Quisiera subrayar una vez más que las predicciones siguientes se basan en la falta de fe actual y en las conductas pecaminosas de la humanidad que surgen de ella. Tanto la intensidad y la complejidad regionales como las globales de los acontecimientos apocalípticos se fundamentan en el estado espiritual de cada individuo, de cada pueblo en particular y de la población de la Tierra en su conjunto.
Como ya se ha expuesto, los autores de matanzas indiscriminadas, el fanatismo de organizaciones terroristas y grupos religiosos, las pretensiones de poder de gobiernos y corporaciones con delirios de grandeza, así como catástrofes naturales gigantescas, causarán cada vez más miseria y adversidad en todo el mundo.
Pero a Europa también le aguarda otro sufrimiento, pues en la tercera década tiene lugar aquí una última gran guerra. Sobre todo, se impondrá un destino difícil al pueblo alemán. Con los actos bélicos semejantes a una invasión llega a este país una tribulación indescriptible. Una defensa eficaz no se organiza sino hasta tarde; para entonces ya han muerto cientos de miles de personas. En las regiones densamente pobladas donde no hay combates reinan una emergencia energética y escasez de alimentos. Partes de la población huyen de los centros urbanos hacia las zonas rurales; allí se producen agresiones violentas y saqueos. El miedo y el caos reinan por todas partes.
Sin embargo, esta guerra es «solo» el preludio del acontecimiento apocalíptico propiamente dicho: un «enemigo procedente del aire», ya anunciado en profecías, sembrará el miedo y el terror en la humanidad y pondrá fin de inmediato a toda acción bélica.
En una visión vi y oí este acontecimiento formidable: estaba en Múnich, en la colina del Olimpia, y miraba hacia el oeste. De repente vi un cometa o asteroide enorme. Pasó atronando por encima de mí en la dirección de mi mirada y cortó el firmamento azul, inundado de sol. Numerosos compañeros menores chocaron contra la Tierra y provocaron incendios. Entonces fui arrebatado en el espíritu hasta una gran altura. Desde allí vi por doquier a personas que corrían presas del pánico y buscaban refugio de las ráfagas de fuego que azotaban desde lo alto. Muchas perdieron la vida; vi sufrimiento y muerte lamentables.
No vi al cometa impactar. Esto tampoco sucederá, pues, debido a su masa, probablemente destruiría la Tierra. Pero algunos de sus acompañantes sí impactarán contra la Tierra. En cualquier caso, se cumplen los efectos devastadores, demostrados científicamente, del paso extremadamente cercano de un gran cometa, así como de los impactos de cuerpos celestes menores.
Al parecer, esta catástrofe ocurre de manera sorpresiva, aunque el peligro cósmico ya tendría que haber sido divisado y observado. ¿Por qué? Quizá, debido a las acciones bélicas, no se produce una cobertura informativa (continua) y, por consiguiente, no hay una advertencia de última hora. Tal vez, debido a cálculos precipitados, no se teme ningún contacto, o el proyectil viene «directamente desde el Sol» y, por tanto, solo podrá verse tarde.
El colapso del campo magnético terrestre asociado con este suceso, que se describe con más detalle en el texto siguiente, abre la revelación judicial de las tinieblas espirituales de este tiempo.
Al igual que la descripción anterior, la siguiente tampoco es una escenificación teórica de una catástrofe como las que se nos muestran habitualmente en documentales, sino una realidad previsible.
No puedo juzgar si las exposiciones siguientes coinciden con los conocimientos científicos actuales. Tampoco puedo estimar hasta qué punto los impulsos electrónicos del campo magnético terrestre son responsables de los procesos físicos de movimiento. Asimismo, desconozco la naturaleza de la cola del cometa. La ciencia investigadora puede analizar y teorizar mejor sobre los posibles procesos físicos y químicos del acontecimiento. Por eso, me limito a los mensajes y las perspectivas recibidos: el cometa precipita a la humanidad en una catástrofe de magnitud inimaginable. Pero, ligado a ello, también habrá una inversión de los polos, un cambio geomagnético. El magnetismo terrestre ya está disminuyendo, y las anomalías electromagnéticas derivadas de ello seguirán aumentando durante los próximos años. Sin embargo, el colapso definitivo de este campo sucede en un instante debido a la violencia ejercida por el cuerpo celeste que cae. Sus enormes fuerzas hacen que el campo magnético debilitado colapse abruptamente.
En la alianza energética de ambos acontecimientos, la Tierra se tambalea. A consecuencia de su movimiento repentino contra la atmósfera inmóvil, hay tormentas extremas y turbulencias de aire. En muchos lugares se abre la corteza terrestre; volcanes entran en erupción en todo el mundo. Aldeas y ciudades quedan sepultadas por deslizamientos de tierra o destruidas por terremotos. Los mares se desbordan y engullen masas terrestres enteras. Debido a la ausencia del escudo protector, la radiación cósmica llega sin filtrar a la superficie terrestre, lo que provoca el corte global de la electricidad. Todo el transporte se detiene; los satélites y aviones que no fueron destruidos por el bombardeo del cometa se precipitan. La todopoderosa Internet queda fuera de servicio; toda comunicación se viene abajo, lo que resulta especialmente grave ante los innumerables heridos. Y, por supuesto, todas las acciones bélicas llegan a su fin.
Tan repentinamente como aparecen tras el contacto de la Tierra con el cometa y el posterior colapso magnético, los terremotos y las tormentas globales vuelven a amainar. La cola de gas y polvo del proyectil celeste, que se ha extendido imparable sobre el globo terráqueo, se une con las masas de polvo y las nubes de ceniza que brotan de los numerosos volcanes en erupción y de la corteza terrestre abierta. Muchos de los incendios que arden con furia en las regiones alcanzadas por escombros se asfixian entre el polvo y la ceniza. Unas tinieblas espectrales envuelven la Tierra.
Cada ser humano genera un campo magnético específico. Como cualquier otro magnetismo, este complejo campo energético biomagnético interactúa con el campo magnético terrestre, que de este modo ejerce una influencia directa sobre la actividad cerebral. Por consiguiente, el colapso del campo magnético terrestre provoca un cambio drástico en nuestra conciencia.
Nuestro pensamiento, que para su funcionamiento necesita impulsos electromagnéticos, está ahora expuesto a circunstancias extraordinarias. Describo este proceso tanto desde una perspectiva de este mundo como desde una del más allá; aquí se habla principalmente del estado de las personas espiritualmente muertas, pues estas constituyen la mayor parte de la población terrestre.
Perspectiva terrenal:
Como la catástrofe sorprende a la mayoría de las personas sin preparación, muchas se desesperan. No son conscientes en absoluto de lo que está sucediéndoles. Los sobrevivientes que se encuentran al aire libre vagan desorientados en las tinieblas. Su estado es sumamente deplorable; su muerte inexorable mientras inhalan el polvo asfixiante ofrece un espectáculo lamentable. Los incrédulos que están en las casas aguardan aterrados lo que habrá de venir. Según el peso de sus pecados, su estado es comparable con una depresión entre leve y grave: una condición espantosa de opresión y melancolía de la que no se puede escapar.
Desde una perspectiva espiritual:
Debido a la interrupción de los impulsos del pensamiento y de las corrientes de pensamientos, los habitantes de la Tierra son trasladados a su estado espiritual real. En sus casas (del alma) no arde ninguna vela: «solo arden las velas consagradas», dicen los profetas. La vela consagrada significa aquí la luz del corazón encendida por el amor a Dios, que brinda bendición en las tinieblas del alma. La vela no consagrada significa la luz del intelecto mundano sin Dios, que ahora es ineficaz. Uno queda entonces expuesto sin protección a sus campos energéticos contrarios a Dios.
Sin excepción, cada ser humano es confrontado con su estado espiritual real y se juzga a sí mismo dentro de él (ya sea en la falsedad y la ausencia de Dios, para la muerte, o en la fe verdadera, para la resurrección). Tiene lugar una revelación minuciosa del alma, que en realidad solo se experimenta cuando uno ha terminado su vida terrenal; pero, debido a la purificación del mundo, uno debe entrar ya en vida en su esfera del más allá. Así se consuma una verdadera separación de los espíritus y se la conduce hacia un desenlace justo.
Una explicación para comprenderlo mejor: cuando una persona incrédula o carente de amor se encuentra en una adversidad (mortal) sin salida, se produce un colapso del alma, por el cual toma conciencia de ámbitos ocultos de su alma. En este caso particular, la ausencia de los impulsos del magnetismo terrestre, temporalmente inexistente, intensifica esta revelación de la conciencia, ya que la actividad cerebral, de otro modo incesante, queda prácticamente fuera de servicio. De esta manera, la persona se encuentra en un estado semejante al de la llamada experiencia cercana a la muerte.
En las personas que entonces abandonan sus cuerpos de manera permanente, los impulsos cerebrales cesan definitivamente y son sustituidos por proyecciones del alma conforme a su ofuscación espiritual, mientras que quienes regresan a la existencia terrenal disfrutan de una conciencia purificada.
(Nota: Eckhart Tolle describe un proceso semejante cuando experimentó un nuevo nacimiento del alma en medio de la depresión más profunda. Desde entonces es un ejemplo luminoso de amor y compasión. En la Tierra renovada habrá muchas personas de su misma naturaleza; sin embargo, vivirán en la fe en el único Dios y Padre en Jesucristo).
Si la muerte no los ha alcanzado ya por las influencias y los efectos directos de los acontecimientos apocalípticos, a continuación permanecerán en sus mundos del más allá, ante todo, aquellos individuos que se hayan separado por completo de su identidad divina en el materialismo y la falta de amor; mueren incluso en la supuesta protección de sus casas y búnkeres.
Pero la misericordia de Dios también actúa aquí: a no pocos de los malintencionados, la adversidad los ayuda a alcanzar la redención. En el miedo a la muerte se enciende en sus corazones una chispa de humildad, dentro de la cual despierta el arrepentimiento por su conducta reprobable. Para ellos se abre la puerta de la gracia del corazón del Padre y les brinda una salida de la perdición espiritual. De esta manera, varios encuentran la fe verdadera y se convierten en testigos vigorosos de la vida divina (resurrección de los muertos de este mundo en el Juicio Final).
Quienes tienen corazones que permiten recibir la nueva calidad de vida están bajo el cuidado del Padre celestial durante las catástrofes y los tres días de tinieblas. Su experiencia del juicio se configura según su capacidad de amar. Los posibles temores y terrores sirven para humillar los impedimentos del alma, así como para la preparación purificadora ante la elevada naturaleza de amor y luz de la Tierra renovada, o de las regiones luminosas del más allá, pues también para algunos de ellos el tiempo terrenal ha concluido con el comienzo de la renovación. Los ángeles los acompañan de camino al hogar del más allá.
Los hijos de Dios que ya han despertado están llenos de la luz de su fe, al igual que su hogar terrenal. Durante los acontecimientos se encuentran en presencia de Jesucristo, su Padre amado por encima de todo (rapto). También algunos de ellos ponen fin a la existencia terrenal, pues su tarea ya está cumplida. Abandonan alegremente sus cuerpos y entran de inmediato en el hogar celestial.
A consecuencia del conflicto bélico, los efectos catastróficos del cometa y las consecuencias del colapso magnético, ya ha perdido la vida aproximadamente un tercio de la población de la Tierra. Como muchas más personas abandonan permanentemente sus cuerpos durante los tres días de tinieblas, la humanidad está muy diezmada.
Los sobrevivientes de todo el mundo son los primeros padres de las generaciones venideras. Aunque tienen que recorrer un camino exteriormente difícil, son en gran medida felices y están satisfechos conforme a su entrega a Dios. Los hermanos que ya están despiertos en el espíritu y han renacido son portadores del poder del amor divino; manifiestan el mundo espiritual en el material y llevan el cielo hacia la nueva era.
Separación de los espíritus en las esferas inferiores
La purificación de este planeta va acompañada de la limpieza de las esferas terrestres del más allá. También aquí penetrará la luz de Dios para garantizar una purificación total y completa. Al abrirse las tumbas de las almas, se muestra a los muertos su extravío; ahora tienen la posibilidad de convertirse.
Algunos recapacitarán horrorizados ante la naturaleza abismal que ahora les será visible; las tinieblas que ellos mismos crearon se iluminarán con los rayos del amor divino. Entonces podrán levantarse de sus tumbas en la gracia de Dios (resurrección de los muertos del más allá en el Juicio Final). Si toman la mano del Padre, se les abrirá la puerta salvadora para entrar en regiones más luminosas.
Los incorregibles se apartarán y se endurecerán todavía más en su maldad. Se refugiarán en los abismos de sus almas, donde sus pecados literalmente los devorarán. Solo después de un periodo eterno podrá producirse aquí la liberación.
La nube de las tinieblas
Para garantizar una purificación completa de todos los ámbitos de la vida, es necesaria la liberación y purificación de fuerzas naturales primarias dentro de la Tierra y sobre ella. Por eso, paralelamente a la apertura del alma de la humanidad, se produce la apertura de las puertas hacia los espíritus impuros de la naturaleza. Los espíritus malignos del aire descargan su ira en tormentas y tempestades devastadoras; los espíritus agresivos de la Tierra se manifiestan de manera correspondiente en el mundo material como gases venenosos, polvo asfixiante y ceniza que emanan de la corteza terrestre abierta en muchos lugares y de los volcanes.
Junto con la oscuridad que el cometa arrojó sobre la Tierra, forman la nube de la muerte. A ello se suman las fuerzas destructivas liberadas de las centrales nucleares dañadas. Traen la muerte a toda forma de vida que se encuentre en sus cercanías, pero no a las personas y los animales sobre los que el Padre celestial mantiene su mano protectora.
Finalmente, todas estas energías que ponen la vida en peligro son apaciguadas y purificadas por los trabajadores espirituales, y devueltas así a la Tierra; por eso, la oscuridad se disipa en el transcurso de pocas horas: este es un acontecimiento sobrenatural.
Por último, el Padre sopla su aliento sobre la Tierra. Este se lleva los depósitos venenosos que aún quedan y brinda pureza y fertilidad al nuevo mundo.
Este es, en una exposición gráfica y esclarecedora, el acontecimiento del apocalipsis del fin de los tiempos y de los tres días de tinieblas que han anunciado, de manera más o menos comprensible, los profetas y videntes de todas las épocas. Es el Juicio Final que cada ser humano lleva siempre dentro de sí como causa y efecto, y que, en realidad, solo se revela individualmente con sus características distintivas después de la muerte corporal en la esfera del más allá; sin embargo, en aquellos días se llegará a una sentencia judicial de validez general.
Otras perspectivas y explicaciones
Los procesos apocalípticos desde una perspectiva espiritual
Cada catástrofe tiene un sentido interior, o, dicho de otro modo: en los acontecimientos de la creación material, mediante la interacción recíproca del espíritu y la materia, cada proceso espiritual se convierte en la causa de una reacción material que, a su vez, produce consecuencias en el mundo del más allá. Lo mismo ocurre con el cometa. Sus efectos sobre el estado de este planeta corresponden a los procesos que tienen lugar en la conciencia del mundo, la cual también comienza a tambalearse y queda sometida a una reconfiguración profunda.
¿Quién ha sido siempre y sigue siendo un enemigo para la humanidad? La verdad. El cometa es un mensajero de la verdad. Aparecerá inesperadamente en el cielo. Con poder arranca al mundo de su sueño de muerte. Al mostrarle su verdadero estado, finalmente lo envuelve de manera visible en sus tinieblas espirituales.
A pesar del predominio de la mentira y el engaño, o precisamente a causa de él, el espíritu de la verdad ya está sacando a la luz mucha falsedad y perfidia. Mientras la incredulidad y el materialismo aumentan sin cesar, el sol espiritual brilla al mismo tiempo en la oscuridad pecaminosa del mundo y se convierte en juicio para más de un malhechor. Esta irradiación de la verdad es precursora de la revelación de la verdad; al final penetrará y pondrá al descubierto todas las falsedades y delirios: «¡He aquí, Yo vengo como ladrón en la noche!»
Este es el regreso de Cristo, que viene en las «nubes del cielo». Las nubes representan aquí las opiniones infundadas del intelecto mundano que ocultan en el ser humano el cielo, es decir, el amor divino. Desde luego, Jesucristo no descenderá flotando hasta la Tierra en forma visible. Es un regreso espiritual que ya está teniendo lugar desde hace algún tiempo, pero que solo perciben sus hijos fieles. Para el mundo sin Dios, su aparición será repentina.
El fuego desempeña un papel importante en la purificación del mundo terrenal. Durante los próximos años, la humanidad será azotada repetidamente por incendios devastadores. Al amargo final, el cometa castiga a la Tierra con dolorosos latigazos y provoca innumerables incendios.
Estos son los latigazos ardientes con los que Jesucristo purificó el templo de Jerusalén hace cerca de 2000 años: «Y Jesús entró en el templo de Dios y expulsó a todos los vendedores y compradores, volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los vendedores de palomas, y les dijo: “Está escrito: Mi casa será llamada casa de oración; ¡pero ustedes la han convertido en una cueva de asesinos!”»
El fuego exterior simboliza el fuego purificador del alma, que es encendido por la luz de la verdad. Este ardor interior es muy doloroso; yo lo he experimentado. Contemplarse en el propio extravío y la falsedad mundanos duele, duele mucho.
Entonces, todo depende de si todavía hay en el corazón una chispa de humildad que posibilite la fe en un Dios Padre, mediante la cual uno pueda escapar de la muerte espiritual. Si no hay humildad, porque el ser humano, en su vana soberbia, se ha llenado por completo de justicia propia, la verdad lo golpea de manera muy dolorosa. Por así decirlo, se abre paso con violencia a través del alma endurecida, como las brasas del fuego devoran la materia. En cambio, el alma humilde permite que la verdad entre sin resistencia y se une con ella en un amor entregado.
El campo magnético
El magnetismo terrestre es generado por el núcleo de la Tierra. Este es el corazón de este mundo. En sentido estricto, el magnetismo es la voluntad amorosa divina que vivifica y conserva todo dentro de él y a partir de él.
El corazón de la Tierra dejará de latir durante tres días; entretanto, el tiempo psicológico/subjetivo se detiene. Durante ese lapso tiene lugar una operación mundial amplia y profunda, y se elimina el «trastorno bipolar». Después, el Padre celestial hace que el corazón de la Tierra vuelva a latir; el campo magnético se reconstruye.
Entonces, la polaridad terrestre es cualitativamente pura y de gran calidad. Junto con ella, nuestra conciencia se configura de manera armoniosa, sensible y bondadosa. El ser humano está en armonía cósmica con la madre Tierra. Así, el mundo está verdaderamente renovado, tanto en su propia esfera del alma como mediante la forma de vida amorosa de cada ser humano.
Quizá algunos quieran una explicación de cómo las tinieblas desaparecen con la misma rapidez con que llegaron. En el curso natural, nuestro planeta permanecería envuelto en la oscuridad durante años, quizá décadas. La vida ya no sería posible de ese modo.
Desde una perspectiva exterior, se trata de una mezcla de polvo, ceniza, humo y vapores de azufre que emana de la Tierra y que la atmósfera captura como cola del cometa. Pero, en realidad, se trata de seres espirituales de la naturaleza que envuelven el globo en una neblina más o menos densa, hasta impenetrable, que no deja pasar la luz del sol. Al cabo de los tres días, ángeles servidores los conducirán a su destino ulterior.
Una parte servirá a la nueva Tierra como abono para un abundante crecimiento vegetal. Los espíritus obstinados y furiosos volverán a ser ligados a la materia terrestre o serán liberados en el universo, donde, atrapados por asteroides, podrán enfriar su ira en órbitas casi interminables hasta que, algún día, los proyectiles cósmicos sean conducidos hacia otro astro o sean transformados ellos mismos en un mundo habitable.
En cuanto al espíritu satánico, se le quitará todo poder y su influencia quedará completamente impedida durante un periodo determinado. La fuerza que hasta ahora seducía a los seres humanos hacia la soberbia y el egoísmo despiadado y, de ese modo, por así decirlo, incorporaba sus almas a sí misma, será extraída de la conciencia del mundo. Las excrecencias absurdas y bárbaras de la condición humana caída pertenecerán así al pasado.
Las partes egocéntricas del alma que actúan en interacción con las seducciones materiales podrán ahora, sin la insidiosa influencia satánica, manejarse con luz y amor y utilizarse de forma dirigida como instrumento para el despertar espiritual. En la atmósfera purificada, unida a una actitud espiritual correcta, podrá tener lugar un desarrollo conforme a Dios mucho más libre de cargas que durante los milenios anteriores.
Nota sobre las condiciones espirituales
Para algunos lectores, los procesos aquí descritos quizá suenen demasiado fantásticos. Muchos me considerarán un chiflado o un fanático religioso, o simplemente sonreirán con cansancio ante las exposiciones sobre el fin de los tiempos. Cuando uno todavía no ha despertado espiritualmente —y esto no se dice de manera despectiva— y no ve con claridad las relaciones entre el mundo de este lado y el del más allá, semejante reacción es comprensible.
Las improntas de las ciencias naturales no admiten ningún tipo de mundo de los espíritus que nos rodee y que constituya las fuerzas propiamente dichas dentro de las formas de manifestación y detrás de ellas. Y que el cometa no se dirija a la Tierra por casualidad, sino que actúe como instrumento necesario para una purificación global, es absolutamente inconcebible para el intelecto condicionado.
Dar crédito a la realidad espiritual, o incluso poder contemplarla uno mismo, exige desprenderse radicalmente de las tesis y teorías formativas y todopoderosas de una sociedad y una ciencia sin Dios que, en su ceguera, afirman ver.
Solo en el reconocimiento libre de que existe con sentido únicamente en la voluntad amorosa de Dios, el ser humano se encuentra en aquella conciencia dentro de la cual, y a partir de la cual, se le hace visible la realidad que hay detrás del mundo de las apariencias. Semejante entrega exige humildad. No se trata aquí de una humildad servil. Presentarse ante nuestro Padre celestial con una humildad natural e infantil, con franqueza y sinceridad, consciente de la propia insuficiencia y pecaminosidad, y experimentar así su afecto íntimo y su amor incondicional es un regalo maravilloso que revela una libertad y una alegría nunca antes conocidas.
Jurisdicción
La libre voluntad es el mandamiento supremo de esta creación. Entonces quizá uno se pregunte: «¿No es el juicio de Dios una intervención en nuestra libertad y provoca así la pérdida de la libre voluntad? ¡Dios ejerce coacción sobre la humanidad de las formas más diversas!».
No, no es así. Si Dios se ha sometido a un mandamiento, es al de respetar la libre decisión de voluntad de sus criaturas. Un juicio individual o general no es otra cosa que el resultado de una conducta errada. La causa y el efecto son leyes del orden cósmico que existen en cada plano de la existencia. Las enfermedades, las desgracias, las catástrofes naturales y las guerras son acontecimientos provocados por la propia humanidad, dentro de los cuales y por medio de los cuales se juzga a sí misma por voluntad propia.
Solo en esta fase especial debe intervenir el Padre, pues el abandono de la fe ha adquirido tal predominio que, por una parte, se ha perdido por completo el llamado divino de los seres humanos y, por otra, la locura terrenal ha alcanzado dimensiones tales que la población de la Tierra amenaza con destruirse a sí misma y a su planeta mediante la guerra, la contaminación ambiental y la exposición a la radiación. Es, por así decirlo, un rescate del hundimiento en el último minuto. Como las herramientas para ello son de naturaleza elemental, pues el cometa y la inversión de los polos son fuerzas de los elementos, no se ejerce ninguna coacción sobre el pensamiento ni la voluntad. Por consiguiente, la fe permanece libre.
En cuanto a la separación judicial de los espíritus, un juicio comprende la exposición de una forma de vida absurda o malintencionada, en la que quienes han errado tienen la posibilidad de tomar conciencia de su conducta errada. La sentencia constituye la piedra angular de un nuevo edificio individual o colectivo de conciencia, que puede erigirse y conservarse si existe buena voluntad.
Aunque la revelación general del alma con el propósito de separar los espíritus está sujeta a una jurisdicción divina, la libre voluntad no queda anulada por ello, pues, a pesar de reconocer su culpa, el ser humano puede seguir queriendo y actuando de manera independiente en su esfera. A la luz de la verdad puede pedir al Padre la redención o seguir engañándose a sí mismo mediante la presunción, la rebeldía y la soberbia, endureciendo así aún más su alma y adaptándose, por consiguiente, a la forma de muerte de Satanás. Siempre es el propio ser humano quien determina su destino conforme a su voluntad y sus actos. La causalidad condiciona su existencia tanto en este mundo como en el más allá.
Palabras que llaman a despertar acerca del juicio mundial, por Vassula Ryden, una profetisa del fin de los tiempos:
El Padre: «Cuando llegue la hora de la oscuridad, les dejaré ver su interior. Volveré sus almas de dentro hacia fuera. Y cuando vean cuán negra como el carbón es su alma, no solo experimentarán una aflicción como nunca antes, sino que se golpearán el pecho con tormento y dirán que sus propias tinieblas son mucho peores que las tinieblas que los rodean».
Vassula: «Este mensaje trata del día de la advertencia, cuando cada ser humano recibirá una revelación plena de su alma para ver, con los ojos de Dios, su pecaminosidad y su miseria. Tomaremos conciencia de nuestros pecados; será como un fuego inmaterial que arde en nuestra conciencia. A su luz, el ser humano se juzga a sí mismo. Algunas personas ya han sido visitadas de este modo por el Señor y han atravesado este fuego inmaterial que lleva al alma al arrepentimiento y a la conversión. Este acto de misericordia, pues es un acto de misericordia, nos mostrará nuestra alma a su luz».
Quisiera añadir aquí que el miedo a los acontecimientos venideros no puede ni debe ser el motivo para volverse hacia Dios. El temor de Dios tiene su razón de ser en el sendero cristiano, pero solo ocupa un lugar superficial y surge del conocimiento de la omnipotencia irrestricta de la Divinidad. Sin embargo, el hijo de Dios que ha despertado sabe que, en el amor confiado a Jesucristo, el temor de Dios requerido es la puerta de entrada hacia un amor al Padre aún más íntimo. En el corazón de Jesús, todo se convierte en amor. El corazón de Jesús, amor indecible… amor indecible.
Tampoco es tan importante el cuándo y el cómo exactos de los acontecimientos del fin de los tiempos. Uno debería mantener ante sus ojos y ante su corazón el porqué. En la confianza correcta se abre la puerta que brinda al Padre la posibilidad de preservar a su hijo durante las tormentas de la transformación y la liberación. Precisamente el amor es lo que nos coloca bajo su protección: el amor infantil, sin segundas intenciones, libre de temor, es la llave del lugar del amparo.
(Nota: como ya se mencionó, también los anunciadores de la Palabra de Dios y los profetas están sujetos a distintas improntas religiosas y cosmovisiones. Pese a ello, el Padre los utiliza como instrumentos, aun cuando los mensajes lleven el sello de una confesión o un condicionamiento espiritual. Para un llamado o una misión divina especial, lo único que cuenta es la naturaleza del corazón. En este sentido deben leerse los mensajes, y no con el intelecto crítico adherido a la superficie de las palabras. Solo el corazón mira debajo de la vestidura de las palabras y revela la verdad del amor en toda revelación divina).
Para concluir, una visión espiritual
Veo el teatro en el que la obra de la falsedad y la muerte se representa desde hace milenios: la humanidad cegada celebra y aplaude los engaños y las representaciones de Satanás, que venden el placer y el goce corporal, el dinero y el poder como contenidos de la vida y anclan así profundamente en las almas la mentira de la materia. Algunas personas que han despertado intentan instruir al público que vitorea, pero son objeto de burla y expulsadas del teatro.
Después del último acto cae el telón: el teatro cierra. Pero los espectadores y actores no quieren abandonar sus lugares habituales. Sin embargo, poco después el edificio es demolido. El personal y los seguidores huyen impotentes; pero ¿adónde? Solo conocen la función teatral y ahora carecen por completo de orientación y de recursos. Como no tienen vida propia, quedan petrificados en los desiertos de sus almas, carentes de luz y amor. Allí hace frío y todo está desolado. Vagan sin alimento y ahora reconocen que les mintieron y los engañaron. Pero es demasiado tarde. Sus corazones petrificados no permiten ninguna salvación.
A lo lejos ven a los hijos de Dios, de quienes antes se burlaron y a quienes persiguieron, y que ahora habitan con el Padre celestial. En otro tiempo, estos tuvieron que trabajar duramente en sí mismos y luchar en el mundo para permanecer fieles a su fe y sobrevivir espiritualmente. También hay entre ellos algunas personas adineradas y que antes fueron poderosas en el mundo. Administraron correctamente sus riquezas y no utilizaron su alta posición para fines propios. Sabían que debían su posición a Dios y, por eso, actuaron siempre conforme a su voluntad.
¡Despierta! ¡Abandona ahora este teatro muerto! El corazón de Jesús está abierto de par en par; infinito es su amor.
Errores
Así habla el Señor, Dios todopoderoso:
«Presten atención: Yo saco al pueblo de Israel de entre las naciones a las que tuvieron que ir y lo traigo de regreso desde todas partes a su patria. Allí, en las montañas de Israel, hago de ellos un solo pueblo bajo un solo rey. Ya no serán dos pueblos separados ni dos reinos separados. Ya no se contaminarán con su idolatría ni con sus actos abominables.
Yo los libero de su culpa y los purifico de nuevo; Yo los hago regresar de sus caminos errados. Ellos serán Mi pueblo y Yo seré su Dios, y el descendiente de David que se asemeja a Mi siervo David será su rey.
Todos ellos tendrán un pastor. Vivirán según Mis instrucciones y obedecerán Mis mandamientos. Volverán a vivir en la tierra que Yo di a Mi siervo Jacob y en la que vivieron sus antepasados; vivirán allí para siempre, ellos, sus hijos, sus nietos y todas las generaciones venideras. Por todo el futuro, un príncipe que se asemeja a Mi siervo David gobernará sobre ellos.
Yo celebro con ellos un pacto para todos los tiempos y les garantizo felicidad y paz. Se multiplicarán y se convertirán en un gran pueblo. Mi santuario estará para siempre en medio de ellos; Yo quiero habitar entre ellos y ser su Dios, y ellos serán Mi pueblo. Cuando las naciones vean que Mi santuario está para siempre en medio de ellos, reconocerán que Yo soy el Señor, que ha elegido a Israel como su pueblo santo».
Este texto bíblico suele interpretarse de manera errónea y referirse al pueblo judío del Estado de Israel. Pero este no tiene nada en común con el pueblo elegido de Dios. Dios habla aquí del pueblo celestial de Israel. Con ello se refiere a sus hijos del corazón, en el sentido de la fidelidad y el seguimiento verdaderos, que viven dispersos por toda la Tierra, y no a los judíos que habitan el territorio geográfico de Israel. Ellos esperarán en vano a su salvador mesiánico.
El Padre celestial elegirá únicamente a los hijos que actúan en su amor y los llenará de su Espíritu. Los reunirá en las montañas sagradas de la fe correcta y justa. Los conducirá a su verdadero hogar, a su tierra natal, que es su corazón en Jesucristo.
Otro error consiste en que muchos miembros de la Iglesia católica romana creen que esta volverá a levantarse después del «Juicio Final» con un papa elegido por Dios y que constituirá la Iglesia del futuro. Esto es puro pensamiento ilusorio de los miembros de esta organización y se basa principalmente en profecías de almas de impronta católica del milenio pasado. En esta presunción, se encuentra al mismo nivel que todas las sectas que se consideran las únicas salvadas y las salvadoras de la humanidad.
La nueva Iglesia es el corazón de cada ser humano y, en sentido estricto, el corazón de Dios. Las confesiones católica, evangélica y ortodoxa, o cualquier otra confesión más o menos ciega, no tienen cabida aquí.
Es cierto que se volverán a utilizar las iglesias que no hayan sido destruidas y que también se erigirán nuevos lugares consagrados donde se orará y se leerán revelaciones divinas, y tal vez se desee un líder terrenal para la nueva Iglesia de Cristo. Pero la Palabra y el corazón de Dios pertenecen únicamente a quienes aman a Jesucristo por encima de todo.
A continuación, una aclaración de los procesos del fin de los tiempos. En las interpretaciones de las profecías existentes, a menudo se los mezcla indiscriminadamente o se los interpreta de manera incorrecta.
La actividad egoísta y entregada a la materia de la humanidad, acompañada de catástrofes naturales, epidemias, atentados, disturbios políticos y guerras menores, precede a la renovación de la Tierra. El mundo se encuentra ahora en este escenario. Después viene lo que comúnmente se denomina Juicio Final o apocalipsis, que comprende una gran guerra, el cometa, la inversión de los polos y tres días de tinieblas. A continuación comienza el reino de la paz y el amor.
Después de los acontecimientos apocalípticos no habrá condiciones anárquicas con bandas que saquean y asesinan. No habrá una aparición personal del Anticristo que seduzca al mundo; tampoco habrá una 4.ª guerra mundial ni una nueva purificación de la Tierra después de siete años con el rapto de los hijos de Dios. Estas interpretaciones se basan en predicciones modernas, en parte ambiguas o falsas, así como en una interpretación tergiversada de la revelación bíblica.
Cuando Dios barre, al principio todo queda completamente limpio. Es cierto que puede haber una nueva purificación global, pero solo si Satanás, después de ser liberado al final de los 1000 años de paz, no recapacita sobre su origen ni se entrega con humildad a la voluntad divina. Si continúa intentando destruir por todos los medios el camino del amor y la verdad, se producirá una reconfiguración definitiva del mundo terrenal mediante el fuego, durante la cual habrá un rapto corporal de los creyentes. Después, la Tierra será transformada en un paraíso. Satanás será puesto en destierro eterno y ya no tendrá acceso a los corazones de los seres humanos.
Epílogo
Las profecías muestran las consecuencias derivadas del estado de conciencia presente, en un momento dado, en una persona, un grupo, un país o la Tierra en su conjunto. Las predicciones dependen del desarrollo de la persona en cuestión o del respectivo grupo destinatario. La base para ello es la libre voluntad. Por tanto, un acontecimiento profetizado determinado puede intensificarse, mitigarse o incluso evitarse. En este sentido, las predicciones no están fijadas ni en cuanto al momento en que aparecerán ni en su configuración y efecto.
En caso de que se produjera una reflexión global, la transición hacia una nueva era podría y, de hecho, habría de configurarse de manera menos violenta o incluso indolora. Habría una fusión gradual, pero firme y amplia, de la verdad y la vitalidad del Espíritu de Dios con la política, la ciencia, la tecnología, la industria y la economía existentes. ¿Sigue siendo esto posible con el desarrollo actual?
Sin duda hay personas y asociaciones de buenas intenciones que luchan sin violencia por un mundo mejor. No son los pregoneros ni los sabelotodo, los retóricos ni quienes adornan la realidad con palabras. Son quienes defienden el bien y la verdad en su entorno vital y su ámbito de acción, quienes hacen sacrificios diarios por el amor, casi siempre sin que el mundo cegado los reconozca.
Y están los niños y jóvenes de la nueva era, enviados a la Tierra desde los mundos de luz para, quizá, iniciar todavía una transformación suave en esta época inescrupulosa y vil. Dotados de múltiples talentos, revelan una actitud espiritual más allá del enriquecimiento material y de una forma de pensar regida por el intelecto. Llaman a la conversión y denuncian la estupidez, la ignorancia y la codicia de dinero y poder de diversos gobiernos y corporaciones económicas.
Son el rayo de esperanza en el horizonte cósmico, donde se tocan el espíritu de la época y el espíritu de la eternidad. Pero ¿pueden detener la avalancha mortífera de tiranía y falsedad? El fundamento satánico, compuesto de soberbia, ansia de dominio, mentira y engaño, ha gobernado hasta ahora todos los acontecimientos mundanos y mantiene todo esfuerzo bondadoso en una pequeñez controlada o vuelve a anularlo.
Cada una y cada uno, cada pueblo y la humanidad en su conjunto tienen siempre la libertad de elegir entre el bien y el mal, entre el amor al prójimo y el amor a sí mismos, entre el amor a Dios y la vida eterna, o el amor pasajero al mundo y la muerte contenida en él.
El Padre emplea todos los medios a su disposición para evitar un gran sufrimiento en la Tierra. Envía regularmente mensajeros para instruir al mundo acerca de su obrar errado y mantener ante sus ojos su verdad existencial. También las revelaciones de este libro son llamados de advertencia desde la luz hacia la oscuridad. Por encargo de Dios y en colaboración con el mundo espiritual, he consignado, según mi leal saber y entender, las razones y los trasfondos, así como los procesos y secuencias necesarios para la purificación y reorientación de la Tierra y de su población.
Adición de esta nueva edición:
Visto desde una perspectiva terrenal, el «coronavirus» es una catástrofe global; desde una perspectiva espiritual, este virus es un mensajero de Dios enviado tanto a cada individuo como a la humanidad en su conjunto para que recapaciten en este tiempo sin Dios y sin amor. Al mismo tiempo, es un instrumento para la separación de los espíritus: las personas de buena voluntad y veraces son llenadas ahora con mayor intensidad por el Espíritu de Jesús; sus almas experimentan una conciencia ampliada del amor. A las personas malintencionadas, este virus les sirve para intensificar el ejercicio de su poder; se vuelven aún más despiadadas, sin conciencia y sin escrúpulos. Esto significa que, en el futuro, las personas de buen corazón estarán cada vez más expuestas a elementos malignos. Pero, al mismo tiempo, esta circunstancia ofrece a los hijos del amor la posibilidad de un rápido nacimiento interior en el espíritu.