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Cada paso del desarrollo avanza hacia una meta

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Jeder Entwicklungsschritt verläuft zielgerichtet

Fecha original: 16 de febrero de 2020

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, cuando como Jesús de Nazaret hablaba a las personas mediante parábolas, lo hacía porque así podía llegar con mayor facilidad a su interior. Algunas de Mis expresiones figuradas y comparaciones están recogidas en sus Escrituras. No ha cambiado mucho la manera ni la forma en que Me revelo desde entonces —es decir, a lo largo de estos dos mil años hasta la actualidad—; todavía utilizo imágenes y ejemplos.

Con frecuencia, Mis discípulos y discípulas Me pedían que les explicara el sentido más profundo de una parábola. Esto no debería sorprenderlos ni llevarlos a sacudir la cabeza ante tanta ingenuidad y desconocimiento. Tengan presente que todo lo que Yo transmitía a las personas era completamente nuevo para ellas. Apenas poseían conocimientos espirituales; pero en sus corazones ardía un anhelo del cual muchas veces ni ellas mismas eran conscientes. Quienes Me escuchaban con sincera disposición y oídos abiertos habían encarnado, en su mayoría, desde los cielos puros y, por tanto, no estaban involucrados en el acontecimiento de la caída. Su encarnación se produjo por deseo propio, para poner Conmigo la piedra fundamental de una humanidad nueva.

Los pocos conocimientos espirituales que poseían entonces las personas les eran transmitidos por los escribas y los fariseos. Y eran exactamente lo contrario de lo que Yo enseñaba.

La inmensa mayoría no había aprendido ni estaba acostumbrada a cuestionar una afirmación —aunque se expresara en imágenes para facilitar su comprensión—, a mirar, por así decirlo, «detrás del escenario». En consecuencia, tampoco eran capaces de extraer sus propias conclusiones para seguir comprendiendo, ni siquiera de deducir consecuencias de lo escuchado. Muy pocos reflexionaban acerca de lo que Mi enseñanza del amor significaba para su vida espiritual presente o futura.

Hubo excepciones. Se encontraban entre quienes tomaron en serio Mis palabras y cambiaron su vida debido a su fe en Mí y a su amor por Mí. Pero muchos de los que Me escuchaban se parecían a quienes reciben una buena noticia: asentían al enterarse y luego volvían a sus asuntos cotidianos.

¿Intuye ya alguno de ustedes el pensamiento que esta revelación pretende llevar más lejos? Desarrollémoslo juntos, pues para Mí es muy importante que de lectores y oyentes de Mi palabra pasen a ser personas que reflexionan y actúan; que permitan que el conocimiento, acumulado en tantos como agua sobre una superficie endurecida y, por ello, poco permeable, penetre en las profundidades de su conciencia y finalmente en su alma. Porque si permanece solo en la superficie, no puede contribuir a regar la semilla de su alma para que produzca un buen fruto.

En contraste con aquel tiempo, ¿qué ha cambiado en estos dos mil años si comparan la manera en que las personas reaccionan hoy ante Mí y tratan Mi palabra? No se excluyan ustedes mismos de esta observación. No podrán evitar dar la siguiente respuesta: aunque hoy se dispone de incomparablemente más conocimientos e información y las personas están más instruidas en muchos sentidos, su capacidad y disposición para aceptar Mis palabras y llevar hasta el final los impulsos que estas dan al pensamiento siguen siendo igualmente limitadas.

En aquel tiempo muchos se burlaron de Mí y Me rechazaron. Pero después —durante las primeras décadas del cristianismo primitivo, como llaman hoy a esa época— fue extendiéndose poco a poco entre Mis seguidores un entusiasmo y una alegría cada vez mayores. Ambos tenían sus raíces en el interior del alma, en la disposición para vivir el amor y en la confianza inquebrantable en Mi guía. No había aumentado el conocimiento adquirido intelectualmente, sino un conocimiento interior que había crecido sobre la base de las experiencias vividas Conmigo.

Hoy poseen más perspectivas y un horizonte más amplio que nunca. Hoy son capaces de penetrar tanto en lo pequeño como en lo grande, de investigar la estructura atómica de la materia y también el espacio exterior. Solo ha evolucionado muy poco su capacidad para llevar consecuentemente un pensamiento hasta el final en un ámbito mucho más importante, el verdaderamente decisivo —el de su vida eterna—, extraer de él las conclusiones necesarias y ponerlas en práctica. En este aspecto, la humanidad se encuentra muy rezagada respecto de sus logros técnicos, que son, sin embargo, de naturaleza pasajera.

La conciencia no se desarrolla en ningún centro de estudios, ni en el laboratorio ni en la mesa de diseño. La conciencia es algo distinto de la inteligencia o de una buena memoria. Crece y se amplía en la medida en que la persona vive Mi mandamiento del amor o al menos se esfuerza seriamente por hacerlo.

Digo todo esto sin reproche alguno. Constato. Eso es algo que también ustedes deberían hacer de vez en cuando. No para sentirse después insignificantes e indignos si el resultado todavía no es tan alentador como sería deseable, sino para reconocer en qué puntos aún puede mejorarse algo. Si así lo quieren.

Mi empeño es y seguirá siendo —hasta que el último de Mis hijos caídos y de los que partieron voluntariamente vuelva a estar junto a Mí— ayudarlos a alcanzar conocimientos interiores. Porque solo estos pueden ser y serán una ayuda verdadera para que avancen hacia su hogar celestial eterno con mayor determinación que hasta ahora. Mi amor amonesta, recuerda y alienta; sí, pide y suplica; es la esencia de todo cuanto les transmito y de todo cuanto les sucede. Y no solo eso: es la vida, es Mi fuerza divina en cada ayuda, en cada apoyo, en cada gesto de acercamiento.

No puede ser de otro modo. Porque Yo poseo y Soy la omnipotencia; y Mi voluntad, que nada en absoluto puede menoscabar ni influir, garantiza que todos regresarán a Mí; todos sin excepción, incluidos quienes ocasionaron la caída. ¡Pero por encima de todo vela Mi amor desinteresado e incondicional!

Los conocimientos interiores no tienen nada que ver con el saber religioso o esotérico que ustedes han adquirido, que se les ha enseñado, que han aceptado —en la inmensa mayoría de los casos sin crítica ni comprobación— y que, además, muchas veces resulta falso o erróneo. Cuando eran niños no tenían otra posibilidad, pero se hicieron adultos… Al llegar a la edad adulta fueron aumentando las numerosas tareas, no siempre fáciles, que había y hay que afrontar. Unos se apartaron de Mí, a otros les fui indiferente y otros más —la mayoría— mantuvieron la costumbre de reconocer como autoridades a otras personas solo porque habían estudiado o ocupaban un puesto «muy alto» en una jerarquía eclesiástica.

¡A Mí no se Me puede estudiar! Solo se Me puede conocer y experimentar al incluirme en la propia vida, expresando Mi amor en la vida cotidiana. ¡No existe otro camino! Entonces la persona, si está dispuesta, va reconociendo poco a poco la verdad.

Nunca permitan que algo se convierta «sin más» en verdad solo porque se lo presentan como verdad. Dejen que se convierta en su verdad. Al reflexionar y comprobar, teniendo en cuenta Mis leyes divinas, apliquen la medida de Mi amor incondicional y desinteresado. Vivan conforme a lo que finalmente hayan reconocido como su verdad —que entonces también es la Mía—, conscientes de que es el amor el que los acompaña. Solo entonces, solo cuando se haya convertido en su verdad, podrán anunciarla «con éxito». ¡Solo entonces anunciarán Mi amor! De otro modo, resonarán únicamente como un eco y transmitirán solo lo que otros les han indicado. Por cierto, esto no se aplica únicamente a las enseñanzas de sus escribas, sino a todo cuanto se presenta como Mi palabra; por tanto, también a aquello que les llega por medio de quienes están a Mi servicio.

Mis hijos e hijas, utilicen aquello que les pido una y otra vez: su razón.


Hablé de la dificultad, o incluso de la incapacidad, para sacar conclusiones o deducir consecuencias propias de aquello que les enseño; de lo que oyen con sus oídos, pero que tantas veces no llega al corazón y, por ello, tampoco conduce hacia una comprensión más profunda y amplia. Quien actúa así se parece a alguien que interrumpe algo que ha comenzado y se conforma con haber recibido una indicación inicial.

Cuando una información o noticia se refiere a algo que, desde el punto de vista de la persona, es importante para su bienestar terrenal, nadie se limitará a tomar conocimiento de ello para volver después a sus asuntos cotidianos. ¿O pueden imaginarse que les informen —aunque todavía no esté confirmado de manera definitiva, pero sea ya casi seguro— que recibirán una gran herencia y que no se ocupen de ello cuanto antes? ¿Sin mover todos los recursos para averiguar si es cierto? ¿Sin alegrarse, hacer planes, preparativos y tantas cosas más en caso de confirmarse?

Ustedes mismos pueden encontrar suficientes ejemplos adicionales, incluidas situaciones de su pasado que los desafiaron y los impulsaron a averiguar más, quizá incluso a realizar una pequeña labor detectivesca. Piensen tan solo en un diagnóstico médico poco alentador. Si luego se ocuparon más del asunto, tuvieron que decidir cuáles serían los pasos siguientes. ¿Aquello que con frecuencia los vuelve apáticos e indecisos en lo espiritual también los apartaría de otras reflexiones y actividades en el caso de una herencia o de un diagnóstico desfavorable?

Con la lógica del corazón que les enseño poseen —con un poco de práctica— la capacidad de pensar un asunto hasta el final y reconocer así si el camino conduce a la meta prometida o deseada; es decir, si su «mapa de ruta» contiene la descripción adecuada y el trazado correcto. Entonces ya no tendrán que interrumpir un proceso de reflexión iniciado ni detenerse a mitad del camino, quizá con la meta ya a la vista, pero llenos de inseguridad e incertidumbre acerca de lo que se desprende de lo reconocido y comprendido hasta ese momento y de cómo debe ser el paso siguiente.

En Mi última revelación (1) Me referí a la parábola del hijo perdido. Hablé de dos condiciones que deben cumplirse para iniciar y concluir con éxito el camino de regreso a la casa del Padre: el fundamento y el orden de cada paso del «proyecto de construcción». Hoy emplearé esta parábola para elaborar con ustedes otro aspecto. Sorprenderá a la mayoría, porque hasta ahora no lo habían considerado ni habían establecido esta relación.

Sin embargo, constituye un punto central; y precisamente porque tiene una importancia tan decisiva, muchos —la mayoría— no lo aceptarán de inmediato en toda su consecuencia, aunque no puedan rechazar su lógica ni la verdad que contiene. Aquí se hace evidente también una dificultad fundamental que existe entre la aceptación de Mi enseñanza y su aplicación en la vida cotidiana:

Es relativamente fácil creer en Mis palabras. Pero cuando se someten a la prueba de la práctica, más de uno de los que antes habían dado su aprobación retira su «sí».

¡Basta recordar Mi palabra «Amen a sus enemigos…»!


Ustedes saben que todas las almas y todas las personas regresarán a Mí. Esto significa, como ya les he revelado en numerosas ocasiones, que todas se encuentran en una trayectoria circular que inevitablemente las llevará de nuevo a su punto de partida, de regreso a los cielos. Sucederá así porque es Mi voluntad, fundada en Mi amor. En el caso de Mis hijos e hijas que decidan conscientemente emprender el regreso a casa, este proceso no durará tanto como en quienes —respecto del amor vivido— no hacen esfuerzo alguno; quizá incluso obran contra Mí o, debido a falsas enseñanzas, se han dejado conducir temporalmente por desvíos o callejones sin salida.

Pero no importa cuánto dure el camino a casa: ¡la meta siempre Soy Yo!

¿No se desprende de ello que todo cuanto le sucede a una persona —y más tarde también a su alma en el más allá— constituye una estación de su viaje de regreso, comparable con las paradas de un viaje en tren? ¿Que todo, incluso cada instante, se asemeja a un punto del gran arco circular que la conduce a casa? ¿Debo darles la respuesta? ¿Puede ser otra que: «Sí, así es»?

Los prudentes entre ustedes —y lo digo con una sonrisa— se reservarán una salida y responderán: «Probablemente no puede ser de otro modo».

Pero ¿qué significa este conocimiento fundamental? Para recordar: a) están en el camino de regreso a casa; b) su meta es el amor; c) el amor posee la voluntad, el poder y, con ello, todas las posibilidades de llevar a sus hijos a casa. Todavía pueden añadir d): existen fuerzas que ponen piedras en su camino para hacerlos vacilar en su decisión.

Ningún sentimiento, pensamiento, palabra ni acto de un hijo permanece oculto para Mí. Cada una de Mis criaturas es ante Mí como un libro abierto. Lo expreso deliberadamente mediante una imagen porque así pueden comprenderlo con mayor facilidad. En realidad, todo esto sucede en un plano energético al cual ustedes no tienen acceso. Yo Soy la vida, la energía presente en todo y, por tanto, Soy omnipresente. Así pues, conozco tus esfuerzos grandes y pequeños, tu empeño o tu falta de empeño por querer regresar a casa. ¿Cómo podría Yo, la conciencia infinita y suprema, no conocer el bienestar y el sufrimiento de cada ser que he creado y en el que vivo?

Pero no poseo un libro donde anote lo bueno y lo menos bueno de Mis hijos. Esta concepción infantil e ingenua, surgida por falta de un conocimiento mejor y todavía fomentada, produce la impresión de que Yo recompenso el bien y castigo el mal. Todavía tiene que servir como medio de presión, como látigo del miedo, para reglamentar a creyentes ignorantes, y también se abusa de ella como instrumento educativo: «El buen Dios lo ve todo y te castigará por eso».

Sí, Yo sé, veo y oigo todo. ¡Y, aun así, amo! ¡Desinteresada e incondicionalmente!

Lo revelaré una y otra vez porque es un punto de importancia decisiva para poder comprender correctamente Mi ley y Mi amor:

Toda criatura que vive fuera de los cielos puros está incluida en la ley de siembra y cosecha. Cada persona determina mediante su propia conducta en qué medida le llega —puede llegarle— energía de amor, la cual, a su vez, moldea la vibración y la fortaleza de su alma. Conforme al estado de su alma, que es expresión de su carácter, el principio de causa y efecto fija el rumbo. Con ello se alude a las estaciones de una vida humana que contienen las experiencias todavía pendientes; es decir, las tareas de aprendizaje que aún han de abordarse.

Por tanto, no Soy Yo personalmente quien te envía aquello que a tus ojos resulta incomprensible e injusto. ¡Yo no castigo! Mi ley vela, sin error alguno, para que tarde o temprano se te presente, en el tramo de tu camino, la siguiente tarea aún sin resolver. Esto jamás constituye un acto malintencionado de Mi parte, aunque por desconocer las relaciones a veces lo creas así. Tienes la libertad de ignorar esta ayuda que procede de Mi amor. Entonces tu viaje durará un poco más. Pero también puedes considerarla una oportunidad para aprender y madurar, y emprender el trabajo correspondiente con Mi ayuda. Entonces todo avanza con mayor rapidez.

Resumo y complemento lo dicho. Te pido que lo guardes en tu corazón; pero esto no significa que debas encerrarlo allí y dejarlo apartado. Significa que debes convertirlo en fundamento de tu pensamiento y tu conducta, en una base para tu amor hacia Mí, tu prójimo y ti mismo. Entonces tu conducta quedará libre de reproches contra Mí, de dudas y resistencias, y serás cada vez menos vulnerable a las tentaciones que acechan de manera permanente y por todas partes para que atribuyas al azar o a Mi injusticia las circunstancias de tu vida y también, en general, las del mundo.

Todo es evolución; todo es un avance y un desarrollo perpetuos.

También tú formas parte de este proceso y participas activamente en él.

Todo desarrollo se dirige hacia una meta, lo cual significa:

¡Cada paso individual del desarrollo avanza hacia una meta!

Ninguna situación constituye algo rígido o definitivo.

Todo es siempre una fase de transición.

El viaje pasa por muchas estaciones.

En este momento te encuentras en una de ellas.

La de ayer fue el fundamento de la de hoy; la de hoy prepara la de mañana.

El amor es tu meta y, visto a largo plazo, te atrae irresistiblemente.

Por eso no puede considerarse autor de aquello que te agobia.

Las innumerables ayudas que ofrece solo pueden fortalecer y edificar.

Consisten en las tareas que la escuela de la vida te presenta.

Tu prójimo forma parte de ellas sin saberlo.

Estás llamado a colaborar positivamente en la solución.

Cuando se logra, se ha dado un nuevo paso del desarrollo orientado hacia la meta.


Si reconoces la verdad contenida en Mis palabras y deseas aprovecharla para tu vida, conviene dar el siguiente paso: dejar de cuestionar o ver negativamente aquello que la vida te presenta sin cesar.

Será inevitable que no comprendas de inmediato muchas cosas. Entonces se requiere tu confianza en Mí y, al mismo tiempo, la fortaleza de tu alma para no abandonar el camino emprendido; pues no conoces tu plan de vida y, por ello, tampoco sabes lo que Yo tengo previsto para ti. Pero no puedes asentir simultáneamente a la lógica de Mis palabras —considerar la vida, por ejemplo, como una escuela— y luego rechazar las tareas que se presentan. Es decir, sí puedes hacerlo, porque posees libre albedrío. Pero entonces deberías preguntarte honradamente, en una hora de quietud, cuán grande es en realidad tu deseo y cuán serio es tu esfuerzo por llegar a ser más libre y seguir el camino que Yo recorrí primero como Jesús de Nazaret.

Las ayudas que necesitas para que un «sí» pequeño y todavía cauteloso se convierta en un «sí» mayor y más decidido fluyen hacia ti, junto con la energía de Mi amor, en una medida que no imaginas cuando las solicitas.

Sin embargo, muchas veces ya te será útil contemplar tu situación actual a la luz de lo revelado hoy: que en este momento se está preparando algo que servirá de base para el paso siguiente; que el peldaño de hoy es necesario para poder pisar el próximo peldaño de tu «escalera al cielo».

Pero incluso si tal proceso de maduración, u otro semejante, todavía no se perfila en tu vida o tú no lo percibes, todo cuanto te sucede tiene sentido. Por tanto, te ayuda, aunque «solo» te recuerde que debes mirar con mayor sinceridad que hasta ahora dificultades existentes desde hace mucho o abordar finalmente un trabajo pendiente desde hace tiempo.

Por supuesto, eres libre de decir: «No puedo hacerlo». Esto es totalmente cierto, pues si ya pudieras hacerlo no se te presentaría como tarea de aprendizaje. Se trata, entonces, de adquirir una capacidad que todavía te es ajena o con la que aún no estás familiarizado. Pero no tiene sentido asistir a una clase —recuerda: una encarnación se produce siempre con el consentimiento del alma— y después negarse a aprender la materia alegando que todavía no se sabe hacerla.

Contempla tu vida cotidiana desde este punto de vista; observa tu conducta hacia las personas con quienes convives en tu familia, con quienes coincides en el lugar de trabajo y en muchas ocasiones, o que están confiadas a ti. ¿Reina allí la paz? ¿Has aportado todo lo posible para aclarar una situación difícil que quizá existe desde hace mucho? ¿Estás dispuesto a actuar con firmeza allí donde sea necesario? ¿Has aprendido también a decir alguna vez «no» con amor? ¿Quieres aprenderlo? ¿Quieres practicarlo Conmigo si todavía no lo logras del todo, aunque desde hace tiempo sabes o intuyes que este paso de aprendizaje está pendiente? Cuestiona muchas de las cosas que hasta ahora has pasado por alto con demasiada rapidez. Y observa también qué miedos surgen en ti cuando piensas en tu futuro, en el de tus hijos o en personas cercanas, porque percibes que las compuertas se han abierto. Si no te falta sinceridad, descubrirás lo que buscas.

Y, ante todo, lo más importante: considera cada cosa como una pequeña pieza de mosaico que se coloca precisamente ahora, en este tiempo y en esta encarnación, para completar la magnífica imagen que eres ante Mis ojos. Muchas veces cometen el gran error de considerar una hermosa pieza del mosaico, o incluso varias, como algo que debe conservarse a toda costa y mantenerse necesariamente en esa forma.

Es comprensible que intenten retener momentos libres de preocupaciones o etapas hermosas de la vida. Pero no representan más que un breve instante en la trayectoria circular de su regreso a casa, una estación de su viaje. ¡Deben aprovecharlos conforme al amor, pero no aferrarse a ellos! Porque allí reside un peligro: todo lo que la persona intenta retener le será quitado; no porque Yo se lo niegue, sino porque tengo previsto algo diferente, más hermoso y mejor para ella. Estos cambios son correctos e importantes para ti y para el desarrollo de tu alma. Pero —en sentido figurado— solo puedo llenar tus manos cuando están vacías (2). Aquello que quieres retener por voluntad propia, aunque te parezca muy bueno y correcto, tendrá que serte arrebatado en el momento dado por la ley de siembra y cosecha, porque se necesita espacio para lo que te corresponde como próximo paso en tu camino evolutivo. Con ello se alude a la maduración de tu alma.

Por regla general, un desarrollo que te conduzca desde el nivel de tu condición humana hasta la perfección no puede concluirse en una sola vida terrenal. Requiere los correspondientes pasos de aprendizaje y maduración en los ámbitos del más allá —siempre que sea sensato y posible— o bien una nueva encarnación basada en una decisión voluntaria. Pero una vida, ya sea en lo material o en lo sutil, representa siempre tan solo una de varias estaciones, posiblemente muchas, destinadas todas ellas a acercarte a tu meta o a recordarte la tarea que asumiste y prepararte para ella.

Por eso, todo cuanto te sucede tiene un sentido orientado hacia una meta, ya sea agradable o difícil, fácil de aprender o realizable solo con esfuerzo. Para aquellos de Mis hijos e hijas que creen en Mí e integran Mi palabra en su vida, no constituye un motivo para resignarse ni para enfrentarse seriamente Conmigo. También ellos atravesarán tiempos que no serán fáciles, pero conocen la fuerza de Mi amor que vive en su interior. Y se sirven de ella.

Amados Míos, permitan que Mis palabras procedentes de la verdad eterna se consoliden en ustedes y se conviertan así en un fundamento sobre el cual podamos construir —Yo y ustedes— un tiempo de intimidad y comunión.

Amén

(1) Revelación del 15 de enero de 2020

(2)

Quiero llenar tus manos porque están vacías…

Mira, he apartado de ti tu carga,
también aquella que considerabas felicidad,
la que entregaste solo con vacilación y poco a poco.
Porque no sabías que era Yo mismo
quien se acercaba a ti vestido de sufrimiento, vestido de necesidad;
quien, al quitarte todo, te lo ofrecía todo.
Quiero llenar tus manos porque están vacías...

(de: Ephides, Un poeta de lo trascendente, Bürger-Verlag, 2019)