Nos ponemos ahora en camino. Sin embargo, el joven posadero se acerca otra vez a Mí y Me pide que pase la noche en su casa.
Pero Yo digo: «Regresaré pronto. Antes de ir a Jerusalén para la próxima fiesta, debo visitar Nazaret, y volveré a alojarme contigo tanto en el viaje de ida como en el de regreso».
El posadero dice: «Señor, esa será mi mayor felicidad. Pero si hoy de ningún modo quieres permanecer más tiempo aquí, permíteme al menos, por favor, acompañarte nuevamente».
Yo digo: «Eres completamente libre de hacerlo, pues por Mi parte nadie debe ser obligado jamás a nada. Quien quiera aceptarme, que Me acepte; y quien quiera seguirme a Mí y a Mi enseñanza, que lo haga. Porque Yo y Mi Reino somos libres y, por eso, también debemos ser conquistados en plena libertad.
Ante Mí solo tiene validez la autodeterminación completamente libre. Todo cuanto esté por encima o por debajo de ella carece de valor ante Mí y ante Mi Padre, quien está en Mí como Yo estoy en Él.
Porque toda coacción que provenga de cualquier lugar distinto del corazón más íntimo y propio es ajena, y no puede tener validez alguna dentro de Mi orden eterno y completamente libre para la vida de cada ser humano, la cual tampoco es ajena, sino única y enteramente propia.
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En el fondo, ¿de qué te serviría afirmar que una obra de arte realizada por una mano ajena era obra de tus propias manos? Si después alguien viniera y te pidiera reproducirla a cambio de una gran recompensa, quedarías avergonzado y tendrías que soportar que el cliente te llamara ante todo el mundo mentiroso, impostor y fanfarrón que presume de una fama ajena.
Del mismo modo, el pleno desarrollo de la propia vida ha sido puesto en las manos completamente propias de cada ser humano.
Todo cuanto, durante la gran prueba futura de la vida de cada ser humano, sea reconocido ante los ojos de Dios como algo ajeno en la persona, le será quitado. Entonces se dirá: «A quien tiene, se le dejará lo que posee y se le dará mucho más; pero a quien no tiene nada propio, se le quitará lo que tiene, porque no es suyo, sino únicamente ajeno».
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Te digo que ni siquiera es necesario que vengas con nosotros. Pero si debes hacerlo puramente desde ti mismo y por amor a Mí, no solo no perderás nada, sino que ganarás diez veces más en todo. Porque todo el que haga algo por verdadero amor a Mí recibirá aquí una recompensa diez veces mayor y, algún día en Mi Reino, cien veces, incluso mil veces y sin límite».
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El posadero dice: «Señor, si es así, sin duda iré contigo, pues mi propio corazón me impulsa a hacerlo y quiero obedecerlo con la mayor exactitud».
Yo digo: «Bien, hazlo. Así vivirás desde tu corazón, y solo esa es la vida verdadera. Toda otra vida que no provenga del corazón no es vida, sino la muerte de la vida propia en cada ser humano. Yo solo te digo esto como Señor de toda vida».
El posadero se siente completamente feliz por ello, toma enseguida su pequeño morral y algo de dinero y se prepara para viajar.
Pero Yo le digo: «Libérate de todo y caminarás mucho más ligero, pues los ladrones solo atacan a quienes saben que llevan algo consigo. Pero si no tienes nada, tampoco podrán quitarte nada».
Entonces el posadero entrega a su esposa el dinero y su pequeño morral y Me sigue sin ninguna de las dos cosas.