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Su meta debe ser vivir en la vida cotidiana lo que han leído y escuchado

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Euer Ziel muss sein, das Gelesene und Gehörte im Alltag zu leben

Año original: 2026

Traducción al español latinoamericano.

Queridos hermanos:

Les envío algo nuevo como archivo PDF adjunto: «Su meta debe ser vivir en la vida cotidiana lo que han leído y escuchado». Que disfruten la lectura.

Con mucho cariño

Hans

Su meta debe ser vivir en la vida cotidiana lo que han leído y escuchado

Mis amados hijos e hijas:

¡Yo no Soy un Dios que guarda silencio! En todo tiempo he hablado a Mis hijos humanos, porque para Mí es lo más natural del mundo comunicarme con Mis criaturas.

Actualmente viven, por así decirlo, «al final de Mi cadena de Creación». Mi «Creación original» fueron los Cielos eternos. Crear ámbitos fuera de los Cielos, entre ellos el ser humano y su entorno, no formaba parte de Mi intención. ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Por qué habría de llamar a la vida algo menos hermoso que lo que ya existía? Utilicen su entendimiento, amados Míos. Saben —y, si antes no lo sabían, ahora lo saben— que todo lo que se encuentra fuera de los Cielos surgió únicamente como consecuencia de la Caída, porque Sadhana y sus seguidores tuvieron que abandonar las esferas celestiales puras y de elevadísima vibración.

Pero Yo no pierdo —nunca pierdo— lo que una vez he creado. Por eso permití que se formaran mundos fuera de los Cielos, para que Mis hijos tuvieran un hogar; un hogar que, sin embargo, no puede compararse en modo alguno con la belleza y la infinitud de los Cielos.

Así, como consecuencia de la Caída, surgió finalmente la materia al final de Mi cadena de Creación, para que todos los que habían abandonado su verdadera patria por las razones más diversas tuvieran y sigan teniendo al menos un hogar. Fue una especie de acto de gracia de Mi parte; pero crear al ser humano —que no es más que la envoltura exterior de un ser espiritual eterno— nunca formó parte de Mi intención, lo repito. Mi intención y Mi voluntad eran y siguen siendo llamar a la vida una Creación infinitamente vasta y hermosa, en la que todos tengan su hogar por toda la eternidad.

Mi adversario y el de ustedes, responsable del surgimiento de todos los mundos no celestiales, ha sabido mantenerlos ignorantes y sin espíritu crítico de una manera sumamente hábil y refinada, casi imposible de descubrir para ustedes. Restringió su pensamiento; y hasta hace no tanto tiempo —basta recordar las falsas doctrinas y los excesos religiosos de la Edad Media—, pensar por cuenta propia, aunque fuera solo de manera incipiente, se castigaba muchas veces con la muerte.

Las tinieblas lograron construir, por medio de personas a quienes podían influir, una doctrina que ya solo contiene fragmentos de Mi verdad eterna. Mucho de lo que hoy creen los miembros de las iglesias cristianas carece de lógica; algunas cosas incluso pueden reconocerse a primera vista como falsas, si se quiere hacerlo.

Les daré solo un pequeño ejemplo: la ley de causa y efecto afirma que el ser humano debe cargar o cosechar lo que siembra. ¿Es correcto? ¡Correcto! Pero siempre se interpreta con vistas al futuro. A nadie se le ocurre preguntar cuándo sembró un niño de apenas unos meses o años aquello que hoy cosecha. La respuesta solo puede ser: ¡en una de sus vidas anteriores! Sin embargo, la doctrina tergiversada afirma que, con cada concepción de un ser humano, Dios —Yo— crea un alma nueva. Si alguien «se atreve» a pedir una respuesta lógica a las instancias cristianas correspondientes, por lo general recibe como respuesta un encogimiento de hombros…

Lo repito una vez más y los exhorto: ¡utilicen su entendimiento!

Y tengan presente que Yo no carezco de lógica ni de conocimiento. ¡Yo Soy la inteligencia suprema de la Creación!

Durante los siglos pasados llamé una y otra vez a hombres y mujeres para que hablaran de Mí, de Mi sabiduría y de Mi verdad. No pocos pagaron por ello con su vida. Mi propósito era y sigue siendo educar a Mis hijos humanos que aún carecen de esclarecimiento, para que lleguen a ser seres que piensen por sí mismos y tengan el valor de anunciar Mi amor —porque Yo Soy el Amor sin peros ni condiciones— y también de vivirlo.

Para ello tuve que proceder lentamente, como en una escuela, paso a paso. Hablando en sentido figurado, tuve que comenzar con el pequeño 1 x 1. Poco a poco Mis revelaciones se volvieron «más profundas», porque había y sigue habiendo mucho que recuperar en cuanto a su comprensión. Quiero que Me comprendan a Mí y comprendan Mis «reglas del juego», al menos hasta donde puedan hacerlo en este momento. Todas Mis explicaciones y aclaraciones tienen como propósito ayudarlos a madurar hasta convertirse en personas que se esfuerzan seriamente por llevar Mis leyes a la práctica en su vida. Su meta debe ser vivir en la vida cotidiana lo que han leído y escuchado, y no limitarse al conocimiento. Porque el conocimiento puede convertirse con mucha facilidad en una carga.

Con mucha frecuencia oigo la respuesta: «Yo procuro no hacer nada malo en mi vida». Pero Mi mandamiento, amados Míos, no dice eso. No se trata de abstenerse del mal, sino de hacer el bien y actuar con comprensión, indulgencia, amor, desinterés, abnegación y muchas otras cualidades acordes con Mi amor. La diferencia es enorme.

Pueden resumirlo en estas breves fórmulas: «ama, y nada más» o también «ama, y luego haz lo que quieras».

Quiero decirlo con claridad y sin rodeos, sin que ninguno de ustedes tenga que asustarse:

Acercarse a Mí y al Cielo significa trabajo. Tampoco tiene sentido disimularlo con palabras hermosas y menos directas. Pero es un trabajo de naturaleza especial. Primero tiene lugar en el interior y luego se manifiesta exteriormente por sus frutos. Lo consolador y alentador es que no necesitan realizar este trabajo solos. Yo estoy a su lado y asumo una parte de su labor; quizá incluso la mayor parte, cuando las circunstancias lo permiten o lo requieren.

No olviden que vivo en cada uno de ustedes. Por tanto, también sé lo que han hecho y siguen haciendo con sus conocimientos. Para Mí era importante —porque ustedes son hijos luminosos de Mi amor— esclarecerles muchas cosas, mostrarles, por ejemplo, cómo «funciona» Mi Creación, señalarles las relaciones que existen entre ellas y animarlos a pensar conmigo.

Pero no pocos de ustedes se han limitado a leer Mis palabras, en vez de comenzar a ponerlas en práctica en su vida cotidiana y avanzar paso a paso de Mi mano. Ahora, como muchos otros, se encuentran ante los escombros de su mundo, aunque estos apenas comienzan a hacerse visibles. Pero ¿ha sucedido realmente de manera tan repentina y rápida como ahora les parece a muchos? Desde hace años les indico lo que vendrá, y entretanto lo hice una y otra vez. Incluso contuve algunas cosas para dar a Mis hijos humanos la oportunidad de reflexionar.

Para refrescar un poco su memoria —esto se dirige a quienes leen y escuchan desde hace tiempo la palabra de Mis revelaciones—, les recordaré lo que dije ya hace años1):

Ahora el platillo negativo de la balanza ha descendido. Si hubiera habido una reflexión —que, sin embargo, tendría que haberse producido en todo el mundo—, el tiempo que tienen por delante, que representa la transición hacia una nueva época, habría transcurrido realmente con menos sufrimiento y amargura. Pero no se creyó en Mis advertencias, ni siquiera cuando resultó evidente que el recipiente de la mala siembra y la mala cosecha estaba a punto de desbordarse. ¡Se ha desbordado!

¡Ha llegado el tiempo del que ya hablé como Jesús de Nazaret, que en su Biblia se denomina «tiempo del fin» y que fieles servidores y servidoras de Mi amor anunciaron ya hace muchos siglos! Y no solo traerá consigo catástrofes naturales de diversa índole y la ruina económica, sino también la opresión por parte de quienes —todavía— tienen el poder para ejercerla, algo que ya se practica en muchos países.

Estas palabras Mías no agradarán a muchas personas, pero por ello no detendré la rueda que hace emerger desde las profundidades los efectos de millones de causas negativas. Tampoco les servirá de nada interpretar los numerosos anuncios que ya contiene su Escritura como meras posibilidades vagas o eventualidades que quizá se produzcan alguna vez en un futuro lejano.

Por eso, con todo amor, porque quiero guiarlos y protegerlos y ahorrarles preocupaciones y dolores, pero también con toda claridad:

¡Los tiempos de leche y miel han terminado! Ha comenzado el período más difícil al que la humanidad se haya enfrentado jamás. El viento ha aumentado y se dispone a convertirse en tormenta y luego en huracán, y el mar se vuelve cada vez más agitado. Dichoso quien se haya decidido, o todavía se decida a tiempo, a llevar al piloto a bordo del barco de su vida.

Ha comenzado el que, por ahora, es el último acto de un gran espectáculo, que empieza como drama, pero terminará en la luz.


Yo Soy el Amor, y por eso no puede ocurrir jamás que les infunda miedo con Mis palabras. Pero ¿de qué otra manera puedo ponerles la verdad ante los ojos de tal modo que algo se mueva en su interior y comiencen a reflexionar sobre lo que todavía deben cambiar en su vida, sobre todo dentro de ustedes mismos?

¿Cómo van a proceder?

Para una situación semejante existe una «palabra mágica»; en realidad, son dos «palabras mágicas», más poderosas que cualquier otra cosa que se les recomiende. Esas dos palabras son acercamiento y entrega. Actuarán con absoluta seguridad, en ese orden, si tú lo deseas. Porque con ellas te diriges a Mí, el Creador. ¿Puedes imaginar que Yo desoiga un llamado semejante procedente de tu corazón cuando vienes a Mí con una petición sincera de establecer una relación íntima y amorosa? Eso es absolutamente imposible, pues vivo en ti.

Solo existe un criterio, uno solo, y se encuentra en ti, en lo más profundo de tu interior:

¿Cuán sincero es tu deseo de acercarte cada vez más a Mi amor, de modo que podamos establecer una unión cada vez más estrecha durante el resto de tu vida? ¿Es solo un «deseo de labios»? Entonces no sucederá mucho entre nosotros. Pero si tu deseo procede de tu corazón, de un corazón que Me anhela, te asombrarás —sí, ya puedes comenzar a esperarlo y a alegrarte por ello— de todo lo positivo que sucederá en tu vida.

Un paso muy importante en este punto es aprender a confiar en Mí. Cuanto más profunda y sincera sea tu confianza, tanto mejor podré preparar tus caminos. Pero muchos de Mis hijos humanos fracasan precisamente en este punto: sencillamente tienen miedo.

¡Tienen miedo porque no saben lo que les espera! Procuren utilizar aquí su entendimiento. ¿Es posible que el Amor, Mi amor, que te regaló el libre albedrío, te exija algo que no deseas? ¿O que te imponga tareas para las cuales todavía no estás preparado? ¿O esto, o aquello…? ¿No se debe más bien su miedo a que no quieren renunciar a aquello a lo que se han acostumbrado en su vida cotidiana? ¿A que quieren conservarlo porque lo consideran suyo? ¿A que no saben qué sucederá con ustedes si se entregan a Mi amor?

Se puede aprender a confiar. Se puede practicar la confianza. Lo importante es el «sí» sincero de ustedes. Y aunque al principio sea apenas un pequeño sí, avanzaré contigo paso a paso para convertirlo, en tu camino hacia Mí, en un sí cada vez mayor. Lo importante es que lo pronuncies en tu interior; en voz alta o en silencio, no importa. Así comienza una transformación que te hará maravillarte una y otra vez.

No exagero cuando te digo que los ángeles del Cielo que están ahí especialmente para ti prorrumpen en júbilo al oír tu sí. Solo esperan eso, al igual que Yo.


No empleé palabras serias en la primera parte de Mi revelación sin motivo. No pasen sobre ellas sin más. ¡La situación se vuelve seria! Mejor dicho: ya ha comenzado. Los cambios son evidentes para quienes no cierran los ojos y los oídos a causa de un «no quiero saber nada de esto».

Pero ejercítense en venir a Mí una y otra vez. Yo sé proteger a los Míos, lo cual no significa que nada vaya a afectarlos. Sin embargo, consideren que precisamente para el tiempo que ahora se anuncia y que ya ha comenzado, muchos vinieron a la Tierra desinteresadamente y por amor a sus hermanos y hermanas terrenales. Por tanto, no son solo las tinieblas las que enviaron a sus seguidores a la Tierra para destruir y causar desgracias; también hay innumerables seres de la luz encarnados actualmente, y otros que todavía encarnarán, quienes constituyen un contrapeso.

Pero esto no cambia el hecho de que sucederá lo que tenga que suceder.

Los amo.

Amén

1) Fragmento de la revelación del 9 de diciembre de 2020, tomada de Por amor a Dios: «De regreso a las raíces».