Este volumen reúne las Horas Sagradas celebradas entre mayo de 2024 y diciembre de 2025. Contiene el prólogo del autor, 31 capítulos y el epílogo con el que Samuel cierra la obra.
Libro de Samuel Surazal
Libro de Samuel Surazal
Este volumen reúne las Horas Sagradas celebradas entre mayo de 2024 y diciembre de 2025. Contiene el prólogo del autor, 31 capítulos y el epílogo con el que Samuel cierra la obra.
Lectura del libro
Cierre del libro
Al preparar este libro he comprendido la importancia que este escrito tiene para nuestro tiempo y para muchos hijos de Dios. A veces me sorprende profundamente que el Padre manifieste por medio de mí comunicaciones de tal alcance, siendo yo un pobre pecador que no se considera digno de poder servirle de esta manera, y mucho menos de ejercer una misión profética.
Sigo creyendo que todos los hijos de Dios están mucho más cerca de Él que yo, y esto me llena de alegría, pues mi mayor gozo es ver cómo los hermanos reconocen a Jesucristo como Padre amoroso y entran en Su corazón. Esa es, sin duda, la alegría de Jesús en mi corazón que se me permite experimentar. Y esa es precisamente mi tarea: conducir a Sus hijos hacia Él y servirle de tal manera que pueda abrir Su corazón a quienes han seguido y continúan siguiendo Su llamado.
Por eso me agrada ocupar el último lugar. Sin embargo, Jesús se ha acercado tanto a mí que deseo vivir cada día en Su amor y, al mismo tiempo, morir en ese amor. Por momentos casi no puedo soportar el anhelo de estar para siempre junto a Él. Sí, algunas veces el espíritu penetra el alma y parece querer hacer estallar el cuerpo; pero eso aún no puede suceder, pues mi servicio todavía no ha concluido.
El Padre me dice que este libro de las Horas Sagradas es un legado escrito de Su gran amor a Sus hijos, para el presente y para la eternidad. Sea cual sea el sentido pleno de estas palabras, siento que a comienzos de este año 2026 algo antiguo termina y algo nuevo comienza, tanto para cada persona en particular como para la humanidad en su conjunto.
Él también dice que durante los últimos años ha comunicado todo lo esencial y que ahora ha llegado el momento de que pongamos en práctica por nosotros mismos Su palabra y Su voluntad; que demos vida divina al alma mediante el amor hacia Él y el amor activo al prójimo, tal como nos lo pide, con plena coherencia y disposición al sacrificio.
Lo esencial y fundamental de Su enseñanza lo ha repetido muchas veces, y ya me han preguntado por qué lo hace. A esto responde el Padre:
«Hijos Míos, muchos de ustedes todavía no han comprendido de qué se trata realmente ni qué deben hacer y qué deben dejar de hacer. Por eso lo repito hasta que también el último lo comprenda con claridad.
Lo que encuentran continuamente en estas palabras es aquello que deben reconocer en lo profundo y poner en práctica: el amor de ustedes hacia Mí; el amor activo al prójimo, contenido en ese amor y nacido de él; y, al mismo tiempo, el desprendimiento de los hábitos y placeres terrenales y materiales, pues estos les traen la muerte. Sí, salgan de sus sepulcros y resuciten en Mí para la vida eterna».
Estas son Sus palabras: las mismas que dirigió a los seres humanos hace dos mil años, las que pronuncia ahora y las que continuará pronunciando eternamente, hasta que todo lo caído y perdido en esta creación haya sido redimido.
La recta comprensión de Sus palabras es la recta comprensión de Su amor, pues la Palabra y el Amor son uno: un Espíritu y una Vida. Sí, en el origen y en esencia existe una sola Palabra, de la cual ha surgido todo; una sola Vida, de la cual todo ha nacido; y un solo Amor, que todo lo reúne en sí.
El nombre de la Palabra es el nombre de la Vida, es el nombre del Amor y es el nombre del único y solo Dios:
Jesucristo
Jesús con nosotros, Jesús en nosotros
Samuel
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