Pero Judas Iscariote, que está junto a nosotros, dice: «Yo pienso que un poco de dinero nunca puede perjudicar a una persona durante un viaje».
Pero Yo digo: «Quien Me conoce como este posadero, que también estuvo conmigo en Sicar, sabe que a Mi lado se puede vivir muy bien aun sin dinero. Mira, no tengo ningún bolsillo en Mi túnica y mucho menos algo de dinero; sin embargo, conduje hasta aquí a muchos cientos de personas a través de Judea y Samaria. Pregúntales cuánto le costó este viaje a cada una.
Además, te digo que dentro de muy poco sucederá que alimentaré a muchos miles sin tener conmigo más dinero del que tengo ahora.
Te digo: una confianza verdadera y plena en Dios vale más que todos los tesoros de la Tierra. Con estos puedes ayudar durante un breve tiempo a tu cuerpo, pero nunca a tu alma. Si has corrompido tu alma y de este modo la has perdido, ¿qué podrás dar después como rescate por ella?».
Judas dice: «Sí, sí, seguramente tienes razón; pero para ciertas cosas el ser humano necesita tener dinero».
Yo digo: «¿Cuánto dinero tenía Moisés cuando sacó de Egipto a los israelitas?». Judas responde: «¡Tenía oro, plata y piedras preciosas en gran cantidad!».
Yo digo: «Es verdad que lo tenía, pero precisamente esto le impidió llegar a la Tierra Prometida. ¿Puedes comprenderlo?».
Judas dice: «Yo pensaría que, en el caso de Moisés, el profeta de todos los profetas de Jehová, la culpa no fue del oro y la plata que tuvo que llevarse de Egipto por mandato de Dios, sino más bien de que, en una hora de debilidad, confió demasiado poco en la fidelidad de Jehová».
*
Yo digo: «¿Y cuál fue la causa de que un día llegara a estar así? Aquel que entonces permitió que Moisés se debilitara precisamente por pensar en el oro y la plata está aquí y te lo dice. Es verdad que está escrito mediante una imagen; pero tal como Yo te lo he anunciado, así es y así sucedió en realidad».
*
Judas dice: «Bien, Te creo que entonces fue así. Pero ahora el rey de Roma y la mitad de la Tierra han introducido el dinero como medio legal de intercambio para facilitar las relaciones necesarias entre los seres humanos, y estamos obligados a utilizarlo. Si no es pecado ofrecer dinero en el arca de Dios, tampoco será pecado darle ese mismo dinero a algún pobre para que pueda mantenerse durante varios días. Por eso, precisamente a causa de los pobres, es bueno llevar dinero durante un viaje, puesto que el Estado lo ha introducido legalmente. Así, el posadero Coban bien podría haber conservado sus pocas monedas de plata».
*
Yo digo: «Aunque llevas contigo una bolsa bien provista, ayer no diste nada a los tres pobres que te suplicaron una limosna. Por eso pienso que tú mismo no haces del dinero el uso digno de elogio por el cual acabas de ensalzarlo ante Mí.
En cuanto al dinero depositado en el arca de Dios, te lo digo abiertamente: es una abominación de la desolación; quizá no tanto para unos pocos pobres de espíritu que creen asegurarse así el Cielo, pero mucho más para quienes sacan el dinero del arca y lo derrochan por la noche con prostitutas. Mientras no existió el dinero, tampoco hubo prostitutas públicas como ahora. Pero desde que existen el dinero y toda clase de monedas fraccionarias, hay en Jerusalén, como en casi todas las demás ciudades, una enorme cantidad de prostitutas, y los hombres pecan con ellas día y noche. Cuando a quienes poseen mucho dinero ya no les agradan las mujeres del lugar, hacen traer sirvientas de las regiones altas, las compran en Grecia y después practican con ellas en Judea la prostitución más vergonzosa. Mira: todo esto y mil veces más constituye la bendición de tu dinero tan ensalzado.
Pero esto es apenas el comienzo de la maldición que pesa sobre el dinero.
Vendrán tiempos peores que aquellos en los que Noé construyó el arca. Deberán su miseria al oro y a la plata, y nada sino un fuego procedente de los Cielos, que consumirá toda la inmundicia del infierno, liberará a los seres humanos de la miseria de las miserias».
Judas dice: «Sí, sí, Tú eres un profeta incomparable y puedes saber tales cosas; pero si se emplea bien el dinero, no puede ser algo equivocado, ¿verdad?».
Yo digo: «Sí, si se quisiera utilizarlo bien, sería tan bueno como cualquier otra cosa en la Tierra, que también puede emplearse bien o mal. Sin embargo, la gran diferencia consiste en lo siguiente: cuando entras en una ciudad, tienes que llevar sobre los hombros toda clase de cosas —utensilios o alimentos— y recibes a cambio algo distinto que necesitas, además de comida y bebida preparadas. Esto ciertamente resulta incómodo, pero también hace más difícil ser inducido al pecado. Si llegas con mercancías y bultos o arrastras un carro lleno de utensilios, te acercas con ellos a una prostituta y quieres pecar con ella a cambio de algunas ollas o vasijas, ella se burlará de ti y se reirá, y quedarás preservado del pecado. Pero si llegas con piezas de oro y plata, no se burlará de ti ni se reirá, sino que te llevará a su habitación de libertinaje y te provocará al pecado con toda clase de estímulos para sacarte todavía más oro y plata. De este modo, el dinero es ciertamente algo cómodo, pero también sumamente seductor y conveniente para pecar.
*
Por eso Satanás introdujo el dinero en este mundo, para que mediante él se pecara con mayor facilidad y frecuencia. ¿Todavía no comprendes que una buena oportunidad es el mejor medio para atraer ladrones?».
Judas dice: «Sí, sí, eso es correcto. Pero si se quisiera mantener alejados a todos los ladrones haciendo que no encontraran entre las personas nada que pudiera despertar su deseo, habría que cambiar una cantidad enorme de cosas. En primer lugar, todos los seres humanos tendrían que ser igualmente pobres en toda clase de bienes terrenales; en segundo lugar, deberían parecerse unos a otros como los gorriones machos y hembras; y en tercer lugar, nadie podría ser más sabio que los demás. Mientras esto no ocurra, todo discurso, enseñanza y realización de señales será inútil. Es verdad que muchos se orientarán por ello, pero diez veces más permanecerán como son a pesar de toda enseñanza y de todas las señales, cuando no se vuelvan con igual facilidad, o incluso más fácilmente, diez veces peores que antes. Todo ser humano tiene algo de amor propio y desea contar con una provisión moderada. Por eso piensa de manera natural primero en sí mismo y solo después en los demás, y esto no puede reprochársele. No todos pueden tener casa y terreno, pues entonces Dios tendría que hacer que con cada recién nacido viniera al mundo de inmediato un terreno con su casa y que creciera junto con él. Pero como esto no sucede y quienes nacieron antes se apropiaron hace mucho tiempo de cada rincón de la Tierra, de modo que la mayoría de los recién nacidos no pueden poseer ni un palmo de terreno, al final solo les queda hacerse indispensables para los propietarios indolentes mediante toda clase de conocimientos y entrar a su servicio de una u otra forma, o dedicarse al robo para no tener que empuñar el pesado bastón de mendigo. Si la mejor parte de quienes no poseen terreno ni casa solo recibe dinero por sus servicios y lo ahorra cuanto puede para tener algo durante la vejez, no encuentro en ello nada malo. Veo en el dinero una nueva creación de terreno y suelo para todos los que llegaron por procreación y nacimiento a esta miserable Tierra sin ninguna posesión que puedan esperar jamás. Debo reconocer abiertamente que Dios mismo, quien no quiere o no desea crear un terreno nuevo para cada recién nacido, inspiró a los gobernantes la buena idea de crear dinero. De este modo, también los hijos de quienes no poseen nada pueden alcanzar la provisión necesaria, a menudo mejor que la basada en terrenos y propiedades. Dios no puede querer que los hijos de quienes carecen de bienes perezcan. Evidentemente, ellos no tienen la culpa de haber nacido con las mismas necesidades vitales que los hijos de los propietarios».
*
Aunque te conceda todo lo que ya has enseñado, a Ti, que quizá seas el mayor profeta que jamás haya pisado esta Tierra, no acepto Tu explicación acerca del carácter perjudicial del dinero. Porque así como el dinero puede volverse dañino desde Tu punto de vista, también cualquier otra cosa puede hacerlo. Si yo poseyera todas las ovejas, bueyes, vacas, terneros, asnos, gallinas y palomas, todos los frutos y todo el pan que han sido robados en nuestro país tan solo desde los tiempos de David, sería el hombre más rico de todo Israel. Y la prostitución se practicó antiguamente, cuando no existía el dinero —por ejemplo, en Sodoma, Gomorra y Babilonia—, de manera igual e incluso más extendida que hoy.
*
No pretendo afirmar que estés equivocado en lo que dices acerca del dinero. Pero ¿qué existe en esta miserable Tierra con lo cual no se hayan cometido ya miles de maldades? Si Dios no maldice de manera tan desmedida todas esas cosas por su mala utilización, ¿cómo podría estar precisamente tan airado contra el dinero y hacerse Él mismo digno de maldición?».
*
Yo digo: «Cuando alguien ama algo, también tiene suficiente entendimiento para elogiarlo. Pero tú amas el dinero de manera desmedida y, por eso, sabes muy bien cómo ensalzarlo. Ya no te diré nada más al respecto, porque aquello que se ama también se sabe elogiar. Sin embargo, dentro de un tiempo no muy lejano llegarás a conocer la maldición del dinero. Pero ahora no hablemos más de esto. El camino hacia Cafarnaúm es transitable, y debemos llegar allí antes de la puesta del sol y buscar alojamiento».