Yo dije: «Querido amigo, ninguno de tus antepasados tiene importancia para esto, y mucho menos los dioses que veneraban. Tus antepasados murieron hace mucho tiempo, y sus dioses nunca existieron fuera de la fantasía de personas con imaginación poética. Detrás de sus nombres e imágenes jamás se ocultó una realidad verdadera. Por tanto, si abandonas la fe completamente vacía en tus dioses, no se pierde absolutamente nada, pues ellos pueden fortalecer tu alma tan poco como unos alimentos pintados podrían nutrir tu cuerpo. Como ya dije, nada de eso tiene importancia; todo depende de la única verdad pura.
*
Porque si vives desde la mentira, tu vida no es en sí misma más que mentira y jamás podrá llegar a ser realidad. Pero si tu vida surge de la verdad y es verdad en sí misma, entonces también será realidad y certeza todo cuanto produzca desde sí. Sin embargo, nadie puede ver o reconocer la verdad partiendo de la mentira, porque para la mentira todo es mentira. Solo para quien renace del espíritu de la verdad y llega a convertirse dentro de sí en verdad, sí, en verdad plena, hasta la mentira se convierte en verdad.
*
Porque quien puede reconocer la mentira como mentira es él mismo verdad en todo, ya que reconoce inmediatamente la mentira como lo que es; y eso también es verdad. ¿Comprendes esto?».
El coronel dijo: «Amigo, hablas correctamente y en Ti hay una profunda sabiduría. Pero ¿dónde está la gran y magnífica verdad, y qué es? ¿Son las cosas realmente como las vemos, o acaso los ojos de una persona negra las ven de modo diferente? A una persona una fruta le sabe dulce y agradable, mientras que a otra la misma fruta le resulta amarga y repugnante. Asimismo, distintos pueblos hablan lenguas diferentes; ¿cuál de ellas es verdadera y buena? Consideradas las cosas en relación con cada individuo, muchas podrán ser verdaderas. Pero, según mi entendimiento, nunca puede existir una verdad universal que lo abarque todo. Y si existe, muéstrame dónde y qué es, y en qué consiste».
Yo dije: «Amigo Mío, mira, ahí se encuentra el antiguo nudo gordiano que ya conoces y que nadie pudo desatar, salvo el héroe de Macedonia que te es conocido.
Lo que contemplas y percibes mediante los recursos de la carne es semejante a la carne y a sus recursos. Como ella, es inconstante y perecedero. Pero ¿cómo podría algo inconstante y perecedero ofrecerte la materia para la verdad eternamente inmutable e imperecedera?
Solo hay una cosa dentro del ser humano, y ese grande y santo Uno es el amor. El amor es un verdadero fuego procedente de Dios y habita en el corazón. En ningún otro lugar sino únicamente en ese amor está la verdad, porque el amor mismo es el fundamento primordial de toda verdad en Dios y, procedente de Dios, en cada ser humano.
Si quieres contemplar y reconocer las cosas y a ti mismo en la verdad plena, debes hacerlo desde este único fundamento verdadero y primordial de tu ser. Todo lo demás es engaño. La cabeza de cada persona y cuanto hay dentro de ella pertenecen al ámbito del nudo gordiano que ya conoces, el cual nadie puede desatar por mucho que reflexione cuidadosamente.
Solo mediante una fuerza cortante puede el ser humano partir este nudo con el espíritu del amor dentro de su propio corazón. Después podrá comenzar a pensar, contemplar y reconocer desde el corazón, y solo por este nuevo camino llegará a la verdad de su propio ser y vida, así como a la de cualquier otro ser y vida.
Tu cabeza puede crearte innumerables dioses; pero ¿qué son? Te digo que no son más que figuras vanas y sin vida, producidas en el cerebro por su mecanismo poco firme. En cambio, dentro del corazón encontrarás un solo Dios, y este es verdadero porque el amor en el que encontraste al único Dios verdadero es en sí mismo verdad.
Por consiguiente, la verdad solo puede buscarse y encontrarse dentro de la verdad. La cabeza habrá hecho suficiente si te proporciona la llave hacia la verdad. Sin embargo, todo cuanto te exhorta y te atrae hacia el amor puede ser una llave. Sigue, pues, esa atracción y esa exhortación, entra en el amor de tu corazón y encontrarás la verdad que te liberará de todo engaño.
*