespertina y fuera consumida o, por lo menos, se mezclara con ella de tal manera que al final ya no se supiera cuál es en el ser humano la luz natural y cuál la luz de Dios.

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GEJ 1.158.2

Entonces Dios hizo un firmamento entre las dos aguas, que representan las dos clases de conocimiento sobre las cuales acabo de dar una explicación suficiente, y separó las dos aguas.

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GEJ 1.158.3

Este firmamento es el verdadero cielo dentro del corazón humano y se manifiesta en una fe verdadera y viva, pero jamás en especulaciones vacías e inútiles del entendimiento.

GEJ 1.158.4

Por esta razón llamo roca a quien posee la fe más poderosa y completamente libre de duda, y lo coloco como un nuevo firmamento entre el cielo y el infierno. Ningún poder oscuro del infierno podrá vencer jamás este firmamento.

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GEJ 1.158.5

Cuando se ha establecido semejante firmamento dentro del ser humano y la fe se vuelve cada vez más poderosa, desde esa fe se hace cada vez más evidente la insignificancia de los asuntos del entendimiento natural. Este se somete entonces al dominio de la fe, y así, de la tarde y de la mañana cada vez más luminosa del ser humano, surge el segundo día, que ya es mucho más claro.

GEJ 1.158.6

En este estado del segundo día, el ser humano ya ve aquello que debe demostrarse eternamente como plenamente verdadero. Pero todavía no existe dentro de él un orden correcto. Continúa mezclando lo natural con lo puramente espiritual, espiritualiza con frecuencia la naturaleza en exceso y, como consecuencia, contempla también en el espíritu cosas materiales. Por eso aún no está decidido a realizar una acción correcta.

GEJ 1.158.7

Se asemeja a un mundo compuesto enteramente de agua y rodeado por todos lados de un aire atravesado por la luz. Sin embargo, al final no logra aclarar si su mundo de agua surgió del aire luminoso que lo rodea o si este surgió del mundo de agua. Es decir, todavía no sabe con suficiente claridad si su conocimiento espiritual se desarrolló a partir de su entendimiento natural o si este último pudo desarrollarse a partir del conocimiento espiritual que quizá ya se encontraba oculto dentro del ser humano y actuaba al principio de manera igualmente oculta. Dicho de forma aún más concreta: no sabe si la fe surge del saber o el saber de la fe, ni cuál es la diferencia entre ambos.

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GEJ 1.158.8

En resumen, todavía no sabe qué existió primero: la gallina o el huevo, la semilla o el árbol.

GEJ 1.158.9

Entonces Dios vuelve a acercarse y ayuda al ser humano a avanzar, una vez que este ha hecho lo suficiente para el segundo día de su formación espiritual mediante la fuerza que le fue concedida y que, por tanto, ahora es propia. Esta nueva ayuda consiste en que aumenta la luz dentro del ser humano. Como el Sol en primavera, esa luz comienza a fecundar todas las semillas depositadas en su corazón, no solo por su mayor resplandor, sino también mediante el calor producido precisamente por ese resplandor más intenso.

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GEJ 1.158.10

Este calor se llama amor y es al mismo tiempo la tierra en la que las semillas comienzan a desarrollar sus brotes y raíces.

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GEJ 1.158.11

Y miren, esto es lo que está escrito en Moisés: Dios había ordenado a las aguas que se reunieran en determinados lugares separados para que apareciera así la tierra seca y firme, única de la cual pueden crecer las semillas hasta convertirse en frutos vivos y vivificantes.

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GEJ 1.158.12

Y está escrito: «Dios llamó Tierra a lo seco y Mar al agua reunida ahora en determinados lugares».

GEJ 1.158.13

Pregunto: ¿para quién les dio Dios esos nombres? Ciertamente no necesitaba hacerlo para Sí mismo. Sería demasiado ridículo atribuir a la suprema Sabiduría divina una complacencia especial porque, como si fuera un ser humano, hubiera logrado llamar Tierra a lo seco y Mar al agua separada en lugares determinados.

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GEJ 1.158.14

Pero Dios tampoco podía dar esos nombres a lo seco y al agua separada para algún otro ser, pues en aquel tiempo de la Creación no podía existir aún, fuera de Él, ningún ser capaz de comprenderlo.

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GEJ 1.158.15

Por consiguiente, esta afirmación de Moisés no puede tener un sentido material, sino únicamente uno puramente espiritual. Solo se relaciona con la antigua creación de los mundos mediante un sentido de correspondencia que actúa retrospectivamente desde lo espiritual, es decir, desde lo espiritual hacia lo material. Probablemente solo la sabiduría de un ángel pueda investigar esta relación. Pero tal como está escrita directamente, la afirmación posee únicamente un sentido espiritual y muestra cómo primero cada ser humano y también toda la humanidad son formados de tiempo en tiempo y de período en período, pasando de su condición natural originalmente necesaria hacia un estado espiritual cada vez más puro.

GEJ 1.158.16

Por consiguiente, el ser humano queda ordenado y separado incluso en su parte natural. Los conocimientos reciben su lugar: ellos son el mar del ser humano. El amor surgido de esos conocimientos es la tierra capaz de producir frutos. El mar, entendido como la totalidad de los conocimientos de la luz correcta, la rodea continuamente y le comunica nuevas fuerzas para producir con abundancia cada vez mayor toda clase de frutos nobilísimos».

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