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Tú, hijo Mío, procedes de Mí

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Du, Mein Kind, bist aus Mir

Fecha original: 7 de marzo de 2010

Traducción al español latinoamericano.

Con motivo de un seminario de fin de semana celebrado en Burscheid los días 6 y 7 de marzo de 2010 —después de que los participantes intercambiaran ideas sobre la realidad y los requisitos de la Palabra Interior y Profética—, el Señor dirigió Su palabra directamente a los presentes. Para muchos fue algo tan conmovedor, algo nunca antes vivido, que decidimos publicar esta revelación en nuestro sitio web.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, esta hora es santa. Yo, su Dios, estoy en medio de ustedes. Mi resplandor ilumina este recinto, y Mi amor que todo lo abarca los envuelve.

Yo soy la fuente de su vida; estoy dentro de ustedes. Yo soy todo, y estoy en todo. Soy su vida; sin Mí nada existe. Esto significa: tú, hijo Mío, procedes de Mí, ¡y Yo soy tu Padre! Yo soy el amor infinito, incondicional y desinteresado, y tú llevas este amor dentro de ti, pues procedes de Mí. Nunca estuve en cielos lejanos e incomprensibles, donde Me situaron las concepciones y enseñanzas humanas. Siempre estuve, estoy y permaneceré en todo lo que he creado; por tanto, también dentro de ti.

Te he llamado por tu nombre y he puesto Mi mano sobre ti: ¡eres Mío! ¿Y quién podría quitarme lo que es Mío?

He acompañado con amor su encuentro; sí, Yo lo preparé. Y también preparo los caminos de todo aquel que Me da su sí.

Todos ustedes han dejado de creer en la casualidad, porque han reconocido que en Mi creación rigen Mis leyes eternas y que no existe un solo punto de Mi creación donde Yo no esté. ¿Cómo podría, entonces, permanecer algo oculto para Mí?

Así también vi su esfuerzo y guié sus pasos. Acompañé sus conversaciones, pues estuve —y estoy— en medio de ustedes. Mi amor los contempló con ternura, los animó, los fortaleció y —cuando fue necesario— también los tomó en Sus brazos; pues ustedes son Mis hijos, a quienes amo infinitamente.

¿Qué podría desear más que el despertar espiritual de Mis hijos, que se encuentren a sí mismos y Me encuentren a Mí en su interior, y que finalmente Me den su «sí»? No es decisivo que sea un sí pequeño o grande. Y aunque al principio sea todavía un sí pequeño, este constituye el comienzo

de un camino común que recorreremos juntos y conscientemente. Les digo que es el comienzo de una vida maravillosa, de una aventura espléndida, porque este camino los conduce directamente a Mis brazos.

El regalo más hermoso que he dado a Mis hijos es su libre albedrío. Sin importar lo que haga un hijo, nada cambiará jamás Mi amor por él. Por eso nunca exijo nada; por eso no reclamo tu sí, sino que te atraigo. Apelo a tu anhelo, te doy valor, te lo pido y te muestro cuánto más fácil se vuelve tu vida cuando la construyes Conmigo; cómo las dificultades se resuelven o ni siquiera llegan a surgir, y cómo crece dentro de ti una fuerza que todavía no alcanzas a presentir.

¡Esa fuerza dentro de ti soy Yo!

¿Podría existir en Mi creación algo que Yo no fuera capaz de resolver? Si eso es lo que crees, quizá al contemplar tu propia vida, entonces te pido: ¡examina tu fe! Examina la imagen que tienes de Mí, que quizá otros te transmitieron y que posiblemente llevas contigo desde hace varias encarnaciones.

Pero Yo llamé dentro de tu alma, te toqué, y has llegado al punto en que reconoces: existe algo más que aquello que hasta ahora has creído y vivido.

Te digo, hijo Mío: la fe en Mí puede ser una base para tu camino, pero aquello a lo que debes aspirar es el amor. Si deseas hacer un análisis crítico de ti mismo, entra en tu interior durante una hora de silencio y pregúntate: «¿Creo en Dios o lo amo?».

Y si reconoces que tu amor aún es pequeño, pero sientes dentro de ti el deseo de acrecentarlo, entonces ven a Mí. Yo te espero.

Deja que surja en tu corazón la imagen de un Padre que espera con los brazos abiertos poder estrechar con amor a Su hijo contra Su corazón y que, en tu camino, te brinda toda, absolutamente toda la ayuda que necesitas. Sin embargo, tu libre albedrío hace necesario que decidas si deseas dar hacia Mí los primeros pasos sinceros.

¿Cómo pueden ser esos pasos? Les he dado el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Tomen este mandamiento como una especie de encabezado que reúne dentro de sí innumerables aspectos. Los encontrarán de muchas maneras y a cada paso si recorren el mundo con los ojos despiertos, pero también si se contemplan a sí mismos con la misma atención.

Entonces descubrirán todo lo que contiene Mi mandamiento del amor y cuántas posibilidades ofrece a cada uno para cambiar y configurar su vida de acuerdo con él. Pero, así como Mi mandamiento puede cumplirse, también puede ser ignorado.

Cada uno lleva en su personalidad y en su alma una infinidad de facetas de las más diversas clases. Lo que tú llevas dentro, hijo Mío, es diferente de lo que lleva tu prójimo. Cada uno de ustedes tiene un pasado distinto y, por tanto, representa en cada instante una suma completamente determinada e individual de todo lo que ha vivido, de lo que ha hecho y de lo que ha dejado de hacer.

Puesto que el tramo del camino que has recorrido hasta ahora es distinto del que recorrió tu prójimo, también el camino que aún tienes delante —tu camino—, con sus tareas, es diferente del camino de tu prójimo. Pero todo camino, cualquiera que sea su forma, terminará en Mi corazón y en la luz, porque el cumplimiento de Mi mandamiento del amor volverá finalmente a unirlo todo.

Mi deseo y Mi voluntad son que cada uno de Mis hijos regrese. ¡Y Mi voluntad se cumplirá!

Yo soy la fuerza dentro de ti que te muestra aquello que aún te falta; la fuerza que te protege, te consuela y te toma en Sus brazos, pero que —cuando es necesario— también te habla con seriedad y te dice: «Presta atención, hijo Mío: en este punto o en esta situación todavía estás en peligro».

Si estás dispuesto a escuchar estos impulsos, prepararé tu camino y ya no avanzarás a ciegas —como tantas veces en el pasado—, convertido en juguete de fuerzas que no reconoces y que desconoces, sino que caminarás a Mi lado, tomado de Mi mano. Entonces te regalaré un conocimiento tras otro, y tú podrás decidir cuál de ellos deseas poner en práctica con Mi ayuda.

Yo soy la fuerza amorosa dentro de ti que espera que vengas a Mí y digas: «Padre, mira, hay algo dentro de mí que no corresponde a un hijo o una hija de Dios. Quiero desprenderme de ello; quiero transformarlo con Tu ayuda».

En verdad les digo: en ese momento un destello semejante a un relámpago atraviesa los cielos, y la alegría es infinitamente grande porque un hijo decide emprender el camino de regreso al hogar.

Y si das solamente un paso hacia Mí para vivir la ley del amor —y para Mí basta un esfuerzo sincero—, te digo que Yo doy cientos de pasos a tu encuentro. Es Mi amor el que te recibe de manera desinteresada e incondicional. Es el mismo amor que vino a este mundo en Jesucristo, quien es tu hermano, quien enseñó y vivió el amor verdadero y quien desea ser tu ejemplo y tomarte de la mano, si tú lo quieres.

Mira, en Él estoy ante ti, extiendo Mis brazos y te toco. Un amor infinito fluye hacia ti y llama dentro de tu corazón: «Ven, hermano Mío; ven, hermana Mía. ¿Qué esperas todavía? Todo está preparado. Caminemos juntos y déjate envolver por Mi amor, que nunca te abandonará, tal como lo han cantado».

Toco tu alma, que ha florecido. Acaricio tu cabeza. Ven, amado hijo Mío, Yo te espero. Te amo. Amén.