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Todas las circunstancias de la vida tienen su significado

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Alle Lebensumstände haben ihre Bedeutung

Fecha original: 12 de abril de 2008

Traducción al español latinoamericano.

Encuentro del 12 de abril de 2008 en Würzburg

Revelación divina

Los saluda el Espíritu del Padre, que les habla desde la Luz de los Cielos. Yo, el Padre de la gran familia de Mis hijos, les hablo con franqueza a ustedes que se encuentran de este lado y también a quienes están al otro lado del velo. Mi amor los envuelve, Mi luz resplandeciente eleva su conciencia para que su corazón pueda recibir y comprender el sentido de las palabras que les dirijo.

Oh, vean: muchos de Mis hijos están enredados en una maraña de cosas insignificantes y se dejan seducir por insensateces siempre nuevas, a las que se entregan incesantemente y en las que se deleitan.

Muchos de Mis hijos se consideran inteligentes y refinados y, sin embargo, están corroídos por su vanidad, arrogancia y orgullo. ¿Dónde se encontrarán? Yo les digo: se asemejan a quienes, abandonados y sin orientación, recorren sus caminos en la desolación del desierto bajo el sol abrasador. Y llegará la hora en que tomarán conciencia de este estado lamentable.

Entre ellos hay también muchos que creen que, gracias a las posibilidades materiales que les brinda su vida terrenal, pueden prácticamente comprar la iluminación y el progreso espiritual. Acuden a toda clase de personas, de quienes esperan obtener el ascenso mediante diversos procedimientos.

Pero escuchen: esto nunca lo conseguirá quien no haya despertado espiritualmente, pues se le han puesto límites que jamás podrán superarse ni siquiera mediante las técnicas espirituales más sofisticadas. ¿O sería Yo, a los ojos de Mis hijos, un Padre justo si Mi Ley permitiera a algunos privilegiados alcanzar la perfección espiritual o ascender paso a paso en la escala espiritual sin haber cargado con la cruz y sin haber obtenido la victoria mediante las obras del amor y la humildad? La respuesta a esta pregunta, Mis amados, la deposito en su interior.

Yo les digo: Dirijan sus sentidos hacia el interior, oren a Mí como les he enseñado y sigo enseñándoles una y otra vez, y confíen en Mí. Consideren sabiamente que el reconocimiento, la comprensión y la reflexión, seguidos del retorno, la transformación y la renovación, son indispensables en el camino de regreso a los brazos de su Padre.

No procuren realizar actos audaces que parezcan grandes a los ojos de sus hermanos y hermanas. Yo les digo que son las acciones pequeñas y discretas, pero amorosas, y los esfuerzos realizados en el Espíritu del amor de su Padre los que llevan lo bueno, verdadero y hermoso a este mundo y entre los Míos. Entonces, en verdad les digo: Aunque las tormentas que vendrán azoten quizá su casa y traten de hacerla tambalear, ni un cabello de su cabeza será dañado ni se apagará la luz de sus lámparas.

Mis amados, ustedes que ya Me han reconocido y Me han escogido como centro de su vida, den testimonio ante sus hermanos y hermanas que todavía padecen necesidad y buscan, que tienen hambre y sed de Mí, de Mi amor, justicia y verdad, de Mi benignidad, gracia y misericordia. Yo les doy todo lo que necesitan para ello. Los animo a hacerse presente una y otra vez la conciencia de quiénes son: hijos e hijas de la Divinidad, que ha depositado Su herencia perfecta en cada uno de ustedes para que pueda llegar a ser aquello que debe y llegará a ser: la unidad entre los Míos.

Yo los amo; sean conscientes de ello. Amén.

Revelación divina

En verdad, Mis amados hijos e hijas, Mi amor por ustedes y, con ello, por todos Mis hijos es infinitamente grande. Mi anhelo por ustedes es igual de grande, y quiero atraerlos nuevamente a todos hacia Mi corazón, allí donde está su lugar desde la eternidad y donde estará por toda la eternidad.

Saben que Mi amor contiene Mi justicia y, por consiguiente, saben también que nada de lo que sucede en el mundo, en ningún lugar ni en ningún momento, está sometido a la llamada casualidad. Cuando en el entorno de una persona imperan circunstancias que necesitan cambiar, siempre tienen algo que ver con ella.

Desde Mi seriedad hablé de la necesidad del retorno. Y esta necesidad tiene su fundamento en Mi misericordia, en Mi deseo de que todo vuelva a encontrar el camino hacia la Fuente de la vida. En Mi última revelación dentro de este círculo hablé de que nada mejor puede sucederte que las circunstancias de vida en las que te encuentras precisamente ahora. Aunque aquí hable en singular, no Me refiero personalmente a un solo hijo, sino que hablo del principio. A raíz de ello surgieron preguntas en más de uno, por ejemplo esta: «¿Cómo pueden las condiciones de mi vida y de la sociedad en la que vivo ser lo mejor que puede sucederme, cuando es evidente que muchas cosas, tanto grandes como pequeñas, se encuentran en mal estado?».

Muchos de Mis hijos que piensan así todavía no Me han reconocido plena y profundamente como el Amor en lo más hondo de su corazón. Porque la confianza tiene su fundamento en el amor; y ¿cómo podría Yo, que poseo la omnipotencia, decepcionar a un solo hijo exponiéndolo a un destino que no tiene nada que ver con él?

La Ley de causa y efecto está integrada en Mi gran Ley del amor, y tarde o temprano hace que cada persona, e incluso sociedades y pueblos enteros, reconsideren su conducta para finalmente llegar al retorno que constituye el punto decisivo. Todos los demás esfuerzos por cambiar una situación momentánea y mejorarla tienen que fracasar si no van acompañados del reconocimiento de que existe una razón para que imperen esas condiciones. Quien se rebela contra ellas, quien busca soluciones en el exterior y quizá cree que puede encontrar salidas sin reconocimiento ni transformación interior, vive conforme a su propia ley y, sin embargo, permanece integrado en Mi Ley del amor, que es más grande.

Quiero darles un ejemplo: Un niño está sentado en su habitación y tiene que hacer sus tareas escolares porque su rendimiento en la escuela no es el mejor, pero se rebela contra ello. En lugar de reflexionar sobre las razones que podrían existir para que sus padres le hayan impuesto esas tareas, solo tiene una meta: escapar de estas circunstancias que, desde su perspectiva, son coercitivas. Abre la ventana, salta hacia afuera y se cree libre porque corre a reunirse con sus compañeros para jugar con ellos.

¿Cuánto tiempo creen que dura semejante libertad? Este niño se encuentra sujeto a su propia ley, pues unas horas después, o a más tardar a la mañana siguiente en la escuela, llega el amargo despertar y posiblemente empeoran las circunstancias contra las que se rebeló.

¿Se reconoce alguno de ustedes en esta imagen? En mayor o menor medida, todos actuaron así en el pasado hasta que llegaron a reconocer: Dios, mi Padre, es el Amor. Y si he sido colocado en una situación con la que no estoy satisfecho, que me agobia o me produce miedos o preocupaciones, entonces esa situación quiere decirme algo. Después se dirigieron hacia su interior, descubrieron dónde estaban las causas y vinieron a Mí con ese reconocimiento, sabiendo y confiando profundamente en que Yo, el Amor, los ayudaría.

En este sentido era correcto lo que oró su hermano: es innecesario pedir algo de Mí cuando aquello que se procura y se desea está sostenido por el Espíritu del amor y, por lo tanto, se encuentra dentro de Mi voluntad. Pues son precisamente estas acciones las que Yo deseo.

Reconozcan, por consiguiente, que las circunstancias de vida contra las que todavía se rebelan con frecuencia deben servir para iluminar algún aspecto de su vida, posiblemente para tomar decisiones importantes y, en todo caso, para producir cambios. Quizá no sepan cómo serán esos cambios ni qué efectos tendrán.

Entonces, Mis amados, se requieren su amor por Mí y su confianza. Pues ¿cómo podría Yo, como su Padre, iniciar jamás un proceso que no los transforme para su bien y su libertad? La única pregunta es esta: ¿Es tan grande su deseo de entregarse a Mí que tomarán semejante decisión? Si su deseo todavía no es tan fuerte, vengan a Mí de todos modos y pídanme que los fortalezca en su entrega. De esta manera Me conceden la autoridad para orientar el curso de su vida, sin que sepan en qué nueva dirección viajará el tren de su vida.

Esto, Mis amados hijos e hijas, es la verdadera entrega. Y no cabe duda de que el tren avanzará entonces hacia la Luz y de que Yo los espero al final de ese recorrido.

Ahora comprenden que Mi amor obra en todo, incluso y precisamente en las circunstancias de vida que, para decirlo de manera coloquial, no son de su agrado. Quiero moverlos al retorno, pues los anhelo porque los amo. Amén.