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GEJ 1.33

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 33 de 161

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GEJ 1.33.1

Su médico, que también había salido antes con ella, se adelantó rápidamente para preparar con sus sirvientes el mejor alojamiento y una cena lo más abundante posible para Mí. Pero cuando entró en la casa, no pudo dejar de maravillarse al ver que su gente ya casi había terminado todo lo que él apenas iba a ordenar. Con muy buen ánimo les preguntó quién les había mandado hacer aquello. Ellos respondieron: «Vino un joven de figura espléndida y dijo con voz muy suave: “Hagan esto, porque el Señor que pronto vendrá a esta casa necesita todas estas cosas”. Al oír aquello de una manera tan maravillosa, dejamos todo lo demás y comenzamos a hacer —y todavía estamos haciendo— lo que ese joven extraordinario nos ordenó».

GEJ 1.33.2

El médico, asombrado, preguntó: «¿Dónde está ese joven extraordinario?». Los sirvientes respondieron: «No lo sabemos. Después de ordenarnos hacer esto, salió rápidamente de la casa y no sabemos adónde fue». El médico dijo: «Entonces sigan trabajando sin desanimarse, porque a esta casa le está llegando una gran salvación, y todos ustedes participarán de ella».

GEJ 1.33.3

Entonces el médico volvió a salir rápidamente de la ciudad para informarme que todo estaba ya preparado.

GEJ 1.33.4

Pero por el camino se encontró con algunos ultramosaístas, quienes lo detuvieron y dijeron: «Amigo, no está bien correr así en sábado. ¿No sabes de cuántas maneras se puede profanar el día de Jehová?».

GEJ 1.33.5

El médico dijo: «¡Ustedes, esclavos de la letra de Moisés! Consideran pecado caminar de prisa en un sábado que ahora, después de ponerse el Sol, ya es solamente un periodo posterior al sábado. Pero cuando en sábado deshonran a sus mujeres y criadas y practican con ellas la más descarada inmoralidad, prostitución y adulterio, ¿qué consideran que es eso? ¿Ordenó Moisés hacerlo en un día festivo de Jehová?». Los samaritanos respondieron: «Si hoy no fuera sábado, te apedrearíamos por hablar así; pero esta vez todavía te lo perdonaremos». El médico replicó: «Bueno, bueno, sus palabras y su manera de pensar se manifiestan muy bien precisamente ahora, cuando el Mesías prometido desde hace tanto tiempo se encuentra ante las puertas de Sicar y yo corro a Su encuentro para decirle que en Su casa ya está todo preparado para recibirlo. ¿Todavía no han oído lo que sucedió hoy ante la puerta de nuestra ciudad?».

GEJ 1.33.6

Los samaritanos dijeron: «Hemos oído que allá afuera, junto al pozo, una caravana judía estableció su campamento y que un judío, probablemente el jefe de la caravana, afirma ser Cristo. Tú eres médico y, sin embargo, ¿no comprendes que los judíos idearon esta broma para engañarnos y ahora quieren ejecutarla con nosotros, a quienes toman por tontos? ¡Vaya Mesías tan excelente! ¿Crees que no lo conocemos? ¿Acaso no somos también de Galilea y ahora compañeros de fe de ustedes, estrictos conforme a las disposiciones de Moisés? Como somos de Galilea, conocemos a este nazareno, que es hijo de un carpintero. Puesto que ya no le gusta trabajar, se deja utilizar como vil instrumento de los fariseos, realiza algunas artes mágicas aprendidas y se hace pasar por el Mesías a costa de ellos. Burros y bueyes como tú caen en la trampa y creen sus palabras seductoras. Habría que detenerlos a todos, azotarlos fuertemente con varas y arrojarlos al otro lado de la frontera como excrementos y suciedad».

GEJ 1.33.7

«¡Oh, ciegos! En mi casa esperan por Él ángeles de Dios, quienes traerían desde los Cielos alimento, bebida y lechos para Él, ¡y ustedes hablan de esa manera!».

*

GEJ 1.33.8

Cuando el médico pronunció estas palabras, diez de ellos quedaron mudos al instante y ninguno pudo decir una sola palabra. Permanecieron mudos durante los dos días de Mi estadía en Sicar. El médico los dejó y corrió hacia Mí.

GEJ 1.33.9

Cuando llegó hasta Mí, dijo: «¡Señor, Tu casa está bien preparada! Allí están ocurriendo cosas maravillosas. Pero cuando venía hacia Ti, oh Señor, me encontré con varios malhechores que se esforzaban por dar ante mí un mal testimonio acerca de Ti. Sin embargo, sus gritos no duraron mucho. Tu ángel los golpeó en la boca y todos, excepto dos, quedaron completamente mudos; los otros dos se aterrorizaron y huyeron. Todo esto, oh Señor, sucedió en el transcurso de media hora». Yo dije: «Quédate tranquilo; tenía que suceder así para que quienes ya creen en Mi nombre no fueran apartados de nosotros. Ahora vámonos. Y tú, querida mujer Mía de Samaria, ¡no olvides tu cántaro!». De inmediato la mujer sacó agua fresca y la llevó a casa. Así transcurrió medio día ante Sicar, junto al pozo de Jacob, y se recogió una cosecha bastante abundante en aquella ciudad.

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