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GEJ 1.157

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 157 de 161

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GEJ 1.157.1

¿No está escrito: «En el principio creó Dios el cielo y la Tierra. La Tierra estaba desierta y vacía, y había oscuridad sobre el abismo; pero el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas.

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GEJ 1.157.2

Y Dios dijo: ¡Hágase la luz! Y se hizo la luz. Dios vio que la luz era buena; entonces separó la luz de la oscuridad. Llamó día a la luz y noche a la oscuridad. Así, de la tarde y la mañana surgió el primer día».

GEJ 1.157.3

Miren, estas son las palabras de Moisés. Si quieren tomarlas en un sentido natural, a primera vista tendrán que reconocer de inmediato el más evidente absurdo que necesariamente debe surgir de esa lectura.

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GEJ 1.157.4

¿Qué son, entonces, el cielo y la Tierra de los cuales Moisés dice que fueron creados en el principio? El cielo es lo espiritual y la Tierra lo natural dentro del ser humano. Esto se encontraba y todavía se encuentra desierto y vacío, como sucede en ustedes. Las aguas son sus conocimientos deficientes acerca de todas las cosas. Sobre ellos se mueve ciertamente el Espíritu de Dios, pero todavía no se encuentra dentro de ellos.

GEJ 1.157.5

Pero como el Espíritu de Dios ve continuamente que en lo profundo de su mundo material reina una oscuridad verdaderamente terrible, les dice, como ahora resulta evidente: «¡Hágase la luz!».

GEJ 1.157.6

Entonces comienza a clarear en su naturaleza, y Dios ve cuán buena es la luz para su oscuridad; pero solo ustedes mismos no pueden ni quieren comprenderlo. Por eso se produce una separación dentro de ustedes: el día queda separado de la noche, y desde el día que hay en ustedes reconocen la noche anterior de su corazón.

GEJ 1.157.7

En el ser humano, un primer estado natural es como una tarde profunda, es decir, como la noche. Pero cuando Dios le da una luz, esta se convierte para él en un verdadero resplandor matutino. Así, de la tarde y del resplandor matutino del ser humano surge verdaderamente su primer día de vida.

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GEJ 1.157.8

Pues miren: si Moisés, que estaba iniciado en todas las ciencias de los egipcios, hubiera querido mostrar en su escrito el surgimiento del primer día natural de la Tierra, con toda su ciencia y sabiduría tendría que haber advertido que de la tarde y la mañana nunca puede surgir un día. A la tarde le sigue naturalmente la noche cerrada, y solo después de la mañana llega el día.

GEJ 1.157.9

Por consiguiente, lo que se encuentra entre la tarde y la mañana es la noche; únicamente lo que se encuentra entre la mañana y la tarde es el día.

GEJ 1.157.10

Si Moisés hubiera dicho: «Así, de la mañana y la tarde surgió el primer día», podrían entender que se refería al día natural. Pero por una buena razón de correspondencia lo dijo precisamente al revés, y eso representa la tarde y, al mismo tiempo, la noche del ser humano. Es fácil comprenderlo, pues nadie ha visto jamás a un niño que ya poseyera toda la sabiduría.

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GEJ 1.157.11

Cuando un niño nace en el mundo, en su alma hay completa oscuridad y, por tanto, noche. Pero el niño crece, recibe enseñanzas de diversa índole y adquiere así una comprensión cada vez mayor de muchas cosas. Miren, eso es la tarde: en el alma comienza a haber una claridad tenue semejante a la del atardecer.

GEJ 1.157.12

Ustedes dirán que también al amanecer hay una claridad tenue y que Moisés habría podido decir: «Así, de la aurora y de la mañana que en realidad ya es luminosa surgió el primer día».

GEJ 1.157.13

A esto les digo: ciertamente habría podido hacerlo si hubiera querido presentar a los seres humanos un completo absurdo en correspondencia espiritual. Pero Moisés sabía que solo la tarde corresponde al estado terrenal del ser humano. Sabía que la formación puramente terrenal del entendimiento humano se desarrolla como la luz del atardecer natural, que se vuelve cada vez más débil.

GEJ 1.157.14

Cuanto más comienzan los seres humanos a esforzarse con su entendimiento por alcanzar cosas terrenales, tanto más se debilita en su corazón la luz puramente divina del amor y de la vida espiritual. Por eso Moisés llamó «tarde» a semejante luz terrenal del ser humano.

GEJ 1.157.15

Solo cuando Dios enciende por Su misericordia una pequeña luz de vida en el corazón del ser humano, este comienza a reconocer la insignificancia de todo cuanto antes había adquirido mediante su entendimiento, que es la tarde espiritual. Poco a poco comprende cada vez mejor que todos los tesoros de la luz vespertina son tan pasajeros como esa misma luz.

GEJ 1.157.16

Pero la luz verdadera de Dios, encendida en el corazón del ser humano, es la mañana. Junto con la tarde que la precedió, da origen al primer día verdadero dentro del ser humano.

GEJ 1.157.17

Por esta explicación que ahora les doy deben comprender también que existe una diferencia muy grande entre las dos luces o, mejor dicho, entre los dos conocimientos. Todo conocimiento obtenido bajo la luz vespertina del mundo es engañoso y, por tanto, pasajero. Solo la verdad permanece eternamente; todo engaño debe terminar reduciéndose a la nada».

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