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Encuentro de hermanos en Nesselwangen

Fuente: Samuel Surazal

Título original: Geschwistertreffen in Nesselwangen vom 4.-6. Oktober

Fecha original: 4 de octubre de 2024

Serie o colección: Horas Sagradas con Jesús

Traducción al español latinoamericano.

Viernes por la noche

Jesús habla: «He venido para tocar sus corazones, para llenar sus almas con Mi amor en este camino que recorren en este tiempo de oscuridad. Sí, lo hago siempre que ustedes se confían a Mí en el silencio interior, en el espacio sagrado de sus corazones, donde Yo habito. Y lo hago también cuando se han apartado del camino recto, cuando nuevamente se han perdido en el mundo. Porque muchas veces se han apartado, y todavía se apartan. Se sueltan violentamente de Mi mano. Porque todavía sostienen el mundo con la otra mano, y así el mundo los jala, los presiona, los arrastra y los hace caer. Pero Yo no los jalo de la mano, Mis hijos. Yo la sostengo con mucha suavidad, como un soplo los sostengo.

Y entonces sucede que, si Mi hijo no se entrega a este aliento que sale de Mi corazón, el mundo Me lo arrebata y lo conduce nuevamente hacia la oscuridad y las tinieblas de los deseos materiales. Y sepan, Mis hijos: eso Me duele. También a un Dios lo entristece cuando Sus hijos se alejan de Él, porque Yo sé que eso dañará a Mi hijo, que se lastimará en su alma. Y sin embargo no puedo hacer nada, porque la libre voluntad permanece en todo tiempo. Por eso depende de ustedes volverse nuevamente hacia Mí. Entonces vengo con todo Mi amor, estoy allí con los brazos abiertos y el corazón abierto para recibirlos de nuevo. Así lo hago siempre.

Sí, en realidad estoy ocupado principalmente en traer de regreso a los hijos perdidos, poniendo un impulso en sus corazones: “Hijo Mío, lo que haces está mal. Si haces eso, Me perderás por un tiempo”. Y sin embargo, muchas veces sucede que el hijo quiere seguir una vez más sus propios caminos, en su obstinación, en su propia voluntad y en su propio amor. Pero ustedes saben que Yo les perdono todo, porque ya los he aceptado como Mis hijos. Allí ya no hay vuelta atrás, ni para Mí ni para ustedes.

Así estoy también ahora con los brazos extendidos, con un corazón lleno de amor, dispuesto a darles alimento: el pan de los cielos y el vino que les ofrezco. Comer el pan significa reconocerme. Beber el vino significa realizar las obras de la verdad divina y del amor puro. Ambas cosas van juntas, forman una unidad.

Solo así tiene sentido su vida. Yo soy el sentido de su vida. Yo soy la plenitud de su anhelo. Solo Yo puedo darles aquello que ustedes anhelan en lo profundo de su alma: ese anhelo de estar amparados en Mí ya sobre esta Tierra. Y cuando un ser humano ha entrado en este amparo en Mí, entonces puede suceder en el mundo lo que quiera suceder. Pueden desatarse a su alrededor violencia, guerra y muerte. ¿Qué les importa, si Yo soy la vida en ustedes? Por eso aférrense a Mí en todo tiempo. Permanezcan Conmigo. Entonces ya no habrá ese subir y bajar constante en sus vidas, sino permanencia en Mí. ¿Están dispuestos a esto?»


Sábado

Jesús habla: «Mi paz sea con ustedes. Así como ustedes han abierto sus corazones, Mis hijos, también Yo he abierto Mi corazón. No he entrado solamente en este espacio, sino también en el espacio de sus corazones. He reunido en Mi amor los destinos que aquí se encuentran, y he tomado en Mi mano los extremos de sus caminos: esos extremos, esos puntos finales de su camino hasta este momento. Ahora los ilumino con la luz de Mi amor, de Mi mansedumbre y de Mi misericordia. Porque no he entrado como Dios todopoderoso, sino como Padre celestial, como hermano, como mejor amigo.

Así estoy aquí en la sencillez de Mi amor y digo: la perfección espiritual solo la encuentran en la sencillez del amor. Porque el amor no es complicado. Quien camina el camino del amor reconoce cuán sencilla es, en el fondo, la vida. Y quien camina el camino del amor, camina también el camino de la confianza en Mí y el camino de la humildad, al reconocer que Yo soy todo en Mi hijo, y que así Mi hijo puede ser todo en Mí, en este amor mutuo, en esta amistad divina y en esta relación de Padre e hijo.

Por eso es Mi gran deseo que hablen Conmigo como con un mejor amigo, como con un hermano de confianza, como con un padre en quien se confía en todos los asuntos de la vida. Con palabras sencillas, que todos Mis hijos entienden, les hablo. Y así también ustedes hablen Conmigo: “Padre mío, aquí estoy. Así estoy delante de Ti, ahora. No puedo ser de otra manera. Por favor, recíbeme. Tal como soy, Te doy mi corazón. Esta es mi necesidad”. Y Yo digo también: “Hijo Mío, Yo te doy Mi corazón. Esta es Mi necesidad”.

Ustedes se propusieron ponerse sobre la Tierra al servicio del amor, para que finalmente, en la libertad de su voluntad, vuelvan a entrar en Mi corazón, en Mis cielos, para vivir a Mi lado. A eso se decidieron. Y también lo hicieron para resistir en la oscuridad y en la muerte espiritual de esta Tierra. Pero en el transcurso de sus vidas han recibido algo de esta oscuridad y de esta muerte. Eso no puede evitarse. Además, están revestidos de un cuerpo material muerto, al que el alma da vida, y que llegó a ser parte de ustedes.

Sí, voy todavía más lejos y digo: todo pensamiento que los une con la materia los une con la muerte. Por eso, Mis hijos, Yo entré en la muerte de esta Tierra y de todos los mundos, y puse redención en ella por medio de Mi sacrificio en la cruz, por medio de Mi sangre. Atravesé la muerte con Mi sangre y le di vida. Así es ahora, Mis hijos: cuando recorren este camino Conmigo, no encuentran la muerte en la materia, sino la vida por Mí, Conmigo y en Mí. Ese es el gran regalo que los hijos de Dios reciben de Mí: que ya no tienen que vivir en la muerte, sino que pueden estar vivos en Mí.

Pero cuando se ocupan de cosas materiales sin Mí, vuelven a atar su alma a la muerte en ciertos aspectos de su conciencia. Entonces es necesario soltarse nuevamente de ello, y eso también solo es posible Conmigo. Por eso Me necesitan en todo tiempo.

Muchos de Mis hijos Me pierden una y otra vez en este camino por la oscuridad. Lo veo y lo sé, porque la libre voluntad siempre permanece. Y cuando ustedes vuelven a entrar en la muerte, Yo les extiendo Mi mano, abro Mi corazón, y un rayo de luz sale de él hacia la oscuridad y escribe nuevamente el nombre Jesucristo en grandes letras dentro de sus corazones, para que vuelvan en sí y reconozcan: “Sí, mi Padre está allí y me espera. Por eso doy la vuelta y regreso a Él, porque en la oscuridad no hay vida, y sin mi Jesús no puedo encontrar felicidad ni alegría”. En esta conciencia deben vivir, Mis hijos: que Yo soy su todo, su anhelo, su alegría.

Sí, las condiciones sobre esta Tierra se han vuelto muy duras. Un hijo al que Yo abro los ojos reconoce la gran distancia entre la vida divina y lo que ahora sucede sobre esta Tierra. Todo el sistema es un castillo de naipes que puede derrumbarse en cualquier momento. Pero la lucha todavía se desata también por ustedes. Por eso es necesario que Yo les hable y les llame la atención sobre esto: deben aferrarse firmemente a Mí, porque sin Mí no se puede.

Sí, vendré al mundo como ladrón en la noche. Y está escrito: “Entonces los cielos pasarán, los elementos serán destruidos por el fuego, y las obras de los hombres ya no serán halladas, y Yo haré un cielo nuevo y una tierra nueva”. Ahora tú preguntas, hijo Mío: “Padre mío, ¿qué significa que los cielos pasarán? ¿Qué sentido tienen Tus palabras?”

Les digo, Mis hijos: aquí se habla de los cielos de los seres humanos, de aquellos que ellos mismos se han fabricado: sus falsas ideas sobre el cielo, el error de creer que después de la muerte uno entra inmediatamente al cielo, ese cielo humano de disfrute material. Todo eso desaparecerá. Y los elementos que serán destruidos por el fuego son los pensamientos torcidos de los seres humanos en los distintos niveles de la existencia terrenal. Serán quemados en el fuego de la verdad. Y “las obras de los hombres ya no serán halladas” significa esto: lo que los seres humanos han realizado en su ciencia ciega, así como los gobiernos soberbios, las casas reales y los gobernantes, los poderosos de las religiones que han extraviado a los seres humanos y los han usado para sus propios fines, todo eso ya no será hallado. Porque Yo hago una tierra nueva y un cielo nuevo. Esto significa: uniré cielo y tierra en uno, para que sea un solo mundo, un mundo de amor y de verdad.

No es esta Tierra la que arderá, sino las obras de los espiritualmente muertos que se realizaron sobre ella. Y cuando digo: “Vendré como ladrón en la noche”, esto no se refiere a ustedes, Mis hijos, porque a ustedes ya he venido. Para ustedes ya ha amanecido el día. Pero no sucede así con los que viven sin Dios. Ellos serán sorprendidos cuando de pronto se hundan por completo en su muerte espiritual. Y ese será su juicio y su perdición.

Sí, una gran aflicción vendrá sobre esta Tierra. Habrá gran miseria, lamento y clamor. Pero Yo les digo: esta aflicción es juicio para los seres humanos solo en la superficie de la materia. Visto en el espíritu y ante la eternidad, con Mis ojos, esta aflicción es misericordia. Misericordia para salvar lo que todavía puede ser salvado, para atraer y conducir a Mi corazón a aquellos que aún llevan dentro de sí una chispa de amor, sin importar en qué visión del mundo o religión se encuentren. En primer lugar cuenta solamente el amor del corazón. En el gran más allá habrá luego suficientes posibilidades para conducir a las almas por Mis caminos, para llevarlas hacia Mí, para que Me reconozcan como su Padre en Jesucristo.

Porque solo por Mí puede un alma entrar en el cielo. No hay otra puerta hacia esta bienaventuranza. Ustedes ya están ante esta puerta, Mis hijos. A ustedes los he conducido a Mi corazón. Están listos para entrar. Y sin embargo, en todos ustedes todavía debo quitar algunas manchas del alma. Ustedes conocen esta necesidad, porque solo lo perfecto puede entrar en el cielo.

Por eso, cualquier cosa que les salga al encuentro en el futuro cercano, sepan que viene de Mi corazón. Y cuanto más desagradable les parezca, tanto más fuerte actúa el remedio para la redención. Por eso confíen en Mí en la aflicción, cualquiera que sea su rostro. Siempre soy Yo quien, al final, está detrás de ella. Porque cuando un hijo se ha confiado a Mí, Yo lo trato como si fuera Mi propia vida. Y un Dios no desecha Su propia vida, sino que hará todo para que vuelva a Su perfección.

Mis amados, en realidad bastarían pocas palabras Mías. Si ustedes las pusieran en práctica, eso bastaría para perfeccionarlos. Y sin embargo, quiero saciar el anhelo de Mis hijos por el pan de la vida, en la medida en que Mis hijos lo esperan en sus corazones. Y, Mis hijos, quiero que hablen Conmigo de manera completamente natural, sin ceremonia, sin ropajes especiales ni cualquier otra cosa que los seres humanos hayan inventado pensando que así deben presentarse delante de Mí. Nada de eso necesitan. Vengan a Mí tal como son, con toda su carga y cansancio. Yo se los quito en todo tiempo, en la medida en que confíen en Mí. Si Me dan poco, les quito poco. Si Me dan más, les quito más. Y si Me dan todo, les quito todo. Así de sencillo es. Amén.»


Amado Padre celestial, Tú eres nuestro único gran amor. Ahora venimos a Ti y Te traemos, con esta petición, a todos los que hasta ahora nos han herido en nuestra vida. Te traemos las situaciones en las que nos hemos visto como víctimas de personas que nos han maltratado en el plano del alma, personas a quienes no podemos perdonar. Simplemente no lo logramos. Vuelve a surgir una y otra vez, aunque nos esforzamos. Y con esta conciencia, con este espacio en nuestra alma que todavía está lleno de oscuridad, venimos ahora a Ti…

Jesús habla: « … Mis hijos, ahora estoy dispuesto a purificar estos espacios de su alma, a entrar en ellos y llenarlos con Mi amor misericordioso que todo lo perdona. Así, ustedes podrán entrar luego en ese espacio y aplicar este perdón a las personas que todavía llevan consigo en amargura y enemistad. Porque el perdón, Mis hijos, es condición fundamental para que puedan entrar en Mis cielos. Todo debe ser purificado ya en la Tierra, donde es más fácil hacerlo que en el más allá. Y así tengo ahora la posibilidad, en el amor silencioso de sus corazones, de tocarlos y encender esta luz en ustedes.»

Jesús nos conduce ahora por este proceso de perdón y liberación

«Piensen ahora firmemente en esa persona o en esas personas a quienes no han podido perdonar y todavía no pueden perdonar. Ahora esta persona que se encuentra atada dentro de ustedes es atravesada y llenada por pulsos de amor que perdona, para que la oscuridad en la que ustedes la han colocado, y que han puesto dentro de ella por su actitud castigadora e irreconciliable, por su rechazo y por su falta de misericordia, sea inundada de luz. Y esta luz que ahora atraviesa a esa persona podrá un día encender su conciencia, para que reconozca que fue y es una acción falsa contra ustedes o contra sus seres queridos (Brasas encendidas sobre sus cabezas). Por su disposición a dar vida en ustedes a Mi perdón, han puesto en estas almas la luz del reconocimiento de su mal actuar. Y así es una bendición maravillosa, no solo para ustedes, sino también para esa persona o esas personas, que ahora están bajo Mi bendición por medio del perdón de ustedes.

Porque de eso se trata, Mis hijos: de redimir. Y al perdonar, ustedes regalan a estas personas la posibilidad de entrar en el espacio de la redención. Porque lo que está desatado en la tierra, ustedes lo saben, también está desatado en el cielo, también está desatado en Mí. Y así un día se encontrarán con estas personas en los mundos de luz, y habrá gran alegría en la conciencia de poder decir: “Ahora todo está bien. Mi enemigo es ahora mi amigo y mi hermano, porque se ha arrepentido de todo corazón de sus malas obras”. Este amor tiene una calidad celestial, mucho más que el amor hacia las personas que les hacen bien.

El amor a los enemigos es el amor más grande. Yo lo viví primero. Me sacrifiqué en la cruz por todos los seres humanos, también por Satanás, para que también en él quedara colocada esta llama, esta pequeña llama del perdón divino. Sí, Mi sacrificio en la cruz tiene muchos efectos, pero uno de ellos es que Yo le he perdonado todo a Satanás, y así he puesto nuevamente Mi amor en su corazón, aunque todavía se resiste y se opone. Pero por medio de esto se le ha dado la posibilidad de reconocerme, no en la enemistad, sino en el amor.

Este regalo que ahora les he dado, Mis hijos, guárdenlo en sus corazones. No lo desechen, sino permanezcan en esta conciencia y en esta libertad del amor. Porque su amor permanece atado hasta que ustedes hayan liberado todo y no retengan nada para sí en enemistad y falta de reconciliación. Amén.»

Pausa

«Mis hijos, ciertas partes de su corazón todavía están atadas, pero una parte ha sido liberada ahora en ustedes por Mí. Así quiero liberar sus corazones, poco a poco, de todo lo que todavía haga falta, para que pronto puedan entrar en Mi Espíritu, cada uno individualmente y todos juntos. Ustedes son aquellos a quienes Yo envié y a quienes una vez prometí: “Los volveré a reunir en esta Tierra y les hablaré”.

Ahora ha llegado el momento. Les hablo. He cumplido Mi palabra. Ustedes también han cumplido la suya, siguiéndome. Y así estamos ahora juntos aquí, en esta comunidad celestial del amor. Así los seguiré conduciendo paso a paso hacia la plenitud. Y cuanto más espacio Me den dentro de ustedes, tanto más podré llenarlos, elevarlos en Mi Espíritu, arrebatarlos en Mi Espíritu.

Veo su disposición: “Sí, Jesús, tómame. Aquí estoy. Mi vida Te pertenece”. Pero no lo digan solo de labios para afuera, Mis hijos. Vívanlo en la práctica concreta del amor al prójimo y de la confianza incondicional en Mí. Sí, cuando venga la aflicción, no huyan, sino permanezcan firmes como ejemplos de una fe inamovible: “He confiado mi vida a Jesús. No tengo miedo. Yo pertenezco a Él. Que se haga Su voluntad en mí”. Así deben hablar, Mis hijos, y no estar llenos de miedo y preocupación por lo que todavía pueda venir.

De la preocupación y del miedo ante el acontecer anticristiano Yo los saco. Sepan también esto: siempre les proveeré alimento. Y si oran antes de comer, verdaderamente, con esta petición y con la fe de que Yo bendigo su alimento, entonces ese alimento no les hará daño, sino que Yo lo purificaré. Ustedes no lo pueden ver, pero en el mundo espiritual sí es visible cómo Mi corriente de bendición fluye entonces dentro de ese alimento. Así les sirve para el bien, y no para la perdición, la enfermedad y la muerte. También esto pertenece a la vida de fe de Mi hijo: esta confianza al recibir los alimentos.

Incluyan todo dentro de su fe. Yo tengo poder sobre todo. Para Mí no existen límites. Confíenme todo: su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo, las personas que encuentran en la calle. Háblenles en silencio, dentro de sus corazones: “Jesús te bendiga”. Y si una persona se comporta de manera extraña en la calle, grita, está borracha y molesta a otros, no la condenen, sino digan: “Jesús te bendiga”. Podría ser un ángel caído.»


A la pregunta sobre el camino de nuestros hijos en esta Tierra, Jesús responde:

«Entre ustedes, aquí en este encuentro, y entre todos los que permanecen en el amor a Mí, los hijos que Yo les he dado son en su mayoría hijos de la luz. Les he confiado la responsabilidad por ellos durante cierto tiempo. Durante ese tiempo tienen la tarea de educar a sus hijos según su mejor saber y conciencia, considerando siempre que ustedes mismos también tienen luchas que sostener, que ustedes mismos deben luchar por su fe y por Mi presencia. Pero en términos generales, ustedes educan a sus hijos desde pequeños de tal manera que sepan lo que es el amor, que hayan conocido al buen Dios y que, hasta donde sea posible, los coloquen en un marco protegido, mientras el entorno y la vida cotidiana lo permitan.

Luego llega un tiempo en que la libre voluntad de cada ser humano sale a la superficie, penetra al hijo en la edad juvenil, y este quiere construir su propio mundo y salir de ese espacio protegido. Ese es el tiempo en que los padres pierden poder sobre sus hijos. No el poder del amor, porque el amor permanece, pero muchas veces pierden el acceso. Entonces entro Yo en acción, porque entonces digo:

Mis amados, aquí Yo asumo la responsabilidad por sus hijos. Entonces, en primer lugar, ya no son hijos de ustedes, sino Mis hijos. En realidad siempre lo fueron, pero Yo los había confiado al cuidado de ustedes. Eso debía ser así para que tuvieran un inicio en esta encarnación terrenal. Y sin embargo, a partir de cierto momento, la libertad del alma está por encima de todo, y entonces Yo cargo con la responsabilidad única por Mi hijo, porque en el sentido más verdadero son Mis hijos.

Con esta conciencia deben vivir ustedes como padres: que en verdad son Mis hijos y que Yo cargo con la responsabilidad por ellos, desde ahora y hasta la eternidad. Solo por un pequeño instante de su existencia les pertenecieron a ustedes, y eso está bien. En ese tiempo aprendieron lo que significa ser padre y madre, para reconocer el amor entre padre o madre e hijo. En ello también pueden y deben reconocer, por correspondencia, el amor del Padre celestial hacia ustedes como hijos. Es un regalo que puedan vivir estas experiencias, para que en su amor de hijos encuentren Mi amor hacia ustedes. Que se trate de hijos propios o adoptados no cambia nada, porque también a sus hijos de sangre los han recibido de Mi mano.

Por eso es importante que Me entreguen a Mí la responsabilidad por sus hijos, que los liberen, que suelten sus almas. Porque si ustedes se aferran a esas almas, ellas siguen prisioneras en la voluntad de ustedes y no tienen la posibilidad de entrar en la libertad que necesitan. Entonces es una pseudo libertad, en la cual no pueden continuar su camino en el sentido divino. Entonces se rebelan y se apartan de ustedes, tanto en el alma como también en el espacio. Aun así, es importante que sigan amando a sus hijos y orando por ellos. Esa debe ser la unión que permanezca entre sus almas y sus corazones, pero no un reclamo de posesión. Ese Me pertenece solo a Mí. Amén.»

Jesús habla: «Mis hijos, en verdad esta es una canción como la que también se interpreta en el cielo. (Después del “Sanctus” de la Misa de Santa Cecilia de Gounod). Allí el coro de los ángeles Me canta: Mi santidad, Mi poder y Mi gloria. Allí estoy en medio de los Míos y ellos Me adoran. Pero aquí en esta Tierra no Me gusta mucho ser adorado, porque, como ustedes saben, he venido a ustedes como Padre celestial. Y como Padre no deseo la alabanza de Mis hijos. Deseo el amor fiel de Mis hijos. Eso es lo que Me alegra. Porque, ¿qué se puede alabar en Mí, si Yo mismo soy todo en todo? Y cuando ustedes Me alaban, en el fondo se alaban a sí mismos, es decir, a Mí en ustedes. Y eso no hace falta. Por eso ámenme. Entonces Me aman a Mí en ustedes y se aman a ustedes en Mí. Y sean fieles a Mí. Entonces Yo soy la fidelidad en ustedes. Eso es lo que espero de ustedes: este regalo de la fidelidad, que da gran alegría a Mi corazón de Padre.

Ahora Mi hijo Me ha pedido tocar algunos temas.

Uno de ellos es este deseo de ustedes, Mis hijos, de que Yo les muestre una tarea, de que sepan qué les queda por hacer en esta Tierra. Y a eso les digo nuevamente, con palabras muy sencillas: Vivan el amor en humildad en la vida diaria. Esa es su tarea principal. En lo pequeño deben servirme y serme fieles. Quien camina por este mundo con los ojos abiertos, encuentra en todas partes y en todo tiempo un servicio de amor que puede prestarme, también en la soledad y en el estar solo. Lo hacen elevando sus pensamientos hacia Mí, pensando junto Conmigo, actuando junto Conmigo, siempre en la conciencia de que Yo estoy con ustedes, de que Yo les doy la fuerza para vivir, actuar, pensar, respirar y amar. Deben hacerse conscientes de que Yo soy su vida y su vitalidad.

Por eso los he puesto sobre el suelo de la humildad, donde reconocen que Yo soy todo en todo. Si abandonan este suelo, entonces creen que pueden actuar y obrar desde ustedes mismos. Entonces vienen la soberbia y el orgullo, y eso no es bueno para ustedes, Mis hijitos. Por eso permanezcan en la humildad. En lo pequeño deben serme fieles, entonces podré ponerlos sobre lo grande. Según sea necesario, los usaré en determinados ámbitos de Mi obra redentora sobre esta Tierra, y más allá, en el gran más allá, porque la redención se extiende hacia la eternidad.

Ustedes saben que todo el universo debe ser espiritualizado. Ese todavía es un camino largo, en el cual Me acompañarán y en el cual redimirán Conmigo en todos los ámbitos de esta creación. Cuando un día, como espíritus, hayan entrado en Mis cielos, desde allí obrarán hacia el mundo material. Así lo hacen también los habitantes del cielo, acompañándolos a ustedes, irradiando en sus corazones con su amor, porque ustedes son sus hermanos. Son aquellos que no entraron en la carne, aquellos de quienes ustedes se despidieron, ya sea desde el cielo o desde un mundo de luz en el que existieron antes. Se despidieron con la decisión libre de venir a esta Tierra, para alcanzar aquí la condición de hijos de Dios en el servicio al amor.

Ese es el sentido de su existencia en esta Tierra. Y cuanto más libres sean en su amor, es decir, cuanto más libres estén de deseos propios respecto al futuro, tanto más podré Yo configurar su futuro. Entonces ese espacio del futuro estará libre en ustedes, ese espacio que muchas veces han llenado de deseos y apetencias, de expectativas y esperanzas que Yo no puedo cumplir porque no forman parte de Mi plan para ustedes. Por eso arrojen lejos de ustedes las expectativas obstinadas sobre el futuro. Yo llenaré ese espacio con Mi plan, entrando Yo mismo en ese espacio. Ese es el puente y ese es el camino por el cual nos moveremos juntos hacia el futuro de este tiempo, y más allá, hacia la eternidad.»


«Mi hijo Me pidió tocar otro tema: la espiritualidad y el esoterismo. Hay muchos ámbitos que Mis hijos han atravesado, y de esos mundos, de esos mundos espirituales que también están invadidos por energías negativas, han traído algo consigo a esta relación de hijos Conmigo. Todavía hay entidades adheridas a ustedes. Y esto también ha sido permitido para que, en la luz en la que ahora están, es decir, en la luz de la verdad en Mí y desde Mí, ellas puedan reconocer que también se han encontrado, y todavía se encuentran, en mundos equivocados.

Ahora tienen la posibilidad de caminar con ustedes un trecho de este camino, en el cual pueden reconocer que deben seguir su propio camino Conmigo. Pero algunas se aferran a ustedes con toda fuerza porque perciben luz y calor en ustedes. Son espíritus que viven de su energía. En parte, ustedes todavía tienen algunos de estos acompañantes consigo, y ellos también afectan su salud.»

Entonces Samuel recibe el impulso de orar: Ahora Te pido, amado Padre, que Te ocupes de estas entidades que hemos recogido al atravesar tierras de fe que no se encuentran puras en Tu verdad. Que podamos ser liberados de esos pasados, de esa carga que no siempre conocemos, pero que está presente y que muchas veces nos hace tropezar sin saber por qué. A veces pensamos pensamientos extraños y no sabemos por qué. Pero no siempre son nuestros propios pensamientos, sino pensamientos que nos son introducidos por estas almas, que así rocían con veneno la verdad y el amor en los que Tú nos has colocado, para que no podamos vivir contigo en la verdad pura y en el amor puro.

Por eso, amado Padre celestial, esta sea la petición de todos nosotros ante Ti: libera estas entidades de nuestras esferas con el poder de Tu amor y de Tu misericordia. Condúcelas a los lugares que Tú has preparado para ellas, para que allí sus almas sean purificadas y ya no busquen su alimento en nosotros.

Visión de Samuel: Veo ahora que ángeles pasan por las filas con el encargo de sacar con poder estas almas de los espacios anímicos individuales y de este espacio en su conjunto, para conducirlas a los lugares de su destino. Así también en este ámbito nuestro amor queda libre, para que estas ataduras al pasado sean quitadas de nosotros: enseñanzas de líderes religiosos extraviados, espiritualidad soberbia, o lo que sea…

Jesús continúa: « … todo eso, Mis hijos, deben soltarlo. De todo eso deben quedar libres. Así como hoy ya los he liberado de la falta de reconciliación y de la falta de perdón, ahora también les he regalado la gracia de dejar atrás sus falsos caminos espirituales, para liberarse un poco más de las garras de este mundo que han atravesado durante tantos años.

Y ahora que esto ha sucedido, Mis hijos, antes notaron las nubes negras que se levantaron en el cielo. Nubes negras, ustedes saben lo que significan: son innumerables almas fallecidas que se mueven allí, que recorren las tierras y que deben encontrar enfriamiento por medio de los espíritus de paz, que también se encuentran en esas alturas y esferas. Estos derriban a esos malos acompañantes hacia la tierra, y luego caen como lluvia, para quedar atados aquí en la tierra, de modo que en esta escuela de humildad y paciencia en la que son colocados puedan volver a tomar conciencia.

Este es el ciclo de la vida, el ciclo de la naturaleza, que para su ciencia se desarrolla solamente en el plano material. Pero en verdad son procesos y acontecimientos anímico espirituales que interactúan: espíritus que actúan por encargo Mío, espíritus de la naturaleza dotados de instinto y almas fallecidas.

El ser humano ha intervenido profundamente en el orden divino mediante manipulaciones del clima. Por el veneno que llueve del cielo se ha producido un caos en las capas de aire, y esto ha tenido y tendrá efectos aún peores sobre aquello que Yo hago crecer en esta Tierra. Así los seres humanos han envenenado en gran parte su alimento, así como también fue envenenado el alimento espiritual. Vean también aquí la correspondencia.

Por eso digo: oren en voz alta o en silencio antes de comer, para que Yo bendiga el alimento para ustedes y para que su salud no sufra al recibir alimento envenenado. Sin embargo, también es necesario, Mis hijos, que no coman en exceso, sino que reciban el alimento en una medida razonable, siempre con la conciencia de que por medio de ello lo natural es espiritualizado, y que así, al comer y al beber, ustedes participan también en el proceso de redención.

Así ven que, cuando se miran las cosas de este mundo desde una perspectiva espiritual, todo adquiere otro rostro. Uno ve a través del mundo, reconoce el mundo detrás de este mundo. Y eso también deben hacerlo ustedes, Mis hijos. Es importante para ustedes, porque entonces les será todavía más fácil separarse del mundo material. Entonces tomarán todavía más distancia de las formas materiales de mirar la vida, que atan al ser humano a la materia y, por tanto, a la muerte. Esta aclaración quería darles.

Y ahora, como he hablado de los del más allá, he abierto ampliamente la puerta del más allá, para irradiar hacia el mundo oscuro y bendecir a los que se encuentran allí. Y les digo: “También ustedes son Mis hijos, y también a ustedes les digo: vengan todos a Mí, los que están cansados y cargados. Yo soy un Dios de amor. Estoy dispuesto a recibirlos, sin importar qué pasado lleven dentro. Estoy dispuesto a tomarlo sobre Mí, a transformarlo, a cambiarlo, a equilibrarlo, para que queden libres, para que puedan continuar su camino hacia el Reino del Espíritu, porque aquí no está su hogar.

Y a ustedes, que no saben que ya hace tiempo dejaron sus cuerpos, les digo: ustedes ya no son ciudadanos de esta Tierra. Son ciudadanos del mundo del más allá. Oriéntense hacia eso. Reconozcan que ya no llevan cuerpos terrenales.

Así les regalo este pequeño despertar con estas palabras, para que también ustedes tengan la posibilidad de separarse de este mundo y de ir con aquellos que ahora envío hacia ustedes, quienes los instruirán y acompañarán a los lugares que he preparado para ustedes”.

Así también deben orar ustedes, Mis hijos, por los que todavía están aferrados a esta Tierra, ya sean familiares o antepasados, amigos y conocidos que han partido de esta Tierra. Inclúyanlos a todos en sus oraciones. Háblenles de Mí, del Dios de amor, y concluyan estas oraciones diciendo: “Padre, que se haga Tu voluntad en todo tiempo”. Así deben hacerlo en todas sus peticiones.»

Samuel: Jesús dice que, si alguien tiene una pregunta, puede hacerla.

Una hermana pregunta: Quería preguntar qué dice el Padre sobre orar también por el ángel guardián y pedirle a Jesús que bendiga a nuestro ángel guardián. No sé cómo decirlo, porque muchas veces siento que debo pedir por mi ángel guardián, que Jesús abra cada vez más Su corazón para él y también para mi familia celestial. Pero no sé si eso es correcto.

Jesús responde: «Hija Mía, lo que sus ángeles guardianes necesitan con más urgencia es paciencia. Paciencia con ustedes. Pidan que sus ángeles guardianes tengan paciencia, porque no les resulta fácil estar a su lado. Deben ver cómo ustedes, en sus frecuentes desviaciones, se hacen daño cuando se apartan de Mí. Eso les duele y les da tristeza. Pero no pueden ni deben intervenir. Deben observar lo que ustedes hacen. Pueden darles impulsos. Pueden actuar sobre su conciencia de manera silenciosa, pero casi siempre ustedes no escuchan su voz suave, así como tampoco escuchan Mi voz suave en sus corazones, en medio del ruido del mundo. Por eso digo una y otra vez: retírense del mundo. Entren en el silencio interior. Oblíguense a entrar en el silencio interior.

(Jesús habla ahora con mucha ternura en voz baja y lleno de mansedumbre) En el silencio de sus corazones los envuelvo, allí donde los espero con un susurro: “Hijo Mío, te amo”. En el silencio del corazón de Mi hijo muchas veces estoy solo. ¿Un Dios solitario? ¿Es eso posible? Sí, también un Dios tiene anhelo del amor de Su hijo. Por eso les pido, como su Padre celestial: tómense tiempo para estos momentos de silencio Conmigo. Unos minutos, un cuarto de hora, una hora.

Rechacen la actividad que los presiona en ese momento, porque es una tentación para mantenerlos lejos de Mí. Déjenlo todo y salgan del mundo. Ya sea en la naturaleza o en su casa: pónganse cómodos y quédense completamente en silencio. Entonces oirán Mi susurro, Mi suave llamado a la puerta de su corazón. Y si Me abren, Mis hijos, este aliento de Mi boca vivificará su alma con un amor que solo pueden experimentar en esta intimidad Conmigo.

Y si hacen esto, una y otra vez, cada vez con más frecuencia y cada día, con constancia en la fidelidad y también con la alegría anticipada de encontrarse Conmigo, entonces todo avanzará muy rápido, Mis hijos. Entonces vivirán milagro tras milagro, y pensarán: “Dios mío, ¿por qué no hice esto antes? Entrar en este silencio interior para encontrarme contigo. Ahora recién reconozco el valor de Tu presencia en mí. Ahora recién comprendo qué significa la vida y el amor, porque Tú me has llenado en estos encuentros diarios en mi corazón”.

Todo esto es muy sencillo, Mis hijos. El amor hacia Mí no es complicado. Es para todos los seres humanos, no solo para los sabios, los inteligentes o los supuestamente mejores, porque tales personas no existen. Hay un solo Dios y muchos hijos. Y Yo soy un Dios para todos. Amén.»


Jesús habla para concluir: «Mis hijos, así concluyo ahora este día; no porque cierre Mi corazón ante ustedes. No, no es así. Porque Mi corazón fue abierto en la cruz y permanece abierto por toda la eternidad, y la herida de Mi corazón permanecerá mientras esta creación sea conducida a la redención, tanto en las regiones luminosas como en las oscuras de la infinitud. Así Me encuentro con ustedes, por un lado, exteriormente como Jesucristo crucificado; y por otro lado, Me he puesto dentro de ustedes como Jesucristo resucitado, con quien también ustedes deben resucitar, para que juntos resucitemos del sepulcro de su carne. Así soy Yo la vida eterna como Jesucristo resucitado, que ha vencido a la muerte, para cada uno de ustedes y para la totalidad de esta creación. Amén.»