Acontecimientos bélicos

Samuel Surazal Revelaciones del Espíritu de Dios

Sobre esta edición
Autor / Fuente
Samuel Surazal
Edición utilizada
1.ª edición, abril de 2023 ▪ Samuel E. Surazal
Idioma original
alemán
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1.ª edición, abril de 2023 ▪ Samuel E. Surazal

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ISBN 978-3-946467-98-4

Jesucristo:

«¡Dios es el amor eterno y la verdad misma!

Nada en el mundo puede hacerlos libres

sino únicamente la verdad.

Quien comete pecado, que siempre fue una mentira,

es también siervo del pecado

y esclavo de otros pecadores aún mayores,

que no tienen conciencia ni amor

sino únicamente por su despreciable yo.

Pero quien tiene la verdad en sí

es un poderoso enemigo de la mentira y es libre;

pues nadie puede demostrar que haya cometido un pecado.

Por eso, elijan la verdad y no teman a aquellos

que ciertamente pueden matar su cuerpo,

pero nada más pueden hacerle a su alma.»

La presente descripción de los acontecimientos bélicos la escribí en 2018/19 y, en realidad, tenía previsto publicarla en mi primer libro, «Ein Crash mit Höchstgeschwindigkeit …», e incluso ya la había incorporado al manuscrito. Sin embargo, entonces tuve la sensación/el impulso de que debía volver a retirarla, cosa que hice creyendo que mi visión o bien no era correcta de ese modo o bien que los acontecimientos descritos todavía no eran lo bastante actuales, ya que, según las predicciones bíblicas y modernas y también según mi percepción, la última gran guerra no tendrá lugar hasta aproximadamente 2027/28:

En Oriente Próximo amenaza con escalar un foco de crisis que lleva décadas latente. Varios países enemigos están implicados directa e indirectamente en este conflicto; amenaza con desencadenarse un incendio bélico de grandes proporciones. De manera ostentosa, las naciones occidentales despliegan «tropas de paz». Como eso no sirve de nada, una delegación mediadora viaja como último recurso; mediante arduas negociaciones consigue que los bandos enfrentados se calmen. Después de algunos días se proclama efectivamente la paz. El mundo respira aliviado.

Pero las apariencias engañan. Satanás no permite la paz; necesita una gran guerra decisiva para realizar sus planes. Servicios secretos que le sirven con sus maquinaciones vuelven a destruirlo todo mediante un atentado. Siguen acusaciones mutuas. Rusia, que no se había sometido al dictado de las principales naciones industrializadas, aprovecha estas confusiones para ocupar por fin completamente la disputada Ucrania, pues de lo contrario este país ingresaría en la OTAN y, con ello, todos los antiguos países del Pacto de Varsovia serían vasallos del régimen estadounidense, en lo cual el gobierno ruso ve un gran peligro de una mayor pérdida de poder.

Este proceder militar es condenado con la máxima dureza por las potencias occidentales. Con estridentes gestos de amenaza y una ampliada movilización de las tropas europeas y estadounidenses de la OTAN se exige la retirada inmediata de Rusia. Además, se exige la dimisión del presidente ruso y se anuncia un gobierno occidental de transición.

Pero Rusia hace algo para lo que nadie está preparado: el Ejército Rojo, apoyado por sus Estados aliados, continúa avanzando de repente, arrolla Polonia, Hungría, Eslovaquia, Chequia y Austria, e invade Alemania. Mediante la conquista de Europa Occidental se pretende ascender, como nueva Unión Soviética, a la mayor potencia mundial. Para evitar una guerra nuclear, este avance se lleva a cabo prudentemente solo con fuerzas aéreas, divisiones de tanques y tropas terrestres. Se parte de la base de que Estados Unidos no se atreverá a intervenir a gran escala para no desencadenar una guerra mundial, lo que al principio efectivamente sucede.

Sin embargo, Estados Unidos no interviene con fuerza al principio por otra razón: se espera que las tropas europeas debiliten sensiblemente al ejército ruso para poder luego ocupar Rusia con poca resistencia. Se ha esperado mucho tiempo una ocasión semejante, pues entonces por fin se podría doblegar al enemigo del Este, establecer también allí un gobierno controlable y asegurarse las materias primas y los recursos energéticos existentes, lo que restablecería la primacía económica frente a China.

Esta confrontación abre la 3.ª Guerra Mundial, que inaugura los últimos días de la humanidad actual. Sin embargo, el brazo de gracia de Dios pondrá fin a los combates después de poco tiempo.»

Queridos hermanos y hermanas: actualmente parece realmente que esta profecía se cumple tal como se describe, y quizá incluso antes de lo pensado, aunque la locura política también puede prolongarse durante años, de modo que se mantenga el marco temporal indicado. Asimismo, puede suceder que, pese a la instigación bélica de Estados Unidos, las partes lleguen próximamente a un entendimiento y se calmen al menos durante cierto tiempo, pero que el foco de crisis deba permanecer latente para mantener la tensión general y los miedos a la guerra, y solo dentro de algunos años estalle en la última gran tormenta bélica.

Pero si esta guerra llegara a finales del verano de este año o del próximo, sería posible que ya al final del respectivo año hubiera terminado toda actividad anticristiana y comenzara el Reino de Paz. Esto sería, por así decirlo, el «atajo» del último acontecer, tal como el Padre lo ha anunciado como intervención necesaria en caso de que las manipulaciones diabólicas y las crueldades contra Sus hijos se impongan en exceso. Sin embargo, considero esta posibilidad más bien improbable.

También sería imaginable que, de los escombros de una guerra próxima, el Anticristo pudiera erigir una vez más su reino y gobernarlo durante algunos años, hasta que Jesucristo intervenga definitivamente en los últimos años de esta década y ponga fin a todo mal; sin embargo, en cuanto al desarrollo de los acontecimientos esto se apartaría de mi conocimiento anterior y dudo que ocurra así, pero existe la posibilidad.

Así que pregunté a Jesús por qué ahora se me dejaba algo en la incertidumbre, cuando hasta entonces había recibido indicaciones claras sobre los acontecimientos del tiempo final.

Él dijo: «Hijo Mío, mira: los profetas que hasta ahora envié a la Tierra debían anunciar Mi encarnación y Mi tiempo personal de enseñanza o bien ser advertidores para la humanidad y comunicarle que terminaría mal si no desistía de su conducta perversa y maligna. Mis servidores y amonestadores no tenían la tarea de comunicar a las personas datos exactos y secuencias temporales —si acaso, en imágenes simbólicas, como ocurre en la Revelación de Mi Juan—, sino de anunciarles el juicio cercano que ellas mismas se habían impuesto.

Ahora tú has sido enviado a la Tierra para ser también un advertidor para las personas del mundo y anunciarles Mi segunda venida, cuando Yo te llame a hacerlo. Y entonces comunicarles que deben construir en sus corazones el arca de la verdadera fe para ser salvados en ella, en el amor a Mí, del diluvio de pecado que ahora irrumpe sobre esta Tierra y que hace ya mucho ha irrumpido.

Pero sobre todo debes acercar a Mis hijos Mi presencia y revelarles Mi corazón. En este sentido te he llamado como pastor sobre el rebaño que he reunido y que seguiré aumentando. Esa es tu tarea. Así debes ser y eres un símbolo de Mi presencia y de Mi segunda venida, tal como desde hace mucho lo ves escrito en el fondo de tu corazón.

Por tanto, basta con que señales Mi segunda venida general para el mundo y Mi presencia para los que han de ser Mis hijos. La conciencia de Mis hijos debe apartarse de especulaciones y suposiciones acerca de secuencias y ordenamientos temporales o del tiempo final, que en cualquier momento aún pueden volver a cambiar y desplazarse. Deben concentrarse por completo en Mí, en su camino hacia Mí y conmigo, en Mi presencia en sus corazones. Diles esto con insistencia y expresamente; esto les digo Yo con insistencia y expresamente.

Para que esto resulte más fácil, he permitido que, debido a diferentes profecías y a las interpretaciones vinculadas con ellas, surjan y hayan surgido cierta incertidumbre y también confusión entre quienes se ocupan principalmente de acontecimientos futuros y para quienes es tan importante qué sucederá exactamente en el futuro y cuándo sucederá.

Pero miren Mis palabras: ahora estoy aquí, ahora les ofrezco salvación y no dentro de algunos años. Ahora voy de puerta de corazón en puerta de corazón y llamo. Bienaventurados quienes Me dejan entrar; con ellos celebraré el banquete de bodas. Esto es lo que está sucediendo ahora, Mis amados. Todo es bueno únicamente cuando Yo nazco en ustedes, cuando ustedes nacen en Mí. Y si la necesidad lo exige, ya les comunicaré dónde y cuándo arde finalmente y qué habrá que hacer entonces. Esto deposito hoy en sus corazones. Amén, Mis hijos, Amén.»

Queridos hermanos y hermanas: la respuesta de Jesús es inequívoca e indica que existe un cierto marco del tiempo final, cuyo contenido, sin embargo, se maneja de manera flexible. Según el estado y la conducta de la humanidad, los desarrollos temporales y el orden de los acontecimientos se rigen por la conciencia más o menos carente de amor y por las palabras y actos que nacen de ella.

Es seguro que en los próximos años caerá sobre la humanidad un juicio necesario y provocado por ella misma, y que después surgirá un reino de paz y amor. Estemos, por tanto, preparados para todo, para que no estemos constantemente excitados y conmocionados por el nuevo mal que vuelva a suceder, pues las cosas todavía serán muy diferentes.

Además, un hijo de Dios debe ser capaz de contemplar los acontecimientos no desde el punto de vista humano, sino desde el divino. Pues son dos perspectivas completamente distintas: la primera ve y encuentra necesidad corporal y muerte atormentadora en la vida terrenal; la segunda ve y encuentra la vida divina en la necesidad terrenal y en la muerte redentora. Tenemos la confianza de que al final todo saldrá bien, pues Jesucristo es y seguirá siendo vencedor por toda la eternidad.

Me regiré por las palabras de nuestro Padre celestial y me orientaré y dispondré enteramente hacia Su presencia, pues el futuro está de todos modos contenido en la presencia de Dios, de la que podemos extraer lo que necesitamos y lo que nos da vitalidad divina. Venga lo que venga, solo con Jesucristo y en Jesucristo estamos seguros en el arca de Su corazón, que es la vida y el amor de nuestros corazones.

Samuel

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