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Tienes en ti el poder de Mi amor

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Du hast Meine Macht der Liebe in dir

Fecha original: 11 de junio de 2011

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Yo, Jesucristo, el Amor en el Padre, he entrado en medio de ustedes y extiendo Mis manos que bendicen sobre ustedes, Mis amados hermanos y hermanas, y también sobre toda la humanidad.

En estos días conmemoran un acontecimiento que tuvo lugar hace dos mil años y al que han dado el nombre de «Pentecostés». Y lo relacionan con el derramamiento de Mi Espíritu sobre Mis apóstoles y discípulos.

En verdad, Yo los fortalecí para que, mediante su vida y sus palabras, pudieran dar testimonio de la grandeza y del amor del Padre celestial. Pero no limité el derramamiento de Mi Espíritu a aquellos hombres y mujeres ni a aquella época. Mi poderosa corriente de amor fluye incesantemente dentro de Mi creación, alcanza a cada vez más personas y toca con creciente intensidad los corazones de quienes están dispuestos a volverse hacia Mí —el Amor— y entregarse a Mí.

En Mis revelaciones he dejado claro una y otra vez que no deben identificarse con su ser humano, sino tomar conciencia de quiénes son en verdad: ¡espíritu procedente de Mi Espíritu, fuerza procedente de Mi fuerza, poder procedente de Mi poder y amor procedente de Mi amor! Anhelo el día en que todos Mis hijos que abandonaron temporalmente su verdadero hogar hayan vuelto a ser aquello que son en su interior desde la eternidad y que serán por siempre: hijos e hijas rectos, radiantes, soberanos e invencibles de Mi amor, dotados de fuerzas creadoras cuya magnitud supera su imaginación, pero que —este sería Mi deseo— ya aprendan a emplear en esta vida suya.

Volveré a atraer a Mi corazón a cada ser humano y a cada alma; y como esta es Mi voluntad, ¡sucederá! Para ello les doy muchas enseñanzas destinadas a ayudarlos a comprender cada vez mejor cómo se realiza el acercamiento y el retorno hacia Mi corazón, y cómo pueden lograr cada vez mejor ponerlo en práctica en su vida cotidiana.

Los pasos en los que los guío son comparables a los peldaños de una escalera que se extiende desde la Tierra hasta el cielo y sobre la cual, en algún lugar, se encuentra cada uno de Mis hijos. Con cada paso dado con éxito vuelven a acercarse a Mi corazón, mientras que al mismo tiempo soy Yo quien les presenta esos pasos y permanece a su lado para ayudarlos a superar cada uno de ellos.

Cada paso consta de dos fases: la primera es la del reconocimiento; luego, después de tomar una decisión, sigue la segunda fase, es decir, la transformación. Quiero aclararles lo que digo mediante un ejemplo.

Cada persona tiene su propia imagen de sí misma y, por lo general, se lleva bastante bien con esa imagen hasta que comienza a tambalearse un poco y debe ser corregida. Imaginen, por tanto, una casa que habitan y mantienen ordenada y limpia conforme a sus ideas, hasta que un día tienen que descubrir que existen algunos rincones, quizá incluso habitaciones, en los que jamás habían mirado verdaderamente: rincones y habitaciones donde se han acumulado desperdicios, de modo que allí no puede hablarse de limpieza ni de orden. Si miran esos rincones y habitaciones con un corazón sincero, tendrán que corregir un poco la imagen que poseen de ustedes mismos, pues probablemente no eran tan correctos como hasta entonces se habían considerado.

¿Y ahora qué? Según el tamaño del desorden y la cantidad de basura, ¿llega el gran sobresalto? ¿Pierde un poco de brillo su imagen? ¿Surgen temores y preocupaciones ante el esfuerzo y el trabajo necesarios para poner en orden aquello que han visto? ¿Surgen la autocondena y los sentimientos de inferioridad? Sea como sea, tarde o temprano se pondrán —tendrán que ponerse— a eliminar el desorden y la suciedad. Después, cuando lo hayan logrado, se sentirán más libres y mejor.

Ahora apliquen esta parábola a ustedes mismos. ¿Existen también en su interior, en su condición humana y en su alma, rincones y habitaciones donde todavía no han mirado y donde quizá preferirían no mirar en absoluto, porque ya sospechan que hay algo que ordenar y trabajar allí?

Conocen estas palabras: «Quien quiera entrar en el cielo debe llevar el cielo dentro de sí», lo cual significa que debe volver a convertirse en conciencia purísima y de la vibración más elevada, es decir, en amor. Pero todavía no ha llegado ese momento. Aún deben superar algunos o varios peldaños de la escalera para alcanzar la meta. ¡Y cada uno alcanzará la meta! Mi ayuda consiste, entre otras cosas, en mostrarles mediante múltiples oportunidades en qué rincones permanece oculto algo que necesita ser observado y ordenado. Por eso los pongo en contacto con personas, situaciones y conversaciones que sirven, todas ellas, para conducirlos al reconocimiento. Yo preparo su siguiente paso.

Y, como en el ejemplo de la casa, puede suceder perfectamente, hermano Mío, hermana Mía, que te asustes porque no esperabas encontrar dentro de ti, de esa forma, aquello que descubres. ¿Quizá también porque la imagen podría mostrar algunas pequeñas grietas cuando la observas más de cerca?

¿Y ahora? ¿Cómo reaccionas? ¿Te quedas paralizado en tu camino hacia Mí por el sobresalto, la vergüenza o el temor? ¿Incluso te quedas tendido porque dices: «He caído gravemente; no soy digno de ser amado»? Si piensas y actúas así, todavía no has reconocido la grandeza de Mi amor ni la fuerza que he puesto dentro de ti para tomar una decisión y realizar el trabajo de comenzar de nuevo.

A esta primera fase del reconocimiento sigue la segunda, la de la conversión, la transformación. ¡En este proceso estoy tan cerca de ti! Estoy ante ti, te tiendo Mi mano y quiero ayudarte a levantarte nuevamente, si tú lo deseas. Pero, amigo Mío, amiga Mía, no debes quedarte detenido y mucho menos tendido. Debes recordar quién eres y que dispones de todas las posibilidades para levantarte y dar tu siguiente paso.

Tienes en ti el poder de Mi amor: ¡empléalo! Enfrenta a tu ser humano con la autoridad de tu espíritu, que, pese a toda su fuerza y fortaleza, es comprensión, mansedumbre y perdón infinitos. Dirige tu mirada hacia adelante y agradece aquello que has reconocido. Sabe que Yo estoy contigo y contémplate ya un peldaño más arriba en la escalera que conduce a Mi corazón.

Según la magnitud y profundidad de tu reconocimiento y la gravedad de lo reconocido, perdónate también a ti mismo y toma la mano que te extiendo. Y entonces, ¡caminemos!

Emplea tus capacidades creadoras para volver a convertirte, paso a paso, en quien eres.

Considera cada paso dado con éxito como un nuevo comienzo. Ya ha habido muchos nuevos comienzos en tu vida actual y en vidas anteriores, y habrá muchos más. Con cada nuevo comienzo subes un peldaño en tu escalera y Mi amor fluye hacia ti con una fuerza inimaginable. Nuestra relación se vuelve más íntima y tu amor por Mí crece, porque has experimentado lo maravilloso que es limpiar y ordenar Conmigo rincones y habitaciones desordenados. ¿Puede existir algo más hermoso que experimentar, en una convivencia confiada Conmigo, la protección y seguridad sobre las que antes solo habías leído y escuchado?

También esto, Mis hermanos y hermanas, puede ser Pentecostés, una experiencia de Pentecostés completamente personal. Así, un paso sigue al otro, y al final de la escalera estoy Yo para abrazarte.

Te amo, hermano Mío, hermana Mía. ¡Ven!

Amén

Revelación divina

Yo soy el Padre de todos ustedes, Creador del cielo y de la Tierra, Amor absoluto y perfecto y esencia fundamental de todo lo creado. Todos ustedes, Mis amados hijos, Mis hijos e hijas, ya sea que se encuentren de este lado con la vestidura terrenal o en el más allá con la vestidura del alma, son en su ser más íntimo amor inmutable y perfecto, tal como sus hermanos y hermanas celestiales son seres de luz y amor; pues a todos ustedes les dio vida el Amor purísimo, Mi voluntad creadora que todo lo gobierna.

Cada forma y expresión que Me he dado y que Me doy eternamente sin cesar es amor en su esencia primordial. Pues el Amor perfecto y purísimo, que es al mismo tiempo la energía primordial de vibración más elevada, siempre crea y solo puede crear amor purísimo a partir de Sí mismo.

¿Cómo debe entenderse cuando Me oyen hablar del cielo y de la Tierra? Vean, Mis amados: el cielo significa Mi creación puramente espiritual, que no solo existe eternamente, sino que se expande de manera continua por toda la eternidad, pues Mi fuerza creadora actúa incesantemente y jamás deja de producir nueva vida puramente espiritual. En Mí no existe estancamiento y, por eso, tampoco toda Mi creación conoce la menor inmovilidad, sino únicamente el desarrollo y la transformación, el crecimiento y la maduración hacia la meta superior, hacia el siguiente nivel más elevado de evolución espiritual que Mi ley omnisciente del amor y de la creación ha destinado para cada ser.

En el reino celestial, donde solo puede existir espíritu purísimo —es decir, amor purísimo—, y al que tú con vestidura humana y tú, hijo Mío con vestidura del alma, pueden llamar su verdadera patria eterna, tuvo su origen el surgimiento de toda la materia, que ustedes conocen también como el acontecimiento de la caída.

Ya sea tu cuerpo terrenal, que reviste tu esencia divina condensada junto con las envolturas oscurecidas de tu alma; ya sea la partícula de materia más diminuta; o ya sea su Tierra hasta la galaxia más distante del universo que los rodea: todo esto, Mis amados, se fundamenta en la existencia de su correspondiente forma primordial espiritual y divina, sin la cual no puede existir manifestación material alguna.

Nada carece de vida, nada existe que no esté animado por el fuego de Mi Espíritu y palpite por la fuerza omnipresente de Mi aliento creador. Pero mientras que su patria espiritual —su origen— constituye Mi creación imperecedera, poblada por seres bienaventurados en pureza y gloria perfectas, toda la creación material, con su Tierra en su centro de mayor condensación, es una forma de existencia perecedera y transitoria que avanza hacia su retorno y disolución en su estado primordial puramente espiritual.

Como el don más elevado y precioso de Mi amor paternal incondicional, regalé a Mis hijos el libre albedrío absoluto; y la sabiduría perfecta de Mi ley divina dispuso y dispone que todos puedan hacer uso de él sin restricción alguna. El origen de toda la materia se fundamenta en la rebelión de una parte de Mis hijos contra Mí y en su transgresión de la ley divina del amor. La materia es el nivel de existencia más bajo, oscuro y transformado hacia abajo de la energía suprema de luz y amor.

Los seres rebeldes que siguieron a Sadhana ya no pudieron continuar siendo habitantes de los cielos debido a su actuación contraria a la ley, y desde entonces tuvieron que llevar su existencia alejada de Dios y llena de sombras fuera del muro de luz que rodea el reino de la perfección, hasta que todo lo caído haya regresado.

En verdad, no solamente tú, oh ser humano, llevas en esta Tierra tu vida mortal, sino que, al igual que tú, existen incontables seres en otros cuerpos celestes en la inmensidad del universo. Todos ustedes son Mis hijos, uno en Mí, amados y llamados a regresar a la casa de su Padre.

Esta Tierra, Mis amados, continúa siendo el lugar más oscuro de la existencia material. Ustedes dirían: el centro de mando de todos aquellos hijos Míos que, en su ceguera, creen que deben continuar su lucha, su rebelión sin esperanza contra Mí, el Amor invencible. Pero les digo: algún día ella [la Tierra] volverá a ocupar en los mundos celestiales el lugar del que procede. No obstante, todavía es el lugar donde la luz y la sombra se enfrentan de una manera que no existe en ningún otro punto del plano material.

Por tanto, ustedes, Mis amados, se encuentran en medio del territorio de las tinieblas, en medio de su centro de poder; por decirlo con sus palabras, detrás de las líneas enemigas. Cuando un comandante sabio envía a sus mensajeros más capaces e inteligentes al territorio enemigo para mover a los combatientes adversarios a abandonar sus acciones hostiles, sin duda los dotará —conforme a todas las reglas del arte— de conocimientos, destrezas y todo el equipo necesario para conducir a muchos de sus hermanos y hermanas al reconocimiento salvador de que deben deponer las armas y cambiar de rumbo, a fin de no sucumbir ante una fuerza superior ni sufrir dolor y muerte en un combate sin sentido.

¡Cuánto más dotará el Soberano de las huestes celestiales a Sus mensajeros enviados y mensajeros de luz con toda Su plenitud para que alcancen su meta y cumplan su obra, y sabrá además protegerlos!

Vean, muchos de Mis hijos, de Mis hijos e hijas, llevan dentro de sí la misión divina de ser un ejemplo luminoso de cómo seguirme y dar testimonio a sus hermanos y hermanas de que verdaderamente vale la pena «cambiar de bando». Cuanto antes se decida Mi hijo por Mí —por el lado de la luz y del amor y, por tanto, por la paz y el regreso al hogar—, con tanta mayor tranquilidad podrá contemplar el tiempo que tiene por delante.

Quien Me entrega su sí en su corazón y pone sus caminos en Mis manos con entrega filial puede tener la certeza de que Mi seguridad y protección paternales —las únicas que existen— lo envuelven y, desde ese momento, lo guían para su bien.

Como Amor encarnado les traje en tiempos pasados el camino que también hoy anuncio como el Amor que se revela, pues es el mismo —ayer, hoy y mañana— que los libera de toda aflicción y los conduce a Mis brazos. No oculto nada y les regalo todos los detalles para que Mi hijo aprenda a comprender su vida y su situación personal, y pueda reconocer por medio de Mí los siguientes pasos necesarios y superarlos con Mi asistencia.

En verdad, les digo: ¡la posibilidad de realizar un progreso verdaderamente grande nunca había sido tan grande como en este tiempo de gracia, aunque este mundo se tambalee hacia sus horas más oscuras!

Sabio es quien lo reconoce y sabe aprovecharlo, y sabe aumentar su salvación y la de su prójimo; pues todo lo perecedero es fugaz y breve, pero eternas son la recompensa y la bienaventuranza por las obras del amor, la misericordia y la paz.

Les dejo esta paz, y el amor y la misericordia los llenan y acompañan.

Amén