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GEJ 1.11

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 11 de 161

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GEJ 1.11.1

Jn 2:6. Había allí seis tinajas de piedra para agua, colocadas conforme al rito judío de purificación; cada una de ellas tenía una capacidad de dos a tres medidas.

Después de que María dijo a los sirvientes: «Hagan lo que Él les diga», Yo también les indiqué que llenaran por completo de agua las seis tinajas de piedra. Estas estaban destinadas a la purificación de los judíos; sin embargo, los nazarenos y los habitantes de Caná ya no daban mucha importancia a esa práctica. Por eso, las tinajas estaban allí más como adorno que para el uso previsto y tenían una capacidad de dos a tres medidas.

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GEJ 1.11.2

Jn 2:7. Jesús les dice: «Llenen de agua las tinajas». Y las llenaron hasta el borde.

Los sirvientes lo hicieron de inmediato, aunque pensando más bien que el huésped recién llegado querría lavarse y purificarse según la antigua costumbre. El huésped entró y tomó asiento a la mesa sin haberse lavado antes las manos. Esto llamó la atención de los sirvientes, quienes se preguntaron unos a otros: «¿Por qué tuvimos que llenar de agua estas pesadas tinajas? Este huésped no la utiliza, y a nosotros nos ha causado un trabajo innecesario». Entonces les dije: «¿Por qué no preguntaron antes, si ahora murmuran por este trabajo? ¿Acaso no oyeron lo que María Me dijo: que los invitados ya no tienen vino? Aunque Mi momento todavía no ha llegado plenamente, ni conforme al orden acostumbrado ni en sentido espiritual, he manifestado la gloria de Aquel de quien dicen que es su Dios, pero a quien nunca han reconocido: he transformado el agua de las tinajas en vino, no mediante alguna clase de magia, sino únicamente por la fuerza de Dios que está en Mí».

GEJ 1.11.3

Jn 2:8. Jesús dice luego a los sirvientes: «Saquen ahora y llévenselo al encargado del banquete». Los sirvientes lo hicieron de inmediato.

«Tomen ahora una copa llena y llévensela primero al encargado del banquete, es decir, al cocinero, para que la pruebe y dé su opinión». Los sirvientes, completamente asombrados por aquella transformación del agua, llevaron de inmediato el vino al cocinero para que lo probara.

GEJ 1.11.4

Jn 2:9. Cuando el encargado del banquete probó el vino que había sido agua, no sabía de dónde procedía, aunque los sirvientes sí lo sabían, y llamó al novio.

El cocinero abrió mucho los ojos, mandó llamar de inmediato al novio y le dijo: «¡Por lo visto, todavía no conoces el orden acostumbrado!

GEJ 1.11.5

Jn 2:10. Y le dice: «Todos sirven primero el buen vino y, cuando los invitados ya están embriagados, el de menor calidad; tú, en cambio, has reservado el buen vino hasta ahora».

«¿Acaso no ofrece todo el mundo primero el buen vino a los invitados y solo después uno de menor calidad, cuando ya están algo embriagados y su paladar se ha vuelto menos sensible? ¡Tú, en cambio, haces exactamente lo contrario!»

GEJ 1.11.6

Pero el novio respondió: «¡Hablas de esto como un ciego de los colores! Mira, este vino no fue prensado en ningún lugar de la Tierra, sino que llegó de los cielos a nuestra mesa, como antiguamente el maná. Por eso, naturalmente tiene que ser mejor que cualquier vino que exista en algún lugar de la Tierra».

GEJ 1.11.7

El cocinero dijo: «¿Me tomas por tonto, o eres tú quien lo es? ¿Cómo puede llegar a tu mesa un vino procedente de los cielos? ¡Jehová mismo, o por lo menos Su siervo Moisés, tendría que estar sentado aquí a la mesa!»

GEJ 1.11.8

Pero el novio respondió: «¡Ven y compruébalo todo tú mismo!»

GEJ 1.11.9

El cocinero fue de inmediato con el novio al salón del banquete y examinó las seis tinajas, que estaban llenas de vino de la mejor calidad. Cuando se convenció del milagro, dijo: «¡Señor, perdona mis pecados! Algo así solo puede hacerlo Dios, y Dios tiene que estar aquí entre nosotros. Pues esto no le es posible a ningún ser humano».

GEJ 1.11.10

Entonces se sirvió el vino a los invitados. Cuando lo probaron, todos dijeron: «¡Un vino como este no se produce en nuestras tierras! Este es verdaderamente un vino celestial. ¡Honor a Aquel a quien Dios ha concedido semejante poder!»

GEJ 1.11.11

Después brindaron por Mí y por el huésped recién llegado, Tomás, deseándonos felicidad y bienvenida.

GEJ 1.11.12

Todos los que estaban presentes en aquella boda creyeron entonces plenamente que Yo era, sin lugar a dudas, el Mesías prometido.

GEJ 1.11.13

Pero Pedro Me dijo en secreto: «¡Señor, déjame marcharme de aquí! Tú eres Jehová mismo, tal como Tu siervo David profetizó acerca de Ti en sus salmos; pero yo soy un pobre pecador y completamente indigno de Ti».

GEJ 1.11.14

Le dije: «Si te consideras indigno de caminar a Mi lado, ¿a quién consideras digno entonces? Mira, Yo no he venido a los fuertes, dondequiera que se encuentren, sino a los débiles y enfermos. Quien está sano no necesita al médico; solo el enfermo y el débil lo necesitan. Por eso, permanece a Mi lado con plena confianza, pues hace mucho que te perdoné tus pecados; y si también pecas estando a Mi lado, igualmente te perdonaré. Porque no serás perfeccionado en tu fortaleza, sino en tu debilidad, por la cual Me has reconocido y ahora ya eres una roca en la fe; serás perfeccionado únicamente por la gracia de lo alto».

GEJ 1.11.15

Al oír esta enseñanza Mía, a Pedro se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo con gran entusiasmo: «¡Señor, aunque todos llegaran a abandonarte, yo no Te abandonaré; pues Tus santas palabras son verdad y vida!»

GEJ 1.11.16

Pedro tomó la copa y dijo: «¡Salve, Israel, y tres veces salvos nosotros! Pues somos testigos del cumplimiento de la promesa: Dios ha visitado a Su pueblo. ¡Lo que era difícil de creer se ha cumplido ahora ante nuestros ojos! Ya no tenemos que clamar desde lo profundo hacia lo alto, pues la altura de las alturas ha descendido hasta nosotros, a lo más profundo de nuestra miseria. Por eso, todo honor sea para Aquel que está entre nosotros y que, por Su poder y Su gracia, nos ha dado este vino, para que creamos en Él y desde ahora honremos en Él a Dios». Entonces Pedro bebió, todos brindaron con él y dijeron: «¡Este sí es un verdadero hombre!»

GEJ 1.11.17

Pero Yo le dije a Pedro, más bien en secreto: «No te lo ha revelado tu carne, sino el Padre que está en Mí se lo ha manifestado a tu espíritu. Sin embargo, por ahora refrena todavía tu voz; llegará un tiempo en que deberás clamar de tal manera que el mundo entero pueda oírte». Entonces volvió la calma entre los invitados. Por esta obra todos creyeron en Mí y vieron en Mí al verdadero Mesías, que había venido para liberarlos de todos sus enemigos.

GEJ 1.11.18

Jn 2:11. Esta es la primera señal que hizo Jesús; sucedió en Caná de Galilea, y Él manifestó Su gloria. Sus discípulos creyeron entonces firmemente en Él.

Esta fue también la primera señal extraordinaria que realicé ante los ojos de muchas personas al comenzar la gran obra de redención. Con esta señal mostré, aunque de manera velada, la gran obra que vendría después; pero nadie entre todos los presentes lo comprendió. Pues así como Mi ayuno en el desierto prefiguraba la persecución que padecería en Jerusalén por parte del Templo, y el bautismo por Juan prefiguraba Mi muerte en la cruz, esta boda prefiguraba Mi resurrección. La señal se convirtió así en una imagen anticipada del renacimiento del espíritu para la vida eterna.

GEJ 1.11.19

Pues así como Yo transformé el agua en vino, también lo sensorial y natural del ser humano será transformado en espíritu mediante la palabra que sale de Mi boca, si vive conforme a ella.

GEJ 1.11.20

Cada uno debe seguir también con exactitud en su corazón el consejo que María dio a los sirvientes cuando dijo: «Hagan lo que Él les diga». Entonces haré en cada uno lo mismo que hice en Caná de Galilea, es decir, una verdadera señal por medio de la cual y a partir de la cual todo el que viva conforme a Mi palabra reconocerá fácilmente en sí mismo el renacimiento del espíritu.

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