Comunicaciones del espíritu

Samuel Surazal Revelaciones del Espíritu de Dios

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Samuel Surazal
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1.ª edición, abril de 2023 ▪ Samuel E. Surazal
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alemán
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1.ª edición, abril de 2023 ▪ Samuel E. Surazal

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ISBN 978-3-946467-98-4

Jesucristo:

«¡Dios es el amor eterno y la verdad misma!

Nada en el mundo puede hacerlos libres

sino únicamente la verdad.

Quien comete pecado, que siempre fue una mentira,

es también siervo del pecado

y esclavo de otros pecadores aún mayores,

que no tienen conciencia ni amor

sino únicamente por su despreciable yo.

Pero quien tiene la verdad en sí

es un poderoso enemigo de la mentira y es libre;

pues nadie puede demostrar que haya cometido un pecado.

Por eso, elijan la verdad y no teman a aquellos

que ciertamente pueden matar su cuerpo,

pero nada más pueden hacerle a su alma.»

Amor verdadero

Queridos hermanos y hermanas: hay dos clases de amor. El amor del espíritu de la época, que es el falso amor y es hipocresía y mentira y es el Anticristo y es el mundo, y existe el amor a Jesucristo, que es el amor verdadero, en el cual no puede existir ninguna mentira.

Jesucristo dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».

Cuando el amor a Jesús llena el alma, la mentira y la falsedad no tienen lugar. El amor a Jesús es la garantía de la verdad; la luz del amor divino es el medio para distinguir los espíritus. Y Jesucristo habita espiritualmente y en verdad en nuestros corazones.

Por tanto, no es la mente la que ilumina el corazón; el corazón ilumina la mente. Para ello se necesita amor infantil hacia Dios, se necesita humildad confiada del corazón hacia Jesucristo y en Él. Entonces se camina por el camino que Él mismo es: el camino de la verdad y de la vida.

* * *

Progreso divino

En el amor a Jesús, la máscara cae inevitablemente poco a poco. Pues donde nace y crece la verdad, la falsedad debe ceder. En humildad infantil ante Dios, la honestidad y la sinceridad se convierten en una necesidad voluntaria, en una necesidad del corazón para el hijo, pues comienza a amar la verdad, dentro y fuera de sí. En el amor a la verdad, que es el espíritu de Jesús, el hijo de Dios encuentra plenitud y alegría. Sin embargo, existe aquí el gran peligro de la justicia propia. Entonces entran en juego la misericordia y la paciencia; deben unirse con la verdad para formar el amor divino.

Cuando uno piensa que le falta amor a Jesús y a las personas, busca distintas maneras de obtenerlo. Pero precisamente pensar acerca del amor es el obstáculo. Ser un hijo de Dios significa entregarse confiadamente al Padre con corazón y alma, cada día de nuevo. El amor del corazón y la entrega a Jesucristo son un ejercicio, como aprender un instrumento; finalmente uno percibirá progresos y sentirá la presencia de Jesús en el corazón.

Cuando una persona siente anhelo por Jesucristo y al mismo tiempo percibe una carencia en sí, eso es la prueba de que Jesús la ha llamado y está dispuesto a recibir a este hijo. Ahora se trata de pedir entrada en humildad infantil, de abrir cada vez más el corazón a Jesucristo. De abandonar el mundo poco a poco, para que surja espacio libre para el encuentro con Dios.

Pero todo el contenido satánico caído del alma en el ser humano se resiste a este proceso de liberación y encuentro con Dios. El arma utilizada aquí es la mente mundana, sometida al espíritu de la época. Ese es el Anticristo, cuyo signo adoramos: la materia, la entrega a las cosas seductoras del mundo, que a lo largo de nuestra vida terrenal nos fueron inculcadas como normalidad, incluso como comodidades y placeres dignos del ser humano. Sí, en el acontecer y actuar aparentemente más inofensivo reside el arma más fuerte de Satanás; aquí es plenamente serpiente, y no en el estruendo bélico y de disturbios del mundo, donde se muestra como un monstruo hinchado.

Por tanto, es necesario volverse cada vez más tranquilo y silencioso en medio del obrar fascista y sin Dios del mundo, vivir en retiro anímico, para orar y dejar entrar a Jesús en el corazón, para encontrarlo allí y aquí. Ese es el sentido y propósito de nuestra existencia; eso nos propusimos, eso Le prometimos. Y Él nos ha prometido acogernos con el corazón divino abierto, para vivir con nosotros y en nosotros por siempre jamás.

* * *

Los milagros del Anticristo

Está escrito que el Anticristo/Satanás puede y hará milagros en este último tiempo. ¿Qué clase de milagros son? ¿Tiene este espíritu caído el poder de obrar verdaderos milagros como Jesucristo? ¿Aparece el Anticristo por nombre como un falso Jesús y actúa realmente de manera sobrenatural? Pues esto creen muchos cristianos, y esta falsa creencia conduce sus almas a un laberinto de incertidumbre o superstición. Esta es, en última instancia, también responsable de que se sospeche del diablo en todo acontecimiento que no concuerda con la Biblia y en toda nueva revelación. Estos creyentes no se encuentran sobre un fundamento firme de fe y verdad, sino que han caído en la trampa anticristiana de una expectativa errónea del tiempo final, pues creen en un poder satánico de milagros.

Pero los «milagros» del Anticristo consisten únicamente en que finge obras milagrosas y difunde falsedad. Es un maestro del engaño y la mentira, y sus llamados milagros no son otra cosa que trucos técnicos y digitales, como por ejemplo el Proyecto Blue Beam, mediante el cual se producen proyecciones en el cielo que pretenden ser realidades. Otro «milagro» es el llamado deepfake. En él las personas pueden reconstruirse digitalmente de tal manera que ya no se las puede distinguir visualmente del original. Así pueden emitirse declaraciones y discursos de políticos y científicos influyentes que no tienen lugar y nunca han tenido lugar, incluso contra su voluntad. De este modo se puede utilizar a cualquier persona para decir y hacer cosas que, en el sentido del Anticristo, deben ser dichas y hechas.

Con tecnología digital también pueden producirse/falsificarse cualesquiera situaciones y acontecimientos, y representarse artificialmente escenarios de guerra y otras catástrofes. Mediante imaginaciones técnicas se pueden presentar a la humanidad sucesos aparentemente sobrenaturales con tanta habilidad que realmente caiga en estos falsos milagros. Y existen aún más innovaciones técnicas y digitales responsables de que ya no puedan distinguirse la mentira y la verdad. Por tanto, en todo lo que uno ve en pantallas u oye en las noticias ya no se puede estar seguro de si sucede realmente o si se trata de una manipulación.

Otro «milagro» es la clonación de seres vivos, mediante la cual los anticristos quieren presentarse como creadores. Pero tampoco aquí se trata de procesos sobrenaturales, sino de ADN robado a Dios que, utilizado contra Dios, produce inválidos del alma y monstruos.

Esos son, pues, los «milagros» del Anticristo. No puede hacer más. Y por mucho que se esfuerce, siempre serán solo mentiras y falsedades que puede representar mediática y digitalmente en su delirio de querer ser como Dios. La mentira solo puede producir mentira, la locura produce locura, la muerte engendra muerte.

La verdad da testimonio de sí misma en el corazón del ser humano, y también el amor de nuestro Padre celestial. Solo los hijos de la verdad reconocen la verdad, porque aman a Jesucristo. El hijo de Dios que despierta no siempre puede distinguir de inmediato la verdad y la falsedad en el mundo, pero cuando se encuentra con la verdad divina la reconoce y así puede descubrir toda clase de mentiras y desterrarlas de sí. Mediante la confirmación de lo verdadero en el corazón, lo falso queda iluminado y despojado de poder.

Cuando finalmente el hijo de Dios ha renacido, el amor íntimo a Jesucristo le concede en todo momento la luz para distinguir inmediatamente la verdad de la mentira. Entonces todo le resulta siempre completamente claro, porque la luz del espíritu brilla constantemente en las tinieblas del mundo.

Por tanto, cuando suceden verdaderos milagros, siempre es el Espíritu de Jesucristo el que actúa y sana; no existe otro poder. Y Él lo hace de manera nada espectacular, mientras que a los anticristos les gusta presentarse de forma sensacionalista, ruidosa e insistente e intentan así encubrir sus mentiras. Para ello utilizan los medios de comunicación, que en todo el mundo están bajo su dominio; son el instrumento de poder y manipulación por excelencia. Esto los vuelve tan arrogantes y seguros de sí mismos que ya no pueden ser atacados públicamente, pues la mayoría de las personas están sometidas a esta cautividad: «Lo que no se informa en la televisión y en el periódico no sucede, y lo que se informa sucede y es un hecho. Todo lo demás es teoría de la conspiración y debe ser perseguido, impedido y castigado».

Así están las cosas. Satanás ha establecido su reino y puede gobernar a voluntad. Pronto consolidará aún más su poder y después lo ejercerá rigurosamente durante algunos años, mientras que ahora todavía tiene que proceder tácticamente. Pero entonces habrá traspasado el límite que Dios le ha puesto.

Conocemos todos estos procesos y conocemos el mal destino de los anticristos y de Satanás. Conocemos el plan de Dios detrás de toda la locura que sucede ahora. Experimentamos Su segunda venida y Su presencia, y sabemos que Él edificará Su reino de paz y amor a partir de los escombros de este mundo. Esta es nuestra confianza y esta es la paz en nuestros corazones en este tiempo de tribulación y aflicción. Jesús con nosotros, Jesús en nosotros.

* * *

La conciencia

El alma experimenta que, cuando la conciencia se hace sentir, es trasladada a la situación concreta en la que actuó sin amor. Entonces es como si aquella experiencia pasada estuviera presente. Por eso arde tanto, porque en el recuerdo anímico-espiritual falta el tiempo; el fuego está muy cerca. En estos pensamientos me habla un espíritu:

«Sí, la conciencia no conoce el tiempo. Cuando está activa solo existe el presente, en el que habla de sí misma y de ti, de lo sucedido entonces y ahora, de manera insistente y dolorosa; así la conciencia condiciona el crecimiento espiritual del alma. A ello se añaden la vergüenza y el arrepentimiento; son el cuerpo de la conciencia, pues reciben su energía de la imagen de las circunstancias exteriores.

Samuel: ¿Acaso la conciencia también consta de cuerpo, alma y espíritu? ¿Qué es entonces el espíritu?

G: «El espíritu de la conciencia es la vida, la vida en sí. La trinidad de la conciencia corresponde a la trinidad del ser humano. El cuerpo visible como arrepentimiento; este es expresión del lenguaje verdadero del corazón, que es la luz que irradia hacia las tinieblas como el Hijo del amor: esa es el alma de la conciencia; y el corazón mismo como vida eterna-divina, el Padre celestial.

Así también la alegría tiene cuerpo, alma y espíritu; y dime, ¿qué cualidad no consta de esta trinidad? Toma cualquiera y obsérvala correctamente: todas las modalidades de ser de esta creación caída forman y encuentran su existencia en cuerpo, alma y espíritu. Y esta trinidad puedes, a su vez, contemplarla y explicarla desde el cuerpo, el alma y el espíritu respectivamente. Por tanto, siempre hay tres perspectivas sobre las tres formas de estado materia, alma y espíritu, y los rasgos esenciales idénticos armonizan entre sí en su constitución, aunque conforme a su intensidad luminosa y fuerza de amor.

Ahora puedes imaginar que materia, alma y espíritu, contemplados desde el punto de vista material, no conceden ninguna o apenas alguna fuerza luminosa y cognoscitiva, mientras que el punto de vista del alma contiene mucha más comprensión y la perspectiva espiritual supera ampliamente a las otras dos; sí, esta tiene el poder de penetrar cuerpo y alma y liberarlos en la luz divina de toda falsedad y perversión, pues el puro espíritu de amor es verdad.

Al hacerlo no debe pasarse por alto que siempre se produce también una reflexión. Esto significa que espíritu y alma se reflejan en su originalidad en la perspectiva material, pero regresan invertidos al punto de partida material. Esta es la condición necesaria de esta creación: lo invertido o caído debe reconocerse también como tal en la imagen de la inversión y la perversión, a fin de desarrollar la voluntad de regresar de nuevo a la verdad de su identidad divina y originalidad.

Una herramienta principal para ello es la conciencia y el arrepentimiento que le pertenece, que conducen al ser humano a la humildad, de modo que en el desprendimiento de la atadura terrenal encuentre la libertad del espíritu, que es el corazón y la vida de la conciencia: el amor.»

S: Gracias, primero tengo que digerir, pensar y comprender esto; en el sentimiento ya está comprendido, ahora tiene que pasar del alma a la mente… ¿o sea que el espíritu se lo da al alma y esta lo transmite a la comprensión material…?

G: «Sí, pero la comprensión material es en este caso la palabra expresada, el pensamiento figurativo; no hace falta más. Permanece en el alma, permanece alma, sé alma y aliméntate del espíritu».

S: Me esforzaré. ¿Quién me acaba de dictar esto? Siento tu presencia y tu amor, que toca profundamente mi corazón.

G: «Soy tu actual espíritu protector, mi nombre es Francisco. Te ayudaré a quedar completamente libre, porque conozco tu necesidad por mi vida terrenal. Te amo con el amor de Jesucristo; ámame tú también así».

S: Eso quiero. Gracias.

* * *

El arrebatamiento

Queridos hermanos y hermanas: respecto del arrebatamiento existen distintas opiniones en cuanto al momento, así como a la forma y manera.

¿Cómo tendrá lugar el arrebatamiento?

En la Biblia se dice: los hijos de Dios serán elevados al aire/a los aires. ¿Qué significa aire en lo espiritual? Aire significa espíritu. Los verdaderos hijos de Jesucristo serán elevados al espíritu = serán llenos del Espíritu Santo. Solo quien sigue fielmente a Jesús en palabra y obra será arrebatado, será llenado de Su Espíritu.

¿Es entonces un arrebatamiento repentino?

Tiene lugar una preparación mediante el seguimiento, por así decirlo un proceso de preparación para recibir el Espíritu, para el renacimiento espiritual. En ello, uno vive ya por momentos en la presencia de Jesús, en la cual el alma experimenta un arrebatamiento/éxtasis. Pero al final habrá un arrebatamiento instantáneo, un nacimiento dentro del espíritu, como también pudieron experimentarlo los apóstoles cuando el Espíritu de Pentecostés los llenó de manera permanente. El estado de desarrollo del alma decide cuánto espacio encuentra el Espíritu para su propio despliegue y el del alma.

¿Qué significan estas palabras de Jesús?: «Vengo en las nubes del cielo».

Estas palabras tienen distintos significados. Uno de ellos es que la venida de Jesús no será visible para la mente mundana (aquí, nubes), que cubre el cielo —el amor divino en nosotros—. Por tanto, Su llegada será repentina para los servidores del mundo: «Mira, vengo como ladrón en la noche» y «Porque así como el relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre». Para los hijos del amor, las nubes (aquí, efectos de la gracia divina) traen lluvia celestial = misericordia divina = presencia de Jesús.

¿Cuándo tendrá lugar el arrebatamiento bíblico?

Algunos hijos de Dios ya se encuentran cerca del renacimiento anímico-espiritual o dentro de él. Son arrebatados ya antes de tiempo y en los últimos años actúan en el Espíritu de la verdad de Jesucristo como precursores del juicio y portadores de antorchas del amor. Muchos de nosotros estamos llamados a ello y algunos son elegidos. El arrebatamiento general tiene lugar durante los tres días de tinieblas exteriores e interiores. Durante ellos, los verdaderos hijos de Dios serán elevados a Su Espíritu; los hijos del mundo caerán en su abismo del alma, pobre en amor o carente de amor: ese es su juicio.

Ahora, por tanto, está en marcha la fase previa y de preparación para el arrebatamiento. Debemos hacernos conscientes cada día del tiempo en que vivimos. Por eso debemos desprendernos cada vez más del mundo, que ahora pertenece enteramente al diablo. De lo contrario, el miedo y la preocupación nos arrastrarán en la corriente del mundo; de lo contrario Jesucristo no podrá entrar en nuestros corazones y arrebatarnos a Su corazón.

* * *

Responsabilidad propia y entrega

Una y otra vez surge la pregunta acerca de la redención y espiritualización del alma. Por un lado se dice que estas se realizan únicamente por las gracias de Dios: si el ser humano se entrega a ellas, encuentra redención y divinización. Por otro lado, Jesús dice que Él ha puesto en el alma todos los talentos y herramientas para su liberación y que debemos utilizarlos bajo nuestra propia responsabilidad para llegar al renacimiento en el espíritu. Para muchos hermanos y hermanas esto es una contradicción en la que no logran orientarse. A veces surgen por ello discusiones que con frecuencia generan malestar o incluso introducen una cuña invisible en las comunidades de hermanos.

En realidad, la respuesta es bastante sencilla. Todo lo que necesitamos para la redención está contenido en nosotros como don de Dios. Saber esto es una condición necesaria para poder actuar con responsabilidad propia, tal como quiere nuestro Padre celestial, pues Él quiere formarse hijos que vivan y actúen autónomamente en Su Espíritu, es decir, que disfruten libertad divina por toda la eternidad.

¿Cómo accedemos a estos instrumentos? Para ello Jesús nos da un solo mandamiento: «Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo». En el amor a Él se abren y despliegan las herramientas divinas contenidas en nuestros corazones. En y con el amor a Jesucristo las activamos, de modo que nuestras almas sean penetradas por el Espíritu de Dios.

¿Por qué se dice entonces: sin Dios no podemos nada y con Él todo? ¿Qué es entonces la gracia de Dios en la que vivimos, que nos libera y redime? ¿Qué significan entonces Sus palabras: «Cuando hayan hecho todo, confiesen que fueron siervos inútiles»?

Queridos hermanos y hermanas: la gracia de Dios es la apertura del acceso al Espíritu redentor que está en nosotros. La gracia de Dios es la indicación del camino y el acompañamiento hacia allí. Sin el acto divino de gracia no existe condición libre de hijos de Dios. El Espíritu de Dios en nosotros, que nos convierte en dioses eternos, es un regalo del amor.

Por tanto, en la gracia de Dios se nos permite divinizarnos a nosotros mismos. Esto significa que recorremos de la mano de Jesucristo el camino de la verdad y de la vida eterna. Con responsabilidad propia en el uso de nuestros talentos divinos y en el actuar conforme al amor reconocido de nuestros corazones, y sin embargo en humildad, sabiendo que sin la asistencia de nuestro Padre celestial estaríamos perdidos en este mundo caído de apariencia y muerte.

E incluso en la vida celestial eterna, cuando hayamos alcanzado un día el renacimiento espiritual y vivamos en libertad divina y gobernemos sobre todas las creaciones de este lado y del otro lado del tiempo, recibiremos con amor infantil todos los dones del corazón de nuestro Padre celestial. Entonces no será el ser-dios creador nuestra mayor bienaventuranza, sino que no habrá bienaventuranza mayor que ser uno de corazón con nuestro único Amor en la eternidad: Jesucristo.

Amén, oh verdad divina, Amén.

* * *

Crucifixión y resurrección

Es un hecho que la Iglesia ha abusado de la cruz y la ha degradado a instrumento de poder. Pero por ello es peligroso demonizar la cruz y expulsar de nuestros corazones al Jesús crucificado para conceder conciencia únicamente al Jesús resucitado, como algunos cristianos creen que deben hacer.

Crucifixión y resurrección forman una unidad en la obra divina de redención. Quien contempla a Jesús en la cruz ve el corazón abierto de nuestro Padre celestial, que sacrificó a Su Hijo —Su alma (Hijo de Dios) y cuerpo (Hijo del Hombre)— por nuestra salvación. Jesús sufriente nos muestra la mansedumbre y humildad de nuestro Padre celestial, nos muestra Su amor por nosotros y Su misericordia para con nosotros. La crucifixión de Jesús nos revela la esencia de Dios en Su profundidad más íntima, haciendo posible un verdadero conocimiento del corazón de Dios. Mediante Su crucifixión, Dios sumergió todos los pecados del mundo en la sangre de Su corazón y así los redimió de la muerte eterna.

La resurrección es la consecuencia divina de la muerte, pues cada acto de Dios contiene perfección. Así, la resurrección de Jesús nos muestra que la muerte no tiene poder sobre la vida. Nos muestra que Dios es Señor sobre la vida y la muerte y que puede darnos y nos ha dado vida eterna, concretamente Su vida divina, pues no existe otra. Con la resurrección de Su cuerpo, Dios volvió a vivificar toda materia caída = crucificada y le abrió el camino hacia Su corazón, que es la espiritualización y, por tanto, la resurrección viva de toda vida del alma petrificada en el espacio infinito.

Solo cuando esta época de creación haya terminado, toda vida caída haya sido devuelta, el gran Hombre de la Creación, completamente restaurado, repose en el corazón de Dios y actúe divinamente por Él, con Él y en Él, la unidad de la crucifixión y resurrección de Dios será sumergida como perla eterna de amor y misericordia en el fundamento de amor del corazón divino, como recuerdo eterno de este período único de creación.

Entonces el Padre llamará a la vida una nueva creación inconmensurable, pero ya no como divinidad única, sino junto con Sus hijos. Y ellos/nosotros la gobernaremos como unidad divina en alegría y bienaventuranza indescriptibles. Y así continuará siempre; Sus hijos penetrarán cada vez más profundamente en la divinidad de su Padre celestial y, por tanto, en la suya propia, y jamás habrá fin.

Ahora lamentamos este segundo de nuestra existencia eterna llamado vida terrenal porque hemos atado nuestras almas a la muerte del mundo. Vivimos en preocupación y miedo porque hemos perdido la confianza en nuestro Padre celestial. Y sin embargo nuestra vida Le pertenece; Él es la vida en nosotros, nosotros somos Su vida, somos Su amor.

Si ponemos nuestra existencia aquí en la proporción correcta, vemos que todas nuestras preocupaciones mundanas y pensamientos obstinados son inútiles y obstaculizan nuestro desarrollo a la vista de nuestra existencia divina y del cuidado de Jesucristo.

Sí, el mundo nos crucificará y ya lo ha hecho, pero en nosotros reposan y actúan la resurrección divina y la vida eterna en Jesucristo. Amén.

* * *

Los pensamientos son creación

Mi alma está llena del Espíritu de Dios, que me conduce a maravillosos pensamientos divinos y me regala imágenes de sabiduría y verdad. Así veo: cada pensamiento y cada palabra de Dios es creación en el espacio de conciencia divino. Cada palabra que Jesucristo pronunció como Dios-hombre en esta Tierra se convirtió y es una creación espiritual, es un universo lleno de maravillas, es un mundo lleno de seres perfectos conscientes de sí mismos, existentes por toda la eternidad.

Cada palabra que Jesucristo pronuncia en nuestros corazones es una creación simultáneamente en el ser-todo divino y en nuestro espacio individual e infinito del alma; es un universo lleno de maravillas y seres perfectos conscientes de sí mismos, existentes por toda la eternidad.

Cada pensamiento, cada palabra que pensamos y pronunciamos crea un mundo espiritual con hijos del pensamiento en el espacio infinito de nuestras almas dentro de nosotros y, por tanto, en el espacio infinito de Dios fuera de nosotros, pues somos hijos de Dios con todas las características esenciales y atributos de Dios. De este modo creamos mundos más o menos imperfectos y caídos, nacidos de nuestra imperfección y caída, que deben ser conducidos a la redención o que se configuran conforme y sincrónicamente a nuestro desarrollo y redención personales. Con ojos espirituales solo los contemplaremos al entrar individualmente en la patria divina, y entonces, mirando retrospectivamente nuestro desarrollo y, por tanto, el suyo, con ojos divinos llenos de comprensión y misericordia.

Pero, invisibles para nosotros, estos mundos actúan sobre nosotros en todo tiempo, pues estamos en resonancia constante con ellos. Sostienen y refuerzan tanto nuestros buenos como nuestros malos pensamientos. Como hijos de nuestros pensamientos sufren con nosotros y aman con nosotros. Sí, como hijos de Dios somos creadores de mundos; debemos ser conscientes de ello.

A este respecto dice el Padre:

«Mis hijos, una gran responsabilidad reside en su querer, pensar y hacer. Por eso atraviesen los tiempos vigilantes y atentos. No se dejen arrastrar por la furiosa tormenta del mundo; permanezcan en la oración silenciosa, tomen Mi mano, tomen Mi corazón.

Oh Mis hijos, estoy tan cerca de ustedes, pero todavía nos separa el tabique de la muerte, que Yo ciertamente he atravesado, pero que Satanás ha vuelto a erigir aparentemente para ustedes. Sí, aparentemente, digo Yo, pues la pared entre nosotros, Mis pequeños hijos, es una mentira. Oren, por tanto, para que Mi luz de amor ilumine sus almas, a fin de que reconozcan que entre nosotros solo se encuentra el espíritu de mentira, que no tiene poder ni consistencia. Entonces sentirán Mi presencia, entonces la verdad actuará poderosamente, entonces se derrumbará el muro de la mentira, entonces nos abrazaremos, entonces estará consumado.

Amén, su Padre celestial, Amén.»

* * *

El libro amargo

«Y fui al ángel y le pedí que me diera el librito. Él me dijo: “¡Tómalo y cómelo! En tu estómago será amargo, pero en tu boca dulce como la miel”. Entonces tomé el librito de la mano del ángel y me lo comí. En mi boca era dulce como la miel. Pero cuando lo hube comido, mi estómago se volvió amargo.»

Queridos hermanos y hermanas: ¿qué significan estas palabras de Juan? El libro/la palabra que recibió procede del Espíritu de Dios; el alma la toma en la boca y allí, como alimento divino, al principio es dulce. Pero en el proceso de digestión llega la amarga comprensión de lo que las palabras significan en realidad. Pues muestran el mal que un día sucederá en este mundo, es decir, ahora, y revelan el juicio que ahora viene sobre el mundo. Entonces hubo gran ruido y fermentación en el estómago del alma de Juan, y la oscuridad de las palabras se separó de la luz de las palabras. Las tinieblas fueron expulsadas y la luz del espíritu, la esencia divina del libro, migró al corazón de Juan, donde volvió a saber dulce, pues aquí la palabra se convierte en amor, que al final de la Revelación da testimonio de sí mismo como verdad eterna.

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