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GEJ 1.110

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 110 de 161

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GEJ 1.110.1

Nos sentamos a la mesa y comenzamos a comer con mucho ánimo y alegría. Entonces Judas entra por la puerta y empieza a reprocharnos enérgicamente que no hubiéramos enviado a alguien a buscarlo. Según él, debíamos saber que tenía mucho que hacer y que no podía averiguar a cada momento cuándo íbamos a comer; pues también él pertenecía a nuestra compañía. Tomás se enfurece mucho al oír estas palabras y dice: «Señor, ¡se acabó mi moderación! Es hora de que vuelva a probar mis puños».

*

GEJ 1.110.2

Yo digo: «Déjalo. ¿Nunca has oído que, donde viven doce ángeles bajo un mismo techo, el duodécimo es un diablo disfrazado? ¡Déjale su gusto! A ese no lo cambiarás». Tomás se sienta y Judas sigue su camino sin comer.

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GEJ 1.110.3

Mientras seguimos comiendo la comida bien preparada, Judas regresa, nos habla amablemente y pide que le den algo de comer; pues en la ciudad no se conseguía nada, ya que los numerosos visitantes se habían comido todo lo preparado.

GEJ 1.110.4

Yo digo: «Entonces denle algo de comer». El hermano Jacobo le dio pan, sal y un pescado entero, grande y bien preparado. Judas se comió por completo el pescado, que pesaba unas siete libras, y después bebió mucha agua, tras lo cual empezó a sentirse algo mal. Entonces comenzó a quejarse y afirmó que el pescado no estaba fresco, cosa que siempre le dañaba el estómago.

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GEJ 1.110.5

Tomás vuelve a enojarse y le dice a Judas Iscariote: «Sigues siendo el mismo hombre tosco y grosero de siempre. Ve a la despensa y comprueba si nuestros pescados están echados a perder. Si, hambriento como un lobo, devoras de inmediato un pescado de siete libras, bebes además una jarra entera de agua y te comes también un pan nada pequeño, necesariamente sentirás presión en el estómago. Pero si de veras te duele tanto, tenemos al mejor médico entre nosotros. Pídele ayuda y seguramente te ayudará».

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GEJ 1.110.6

Judas Iscariote dice: «Todos ustedes están furiosos conmigo y dicen que soy un diablo. ¿Cómo van a creerle a un diablo que está sufriendo, y cómo van a ayudarlo?».

GEJ 1.110.7

Tomás dice: «¿No estuviste con nosotros entre los gergesenos? ¿No viste cómo el Señor escuchó allí incluso la petición de los demonios y les concedió lo que habían pedido? Si ahora te consideras realmente un diablo, pide entonces como tal. Seguramente aparecerá alguna piara de cerdos en la que puedas entrar, si el Señor escucha tu petición».

GEJ 1.110.8

Judas Iscariote dice: «Ah, verdaderamente quieres mi bien. ¡Nunca habría creído tener en ti un amigo tan bueno! Sin embargo, pediré una ayuda eficaz a Jesús, el hijo de esta casa, y veré si Él me obliga, como tú, a entrar en una piara de cerdos». Entonces Judas se vuelve hacia Mí y Me expone su malestar. Pero Yo le digo: «Ve a tus vasijas; allí mejorará tu estómago».

GEJ 1.110.9

Judas se marcha y, al pasar junto a Tomás, comenta: «¡Así que no iré a una piara de cerdos!». Tomás responde: «Pero tampoco es mucho mejor, porque tus vasijas son para ti mercancía de usura, del mismo modo que los cerdos lo eran para los gergesenos». Judas no contesta y se aleja rápidamente.

GEJ 1.110.10

Poco después llegan a la casa tres fariseos de Capernaúm y preguntan si Yo estoy allí. Cuando les dicen que sí, entran de inmediato en el comedor y vuelven a preguntar por Mí, pues no Me conocían personalmente.

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GEJ 1.110.11

Pero Yo digo con gran energía: «¡Soy Yo! ¿Qué quieren que haga por ustedes?».

GEJ 1.110.12

Ellos se asustan tanto por la manera en que les hablo que ya no se atreven a preguntar nada, pues Mi palabra enérgica produce en sus corazones el efecto de un rayo que los hubiera alcanzado. Yo les pregunto nuevamente qué quieren.

GEJ 1.110.13

Entonces uno de ellos da un paso al frente y dice con voz muy temerosa: «¡Buen Maestro!».

GEJ 1.110.14

Pero Yo digo: «¿Por qué Me llamas bueno? ¿No sabes que nadie es bueno excepto Dios?». El fariseo dice: «Te ruego que no seas tan duro conmigo, pues necesito Tu ayuda ya comprobada». Yo respondo: «Vete y no Me detengas, porque esta tarde bajaré al lago para pescar; allí Me encontrarás».

GEJ 1.110.15

Con esta respuesta, los tres se retiran. El que había hablado conmigo era un jefe de la escuela y de la sinagoga de Capernaúm, y se llamaba Jairo.

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