Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, alguno de ustedes se preguntará por qué hablo una y otra vez, y cada vez con mayor frecuencia, de la confrontación entre la luz y las tinieblas. Quizá se pregunte por qué es tan importante conocerla. ¿No basta con vivir el amor?
No cabe duda de que lo más deseable es orientar la propia vida de modo que en su centro esté el esfuerzo sincero por practicar el amor a Dios y al prójimo. Naturalmente, las potencias de las tinieblas también lo saben. Por eso, desde el principio se propusieron comenzar cuanto antes sus intentos de perturbación en cada persona y, en el caso ideal para ellas, impedir así de antemano que se acercara a Mí.
A muchos de Mis hijos humanos les resulta difícil comprender que fuerzas satánicas invisibles actúen sin cesar en su mundo, así como en la vida y la cotidianidad de cada persona. Cuando siquiera consideran esta posibilidad, la asocian con ideas muy abstractas e inmaduras. Mientras tanto, en el trasfondo, el «diablo se frota las manos» al ver cómo germinó su semilla y qué frutos produjo y sigue produciendo.
Quien conoce la caída, la caída de los ángeles, también sabe que la lucha que las tinieblas libran contra la luz continúa —en este momento, con mayor intensidad que nunca—. ¿Pueden imaginar que detrás de ella existe una planificación? ¿Un proceder sumamente refinado? ¿Y que la confrontación no se desarrolla como el choque de dos ejércitos enfrentados? Pueden aprender a descubrir un poco la estrategia de las fuerzas contrarias si reflexionan acerca de qué medida tendría que adoptarse necesariamente para dificultar o imposibilitar el desarrollo anímico de los seres humanos, y qué habría que hacer para rodear Mi sencilla enseñanza del amor de muchas preguntas difíciles de responder.
¿No resulta evidente que había que fomentar a toda costa la ignorancia de los seres humanos para hacer que Mis hijos siguieran como «ovejas ciegas» una enseñanza falsificada? ¿Que había que inducirlos a considerar importantes toda clase de exterioridades, hacer que muchos vivieran una fe aferrada a la letra y responder a sus preguntas legítimas señalando «que no es posible penetrar en los misterios de Dios»?
La ignorancia extendida por todo el mundo, combinada con numerosas doctrinas erróneas, ha provocado que los seres humanos no encuentren respuestas satisfactorias. Incluso quienes Me aman y Me siguen caen una y otra vez en el error de contemplar todos los acontecimientos con sus sentidos externos y tratar de clasificarlos mediante su entendimiento. Esto nunca puede conducir al reconocimiento ni al hallazgo de la verdad; tampoco, por consiguiente, a una base anímica estable y duradera como fundamento de decisiones tomadas Conmigo y en Mi Espíritu.
La ignorancia es uno de los mayores males. En muchos casos conduce a poner en práctica Mi mandamiento del amor apenas con tibieza. Constituye uno de los frenos más eficaces para vivir en la cotidianidad el amor desinteresado e incondicional, pues muchos no ven sentido en sus esfuerzos porque, al parecer, estos no producen los frutos esperados o solo remiten a alguna clase de bienaventuranza futura en la que difícilmente pueden creer.
Las consecuencias son miedo e inseguridad, dudas y una alegría que disminuye cada vez más; pero, sobre todo, una confianza menguante en Mí y en Mi guía sin errores. El instrumento de la «ignorancia» ha demostrado ser sumamente eficaz…
Ya les he indicado un antídoto eficaz en cuya aplicación los apoyo en todo momento. Nunca se insistirá lo suficiente en el maravilloso efecto que despliega en su interior. Porque, si no solo lo conocen, sino que lo practican —en lo posible ante muchas o todas las cosas que les suceden—, adquirirán una perspectiva diferente. «Una perspectiva diferente» significa al mismo tiempo lo siguiente:
Se liberan de una manera de contemplar y de unas ideas que con demasiada frecuencia se dirigen únicamente hacia lo exterior: hacia lo que ocurre ante sus ojos; hacia lo que aparentemente sucede sin motivo o por casualidad; hacia lo que el bando contrario escenifica y contiene muchas mentiras; hacia aquello que ustedes reciben erróneamente como verdad y realidad, pero que en realidad solo constituye el reflejo de lo que sucede en el ámbito espiritual. Porque allí se encuentran las causas y, por eso, allí se encuentran también las soluciones y las respuestas.
El medio con el que pueden liberarse de las ataduras y presiones de tener que verlo, evaluarlo y clasificarlo inmediatamente todo con los ojos externos —con la consiguiente influencia y manipulación— se llama:
¡Acostúmbrense a contemplarlo todo desde una perspectiva espiritual!
Si practican esto, cada vez lograrán mejor no tener que quedarse mirando como «el conejo ante la serpiente». Entonces comenzarán a reconocer lo que verdaderamente se juega en este mundo. Comprenderán cada vez más profundamente que Mi ley de causa y efecto rige todos los acontecimientos de Mi creación, lo cual incluye, naturalmente, la Tierra y a los seres humanos.
También será una ayuda igualmente grande en todo aquello que les suceda personalmente en la vida. Entonces no se limitarán a registrar los hechos —si es que lo hacen—, sino que verán las relaciones y comprenderán por qué esto o aquello sucedió como sucedió; por qué tuvo que suceder así, porque Mi ley entró en acción. Después quedará en manos de su libre albedrío decidir cómo actuar: si pasan por alto el acontecimiento o ven en él la oportunidad de conocerse a sí mismos que les ofrece la energía del día.
La ignorancia provocada deliberadamente arrastra consigo muchas cosas que los perjudican, los enferman anímica y físicamente y los mantienen estancados. Cuando es sustituida por conocimiento o, mucho mejor aún, por sabiduría, pierde su fuerza y ya no puede utilizarse para seducir a Mis hijos humanos. Quien ha aprendido a ver las cosas desde una perspectiva espiritual se vuelve cada vez más libre y burla a las tinieblas. Estas tienen que dejarlo marchar porque se ha convertido en alguien que sabe y ve con claridad; alguien cuyo miedo Yo he sustituido por confianza, cuyo abatimiento he sustituido por alegría y cuya falta de impulso he sustituido por un avance decidido.
Sin embargo, debo añadir una pequeña nota amarga a Mis palabras alentadoras y llenas de ánimo: no basta con creer que la ignorancia se transforma en conocimiento únicamente por contemplar espiritualmente las circunstancias. En la mente de Mis hijos ya existe conocimiento más que suficiente, e incluso demasiado en la de quienes no utilizan su entendimiento como la mano derecha de su corazón. Si ese conocimiento fuera la llave para reconocer, todos aquellos cuyos cerebros están llenos de él tendrían que poder comprenderse a sí mismos, comprender a sus semejantes y descubrir el trasfondo de los acontecimientos mundiales. Pero no es así, Mis amados; muy pocos reconocen el caos que reina en su mundo, y muchos menos aún a quienes mueven los hilos detrás de él.
Por eso repito algo que algunos de ustedes no escuchan por primera vez:
El conocimiento debe convertirse gradualmente en sabiduría, en conocimiento del corazón, y esto sucede exclusivamente mediante el amor vivido.
¿Qué significa entonces «desde una perspectiva espiritual»? Significa reconocer, ante todo y como principio, que jamás sucede algo de manera arbitraria o casual —es decir, sin que exista una causa—, ni en lo grande ni en lo pequeño, ni en el mundo ni en tu vida. Una perspectiva espiritual reconoce cualquier acontecimiento como expresión de causas subyacentes y, al mismo tiempo, como una posibilidad de reaccionar correctamente ante él. De este modo, todos los procesos que tienen lugar en la materia se presentan como efecto de algo que sucedió anteriormente.
Por tanto, no les sirve limitarse a mirar la superficie y quizá incluso negarse a aceptar algo distinto de lo que se ve y se oye. Porque entonces siempre corren el peligro de extraer conclusiones equivocadas de aquello que creen haber reconocido. O esto los lleva a reaccionar de manera incorrecta, es decir, a actuar desde lo meramente humano, desde su ego. En muchas situaciones se comportan entonces como desea el bando contrario:
Surgen en ustedes miedos, frustración, dudas, represión, incredulidad y otras cosas. En todos estos casos y otros semejantes dejan de ser dueños de sus propias decisiones.
Porque con el conocimiento correspondiente, combinado con un poco de valentía y unidos a Mí, muchas veces habrían decidido de otra manera. La fuerza interior —Mi fuerza— habría estado o está entonces presente en medida suficiente, porque ya recorrieron un tramo tomados de Mi mano. Si sienten que todavía les falta algo en este aspecto, pueden pedirme que los haga fuertes y cada vez más fuertes.
El solo reconocimiento de que Yo no cometo errores los transformará interiormente, porque entonces crecerán cada vez más en una confianza cada vez mayor. Esto, a su vez, tendrá efectos sobre la estabilidad de su alma y también sobre su salud física. La seguridad con la que aprenden a aceptar los acontecimientos crecerá sin cesar, porque comprenderán que nada sucede fuera de Mi voluntad. La esperanza, que al comienzo de su camino hacia Mí fue un apoyo importante, se transforma mediante la experiencia y se convierte en certeza.
Como ignorantes, en cambio, muchas veces se convierten en juguetes de fuerzas satánicas que llenan sus pensamientos de temor y falta de confianza. Como puerta de entrada utilizan una unión Conmigo que todavía no es tan estrecha ni estable de manera permanente como ustedes desean desde hace eternidades en lo profundo de su alma.
Contemplar algo con los ojos espirituales significa, por tanto, penetrar en lo profundo y no dejarse seducir precipitadamente por los acontecimientos que se desarrollan en el escenario de su «realidad» hasta adoptar opiniones y reacciones equivocadas. Para comprenderlo mejor, tomen como ejemplo el concepto de «lo pasajero».
Para la mayoría de ustedes, lo pasajero lleva consigo algo negativo, algo que preferirían evitar permanentemente —si pudieran— o de lo que ni siquiera se ocupan porque pensar en ello les provoca miedo de manera inconsciente. Por eso reprimen todo lo relacionado con el tema. Sin embargo, en algún rincón de su pensamiento también saben inconscientemente que esa no es una solución. Porque lo reprimido actúa con tanta mayor intensidad en su escondite y, tarde o temprano, irrumpirá en la conciencia para manifestarse allí con mayor fuerza.
Nada en Mi creación puede desaparecer para siempre. En el fondo, todo es energía, y la energía no puede destruirse, aunque sí transformarse. Esto también se aplica a la materia, a todo lo materialmente denso y, por tanto, al ser humano. También se aplica a ti, a ti y a ti. Esto significa que existirás por toda la eternidad y en ella, no en tu forma material, sino como ser espiritual. Esta clase de existencia —que constituye la vida verdadera creada por Mí— es tantas veces más grande, hermosa y plena que no disponen de palabras para describirla.
Si observan la naturaleza, reconocerán que lo pasajero significa que lo antiguo ha cumplido su tarea y ahora deja lugar a lo nuevo. Este proceso continuará mientras exista la materia, que finalmente será reconducida como energía.
Eso es evolución. Toda Mi creación es evolución y se expandirá por toda la eternidad porque para Mí no existen el espacio ni el tiempo. Ustedes llaman transitoriedad a este proceso necesario y constante de transformación, que forma parte del regreso, y de ese modo —sobre todo cuando lo cargan de temor— han caído en una trampa de las tinieblas. Se han quedado en la superficie, aunque como Jesús de Nazaret enseñé algo diferente. En esos casos se han convertido en víctimas de la ignorancia; podrían haberlo sabido mejor.
Este ejemplo muestra también otro aspecto que se pasa por alto con tanta frecuencia. Ustedes ya lo sabían; por tanto, tendrían que haberlo sabido, pues conocen Mis palabras al respecto por sus Escrituras y por muchas revelaciones. Pero no estaban presentes en su interior. Las leyeron, hablaron acerca de ellas y quizá pueden relatar las experiencias de otras personas que vivieron situaciones cercanas a la muerte; sin embargo, poco o nada de ello se convirtió en parte de su pensamiento y de su vida. Su reacción automática se asemeja entonces a la de alguien que prefiere no afrontar el asunto porque le resulta desagradable y le causa temor.
Respóndanse ustedes mismos, Mis hijos e hijas, si al descubrir en sí mismos semejante conducta se han quedado en la superficie o si, con una mirada más profunda, ya pueden aplicar aquello que está arraigado en su interior como una convicción firme como una roca e indiscutible. Si sucede esto último, estarán completa o ampliamente libres de miedos, dudas, inseguridades y muchas otras cosas.
Mediante otro ejemplo quiero mostrarles la necesidad de observar desde una perspectiva espiritual. Se refiere a la situación actual de su país y de su Tierra, pero también al desarrollo de su planeta en general.
En este momento oyen y leen muchas cosas destinadas a causarles miedo. Entre ellas se encuentran advertencias, amenazas, especulaciones, predicciones negativas e informes sobre desgracias y catástrofes, envueltos en noticias que pueden ser verdaderas o no, porque muchas veces se utilizan para manipular. Los inundan con todo ello, de modo que a quien no está atento y no se distancia interiormente de la gran cantidad de información difundida deliberadamente por todo el mundo le resulta difícil permanecer en su interior. ¿Es esto casualidad? Ustedes saben que no existe. ¿Se limitan a tomar nota, muchas veces con una sensación desagradable y temerosa, pero por lo demás procurando no pensar en ello?
No es la primera vez que les digo que el miedo es uno de los instrumentos preferidos y utilizado con éxito por quienes tienen intenciones deshonestas. Si pudieran contemplar su planeta desde el espacio con ojos que ya hubieran aprendido a ver también lo sutil, se asustarían: alrededor de la Tierra se han formado nubes energéticas de miedo cada vez más densas y extensas, que entretanto dificultan a muchas personas seguir pensando con claridad.
Yo les enseño la lógica del corazón, y quien ya la ha practicado un poco sabe que no puede haber nada mejor ni más importante que educar sus propias sensaciones y pensamientos para llegar a ser libre y permanecer libre. A la lógica del corazón pertenece también intentar una y otra vez dirigir la mirada detrás de las cosas. «Detrás de las cosas» significa ocuparse de las leyes espirituales. Ellas les revelan lo que realmente sucede en su mundo. Pueden ayudarlos a despejar muchas miradas nubladas. Les muestran el camino que conduce de la ignorancia al conocimiento, de la manipulación al reconocimiento y de la limitación de la conciencia a la claridad.
Sin embargo, esto es precisamente lo último que pueden permitir las potencias de las tinieblas que dominan su planeta y a muchos de sus representantes políticos. Hacen todo lo posible por mantener sus sentidos aferrados a lo superficial. Esto les resulta mucho más fácil porque han conseguido atemorizarlos y, al mismo tiempo, distraerlos de múltiples maneras mediante una oferta de entretenimientos triviales.
Por eso, siempre que reciban noticias que los inquieten, los hagan dudar o les provoquen una «sensación desagradable», aplíquenles la medida de Mis leyes divinas, en primer lugar la ley de causa y efecto. Su otra denominación, «ley de la siembra y la cosecha», ya lo expresa prácticamente todo. No es casualidad que lleve una existencia relegada a la sombra, también y especialmente en sus iglesias. Cuando se la interpreta, se hace mirando hacia el futuro, hacia un acontecimiento venidero, hacia aquello que espera al ser humano después de su «muerte».
Ni siquiera se considera que pueda existir un karma creado por una gran parte de la humanidad en su conjunto y del cual, por consiguiente, no es responsable una sola persona. La opinión general es esta: si ha pasado el tiempo y no se manifestaron inmediatamente consecuencias negativas, ya no existe. En todo caso, ha desaparecido de la conciencia de los seres humanos, para gran alegría de las fuerzas oscuras.
Pero se les oculta o no se les explica en qué consiste la siembra del pasado, cómo puede llegar a convertirse en cosecha en el presente y cómo su enorme fuerza explosiva ha hecho rebosar el barril: «… porque el ser humano no puede penetrar en los misterios de Dios».
Por numerosas revelaciones saben que la energía negativa, surgida e introducida en el mundo mediante acciones contrarias a la ley, no desaparece por sí sola en la nada. Todo aquello que todavía no se transformó en energías superiores mediante el amor —que incluye el arrepentimiento, la reparación o el pago compensatorio— aún espera ser «redimido». Mientras este proceso no haya comenzado o concluido, todo lo negativo, malo o contrario a la ley sigue existiendo y actuando sobre ustedes. No importa si semejante acontecimiento ocurrió hace poco o se remonta a eones.
Mi paciencia tiene una duración infinitamente larga. Pero esto no significa que, bajo determinadas circunstancias, la aguja del reloj no llegue algún día a pasar de las doce. Soy paciente, entre otras razones, porque de ese modo doy a los causantes la oportunidad de reconocer y arrepentirse antes de que entren en vigor los efectos de sus actos.
Por tanto, aquello que ahora se dispone a hacerse visible como cosecha tiene su origen, su siembra, en el pasado. Observen, hasta donde les permita remontarse su historia, las guerras, la esclavitud, la opresión, los encubrimientos, la explotación de pueblos menos desarrollados, la tergiversación de Mi enseñanza del amor, la persecución de quienes Me eran fieles y muchísimas cosas más. Así obtendrán una «vaga idea» de lo que la humanidad ha anotado en el lado del haber a lo largo de su historia.
A esto se añade, como agravante, que no fue aceptada la mano que tendí por medio de Jesucristo y que habría podido eliminar gran parte de la culpa. Al contrario: se pecó y se sigue pecando en igual o mayor medida que antes. El lado del debe muestra un déficit grave.
Muchas de las almas causantes están encarnadas nuevamente en este tiempo, bien para continuar su obra diabólica o bien para expiar mediante el pago de lo pendiente. Así puede encontrarse sin dificultad una explicación de lo que sucede ahora. Por tanto, no ocurre por casualidad ni constituye un castigo de Mi parte: es la entrada en vigor de Mi ley, que de este modo comienza a restablecer el orden.
Para quienes Me conocen y conocen el trasfondo de los acontecimientos mundiales, esto no es motivo para abandonar la fe ni dudar de Mí. Sin embargo, tampoco será fácil para quienes Me son fieles. Aun así, existe una diferencia entre mirar únicamente la superficie de los acontecimientos y vivir con el conocimiento de que todo se desarrolla sin errores conforme a Mi ley.
A quien reconoce que Mi ley actúa sin errores se le abre otra reflexión. Esta puede convertirse en un bastón de caminante en su camino hacia Mí, con el cual superará incluso los mayores obstáculos. Porque de la convicción de que Yo lo tengo todo bajo control —aunque a los ojos de muchos parezca completamente distinto porque no conocen Mi sabiduría— solo puede desprenderse una conclusión:
¡Entonces también debe ser bueno y correcto todo lo que sucede en el mundo y en su vida! ¡Esta es una palabra poderosa! ¡Es una verdad inalterable! Porque del reconocimiento de que no existen errores se desprende automáticamente que aquello que produce Mi amor debe ser bueno, edificante y portador de ayuda. No pueden aceptar una cosa y rechazar su consecuencia porque —posiblemente— no encaja con sus deseos e ideas… En Mí no hay lugar para la falta de lógica.
Esta manera de contemplar las cosas les proporciona una seguridad, una certeza y un consuelo ante los cuales el adversario debe capitular. Con ello obtienen una gran ganancia, la mayor de todas, que surge cuando están más dispuestos que antes a considerar los aspectos espirituales.
Los ignorantes vivirán el futuro llenos de miedo y desesperación. Quienes poseen conocimiento se confiarán a Mí y experimentarán en su estado de ánimo la diferencia entre las insinuaciones seductoras de lo satánico y la calma y estabilidad interiores que obtienen mediante su decisión a favor de Mí.
También para cada uno de ustedes vale la pena apartar una y otra vez la mirada de los acontecimientos concretos y dirigirla hacia el trasfondo espiritual. Muchos han olvidado o nunca aprendieron a preguntarse qué quiere decirles esto o aquello. Con demasiada frecuencia y rapidez continúan con su rutina, perdiendo así muchas oportunidades de conocer algo acerca de sí mismos y de aquello que los impulsa o los frena.
Mis amados, este proceso es sumamente importante para su desarrollo interior. Durante algún tiempo pueden eludir la tarea de conocerse a sí mismos. Pero también aquí actúa Mi ley en cada alma y en cada ser humano. Porque quiero traerlos de regreso a Mí. Precisamente por eso creé la ley de la siembra y la cosecha: para que, mediante los efectos que cada uno experimenta en carne propia, lo impulse a reflexionar, cambiar su manera de pensar y, finalmente, cambiar de rumbo. No es posible evadirla permanentemente, pues se cumple esto: aquello que el ser humano no quiere ver terminará encontrándolo.
«La ignorancia no exime del castigo», dice uno de sus refranes. Contemplada desde una perspectiva espiritual, esta afirmación solo es correcta en parte, porque Yo no castigo. Su ignorancia tampoco impide que la ley los tome en cuenta. Pero Mi adversario y el de ustedes quiere hacerles creer eso; aún más, quiere hacerles creer que semejante principio divino ni siquiera existe.
Como Mi paciencia no obliga a nadie a cambiar, surgió la impresión de que el ser humano no sería confrontado con las consecuencias de su proceder contrario a la ley o que tal vez lo sería algún día, más adelante, en un «Juicio Final». Por eso, para muchos queda fuera de lo imaginable que la cosecha pueda manifestarse ya aquí y ahora. Para que siga siendo así, Satanás y sus seguidores tienen gran interés en mantenerlos sin conocimiento espiritual y sin esclarecimiento acerca de la acción de Mis leyes.
Sin embargo, con o sin reconocimiento, sigue siendo válido que cada ser humano es y seguirá siendo el artífice de su propia felicidad.
Quien crea que en Mi palabra de hoy el amor ocupa muy poco lugar o está ausente debería volver a leer Mi revelación. Mi mayor deseo es que todos Mis hijos regresen a Mí lo antes posible. Esto se aplica igualmente a quienes han caído profundamente y ya llevan muchos eones en las tinieblas. Mediante Mi palabra de revelación, que doy en todo el mundo, intento alcanzar en su interior a Mis hijos humanos.
Por medio de Jesús de Nazaret, en quien Yo mismo encarné, llevé Mi mandamiento del amor a Mis hijos e hijas. Desde entonces continúo ofreciendo esclarecimientos, siempre adaptados a la conciencia de los seres humanos de cada época. Entre ellos se encuentran las explicaciones acerca de la acción de Mis leyes. Para ustedes es importante conocerlas porque, en su tiempo, la influencia de las tinieblas ha adoptado una forma distinta y más peligrosa. Estas explicaciones deben servirles como indicaciones y advertencias para reconocer y evitar las numerosas trampas tendidas. Puesto que Yo Soy el amor, pueden estar seguros de que todo cuanto les acerco procede de Mi amor, aunque alguna vez, por ejemplo, Mi seriedad ocupe un espacio mayor.
Mis amados, vengan a Mí una y otra vez en toda situación desdichada o incomprensible para ustedes, y pídanme que los ayude. Nunca olviden: Estoy más cerca de ustedes que sus brazos y sus piernas, y los amo. No existe llamado alguno que pase sin llegar a Mi oído. Quiero hacerlos fuertes. Esto también incluye que aprendan a descubrir lo que se juega en su mundo. Solo entonces, unidos a Mí, podrán entrar con un corazón libre de temor en el tiempo venidero.
Entonces, si ese es su deseo, crecerán también dentro de su tarea de llevar luz al mundo como un faro. Se transformarán gradualmente de alumnos en maestros y, allí donde Yo los haya colocado, podrán servir de ejemplo mediante su esfuerzo. Entonces se convertirán en Mis seguidores, que cumplen Mi voluntad, pues el mundo debe reconocer que existe una diferencia entre quienes Me siguen y quienes solo repiten Mis palabras o las leen.
Los bendigo.
Amén