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GEJ 1.22

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 22 de 161

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GEJ 1.22.1

Nicodemo dijo: «Ahora todo me queda claro excepto una cosa, pero precisamente esa sigue faltando. Esa cosa es el extraordinario Hijo del Hombre mismo, sin quien toda Tu sapientísima conversación, con sus magníficas explicaciones, cae naturalmente en una nada sin fondo. ¿De qué me sirven la fe o la mejor y más firme voluntad de creer en el Hijo del Hombre si Él mismo no está presente? No se puede crear un Hijo del Hombre a partir del aire o de una mera idea. Dime, entonces, dónde puedo encontrar a este Hijo eterno de Dios, y ten la seguridad de que saldré a Su encuentro con la fe más plena».

GEJ 1.22.2

Yo digo: «Si no hubiera visto esto en ti, no habrías recibido de Mí semejante enseñanza. Pero viniste a Mí de noche y no de día, aunque habías oído y visto mucho acerca de Mis obras. Como viniste tanto en la noche natural como en la noche correspondiente de tu alma, es muy comprensible que todavía no tengas claridad acerca del Hijo del Hombre.

GEJ 1.22.3

Te digo: si alguien busca al Hijo del Hombre durante la noche temporal porque de día se avergüenza de hacerlo ante todas las personas para no caer en descrédito entre ellas, difícilmente encontrará lo que busca. Pues tú, como el más sabio de los judíos, sabrás que la noche, cualquiera que sea su clase, es el tiempo menos apropiado para buscar y encontrar. Por consiguiente, quien busca al Hijo del Hombre debe buscarlo de día y no de noche; entonces Él se dejará encontrar.

GEJ 1.22.4

Solo te digo esto: ve a Juan, que ahora todavía bautiza en Enón, cerca de Salim, por causa del agua. Él te dirá si el Hijo unigénito de Dios ya está presente o no. Allí deberás conocerlo».

*

GEJ 1.22.5

Nicodemo dijo: «¡Ay, querido Maestro, eso será difícil! Todos los días tengo trabajo hasta por encima de la cabeza y no puedo librarme fácilmente de él. Piensa que en la ciudad y sus alrededores más próximos viven, contando a los extranjeros, más de ochocientas mil personas, por quienes tengo mucho que atender como su principal. Además, me esperan diariamente asuntos del Templo que nunca puedo dejar de lado. Por tanto, si la gracia no se me concede aquí en Jerusalén, lamentablemente tendré que renunciar por completo a ella. Para esta empresa necesitaría por lo menos tres días completos, y para mis asuntos eso equivaldría a tres años para otra persona.

GEJ 1.22.6

Por eso debes disculparme por no poder seguir Tu consejo. Pero siempre que vengas a Jerusalén con Tus discípulos, ven a mi casa y les daré buen alojamiento. En mí, Tú y todos los que Te acompañan encontrarán siempre a un amigo y benefactor sincero. Mi casa —lo bastante grande para alojar a diez mil personas— está en la plaza de David, dentro de la Puerta de Salomón, también llamada Puerta Dorada. Cuando quieras venir, estará enteramente a Tu disposición. Todo cuanto esté en mi poder estará siempre listo para servirte. Si necesitas algo, pídelo y yo Te lo proporcionaré.

GEJ 1.22.7

Mira, en mí se ha producido un gran cambio. Te amo, querido Maestro, más que a todo cuanto alguna vez me fue valioso; y este amor me dice, por así decirlo: «Tú mismo eres Aquel por quien antes me enviaste a Juan, en Enón». Tal vez no sea como lo siento dentro de mí; pero, sea como sea, Te amo con todo mi corazón porque reconozco en Ti a un gran Maestro de la verdadera Sabiduría divina. Tus obras, que probablemente nadie realizó antes de Ti, me llenaron de la más profunda admiración; sin embargo, Tu gran Sabiduría conquistó mi corazón para Ti todavía más, querido Maestro. ¡Te amo! Dime, ¿da mi corazón un testimonio verdadero acerca de Ti?».

GEJ 1.22.8

Yo digo: «Ten paciencia un poco más, y todo se te aclarará. Pronto volveré a ti y seré tu huésped; entonces lo sabrás todo.

GEJ 1.22.9

Sigue el impulso de tu corazón; en un instante te dirá más que los cinco libros de Moisés y todos los profetas. Mira: nada en el ser humano es verdadero salvo únicamente el amor. Aférrate, pues, a él y andarás de día. Ahora pasemos a otra cosa.

GEJ 1.22.10

Ahora iré a la tierra de los judíos y anunciaré allí el Reino de Dios. Tú has sido puesto sobre esa tierra. No por Mí, sino por Mis discípulos, dame un salvoconducto como el que se acostumbra entre los judíos conforme a la ley romana, para que no tengan dificultades en las aduanas y puestos de peaje. Es cierto que los hijos son libres, pero deben estar acreditados como tales. Me resultaría fácil pasar libremente y sin impedimentos por todas partes con legiones; sin embargo, no quiero causar tropiezo a nadie y, por eso, Me someto a la ley de Roma. Ten, pues, la bondad de conseguirme un salvoconducto».

GEJ 1.22.11

Nicodemo dijo: «Lo tendrás de inmediato, querido Maestro. Yo mismo lo escribiré y Te lo traeré dentro de una hora, pues desde aquí mi casa no queda lejos».

GEJ 1.22.12

Nicodemo se apresuró a volver a casa y trajo el salvoconducto solicitado apenas media hora después. Cuando tuvimos en las manos el documento escrito sobre un pedazo de pergamino, bendije en Mi corazón al honrado Nicodemo. Él se despidió con lágrimas en los ojos y Me pidió una vez más que, cuando regresara a Jerusalén, utilizara su casa; Yo se lo prometí. Por Mi parte, le encomendé mantener puro el Templo, y él también Me lo prometió. Así nos separamos por la mañana.

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