Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, quienes conocen desde hace tiempo Mi palabra revelada —no solamente la que doy por medio de este instrumento— habrán comprobado que, por lo general, contiene exhortaciones y recordatorios, indicaciones, peticiones, ayudas y enseñanzas acerca de cómo pueden avanzar en el camino hacia Mí; pero también, una y otra vez, Mi llamado a no disminuir sus esfuerzos.
Todo esto es necesario porque el ser humano tiende a recaer demasiado pronto en formas anteriores de conducta, algo que ya se ve favorecido por el simple hecho de que la vida cotidiana le presenta suficientes asuntos sobre los cuales pensar, tareas que realizar y, muchas veces, luchas que enfrentar.
Muy poco leen acerca de que permanentemente actúan fuerzas que, desde el inicio de la existencia humana, influyen de manera masiva en ustedes —en toda la humanidad— e intentan impedir y paralizar su desarrollo espiritual y anímico, porque no les conviene que el ser humano aspire a algo superior. Sin embargo, este es precisamente el propósito de una encarnación.
Es muy importante que sepan cómo trabajan y qué consecuencias producen las fuerzas negativas que fueron y siguen siendo la causa de la caída y de la formación de los mundos exteriores a los cielos, incluida la materia y su Tierra. Pero, antes que todo, es todavía más importante que sepan que existe realmente un «bando contrario». Y no de una manera vaga ni en algún lugar distante, sino concretamente aquí y ahora, en todo el mundo, presente de forma invisible alrededor de ustedes y procurando continuamente influir en su vida.
Si creen Mis palabras, esto quizá los asuste al principio. Ese sobresalto puede ser saludable si los lleva a actuar en el futuro de manera distinta al pasado; sobre todo, a permanecer más atentos, también y especialmente consigo mismos, y a prestar un poco más de atención a sus sentimientos y pensamientos, pues allí se encuentra la puerta de entrada.
Pero no existe razón para tener miedo. El solo hecho de saber que Mi adversario y el de ustedes, junto con sus innumerables seguidores, existen y están activos constituye una primera ayuda. Ahora ya no puede actuar a su antojo como quizá lo hacía antes, porque ha sido desenmascarado. Sobre todo —y esto debe darles ánimo y se lo dará—, no puede lograr nada, o al menos no con facilidad, allí donde encuentra un esfuerzo sincero por llevar a la práctica Mi mandamiento del amor en la vida cotidiana. Entonces tiene que idear algo; y sus posibilidades y métodos no solo son infinitamente variados y numerosos, sino que poseen una astucia que supera su imaginación.
El problema es que, incluso con la mejor voluntad, no pueden permanecer todo el día conscientes y estrechamente unidos a Mí. Se les presentan muchas cosas que deben afrontar. Cuando aparecen las primeras señales de irritación, miedo, inquietud, preocupaciones y otras cosas, es perfectamente posible que los seductores vean en ellas una oportunidad para influirlos de alguna manera sin que ustedes lo adviertan.
Pero lo más importante para las fuerzas negativas fue y sigue siendo que nadie las conozca, que incluso se niegue su existencia o se las presente como una fantasía. Tampoco quieren correr el riesgo de que su «juego desde el trasfondo» sea descubierto como la causa del sufrimiento infinito que ya trajeron sobre la humanidad y que todavía se le presentará. Lograron con éxito aparentar que son algo abstracto e irreal, de modo que en la mente de la mayoría —si acaso aparecen— existen como una especie de imagen fantasmal, como un cuento que se narra a los niños.
Lamentablemente, la realidad es distinta, y más de uno que vivió «feliz y despreocupadamente» sin ocuparse de Mi mandamiento del amor ni de su prójimo experimentará esa realidad cuando sus ojos se cierren en la Tierra y se abran en el más allá.
Muchos contribuyeron a que se perciba el mal —que ya no puede pasarse por alto, como demuestra una mirada a la situación de su mundo—, pero no se vea a los principales actores que están detrás ni se acepten siquiera semejantes reflexiones. Para la mayoría queda fuera de toda imaginación que lo negativo no solo exista de manera abstracta o como energía, sino que seres individualizados muevan los hilos. Al fin y al cabo, nadie los escucha ni los ve.
Ellos, en cambio, los conocen muy bien, mucho mejor de lo que ustedes se conocen a sí mismos. Tampoco esto puede comprenderlo la mayoría. Y, sin embargo, es evidente, pues adquirir conocimiento de uno mismo —sobre todo uno que penetre en profundidad— no forma parte de los planes de la inmensa mayoría. De esta manera facilitan que los seductores se acerquen sin ser advertidos (1).
No en último lugar, las iglesias contribuyeron a oscurecer la «imagen del diablo». Según ellas, vive en algún lugar del infierno y allí domina a las desdichadas almas, quizá incluso condenadas eternamente. Pero ¿una presencia siempre actual entre los seres humanos, tanto de él como de los muchos a quienes pudo convencer de «colaborar»? ¿O de quienes tienen que obedecerle porque ejerce poder sobre ellos…?
La inmensa mayoría no puede imaginar que, invisibles para ustedes, haya seres detrás o a su lado que intenten inducirlos, por medio de pensamientos o incluso de actos, a proceder según sus intereses. Pero en verdad les digo: ¡nunca están solos!
Quién puede acercarse a ustedes lo determinan única y exclusivamente ustedes mismos. Su vibración o radiación invisible atrae a sus hermanos y ayudantes de la luz —su ángel guardián está de todos modos a su lado, aunque en determinadas circunstancias mantenga cierta «distancia», lo cual depende de ustedes—, o bien atrae a espíritus que persiguen intereses propios, contrarios a las leyes del amor. Estos quieren su energía para «reanimar» un poco su existencia sin alegría, o se acercan por encargo para apartarlos de su camino. Su «recompensa» consiste en una pequeña mejora energética de su existencia en los planos oscuros.
El peligro es doble: por una parte, ustedes apenas conocen —o desconocen por completo— los ataques; por otra, estos se realizan con tanta habilidad que les resulta casi imposible reconocer cada intento. No sucede, por ejemplo, que una tentación se les presente tan directamente que puedan percibirla de inmediato. No: se avanza paso a paso, muchas veces incluso con pasos diminutos. Esto tiene para ustedes la desventaja de que apenas notan las desviaciones de su rumbo porque son muy pequeñas. Pero se van acumulando, pues una desviación se apoya en la anterior. Si llegan a advertirlo, muchas veces ocurre cuando aparecen las primeras discrepancias o incoherencias, cuando algo los inquieta, cuando encuentran resistencia, quizá cuando se enferman o cuando sucede alguna otra cosa.
Entonces no es demasiado tarde para cambiar o volver al camino —¡jamás es demasiado tarde!—, pero posiblemente requiere más trabajo del que habría sido necesario si hubieran permanecido atentos y, mediante su conducta, expresándolo o sin palabras, hubieran puesto un «alto».
Esto puede evitarse si conocen estas cosas y permanecen vigilantes para descubrir de antemano las primeras señales y —si así lo desean— venir inmediatamente a Mí.
Así pudo suceder que el adversario actuara libremente en la Tierra e hiciera lo que quisiera. Solo se le opone un «Alto, así no» allí donde las personas recuerdan Mi mandamiento del amor y lo viven hasta donde ya pueden; donde también se examinan repetidamente y miden sus pensamientos y actos con aquello que se esfuerzan por vivir en el sentido del amor.
Puesto que la acción diabólica del bando contrario es en gran medida desconocida, comenzó a apartar poco a poco a los seres humanos de Mi mensaje original, que traje como Jesús de Nazaret y que hablaba exclusivamente de Mi amor. Lo falsificó sirviéndose de «seguidores» que, por la constitución de su alma y sus debilidades, eran apropiados para proclamar como verdades Mías las doctrinas que ella misma introducía. También proporcionó a esas personas los medios para imponer la aceptación de sus falsas enseñanzas elaboradas por ellas mismas, si era necesario mediante la violencia, la tortura y las condenas.
De este modo, a lo largo de los siglos, Mi sencilla instrucción de vivir el amor se presentó de manera cada vez más complicada y se redujo al cumplimiento de preceptos y ceremonias, a la pertenencia a determinadas instituciones y únicamente a la fe en Mí. Vivir la fe también en la vida cotidiana, con todas las dificultades que ello implica, pasó a ocupar un lugar secundario.
Al mismo tiempo, durante las últimas décadas, las tinieblas construyeron un enorme edificio de distracciones, entretenimientos y diversiones muy interesantes y agradables para ustedes. El progreso técnico, impulsado por ellas mismas, les resultó y sigue resultándoles muy conveniente. Sus esfuerzos en este ámbito todavía no han terminado. Aún tienen muchos planes, pero estos serán frustrados.
Todo cuanto organizaron y seguirán organizando sirve única y exclusivamente para distraerlos, impedir que encuentren tranquilidad y alejarlos cada vez más de Mí, que vivo en ustedes. Porque ¿quién logra decir «no» a tantas ofertas o escoger solamente aquello que, después de examinarlo, le conviene? En contra están sus numerosas obligaciones, el miedo a no satisfacer las exigencias que se les imponen y, naturalmente, también la «preocupación» no del todo injustificada de quedarse cada vez más solos por no unirse a la gran mayoría ni seguir su orientación.
No es fácil liberarse de este cerco; no necesito recalcar especialmente que Conmigo es posible. Pero ese cerco existe. Es invisible y está relacionado con su modo de vida y con el hecho de que todos se encuentran, en mayor o menor medida, integrados en un sistema que les hace creer que deben pertenecer a él para ser relativamente felices y estar satisfechos.
¿Reconocen el principio satánico? Así de cerca está de ustedes, también de quienes creían y creen que «el diablo está muuuuy lejos».
De esta manera se crea en la mayoría la sensación de que basta con dejarse llevar por la corriente. ¡Qué lejos queda entonces Mi mandamiento de «amar a Dios, tu Padre celestial, y a tu prójimo como a ti mismo»!
Este es un pequeño balance, y ni siquiera demasiado profundo, de su situación actual.
No solo quienes leen la Biblia conocen las palabras: «Lo que el ser humano siembre, eso cosechará». Es una de las muchas frases que se leen y escuchan, pero a las que ustedes no prestan la atención necesaria porque no perciben su profundidad. Es una especie de llave que, si se comprende y se aplica, les permite entender más de un «misterio de Dios».
También aquí intervino el bando contrario —con consecuencias graves y perjudiciales para ustedes— al atribuir a estas palabras un significado que solo es verdadero a medias:
Se las interpreta exclusivamente hacia el futuro.
Pero una interpretación semejante solo afirma que, en el más allá, el ser humano cosechará los frutos que sembró durante su vida en este mundo.
Ahora les pregunto: ¿cuándo sembró el ser humano aquello con lo que se enfrenta hoy, en esta vida, en este día, en este instante, en su situación actual? ¿Cuándo sembró la semilla correspondiente un niño a quien le suceden pocas cosas agradables? ¿Cuándo sembraron una semilla negativa semejante los grupos o pueblos enteros que son perseguidos y combatidos? La respuesta suele consistir en encogerse de hombros y señalar que no se puede penetrar en los misterios de Dios. O bien se recurre a la «casualidad» como explicación, como sucede siempre que se agotan sus recursos humanos y, al mismo tiempo, no aceptan una aclaración procedente de Mi Espíritu.
Según la enseñanza de sus iglesias, Yo creo un alma nueva para cada recién nacido. Dejando aparte que así el ser humano podría obligarme a crear un alma nueva —fuera o no Mi intención— simplemente porque dos personas se unen físicamente, además tendría que ser extremadamente injusto al imponer a las almas condiciones iniciales distintas en situaciones de vida diferentes.
Mis amados, ¡Yo Soy la justicia!
Si se mantienen dentro de la lógica e interpretan correctamente la ley de la siembra y la cosecha, la única respuesta a la pregunta de cuándo se sembró aquello que hoy se cosecha es: en un momento anterior, es decir, en una o varias vidas anteriores. Esto se aplica tanto a la persona como a la humanidad. Con ello queda respondida la pregunta de si el ser humano vive una sola vez o si existe el renacimiento.
Ninguna energía de toda la Creación se pierde jamás. Puede transformarse, pero no puede desaparecer «sin más». Puesto que, por medio de Mi sacrificio redentor, todos volverán a casa, aunque actualmente todavía vivan en planos distintos, toda energía destructiva también será transformada algún día nuevamente en la elevada energía de los cielos. Pero ese momento aún no ha llegado; todavía existe una cantidad de energía negativa tan grande que el pensamiento humano no puede comprenderla.
Existen dos posibilidades de neutralizar la energía perjudicial: mediante el amor, lo cual presupone el conocimiento de uno mismo, el arrepentimiento, la reparación y una conducta futura distinta; o mediante la entrada en acción de la ley de causa y efecto, es decir, cuando esta comienza su labor. Esto sucede cuando la acumulación de energías dañinas y destructivas se ha vuelto tan grande, y su influencia en todos los ámbitos tan fuerte y permanente, que —pese a toda Mi paciencia— ya no existe perspectiva de llevar al causante o a los causantes al reconocimiento y al cambio.
Entonces se trata de impedir la destrucción de lo creado. Porque ese fue el segundo objetivo de Sadhana, el ángel que provocó la caída: destruir lo que Yo había creado después de que fracasara su primer objetivo de dar vida a una creación propia.
Una mirada a sus medios de comunicación —si es que les dicen la verdad— debería permitir a quienes todavía conservan o han desarrollado cierta sensibilidad hacia lo que viene intuir o saber que les esperan tiempos inquietos. Incluso quienes carecen de un trasfondo espiritual amplio o desconocen la ley del karma deberían poder reconocerlo. Porque no existe ningún ámbito de su planeta en el que lo negativo no se haya establecido. Hay incendios por todas partes, y en una medida incomparable, pues jamás existió algo así en la Tierra.
Solo por medio de la interconexión económica mundial se han vuelto extremadamente dependientes, y basta una pequeña chispa para que todo arda en llamas. ¿Y su clima? ¿Su Tierra maltratada, ese planeta que una vez fue hermoso y que está destinado a ayudarlos en su desarrollo espiritual y anímico mediante la posibilidad de encarnarse? ¿Su sistema de salud? ¿Su sistema educativo? ¿Su sistema financiero? ¿Su disposición a llevar a la práctica Mi sencilla enseñanza del amor? ¿La competencia —también espiritual— de sus dirigentes? Y tantas otras cosas…
En todas partes Mi adversario y el de ustedes logró poner más de un pie dentro de las puertas. El afán de poder, la megalomanía y el egoísmo puro le facilitan provocar guerras y avivar la violencia. Como contrapeso ofrece sus distracciones y, en las regiones de ustedes, un nivel de vida satisfactorio para la mayoría, llevando así a un número infinito de personas a caer en un profundo sueño anímico. En otras regiones procede de modo distinto: allí utiliza el hambre, la pobreza y la opresión, e impide de esa forma que las personas siquiera recuerden su origen espiritual y busquen el sentido y la finalidad de su existencia.
Para expresarlo en su lenguaje, a fin de que quizá también lo comprendan quienes todavía tienen dificultades con todo este tema: el recipiente está lleno y a punto de desbordarse. Quien cree en Mí y contempla el mundo con los ojos abiertos ya puede reconocer el comienzo de ese desbordamiento.
Muchos de sus videntes y profetas anunciaron desde hace décadas y siglos el tiempo que ahora tienen por delante. Lo que viene sorprenderá principalmente a quienes nunca se interesaron por ello porque, en medio de sus ocupaciones y distracciones, no encontraron tiempo para detenerse y reflexionar un poco. Y, sin embargo, entre tanto muchos han comprendido que las cosas no pueden continuar así. Lo repito: lenta pero seguramente, la rueda gira en dirección al caos y se mueve cada vez más rápido.
Pero no permitiré que el hogar de Mis hijos terrenales sea destruido para siempre. Configuraré una «Tierra nueva», y en ella encontrarán su hogar quienes construyen, quienes son positivos, quienes no se limitan a confesarme con la boca, sino que viven Conmigo y se esfuerzan por ver en su prójimo al hermano y a la hermana que deben amar.
Naturalmente, muchos sienten ahora la pregunta ardiente de cuándo sucederá. Pero al mismo tiempo saben que no respondo semejantes preguntas. Sí les digo lo siguiente: no ocurrirá de un día para otro, de un solo golpe ni durante una sola noche. Pero las pausas entre los «impactos» serán cada vez más breves, y leerán y escucharán con creciente rapidez acerca de nuevas catástrofes, desgracias y evoluciones nefastas.
Por eso examinen interiormente aquello que les he revelado. No posterguen nada creyendo que todavía queda mucho tiempo. Si reconocieron la verdad de Mis palabras, no existe razón para no tomar de inmediato decisiones destinadas a iniciar en ustedes un cambio con Mi ayuda. Pero no lo hagan por miedo, sino porque comprendieron que son hijos de Mi amor y desean volver a convertirse también en amor.
Mis hijos e hijas, elegí deliberadamente palabras claras para que Mi mensaje no se pierda en algún lugar, sino que deje en ustedes un eco fuerte y nítido. Aunque quizá algunos no lo vean así, es Mi amor por ustedes el que Me impulsa a abrirles los ojos y sensibilizarlos ante lo que sucede a su alrededor.
Pero al mismo tiempo les digo —y no puedo repetirlo con suficiente frecuencia— que, aunque los tiempos que tienen por delante no serán fáciles, Soy capaz de conducirlos con seguridad a través de ellos si Me extienden su mano y no sueltan la Mía ni siquiera cuando, hablando en sentido figurado, se desate una fuerte tormenta.
No siempre todo transcurrirá bien y sin dificultades para cada persona, ni todos los problemas desaparecerán de inmediato; pero habrá una gran diferencia entre volverse hacia Mí y permanecer cerca de Mí, o intentar actuar por voluntad propia, confiando en sus capacidades y posibilidades y utilizando medios mundanos.
Quien deseaba saberlo pudo conocer antes de su encarnación lo que aproximadamente lo esperaba durante su paso por la Tierra. No todo era alegría y sol, pues comprendió que entraría en el ámbito de dominio de las tinieblas. Pero muchos, muchísimos, decidieron aun así encarnarse porque querían colaborar para llevar luz a su mundo y crear de ese modo un contrapeso frente al poder oscuro y destructor.
En verdad les digo: ese contrapeso está establecido y es fortalecido día tras día por otros hermanos y hermanas procedentes de regiones anímicas luminosas, que están a Mi lado y al lado de quienes se esfuerzan sinceramente.
Por eso es importante que no bajen la cabeza, sino que atraviesen su día con alegría y expresen su amor mediante la confianza en Mí. No permitan, tampoco en sus pensamientos, que las dificultades y contrariedades enturbien nuestra relación. Seguramente el bando contrario intentará una y otra vez lograrlo y quizá lo consiga; pero, cuando lo adviertan, vengan inmediatamente a Mis brazos.
Naturalmente, el adversario hace todo lo posible por dificultarles el camino de Mi mano. Tiene la libertad de hacerlo, la libertad de medirse con los hijos de Dios. Pero ustedes poseen la misma libertad: la de rechazarlo. Y si permanecen atentos, no logrará perturbar seriamente nuestra comunión.
Esta forma de vivir Conmigo —es decir, no limitarse a creer en Mí— equivale a un seguro. Mediante ella te digo que te encuentras bajo Mi protección y que es completamente innecesario cargarte con cualquier clase de miedo. Tu cercanía diaria Conmigo trae además otra consecuencia: te vuelves cada vez más fuerte y luminoso y te conviertes para quienes te rodean en un punto de serenidad al que pueden acudir cuando se sienten inquietos o las preocupaciones los oprimen.
Así te conviertes en anunciador de Mi amor por medio de tu vida. Y, al mismo tiempo, cumples aquello que te propusiste «arriba»: estar presente para tu prójimo cuando te necesite.
Te necesito para esta tarea. Por ello Mis serias palabras no deben abatirte; por el contrario, deben animarte a convertirte visiblemente en la luz que desde hace eternidades ya eres en tu interior.
Amén
(1) A veces puede ser útil y bueno
A veces puede ser útil y bueno imaginarse la situación del diablo. Porque seguramente nadie pondrá en duda que realiza su trabajo con gran empeño. ¿Qué opinas? Tú ni siquiera te llamas Fausto. Ah, creo que el nombre no le importa demasiado. Le basta con que lo subestimes, de preferencia mucho, y con que confíes en él. Aprovecha su ventaja cuando percibe que alguien nunca se ha examinado, que ni siquiera se conoce. Ya lo ha observado y —casi sin que la persona lo note— lo ha seducido.
Del poemario «Confía en el suave sonido de tu corazón» (Hans Dienstknecht)