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GEJ 1.122

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 122 de 161

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GEJ 1.122.1

El joven dueño de la casa, Mateo el recaudador —a quien no se debe confundir con el otro Mateo, que solo era escribiente oficial; de ahí que la Escritura añada «el recaudador» cuando se refiere a este Mateo—, hizo entrar a Mis discípulos, a los fariseos y a los escribas. Ellos entraron, se sentaron y comieron y bebieron abundantemente. Solo Judas se moderó mucho esta vez, pues temía una cuenta elevada y, como era bien sabido, no era muy amigo de pagar.

GEJ 1.122.2

Cuando estábamos reunidos de muy buen ánimo y los fariseos y escribas se habían ido entendiendo cada vez mejor con los recaudadores y los llamados pecadores, una sirvienta de la cocina se acercó al dueño de la casa y dijo: «¿Qué haremos ahora? Acaban de llegar los pescadores, trajeron pescado y quieren algo de comer y beber. Pero como hoy recibimos por casualidad tantos huéspedes forasteros, que casi agotaron nuestras provisiones del día, en la cocina ya no sabemos qué hacer». Mateo el recaudador preguntó: «¿Cuántos son?». La sirvienta respondió: «Serán unos veinte». Mateo dijo: «Háganlos entrar; aquí todavía hay provisiones en abundancia».

*

GEJ 1.122.3

La sirvienta fue a comunicárselo a los pescadores. Ellos entraron en el gran comedor y se sentaron de inmediato ante una mesa pequeña de la cual (Mateo 9:14) ya se habían levantado los invitados del almuerzo.

*

GEJ 1.122.4

Cuando los pescadores reconocieron a Pedro y a varios de sus antiguos compañeros de trabajo, se saludaron mutuamente. Como su mesa se veía algo más escasa que la nuestra, los pescadores dijeron a Pedro con cierto mal humor: «En nuestro caso esto es comprensible, pues todavía somos discípulos verdaderos y fieles de Juan, y nuestra ley es el ayuno. Pero ustedes, como nuevos discípulos de Jesús, pueden comer cuanto quieran, según vemos; ¡entre ustedes parece que ya ni siquiera se habla del ayuno!».

GEJ 1.122.5

Pedro dijo: «Juan ayunó por aquello que nosotros ya poseemos, y nosotros ayunamos con él conforme a su enseñanza y a su predicación estricta. Juan anunció a Aquel con quien estamos y dio testimonio de Él. Pero cuando Él vino y recibió incluso el bautismo con agua de manos de Juan, Juan no confió plenamente en sus sentidos, y ustedes tampoco lo hacen. Aunque Juan, impulsado por el espíritu, dio testimonio de Jesús y, cuando Él se acercó, nos dijo: “¡Miren, Aquel que viene! Este es de quien les he hablado: Él vendrá después de mí, y yo no soy digno de desatar las correas de Sus sandalias”, aun así dudó secretamente en su interior, igual que ustedes, y todavía duda. Por eso él sigue ayunando y ustedes también; pero para nosotros, los creyentes, el ayuno ha terminado. Si ustedes continúan ayunando, la culpa es solamente suya. Y está bien que así sea, pues del mismo modo que el ciego no puede saciar su vista con la luz y sus colores, quien está ciego de corazón tampoco podrá saciar ni su corazón ni su estómago. ¿Lo entienden?

GEJ 1.122.6

Si Juan hubiera creído, habría seguido al Cordero que, según el testimonio de su espíritu, quita los pecados del mundo. Pero como su propia alma dudaba de Aquel de quien su espíritu daba testimonio en ella y por medio de ella, permaneció en el desierto hasta que Herodes lo arrestó, según hemos oído.

GEJ 1.122.7

¿Por qué no Lo siguió, si por medio del espíritu nos había dicho: “¡A Este deben escucharlo!”? ¿Por qué él mismo no quiso escucharlo? ¿Por qué no Lo siguió de inmediato, si antes había ejercitado y conducido toda su vida con tanta severidad por causa de Aquel que había de venir? No sabemos que Este, a quien seguimos, le haya prohibido jamás seguirlo. Díganme, por tanto, una sola razón válida por la cual Juan no siguió de inmediato a Jesús».

GEJ 1.122.8

Los discípulos de Juan quedaron desconcertados y no supieron qué responder a Pedro. Solo uno de ellos dijo que era falsa la noticia de que Herodes había arrestado a Juan; Herodes únicamente lo había llamado a su residencia en Jerusalén para conocer por él todo acerca del Ungido de Jehová que había de venir. Herodes estimaba demasiado a Juan como para encarcelarlo.

GEJ 1.122.9

Pero Pedro dijo con cierto humor: «Si todavía no ha sucedido por completo, sin duda sucederá muy pronto. Pues Herodes es un zorro astuto y no merece más confianza que una serpiente».

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