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¿Tienen ya sus sentimientos y pensamientos calidad «orgánica»?

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Haben eure Empfindungen und Gedanken schon "Bio"-Qualität?

Fecha original: 13 de julio de 2023

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, muchos de ustedes procuran que sus alimentos estén, en la medida de lo posible, libres de sustancias tóxicas y extrañas al organismo, es decir, de componentes que no deberían encontrarse en ellos. Cuando pueden, compran productos «orgánicos». Esto es bueno y correcto, y los ayuda a vivir un poco más sanamente en un mundo en el que el bando contrario hizo y sigue haciendo todo lo posible por perjudicar a los seres humanos.

La conciencia acerca de los productos orgánicos ha aumentado, pero se limita principalmente a conservar sano el cuerpo o a cargarlo lo menos posible con sustancias que causan enfermedades. Casi nadie piensa en examinar también sus sentimientos y pensamientos para comprobar si cumplen los mismos criterios que se aplican a los alimentos. Por eso pregunto a quienes desean desarrollar una mayor sensibilidad también en este aspecto: «¿Tienen ya sus sentimientos y pensamientos calidad “orgánica”?».

Es una pregunta que algunos considerarán inútil, recibirán con una sonrisa y dejarán de lado; pero quizá haga que otros se detengan y reflexionen. Porque ¿quién ha pensado alguna vez en observar sus sentimientos, sensaciones y los pensamientos que surgen de ellos desde la perspectiva de si contienen elementos capaces de provocar enfermedades o de cargar su alma? Esto resulta difícil, entre otras cosas, porque cuando así sucede las consecuencias perjudiciales suelen manifestarse mucho tiempo después. Y, por lo general, solo después de la llamada «muerte» se sabrá si afectaron al alma.

Pero todo aquello que no lleva en sí la vibración fundamental de lo positivo, constructivo y alentador —en pocas palabras, todo lo que carece de amor— no puede contribuir a fortalecerlos permanentemente ni a permitirles madurar y crecer interiormente. Por eso es muy importante que se conozcan también en este aspecto y que, cuando mediante una observación atenta descubran debilidades, comiencen a transformarlas en fortalezas con Mi ayuda.

El problema consiste en que la mayoría ni siquiera piensa que lleva en sí cierta dosis de melancolía, pesimismo y desánimo que determina su conducta. Consideren simplemente el miedo, las preocupaciones o las dudas. Ninguno de ustedes está completamente libre de ellos. Pero, naturalmente, hablan poco al respecto; las actividades de la vida cotidiana los dominan. Por eso aquello que los mueve o los oprime interiormente no se expresa, o solo lo hace rara vez. Sin embargo, se diga o no, lo negativo continúa realizando su desafortunada labor. Actúa inadvertidamente en el trasfondo, en las profundidades.

Es importante que sepan sobre qué fundamentos se desarrollaron y continúan desarrollándose sus formas de conducta, y cómo finalmente influyen en sus pensamientos, palabras y acciones. Cada persona es distinta en su carácter y sus disposiciones; ninguna criatura es igual a otra. El interior del ser humano, que en gran parte él mismo desconoce, participa decisivamente en su manera de expresarse y actuar.

No hace mucho les dije que actualmente viven como almas dentro de un cuerpo humano, y que esto suena algo diferente —y también lo es— de decir: «Soy un ser humano con un alma».

Su ser espiritual decidió, por las razones que fueran, dar una «vuelta por la Tierra», seguramente no por primera vez. Trae consigo diversas cosas que ahora se manifiestan en esta vida (1), por ejemplo mediante tareas de aprendizaje que deben superar o cargas antiguas que deben saldar. Existen infinitas posibilidades. Pero siempre algo procedente del alma, del interior, influye en el ser humano y en el exterior, además de aquello que recibió de sus padres. Entonces se hace visible para la propia persona, pero a menudo mucho antes y con mayor claridad para quienes la rodean. Si se trata de peculiaridades o debilidades que finalmente se practican, pasan a formar parte del ser humano sin que este lo advierta; lo mismo sucede con sus fortalezas y sus aspectos positivos.

Así, aquello que se manifiesta en la conducta humana, prácticamente en la superficie, posee un trasfondo invisible que los marca y dirige. Puede compararse con una escala que comienza abajo con el alma; después siguen el inconsciente, el subconsciente, los sentimientos o sensaciones, los pensamientos, las palabras y, finalmente, los actos, que constituyen la parte superior de la escala, la superficie. Esto es lo que perciben en ustedes mismos y en las demás personas.

Por consiguiente, en la superficie aparece siempre aquello que existe en las profundidades. Si el trasfondo no está «limpio», tampoco puede manifestarse nada «limpio» en la superficie. Quizá ahora se comprenda mejor Mi pregunta acerca de la calidad «orgánica».


Como tienen la libertad de tratar a su propio criterio aquello que les enseño, solo puedo recomendarles —nada más— que, en un momento de tranquilidad, reflexionen sobre Mi pregunta acerca de la calidad de sus sentimientos y pensamientos. Y no solo eso: si reconocen la verdad de Mis palabras, el siguiente paso solo puede consistir en pensar seriamente cómo disolver las cargas que se encuentran en su mente y transformarlas en algo positivo y constructivo.

No es un proceso sencillo ni puede realizarse de un día para otro; pero en este trabajo —¡porque es trabajo!— no están solos. «Gracias a Dios», en el sentido más literal de las palabras, pues sin Mi ayuda, es decir, solamente con sus buenas intenciones, les resultaría muy difícil y probablemente incluso imposible. Porque, aunque la inmensa mayoría no lo sabe, se enfrentan continuamente a un poder negativo concentrado que tiene el mayor interés y hará todo lo posible para que permanezcan como son. Esto se aplica especialmente a quienes han emprendido el camino para seguirme.

Quien quiere cambiar algo con éxito debe saber qué desea cambiar y cómo puede hacerlo. Y debe participar con todo el corazón. Lo mismo se aplica a los cambios relacionados con el ser humano interior. Para ello es necesario superar algunos obstáculos.

El primer obstáculo consiste en saber dónde sienten y piensan de manera equivocada. El segundo, en reconocer que las debilidades que intuyen o quizá ya observan son realmente una parte de su carácter y, por tanto, todavía les pertenecen. El tercero es el deseo de disolverlas y transformarlas en fortalezas y, finalmente, llevar a cabo esa disolución y transformación.

Reconocer los aspectos del ser humano que todavía son demasiado humanos es una tarea que corresponde a cada uno. Para la mayoría, esto fue precisamente una razón decisiva para dar voluntariamente su sí a otra vida terrenal. Pero lo sepan o no, las personas que los rodean, su entorno en general o el llamado destino se encargan de que se les presente aquello que debe ser transformado en el sentido del amor (2). De ello se ocupa la ley espiritual de la atracción. Llamo al trabajo relacionado con este proceso «trabajo interior», que la mayoría de ustedes conoce y practica desde hace algún tiempo con mayor o menor intensidad.

No a todos les resulta fácil aceptar de inmediato que las deficiencias reconocidas forman parte de ellos. O no encajan con la imagen que tienen de sí mismos, o les cuesta seguir viéndose como hijos de Mi amor. Si ocurre esto último, las tinieblas se frotarán las manos. No solo hacen todo lo posible por detenerlos en el camino hacia Mí mediante tentaciones constantes; también emplean un método con el que muchas religiones —incluidas y especialmente las que invocan Mi nombre— mantienen a sus miembros sin libertad: les hacen creer que, debido a sus imperfecciones, son pecadores indignos de presentarse ante Mí con la mirada abierta y hablar Conmigo como conversan dos amigos o incluso dos seres que se aman.

¡Ninguno de Mis hijos humanos es perfecto! No puede serlo, porque lo perfecto no puede existir en la Tierra debido a la gran diferencia de vibración energética. En Mi última revelación hablé de Mi amor por ustedes (3). No les hará daño recordarlo una y otra vez.

Mi amor por ustedes no está sujeto a ninguna condición. Puedes venir a Mí cuando quieras, sin importar cómo te sientas ni cuántas veces hayas despreciado Mi ley del amor en el pasado. ¡No eres indigno! ¡Vine al mundo por los pecadores! Solo espero que te dirijas a Mí con un corazón abierto y sincero. Deja que fluyan las lágrimas si así debe ser. Pero no pongas obstáculos en tu propio camino creyendo que no eres digno de Mi amor, que no te escucharé o no te prestaré atención.

Estas son ideas que Mi adversario y el de ustedes introdujo en el mundo. Pretenden perturbar o impedir la comunicación íntima y sin reservas entre Mis hijos y Yo. ¡No participes en ese juego! Te amo.

Háblame de las cosas que te cargan, de aquello que no te gusta de ti mismo y de lo que quisieras cambiar para introducir una calidad distinta en tus sentimientos y pensamientos, que después se manifestará en tus palabras y actos. Abre tu corazón, Mi amado, y luego espera. Algo sucederá. Te lo garantizo.

El obstáculo de «no soy digno» también puede presentarse de una forma completamente distinta, por ejemplo mediante la idea: «¿Realmente ayudará? En el pasado sirvió de poco». Sea como fuere, deben saber que estos obstáculos interiores existen. Otro de ellos intenta impedir sus cambios con argumentos poco convincentes. Se trata de un punto decisivo:

En la medida de lo posible, deben desarrollar con todo el corazón el deseo de liberarse de determinados errores y debilidades; idealmente, querer convertirse gradualmente en una persona «nueva» con Mi ayuda. Y hacerlo por amor a Mí, porque se han reconocido como Mis hijos amados, que desean una relación más estrecha Conmigo que hasta ahora. Si su deseo no se basa en la motivación correcta, porque quizá únicamente quieren deshacerse de algo que les molesta, los irrita o les causa desventajas, no obtendrán resultados.


La transformación que disuelve gradualmente lo negativo y hace aparecer lo positivo es un proceso que los acompaña durante toda la vida. En su etapa final deberá haber hecho de ustedes una «persona nueva». Esto no sucede de un día para otro.

Sin embargo, es perfectamente posible trabajar deliberadamente en ustedes mismos y lograr pequeños éxitos con mayor rapidez, ocupándose, por así decirlo, de puntos principales que llaman repetidamente su atención y quizá incluso les dificultan la vida. Son formas de conducta que las circunstancias les muestran una y otra vez, hasta que finalmente comienzan a prestar a esos sentimientos y pensamientos más atención que en el pasado.

Si desean cambiar algo en esos aspectos, entren en su interior y vengan a Mí. Hablen Conmigo y propónganse aportar con seriedad la parte que les corresponde, junto con la que Yo aporto a su transformación. Este es un aspecto del «trabajo interior» que da a sus sentimientos y pensamientos calidad «orgánica» de la manera y en la medida en que sea bueno, correcto y posible…

El camino real que hace de ustedes personas diferentes es el camino de la entrega a Mí. No es del todo fácil recorrerlo, aunque nada lo supera en cuanto a sus efectos positivos sobre el ser humano.

Al escuchar la palabra «entrega», en algunos surgirá una sensación que no resulta fácil analizar. En última instancia, significa poner consecuentemente en práctica las palabras «Hágase Tu voluntad en mí», algo a lo que, en un primer momento, algunos —incluso muchos— se resisten. Por eso les pido que reflexionen Conmigo sobre lo siguiente:

Su meta como seres espirituales es volver a vivir algún día Conmigo en la perfección y la belleza de los cielos. Entonces se habrán sumergido nuevamente en el amor, en Mi amor, y se habrán convertido otra vez en amor. Mi amor es la fuerza más poderosa del universo. No acepten precipitadamente esta afirmación solo con la mente; dejen que penetre en ustedes: «…la fuerza más poderosa del universo». Por tanto, no existe nada que no pueda ser «vencido» por ella —entendido correctamente—; tampoco la estrategia más elaborada ni el proceder más refinado del bando oscuro.

¿Qué podría ser entonces más hermoso, mejor, en el fondo más importante y «prometedor» que establecer una alianza con este amor? Esto es precisamente lo que significa cuando digo que la entrega a Mí, al amor, es el camino que con mayor rapidez hace de ustedes personas nuevas; y no solo con un mínimo de perturbaciones por parte del bando contrario, sino también con un potencial de serenidad y fuerza interior que, de otro modo, muchas veces solo se obtiene mediante grandes esfuerzos, si acaso se consigue.

Quien esté dispuesto a entregarse a Mí —primero de manera fundamental y luego mediante los pasos pequeños o grandes de la vida cotidiana que preparo para él— comprobará que no le quito nada que no Me entregue voluntariamente. No perderá su libertad; por el contrario, crecerá cada vez más en la libertad interior. En todo caso procederé «con muchísimo cuidado», de acuerdo con lo que corresponda en tu situación, y llamaré tu atención sobre muchas cosas que antes no veías. Esto podrá suceder porque tu sí te volverá más sensible. Retiraré piedras de tu camino para que ni siquiera tropieces con ellas. Te daré ánimo, entraré contigo en situaciones que antes te producían miedo y las resolveremos juntos. Y muchísimo más.

La entrega va acompañada de una confianza cada vez mayor, algo que todos desean. Al crecer la confianza, desaparecen las dudas, porque ambas no pueden convivir. Se disuelven las preocupaciones, las inseguridades y los temores, también los relacionados con el futuro. Los sentimientos y pensamientos del pasado, muchas veces cargados de aspectos deprimentes y enfermizos, se transforman en una mirada hacia adelante con la certeza siguiente:

Tengo a mi lado la fuerza más poderosa, capaz de guiarme de una manera completamente distinta de como lo hacía antes, porque le di mi sí y ahora me esfuerzo, aunque todavía muchas veces de manera imperfecta, por vivir ese sí. La paciencia de mi Padre y Su apoyo actúan en una medida que antes no conocía. Pero ahora lo sé, aunque muchas cosas sucedan de manera invisible en el trasfondo.


El tiempo que tienen por delante no será fácil. Traerá a la humanidad una transformación como nunca antes ha experimentado, y no ocurrirá en algún momento lejano. El tiempo que falta para esos acontecimientos es limitado, y quien no cierre los ojos puede reconocer desde ahora sus señales precursoras.

Puesto que —para expresarlo con más prudencia de la necesaria— no será fácil, es más importante que nunca que mantengan bajo control sus sentimientos y pensamientos. Las tinieblas hacen todo lo posible por intensificar los miedos y las preocupaciones de las personas y, al mismo tiempo, ofrecerles muchas distracciones, de modo que los miedos y las preocupaciones estén presentes, pero queden cubiertos por otras cosas. Hasta cierto punto lo lograrán; pero después llegarán el gran reconocimiento y el gran clamor.

Mis amados, procuren desarrollar cada vez más su fuerza interior. Yo Soy el único capaz de iniciar y realizar este proceso en ustedes, si están dispuestos a crecer en la entrega a Mí, en la entrega al amor desinteresado e incondicional que no tiene comparación.

Amén

(1) Hermann Hesse escribió al respecto un poema maravillosamente acertado que expresa la esencia del asunto:

La vida que yo mismo elegí

Antes de llegar a esta vida terrenal,
me mostraron cómo habría de vivirla.
Allí estaban la preocupación y la aflicción,
allí la miseria y la carga del sufrimiento.
Allí estaba el vicio que habría de atraparme,
allí el error que me mantendría prisionero.
Allí estaba la ira rápida con la que guardaría rencor,
allí el odio y la arrogancia, el orgullo y la vergüenza.
Pero también estaba la alegría de aquellos días
llenos de luz y de hermosos sueños,
donde ya no existen lamentos ni tormentos
y por todas partes fluye la fuente de los dones.
Donde el amor concede a quien aún está atado al vestido terrenal
la bienaventuranza de quien ya se encuentra liberado,
donde el ser humano, libre del dolor humano,
se siente elegido por elevados espíritus.
Me mostraron lo malo y lo bueno,
me mostraron la multitud de mis defectos.
Me mostraron la herida de la que sangraría,
me mostraron la ayuda de los ángeles.
Y cuando hube contemplado así mi vida futura,
escuché a un ser formular la pregunta:
si me atrevía a vivir todo aquello,
pues había llegado la hora de decidir.
Volví a medir una vez más todo lo difícil:
«¡Esta es la vida que quiero vivir!»,
respondí con voz decidida
y acepté en silencio mi nuevo destino.
Así nací en este mundo,
así fue cuando entré en la nueva vida.
No me quejo cuando muchas veces no me agrada,
pues antes de nacer le había dado mi sí.

Hermann Hesse

(2) Un breve fragmento del libro «La lógica del corazón» (Hans Dienstknecht):

Esto significa que nadie puede sustraerse a aquello que él mismo causó en el pasado, incluso hace muchos años o encarnaciones. Permanecemos sujetos a las consecuencias de nuestras acciones negativas hasta que, por el camino del reconocimiento y el arrepentimiento, quizá también mediante la reparación, las disolvemos nuevamente con la ayuda de Cristo y, con ello, las transformamos en algo positivo.

Estas consecuencias son las que limitan nuestra libertad. Quien se encuentra en prisión debido a una conducta contraria a la ley tiene, naturalmente, restringida su libertad. No puede quejarse de no poder moverse con la libertad que en realidad desearía.

Otro ejemplo: quien salta desde una plataforma de diez metros en una piscina pública para impresionar a las muchachas sentadas al borde no puede quejarse de falta de libertad si, al encontrarse a ocho metros de altura, siente miedo y quisiera interrumpir el salto. Está en medio de la consecuencia de su decisión.

(Naturalmente, se puede llevar el razonamiento todavía más lejos y decir: en realidad no pudo decidir de otra manera porque su afán de impresionar lo impulsó. ¿Y quién sembró eso en él? ¿Hasta dónde queremos retroceder? No importa hasta dónde lleguemos, siempre alcanzaremos un punto en el que las vías fueron orientadas «equivocadamente»).

(3) Revelación del 23 de junio de 2023: «La ley del amor».