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Su esfuerzo sincero Me basta

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Euer ehrliches Bemühen reicht Mir

Fecha original: 10 de noviembre de 2007

Traducción al español latinoamericano.

Encuentro del 10 de noviembre de 2007 en Würzburg

Revelación divina

En verdad, en verdad, Mis fieles, este es un tiempo grave. Es el tiempo más grave al que jamás se haya enfrentado la humanidad. Las tinieblas han reunido sus fuerzas, y todo se encamina hacia el momento de la gran confrontación. Es una confrontación anunciada por muchos de Mis profetas y que Yo permitiré, para que la paja se separe del trigo y Mis hijos lleguen al conocimiento.

Pero por mucho que las tinieblas se esfuercen por reunir sus fuerzas y provocar el caos en todos los ámbitos, solo lo conseguirán hasta cierto punto y no podrán impedir que de las cenizas surja una vida nueva. Por tanto, no obtendrán la victoria, porque la Luz será la vencedora.

Todos ustedes, al igual que innumerables hermanos y hermanas suyos, se pusieron hace mucho tiempo del lado de la Luz y se incorporaron al gran ejército de los mensajeros celestiales, a cuya cabeza estoy Yo, Jesucristo.

Todos ustedes sabían a qué se comprometían. Vieron la necesidad de sus hermanos y hermanas en la Tierra, y de su amor desinteresado nació el deseo de descender a este mundo y ser portadores de Mi Luz. Cada uno de ustedes estuvo ante Mi trono, y sobre la cabeza de cada uno puse Mi mano y lo llené de Mi fuerza y de Mi amor infinito.

A la luz de este amor, su misión les pareció fácil, y ninguno dudó de que alcanzarían la victoria. Aunque conocían las dificultades y los peligros, al mismo tiempo se reconocían como poderosos hijos e hijas de Mi amor. ¿Quién o qué podría hacerles daño a unos hijos e hijas de los cielos tan resplandecientes?

Así pues, acompañados por muchos de sus hermanos y hermanas espirituales, descendieron a la materia y entraron en la tierra del olvido. Antes habían sido instruidos y preparados para ese momento. Sin embargo, nadie que no haya entrado todavía en el dominio de las tinieblas puede imaginar hasta qué punto puede quedar limitada una conciencia divina dentro de la materia. Y esa conciencia fue limitada; sí, tuvo que serlo, porque de otro modo no podrían vivir aquí en su perfección celestial.

Entonces se vieron confrontados con todo lo que la materia puede ofrecer. A través de sus sentidos llegaron hasta ustedes innumerables impulsos que penetraron en su interior y moldearon su conciencia, su subconsciente y su alma. Aunque la promesa que hicieron voluntariamente permanece de manera imborrable en ustedes, el adversario intentó, y sigue intentando, oscurecer la luz de esa santa promesa para hacerles creer que son hijos de este mundo.

Y, Mis fieles, si son completamente sinceros consigo mismos, tendrán que reconocer que, en algunas ocasiones, las tinieblas ya han logrado su propósito.

Pero la luz de su promesa no puede extinguirse. Yo la avivé e hice brillar Mi amor en ella, y ustedes tomaron conciencia de quiénes son. Comprendieron que habían ido como ovejas en medio de lobos, pero como ovejas que están bajo Mi protección porque representan el amor. Desde ese momento, Mis amados hermanos y hermanas, comenzó lo que Yo llamo el «trabajo interior».

Empezaron a cuestionar muchas cosas, incluso a ustedes mismos. Sus ojos se abrieron y, al menos en parte, comenzaron a ver. ¿Y después? Llegó, y sigue llegando, el momento de decidirse a ser luchadores conscientes y voluntarios de la Luz en esta Tierra: luchadores que reconocen las maniobras de las tinieblas y se oponen a ellas con las armas del amor y de la sabiduría.

Yo mismo entré en la materia y estuve sujeto a las mismas leyes que ustedes. Por eso sé lo difícil que es conservar el amor al Padre celestial. Las pruebas y tentaciones son demasiado grandes como para que no caigan de vez en cuando; y, sin embargo, ¡Mi Luz de amor en ustedes es aún mayor!

Todos ustedes se encuentran en el punto que acabo de describir. Quiero infundirles ánimo, y lo haré una y otra vez, para que sigan adelante cuando tropiecen o caigan y para que recuerden que Mi mano permanece extendida, esperándolos. Porque continuar el camino o volver a levantarse constituye precisamente su esfuerzo. Solo cuando se dan por vencidos comienza a existir un verdadero peligro para ustedes. Pero mientras se esfuercen con un corazón sincero, estarán protegidos por Mi amor.

Ya les he dicho muchas veces que Me basta con un esfuerzo recto de parte de ustedes. ¿Cómo podría no bastarme? ¿Puede un ser humano hacer realmente algo más que esforzarse? Y aun cuando, Mis amados, sus esfuerzos no siempre produzcan en esta vida los resultados que esperan o desean, no se entristezcan. Cada esfuerzo queda incorporado en el cuerpo de su alma, y toda acción que hayan emprendido por amor a Mí la llevarán consigo al mundo del más allá. Allí les servirá de fundamento sobre el cual podrán seguir construyendo.

Por eso, no se desanimen cuando no todos sus esfuerzos lleguen a realizarse. Yo veo su amor y estoy con ustedes. Los fortalezco y les recuerdo una y otra vez que no están solos y que emprendieron este camino, que en verdad no es fácil, por amor a Mí y a sus hermanos y hermanas en la Tierra.

Deposito profundamente en sus corazones este consuelo y esta promesa. Permaneceré para siempre con ustedes y en ustedes, Yo, el amor del Padre. Amén.

Revelación divina

Miren: para Mí, Cristo, que estoy entre ustedes y de quien ustedes son amigos, el tiempo no es igual que para los seres humanos. Hace dos mil años, según lo relata su historia, fue Mi tiempo.

Medido en años, fue en verdad un período muy breve durante el cual caminé por esta Tierra. Y, en comparación con las posibilidades que ustedes tienen hoy, apenas era posible llegar a tantas personas y acercarles el amor que había descendido de los cielos. Sin embargo, miren, amigos Míos, cuánto tiempo ha perdurado el mensaje que traje a este mundo como Jesús.

¿Creen que esto habría sido posible si se hubiera tratado únicamente de un mensaje exterior? ¡Oh, no! Era la Luz de los cielos que se había encarnado y que, dentro del tiempo de los seres humanos, habitó entre ellos. La esencia de ese mensaje, que era el amor de los cielos, ha perdurado a través de los milenios. Miren cuán grande, poderosa y victoriosa ha sido. Aunque las tinieblas han intentado absolutamente todo con tal de destruir Mi enseñanza, modificarla y utilizarla en beneficio de sus propios propósitos, en su esencia ha continuado siendo el mensaje del amor del Padre.

Por eso les digo, amigos Míos: si todas las personas de esta Tierra, en todos los países y continentes, tomaran conciencia en su corazón del amor de Dios y de la misión que de él se deriva, ¡cuánto más fácil y rápidamente se alcanzaría la victoria del amor en esta Tierra!

Les digo que, aunque a menudo les parezca difícil y aunque se encuentren una y otra vez luchando intensamente consigo mismos, por medio de ustedes venceré y transformaré las tinieblas y las conduciré nuevamente de regreso al hogar.

Tengan confianza, apóyense en Mí y confíen en Mí. Entréguenme aquello que su naturaleza humana todavía desea, para que Mi voluntad, Mi sabiduría, Mi seriedad y el amor del Padre puedan actuar por medio de ustedes en todo momento, en todo lugar y a lo largo de todos sus caminos. Yo, Cristo, la Luz eterna y celestial que habita en cada uno de ustedes, no los abandono. ¿Cómo podría hacerlo? En lo profundo de sus corazones se encuentra Mi morada. Amén.

Revelación divina

Si creen en Mí, Mis amados hijos, y confían en Mi palabra, entonces también confían en que cumplo Mis promesas. La canción que acaban de cantar [«Yo te envuelvo en amor»] es Mi promesa para ustedes.

Tengan la certeza de que, en el momento en que abrieron sus corazones, los envolví con Mi Luz. Si ya pudieran verla, contemplarían asombrados e incrédulos la maravillosa luz que rodea a cada uno de ustedes. Esa luz es Mi protección; en ella encuentran seguridad y amparo. Aunque dentro de poco vuelvan a salir, esa luz permanecerá en ustedes, con ustedes y a su alrededor: invisible, pero presente. Es la irradiación de su alma, que Yo he fortalecido.

Cuando los deberes diarios se presenten ante ustedes, es posible que la irradiación de su alma disminuya aquí o allá. ¿Saben qué hacen, o qué deberían hacer entonces? Vengan a Mí, recuerden y pídanme, con el mismo fervor con el que acaban de cantar, que los envuelva en amor. En ese mismo instante, esa resplandeciente Luz divina volverá a rodearlos en toda su plenitud.

Ustedes son Mis hijos e hijas, y es propio de ustedes vivir en esta Luz de amor. Amén.