Feierstunden
Los participantes de las Feierstunden no forman ninguna comunidad especial, y mucho menos elitista, sino que constituyen un círculo de creyentes que han consagrado su vida a Jesucristo. Toda persona que tenga la misma disposición puede unirse y asistir a estas Feierstunden. Las palabras de nuestro Padre celestial no se dirigen, por supuesto, únicamente a los participantes presentes, sino a todos aquellos que llevan en el corazón un verdadero anhelo de Jesucristo y un amor auténtico hacia Él, que Lo han dejado entrar en su vida y Lo siguen en palabra y obra.
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Encuentros Universus en Ebikon (Suiza) 2023/24
Conferencia de Samuel
El camino hacia el renacimiento espiritual es el camino a través de los tiempos, es alimentarse del árbol del conocimiento. Con el nacimiento interior en el Espíritu de Dios entramos en la presencia eterna y, desde entonces, nos alimentamos del árbol de la vida.
Este Espíritu es la vida y el amor de Dios. Y puesto que Dios es vida y amor, somos penetrados por Dios mismo y divinizados. Solo entonces somos verdaderos hijos de Dios, y solo entonces podemos entrar en lo más íntimo del templo de Dios, que es Su corazón y es la Nueva Jerusalén. Por tanto, únicamente la vida perfecta puede entrar en la perfección divina, lo cual significa a su vez que Jesucristo debe haber resucitado en nosotros; de lo contrario no podemos participar de ella.
Como en la existencia terrenal el renacimiento espiritual resulta difícil de realizar a causa de la carga corporal y del deslumbramiento satánico, la preparación celestial suele producirse solo después de abandonar el cuerpo, en las regiones del más allá. A menudo todavía debe tener lugar una buena purificación que desafía al ser humano a desnudarse por completo ante Dios para advertir, en Su luz, los campos oscuros que hay en sí mismo y que entonces puede limpiar con Su ayuda. No pocas veces, en los hijos de Dios se trata solo de una pequeña mancha que no pudieron superar durante la vida terrenal: un campo de pensamientos de amor propio, una parte del alma ligada a la materia, un último amor falso cuya permanencia impide finalmente la unión divina. Solo cuando esto se libera para Dios, cuando se entrega ese último vínculo, puede producirse una unión celestial. Pero como nos encontramos en el tiempo especial de la transformación de la Tierra hacia el nuevo Reino de Paz, ahora imperan circunstancias especiales en todos los niveles de la existencia terrenal, tanto en el ámbito material como en el espiritual.
Esto significa que no solo aumenta cada vez más la oscuridad, sino también y sobre todo la irradiación divina. Esta gracia extraordinaria hace posible que, para quienes han abierto su corazón a Jesucristo, un nacimiento al menos parcial en el Espíritu de Dios pueda producirse mucho más rápidamente que nunca y ya durante esta vida terrenal. Parcial significa la liberación y manifestación de nuestros talentos espirituales, que necesitamos y utilizamos como trabajadores en la viña del Señor para poder obrar de manera divina. Esta es una afirmación inequívoca de nuestro Padre celestial.
¿Qué exige Él para ello? Entrega y fidelidad. Pero ¿cómo llegamos a esa fidelidad y entrega que nos elevan al estado de una verdadera y viva condición de hijos de Dios, de modo que ya en el cuerpo terrenal nos alcance la perfección divina? Se requiere la fe incondicional de que realmente podemos renacer aquí mismo en el Espíritu de Dios, y además debemos quererlo de verdad.
Es una trampa de Satanás pensar que esto solo es posible para personas escogidas. El Padre quiere llenar ahora y pronto con Su Espíritu Santo a Sus hijos del corazón, a quienes está reuniendo por todas partes del mundo. Por eso nos envió a este tiempo: debemos formar el cuerpo de Jesucristo; en nuestro nacimiento conjunto en el Espíritu divino formamos Su cuerpo, en el cual Él entra en esta Tierra. Él entra en esta Tierra en el espíritu de Sus hijos; esta es Su primera venida para el mundo.
La primera misión de los profetas, por tanto, no consiste en anunciar a los llamados la segunda venida de Jesús, sino Su presencia, pues para nosotros y a nosotros Él ya ha venido. El cuerpo de Cristo debe estar completo; para ello y con ese fin estamos siendo formados ahora. Solo en una segunda misión los profetas asumirán su ministerio público y advertirán sin contemplaciones a la humanidad del juicio divino que ella misma se ha preparado.
Por eso no basta con creer únicamente en Jesús como Redentor; tiene que producirse una entrega activa, mucho más allá del entendimiento, hasta entrar en una certeza que solo el amor puede darnos. En ella renacemos espiritualmente, somos bautizados con el Espíritu Santo, como ocurrió antaño con los apóstoles, y así se convirtieron en portadores y reveladores de este Espíritu, que los capacitó para expulsar demonios, sanar enfermos por medio de la palabra y despertar a la vida a muertos corporales y espirituales. Este Espíritu les abrió el misterio de la creación. Este Espíritu les dio poder para tocar y penetrar los corazones de las personas con la palabra de Dios, de modo que pudieran entrar en el amor de nuestro Padre celestial. Este Espíritu los hizo uno con el corazón de Jesús.
¿Qué necesitamos además para el nacimiento divino? La conciencia de que Jesús ya ha venido para nosotros y a nosotros es condición para recibir el Espíritu Santo. Otra condición es reconocer que todos los días podemos vivir, en nuestra imperfección, dentro de la perfección de Dios, pues como hijos de Dios estamos envueltos en Su perfección. Esto significa que podemos vivir continuamente en la misericordia perdonadora de Dios y que todo cuanto constituye y determina nuestra vida pasa primero por Su corazón antes de tocarnos y afectarnos.
Nuestra fe determina el grado de acceso de la potestad divina a nuestra vida. Experimentamos la perfección de Dios cuando nos entregamos por completo a Él, cuando cada día, en nuestra imperfección, entramos nuevamente de manera consciente y confiada en Su perfección que nos envuelve. Esto solo es posible en el amor irrestricto hacia Él. Y nos conduce a la pregunta decisiva: ¿cómo se ama a Dios de tal manera que inevitablemente seamos penetrados por Él y, con ello, renazcamos? El Padre mismo quiere responder a esto…
Oración y palabra del Padre
Querido Jesús, abre nuestros corazones a Tu amor, abre Tu corazón para nosotros, cada día de nuevo, para que reconozcamos qué Dios tan amoroso y bondadoso eres. Somos Tus pensamientos puestos en libertad, a los que quieres elevar a dioses; esta gran gracia que has preparado para nosotros en la eternidad nos llena de amor y gratitud.
Aunque ahora nos movamos aquí en el cuerpo de carne y no nos resulte fácil existir en esta Tierra, tenemos la certeza de que Tú nos guías, de que Tú eres nuestra patria, de que Tú eres nuestra vida y de que podremos estar contigo por toda la eternidad, en un amor cada vez mayor y en una sabiduría cada vez más profunda: eso has preparado para nosotros.
Jesús habla: «Y así vengo a ustedes, hijos Míos. Las palabras que les regalo las deposito también en sus corazones, para que no puedan perderse. La luz que les regalo viene directamente de Mi corazón. Su comunidad forma ahora una isla de amor, un oasis de paz que irradia hacia el mundo. La luz de Mi corazón fluye hacia sus corazones y forma entre ustedes un círculo de corazón a corazón, y los eleva a Mi Espíritu.
Los he reunido para que reconozcan lo que significa el amor. El amor no puede pensarse; el amor solo puede vivirse. El amor no puede comprenderse con el entendimiento, porque el amor habita en el corazón; ustedes lo saben. Pero no siempre les resulta fácil recorrer este camino del amor, del entendimiento al corazón. Sin embargo, siempre tienen la posibilidad de revelarme al mundo caminando a Mi lado. Hablando conmigo ya por la mañana estas palabras:
“Querido Padre, guíame a través de este día, permanece conmigo, te necesito; como hijo necesitado Tuyo necesito Tu protección. Necesito Tu presencia en el trato con mis semejantes. Y si dejo que Tú obres por medio de mí, Padre Mío, déjame contemplar cómo actúas, déjame reconocer Tu amor en Tu obrar por medio de mí y llévame contigo al corazón del prójimo, donde tiene lugar la redención”.
Así deben orar, hijos Míos. Una conversación como con el mejor amigo, como con un hermano. Para eso asumí esta figura: para ser para ustedes un Dios accesible y no uno inalcanzable.
Hijos Míos, en este tiempo existe también para ustedes un gran peligro, y reside en su libre voluntad. Porque siempre debe existir la posibilidad de la tentación, la posibilidad de que se aparten de Mí, o de que Me demuestren su fidelidad. En la lejanía de Dios reconocen su perdición; sienten que sin Mí no pueden llevar una existencia digna de vivirse en esta Tierra. Y en esta conciencia, en este amor hacia Mí que se despliega porque Yo avivo su anhelo en cada situación de su existencia, se acercan cada vez más a Mí y reconocen Mi amor en profundidad.
Y pueden imaginar tranquilamente que Yo salgo a su encuentro, que nuestros ojos se encuentran, que nos abrazamos, que nuestros corazones se encuentran. Pueden sentir este abrazo en el alma. Porque lo que imaginan sucede en el mundo espiritual. Yo estoy manifestado en todas partes, estoy presente en todas partes en el Espíritu, en el cuerpo espiritual. Y así pueden atravesar el día con esta conciencia de que Yo los acompaño como Persona.
Hijos Míos, se aproxima un tiempo difícil; muchas cosas sucederán en los próximos años sobre esta Tierra. Solo podrán atravesar este tiempo sin daño a Mi lado, en Mi presencia. A algunos de ustedes los llamaré de regreso en los próximos años y, como ya lo he subrayado muchas veces, también ahora digo: consideren la muerte como una liberación de la carne y no con los ojos del mundo, donde representa un horror. A los hombres del mundo los llena de miedo y preocupación; ustedes, en cambio, deben esperar ese momento con alegría.
Sí, todo tiene su tiempo, y a algunos de ustedes los conduciré al nuevo tiempo. Porque ya ha llegado la hora: el Reino de Paz ya ha tomado forma en el mundo espiritual, se revestirá de materia y se manifestará en esta Tierra. Será un tiempo lleno de alegría y amor, porque caminaré entre Mis hijos. Pero también será un tiempo de renuncia, pues las comodidades de este mundo tal como existe ahora ya no estarán presentes.
Quienes Yo llame también tendrán parte en este reino, pues verán lo que sucede en esta Tierra y asistirán a sus hermanos y hermanas». (El Padre dijo esto porque algunos hermanos pensaban que, si eran llamados de regreso, no tendrían parte en el Reino de Paz.)
«Esto es lo primero que les doy. Estaré con ustedes en este día. Tocaré sus corazones durante la conversación. Ábranlos para Mí y obtendrán gran provecho. Amén».
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Jesús habla: «Hijos Míos, a quienes he convocado aquí, ustedes que están reunidos para recibir Mi amor: abran sus corazones a Mi palabra, para que florezca en ustedes bajo los rayos del amor eterno que ahora les envío desde lo más íntimo de Mi corazón. Sí, estoy dispuesto a llenarlos con Mi Espíritu, pero ¿están ustedes también dispuestos? ¿Están dispuestos a reconocer Mi presencia en este recinto, a creer que el Dios verdadero y único considera digno acercarse así a ustedes y revelarse ahora a ustedes?
En verdad, en Mi figura espiritual estoy en medio de sus falsas ideas y pensamientos dudosos, en medio de su presunción y orgullo oculto, con un corazón lleno de amor, mansedumbre y misericordia.
Porque los he llamado por su nombre y los he convocado a ser verdaderos hijos de Dios, que deberían ser, pero todavía no son tal como podría y debería ser. La posibilidad de seguirme es un bien supremo, hijos Míos, cuyo significado aún no comprenden claramente.
Miren, esta vida terrenal suya les ofrece la posibilidad de completar el círculo de su vida y volver a entrar en Mi Espíritu de amor, en Mis cielos. Han recorrido eones para alcanzar este punto de su existencia en el que puede y debe producirse la reunificación conmigo.
Sí, fueron a tierra extraña para conocer y experimentar la transitoriedad y la muerte, y reconocer en ellas el valor de la vida divina en Mí. Así se encendió su anhelo, así sintieron en ustedes la atracción hacia Mí y se pusieron en camino para buscarme de muchas maneras.
Pues bien, Yo conduje sus caminos de tal modo que ahora se encuentran aquí, en Mi presencia. Se lo había prometido en otro tiempo, antes de que se convirtieran en seres humanos terrenales, y he cumplido Mi palabra, como ven y oyen.
Ahora les recuerdo sus promesas. Sus palabras fueron estas: “Querido Padre, por favor guíame de tal modo que no me pierda, sino que Te encuentre en la selva y el laberinto de este mundo terrenal. Y cuando haya podido encontrarte, consagraré mi vida a Ti, Te serviré con plena entrega y Te amaré con toda mi alma y con todo mi corazón. Pero, por favor, nunca me abandones”.
Sí, hijos Míos, así fue. Ahora que les comunico esto, aquellas palabras suyas de entonces vuelven a despertar en su alma, en sus corazones. Esto hace que aumenten y se vuelvan más verdaderos su anhelo y su amor hacia Mí. Porque con estas palabras los toco en lo más íntimo para dar realidad a su fe, que en parte aún es dudosa, y para llenarlos de veracidad y de vida eterna procedente de Mí. Sientan ahora el Espíritu de la verdad que desciende a este recinto, pues ahora hay luz en la oscuridad y el amor llena su ser: amor redentor del Padre, amor que murió por ustedes en la cruz para hacerles posible la resurrección de la muerte, aquí y ahora y por siempre.
Amén, hijos Míos, Amén. Soy Yo quien les habla, Jesucristo. Amén».
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Querido Padre celestial, Te pido una palabra para nuestros hermanos y hermanas de Suiza, para que puedan experimentar Tu bendición y Tu amor en la palabra.
Jesús habla: «Mi paz sea con ustedes. Con estas palabras los bendigo, hijos Míos; bendigo este círculo de ustedes, bendigo sus almas, bendigo sus corazones. Desde Mi corazón les pronuncio estas palabras, y el espíritu de Mis palabras es la vida y es el amor, y todo junto soy Yo como Dios Todopoderoso, que gobierna el universo desde el átomo más pequeño hasta el sol más grande, y soy Yo como Padre de Mis hijos, que fueron a este mundo para servirme aquí.
He puesto este pequeño país que habitan bajo una gracia y protección especiales, razón por la cual el enemigo de la vida obra aquí de manera extraordinariamente insidiosa e influyente. Siempre quiere destruir lo que Yo edifico y levanto, quiere frustrar Mis planes e imponer los suyos de manera muy maligna y traicionera. Estas palabras Mías les muestran que su país se encuentra en una fuerte polaridad de bien y mal, que aquí se libra una poderosa lucha: primero en el mundo anímico-espiritual y después, como efecto, en la dimensión material-terrenal.
Así, todos los países que se hallan bajo una gracia especial de despertar y llamado están expuestos a enormes influencias demoníacas. La necesidad material se da principalmente en las regiones y países donde las almas necesitan cierta purificación como preparación para la vida eterna, mientras que los desafíos en el plano puramente anímico se producen con mayor frecuencia y sobre todo allí donde Yo pruebo la fidelidad y necesito trabajadores precisamente para este tiempo.
¿Por qué permito esto? En primer lugar, es la libre voluntad de Mis criaturas la que Me impone un límite para intervenir, ¡todavía! Además, un fuerte despertar espiritual necesita fuerzas contrarias correspondientes, por medio de las cuales Mi poder se despliega en los corazones de Mis hijos y finalmente se manifiesta. Conforme a su confianza, entrega, fidelidad y amor hacia Mí, pueden ahora producir en brevísimo tiempo un nacimiento en Mi Espíritu. Esto significa que, en quienes realmente toman en serio el camino hacia Mí y conmigo y lo recorren consecuentemente para servirme como instrumento vigoroso en esta fase del desarrollo del mundo terrenal, tiene lugar un poderoso oleaje y combate de fuerzas anímicas. En ello reconocerán si están en el seguimiento correcto y verdadero: que ahora se enfrentan a energías y fuerzas que los desafían por completo en su camino hacia la libertad del Espíritu, cosa que ocurre de una manera muy particular en cada hijo de Dios.
Ahora estoy aquí en medio de ustedes, no solo para comunicarles esto, sino para revestir nuevamente a ustedes y a todos sus hermanos y hermanas —sean jóvenes o mayores, pues Yo soy quien determina los años de vida terrenal de Mis hijos— con la armadura procedente de Mi mano, para que estén preparados para el tiempo venidero. Porque pronto se levantará una poderosa tormenta desde el norte, desde donde no brilla el sol y no habita el amor. Por eso, ustedes a quienes llamo Mis fieles, arrodíllense en espíritu con humildad para recibir, como cumplimiento de su anhelo, desde Mi corazón los dones de gracia de la salvación y de la victoria sobre las fuerzas del mal, que se manifiestan como un poder del amor y de la luz correspondiente que ahora se eleva en sus corazones y desde ellos.
Ahora debe haber unos minutos de silencio.
Hijos e hijas Míos, difundan estas palabras Mías entre todos sus hermanos y hermanas, cercanos y lejanos, para que ellos también hagan esto ante Mí y conmigo, porque necesito trabajadores fieles en Mi viña en este tiempo de transformación y liberación. Pues ha llegado el tiempo en que el bien y el mal serán separados entre sí por largo tiempo. Amén, hijos Míos, Amén».
El Padre añade que estas palabras Suyas han de valer para todos los hermanos y hermanas, sin importar el país. Con la tormenta procedente del norte se refiere a la oscuridad espiritual que ahora se dispone a conquistar y destruir para siempre lo verdadero y lo bueno en esta Tierra. También dice que debemos reunirnos bastante a menudo en pequeños círculos para orar juntos, hablar sobre las circunstancias espirituales y recibir conjuntamente, en el silencio de nuestros corazones, impulsos divinos procedentes del corazón de Jesucristo. Él estará presente y guiará nuestros pensamientos y llenará nuestras almas con Su amor.
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Feierstunde en Lauf, cerca de Núremberg
Relato de Ingrid en el marco de su Feierstunde de cumpleaños
Hasta dónde hemos llegado en este camino no lo sabemos; solo Dios lo sabe. Pero Él es la meta y Él es mi meta. A esto pertenece también la última estrofa de la canción que cantamos: “Deja que mi espíritu llegue a ser todavía en la Tierra un santuario para Ti”. Es una meta elevada, pero para mí es la única deseable. Y que no es posible celebrar todos los días, sino que la vida incluye un camino lleno de espinas, también me lo dijo hoy el Padre.
Quisiera enlazar inmediatamente con eso diciendo que, mirando hacia atrás, no percibo como espinoso lo que viví, sino como gracia de Dios. Yo estaba muriendo y los médicos ya no tenían esperanza. Como me había negado a la terapia química, me dieron de alta del hospital; eso fue en noviembre de 2017. A finales de noviembre el médico me dijo que me quedaban alrededor de tres meses de vida. El cáncer se había extendido; había metástasis en los pulmones, el hígado, el bazo y los huesos. Me fui a casa para morir.
No podía acostarme, porque entonces ya no podía respirar. Permanecía sentada día y noche, cada vez más débil. Durante varias semanas estuve en una especie de coma.
En ese estado pasó ante mí toda mi vida. Se me permitió ver y sentir todo aquello en lo que todavía no estaba en paz con otras personas o conmigo misma. Sobre todo se me mostró a quién y por qué no había perdonado y por qué debía pedir perdón yo misma.
Fue un proceso doloroso, pero inevitablemente necesario. Y por muy intenso que fuera, estaba protegida, pues una y otra vez se me permitía ausentarme espiritualmente. Luego volvía a la conciencia y sabía: todavía hay algo que limpiar. Se trataba de distintas personas y situaciones. Esa limpieza por partes fue probablemente el comienzo de mi curación. Advertí que, con esta elaboración interior del alma, iba entrando cada vez más en una paz profunda. El Señor transmitió espiritualmente mis peticiones de perdón y pude perdonar todo lo que se me hizo consciente.
En espíritu estaba sentada libre, ligera y sin deseos, vestida con un pequeño vestido claro de lino, al pie de una alta cruz de madera, con la certeza de que iría con mi Jesús. “Estoy sentada junto a la cruz de mi Jesús; Él vendrá pronto por mí y podré estar con Él”. Eso era todo lo que pensaba.
Entretanto tenía un grado de dependencia asistencial tres; ya no podía prepararme nada de comer, ni hacer prácticamente nada. Sin embargo, había algunos ángeles terrenales que me traían sopitas. Una hija viajaba a menudo desde Núremberg hasta Würzburg y se sentaba junto a mi cama. Otra hija venía y me exhortaba a no ver el dolor como un ataque, sino a considerar que aquello que tenía era el vehículo que me llevaba más rápidamente a mi Jesús. Esta idea hizo que pudiera ver el cáncer no solo como vehículo, sino incluso como compañero de camino y no como enemigo. Desde entonces apenas tuve dolor. Mi médico terminó diciendo: “Señora K., no debe morir aquí tan sola; tiene que ir a un hospicio”.
En el hospicio uno recibe cuidados y yo ya no tenía que pensar en nada. Allí se me permitió soltarlo todo: rescindieron el contrato de mi vivienda, y mis enseres, muebles, libros, ropa, todo fue entregado. Si uno va a morir en tres meses ya no necesita nada de eso. Solo necesitaba tiempo con Jesús, y de eso tenía muchísimo.
Y entonces llegó aquella noche decisiva en la que desperté y oí dentro de mí la voz: “¿Y si todavía te necesitara?”
No había contado con eso, ¡en absoluto! Porque yo quería ir con Él. Estaba esperando que Jesús viniera por mí. Él no dijo qué sucedería entonces, solo: “¿Y si todavía te necesitara?”. Entonces dije: “Padre, si todavía me necesitas, aquí o allá, allí quiero estar”.
A la mañana siguiente sabía que iba a vivir. Sí, incluso más: mi Padre me había devuelto a la vida para vivir para Él y glorificarlo de ese modo. Eso lo supe en aquel instante. Seguramente todavía podré hacer algunas cosas, pero también puedo simplemente ser, ser propiedad Suya. Él nos ha hecho para Su alegría y me devolvió a la vida para alegría Suya y mía.
También me preguntaron: “¿Qué produjo el cambio?”. Por una parte, ya mucho antes de mi enfermedad había entregado a Jesús mi vida, mi corazón, todo mi ser. Por otra, había tantas personas orando por mí. No fue una curación instantánea, sino que poco a poco volví a estar sana. Más tarde supe cuándo se había orado con tanta intensidad por mí: fue exactamente el momento en que sentí por primera vez aquel giro. Fue simplemente una secuencia de milagros. Y entonces ocurrió que en el hospicio escandalicé bastante al personal de enfermería porque iba estando cada vez más sana. Iba a la sala común y me preparaba yo misma el desayuno. Éramos doce moribundos en el hospicio y los familiares que me veían haciendo cosas me preguntaban: “Pero entonces, ¿por qué está usted aquí?”.
Después de alrededor de medio año llegó el día en que la directora del centro me dijo que ya podía abandonar el hospicio, por exceso de salud. Antes de la curación incluso había venido la Radiotelevisión Bávara y me había filmado. Debía ser un anuncio que mostrara lo bien que uno puede estar en un hospicio aunque vaya a morir pronto. Hace poco pregunté a la directora: “¿Qué fue en realidad de la película que grabaron allí?”. Me dijo: “La tengo bien guardada; todavía existe”.
Toda persona que oye mi historia dice: “Según el criterio humano, esto no es posible”. También lo dijo mi médico, que me examinó antes del alta: “Señora K., ¡sus valores sanguíneos son mejores que los míos! Ahora que la veo así, yo tampoco sé…”. Tenía poco más de cuarenta años y no era creyente.
Pregunta intermedia de una hermana: «¿Las metástasis habían desaparecido?»
¿Crees que volví al hospital y dije: “Vuelvan a revisarlo todo, hagan otra biopsia pulmonar, porque fue tan bonita, y también del hígado y del bazo”? No lo hice. En abril me dieron de alta del hospicio y en junio estuve en el Großglockner, hasta el refugio Lucknerhütte a 2.400 metros. Allí ya no había nada de metástasis.
Con mi relato y con la celebración de hoy, al cumplirse cinco años de seguir viviendo, quiero dar toda la gloria a nuestro maravilloso Padre. Solo por Su gracia puedo yo, y podemos todos nosotros, estar hoy aquí juntos. Solo a nuestro Padre Jesús corresponden toda honra y toda gratitud. Sí, en mí ocurrió algo especial, como en los leprosos y paralíticos que Jesús sanó. Pero ¿eran ellos algo especial? No; eran personas necesitadas de la ayuda de Jesús. Y, sin embargo, creo que esto está ligado a una misión personal. Durante estos cinco años el Padre ha estado trabajando en mí con miras a esa misión. También se me vuelve cada vez más claro para qué ejecución y para qué tiempo está preparando Él Su instrumento. Quien conoce la Biblia sabe que siempre que una persona se entrega por completo a la voluntad de Dios, ¡entonces es cuando realmente comienza todo! Esta frase me acompaña desde hace años: “Padre, hágase Tu voluntad en mí”.
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Comienzo de la Feierstunde
Samuel: En el cielo reina ahora un silencio absoluto. Este silencio puede sentirse cuando se hacen callar los pensamientos. La incontable multitud de habitantes del cielo está ahora aquí con nosotros. Uno puede imaginarlo no como si hubiera una puerta abierta en alguna parte y ellos miraran dentro, sino como si el recinto estuviera abierto por todos lados y rodeado por una corona de espíritus bienaventurados. Naturalmente, no ven solo este recinto, pues estos espíritus celestiales tienen a la vista toda la creación, pero su atención se dirige aquí porque Jesús está aquí. Y cuando cantamos “Gran Dios, te alabamos”, todos cantaron con nosotros.
Jesús habla: «Hijos Míos, ustedes saben: donde Yo estoy, allí está el cielo, y donde Yo estoy, allí se abre el cielo. Así Samuel ha visto la apertura del cielo. Sí, el cielo se ha abierto, y llenos de alegría los habitantes celestiales han escuchado y contemplado lo que sucede aquí. Porque ustedes son sus hermanos y hermanas, que fueron a la Tierra para asumir un cuerpo en este tiempo especial, en este tiempo peligroso, y servirme aquí. Un viaje peligroso necesita una protección y una guía especiales, pues las circunstancias son especiales. Si miran hacia atrás a su vida terrenal, pueden ver la conducción; también pueden ver que ciertos períodos que les trajeron sufrimiento fueron necesarios para conducirlos hasta donde se encuentran ahora.
Antes de que fueran a esta Tierra les prometí llevarlos a la meta, a estar nuevamente conmigo, ya en la Tierra. Y ahora ha llegado el momento. Yo estoy aquí y ustedes están aquí, y volvemos a ser una comunidad; y esto es maravilloso, por lo cual reina una gran alegría, también en el cielo».
Samuel: Querida cumpleañera, ahora te habla María, la madre corporal de Jesús:
«Hermana mía, mira, te acompaño desde tu nacimiento. Tú también sientes dentro de ti esta relación conmigo. En cierto modo soy tu modelo; también puedes verlo así en tu corazón. Y he sufrido contigo.
Ya sufrí una vez hace dos mil años; conozco el sufrimiento, conozco el dolor, conozco la muerte: la experimenté, no mi propia muerte. Sí, experimenté la muerte, la muerte de mi hijo, y no existe un sufrimiento mayor que cuando el hijo, el propio hijo, debe padecer una muerte cruel. Y, sin embargo, también sabía y sé que aquella ejecución puso al mismo tiempo en marcha un proceso de redención que ahora llega a su realización, ¡en este tiempo! Ahora tiene lugar la resurrección de esta Tierra y ustedes pueden participar de esta resurrección, porque no sucede solo exteriormente, sino que sucede dentro de ustedes; y esto es verdadero y cierto».
Habla Jesús: «Ahora pueden experimentar Mi resurrección dentro de ustedes, si permanecen en esta entrega y fidelidad, si son capaces de amarme más que al mundo, más que al miedo, más que al futuro, más que a las preocupaciones por el futuro. Manténganse conmigo y Yo los llenaré con Mi Espíritu.
El cielo permanece abierto para ustedes y el cielo está abierto dentro de ustedes. Esta conexión entre lo exterior y lo interior los lleva al equilibrio necesario para que no caigan fuera de esta comunión conmigo. Mi presencia en ustedes condiciona Mi presencia fuera de ustedes. Así puedo guiarlos y conducirlos a través de este último tiempo.
Permanezco con ustedes este día; voy con ustedes a casa si Me llevan consigo, si mantienen su corazón abierto a Mi amor. Yo no los abandonaré jamás; tampoco ustedes Me abandonen. Esta es Mi alegría, la alegría del Padre por Sus hijos. Amén».
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Feierstunde en Haaksbergen, Países Bajos, primer día
Los hermanos y hermanas se presentan y hablan brevemente de su situación de vida y de su relación con Jesús, tal como hacemos en cada Feierstunde.
Samuel se presenta: Antes fui punk, estaba borracho casi todos los días, era adicto a la pornografía y al sexo, vivía constantemente embriagado y solo servía a mis placeres. Después de una separación entré en un estado de conciencia en el que ya nada me daba sostén. Todo lo que había hecho antes se derrumbó sobre sí mismo; ya no podía aferrarme al mundo, pero tampoco tenía todavía un sostén espiritual, y me encontraba, por así decirlo, en tierra de nadie.
En aquel cruel estado de muerte que me había derribado de mi trono tuve una experiencia extraña: una noche, mientras lloraba en silencio por mi dolor, de pronto se abrió mi pecho, naturalmente el pecho de mi alma; sentí claramente cómo se dividía. Entonces, desde dentro, una inundación de luz se derramó en mi alma, atravesó todo mi cuerpo y quedé en un estado de amor divino. Es decir, yo era solamente amor y nada más. Ese estado no duró mucho, quizá unos minutos, pero su resonancia permaneció por más tiempo.
En aquel entonces todavía no sabía que era el Espíritu de Jesús y después me ocupé de muchas corrientes espirituales, porque buscaba alimento espiritual. Así llegué finalmente a los escritos de Jakob Lorber. En ellos volví a encontrar lo que se me había mostrado en aquella experiencia de despertar. Durante los años siguientes se fueron desplegando cada vez más la inspiración divina y la visión espiritual, pero sobre todo por gracia de Dios y no principalmente por actividad de amor. Fui puesto bajo el rayo de gracia de Dios y recibí como regalo el don de la percepción espiritual. Mi desarrollo espiritual existe, por tanto, independientemente de mi llamado.
Y entonces Jesús me dijo: «Tienes que caminar junto con esta gracia; de lo contrario surge una discrepancia demasiado grande entre lo que Yo te doy y lo que tú eres. Entonces podrías perder tu misión, necesitar una corrección dolorosa mediante una enfermedad, o incluso tendría que llamarte de regreso».
Solo entonces comprendí lo que significa recorrer seriamente el camino de la fe: que no se trata de talentos espirituales especiales, ni de oír y transmitir la palabra de Dios, sino de vivir el amor en la vida cotidiana. Solo mediante el apartarse de las satisfacciones terrenales que roban al Espíritu divino el espacio del alma, y mediante el amor verdadero a Jesucristo y, a partir de él, al prójimo, se despliega la vida divina en el ser humano; solo entonces llega a ser propiedad suya. De lo contrario uno es un alma que apenas ha madurado por necesidad, siempre en peligro de volver a apartarse de la fe y caer nuevamente de la gracia.
Pausa breve.
Samuel: Jesús ha abierto ahora mi ojo espiritual. Digo lo que veo: desde el comienzo de la ronda de presentaciones Jesús está de pie en medio del recinto con una vestidura blanca, con una sonrisa benevolente, lleno de alegría porque nos hemos reunido aquí. Detrás de cada uno de los presentes hay un ángel, probablemente el espíritu protector, también lleno de alegría… pues se conocen entre ellos (guiño). Y también hay muchos difuntos presentes en este recinto, probablemente antepasados de quienes están aquí, padres, abuelos, pero también más jóvenes… hijos, a quienes ahora se les permite participar en esta Feierstunde con Jesús.
Estos difuntos tienen distintos grados de acceso a este recinto; algunos ven como desde lejos una luz, si todavía llevan oscuridad en el alma. Otros están directamente presentes; son los que ya creen en Jesús o caminan hacia Él y con Él, y a ellos también se les depositan las palabras en el corazón. También hay aquí almas de personas que no pudieron venir; el alma de A. está aquí y también del círculo de Múnich están siendo llamados ahora algunos seres anímicos, sin que ellos sean conscientes de ello. Aunque en este momento realicen una actividad terrenal, sus almas participan de esta comunidad.
Pausa en silencio.
Jesús habla: «En el silencio de sus almas deposito Mi palabra, que soy Yo mismo. Luz y amor llenan este recinto en Mi presencia. Y así se ha abierto nuevamente el espacio, de modo que hay muchos aquí. Donde Yo estoy, también están presentes los habitantes del cielo, que siempre se encuentran a Mi lado y que ahora también están en este recinto. Y es una comunidad maravillosa la que he reunido aquí para depositar vida nueva en ustedes, para prepararlos para lo que viene.
Mis palabras tienen para cada uno un significado distinto, aunque sean las mismas, pues cada alma se encuentra en una etapa particular de desarrollo; así también Mi palabra actúa de manera muy particular en cada nivel.
Pero primero quiero saludarlos como hijos Míos. Es así que a aquellos a quienes ahora llamo y reúno, los envié en otro tiempo a este mundo para emprender, en este tiempo de transformación, la aventura de la vida terrenal. Y también saben que revestirse del cuerpo de carne representa cierto peligro, pues este ejerce gran poder sobre el ser humano y puede apartarlo de Mí y llevarlo a la oscuridad.
Cuando fueron al mundo, les prometí conducirlos nuevamente hacia Mí. Yo les prometí fidelidad y ustedes Me prometieron fidelidad. Ahora ha llegado el momento; estamos nuevamente juntos. Ustedes no pueden verme, pero Yo estoy entre ustedes. Y el amor en ustedes es la prueba de Mi presencia. Porque he tendido un vínculo desde Mi corazón hacia sus corazones y, en sus corazones, entre ustedes mismos; y este vínculo forma una isla de amor, constituye un poder en la oscuridad.
Hijos Míos, cada uno de ustedes tiene que afrontar un destino muy especial… y ya lo ha afrontado. Muchas cosas fueron inevitablemente necesarias para que no se apartaran demasiado del camino que preparé para ustedes y que deposité en ustedes. Y en esta estación intermedia donde ahora nos encontramos los equipo nuevamente, sean jóvenes o mayores, pues los caminos, cortos o largos, todavía les exigirán algunas cosas. Se aproximan pruebas que, sin embargo, podrán superar fácilmente a Mi lado. Y ustedes quieren caminar de Mi mano; el anhelo en sus corazones se ha hecho grande, el fuego en ustedes, el fuego del amor, arde con fuerza.
Todavía, al vivir en el cuerpo de carne, están ligados a ciertas obligaciones y tampoco están libres de pecado. En esta imperfección suya salgo a su encuentro y les digo: Yo los conduzco a la perfección. Cuando reconocen Mi conducción, cuando sienten que están protegidos en Mi amor, participan cada vez más de esta perfección que los rodea. Saben que son guiados y protegidos a Mi lado, aunque todavía permanezcan en imperfección. Así su imperfección se va ajustando cada vez más a Mi perfección.
¿Y cuál es el poder de la unión? Ustedes lo saben: es el amor. Solo el amor; todo gira siempre en torno al amor. El amor une al Padre y al hijo. El amor saca al hijo de la legalidad divina, de la ley de obligación, porque cuando sale del pecado Yo lo pongo en Mi misericordia. Entonces los pecados del hijo quedan escritos en la arena, y esto significa a su vez que serán llenados con Mi Espíritu y entrarán en Mi perfección.
Abandonar el pecado no consiste simplemente en que Yo se lo quite. Es así, hijos Míos, que deben vencer, deben luchar para liberarse de la impaciencia, del afán de dominio, de la dominación y de la voluntad propia. Ustedes tienen que abrir la puerta, tienen que dar los primeros pasos; entonces Yo salgo a su encuentro y tomo el resto, aquello que en realidad ya he cargado por ustedes. Es muy importante que comprendan que ustedes mismos tienen que hacer algo, que deben convertirse en vencedores de sus pecados. De lo contrario no es posible que entren en Mi corazón.
Yo les tiendo la mano, pero antes ustedes deben hacer su trabajo. Y mírenlo bien: en el amor todo es tan fácil; en el amor todo cae del alma. Y ese amor soy también Yo, de modo que puede verse así: siempre soy Yo quien supera, quien vence… y así ustedes se vuelven uno conmigo. Esto es lo que he preparado para ustedes ya en esta vida terrenal: esta entrada en Mi Espíritu, este ser llenados, como ocurrió antaño con los apóstoles, quienes también fueron instruidos por Mí, en parte mediante la palabra exterior y en parte mediante la voz del corazón, y así pudieron soltar y abandonar cada vez más el mundo, sus defectos y peculiaridades, hasta que finalmente pude llenarlos conmigo mismo.
¿Qué es entonces lo que los espera? Es el tiempo de la transformación, el tiempo en el que la mentira y la falsedad braman sobre esta Tierra. Y tiene que ser así, hijos Míos, porque, como ya lo he mencionado muchas veces: para quitarle el poder a la mentira, tiene que hacerse visible, tiene que salir a la superficie. Y cuando todo se muestre a la luz de la verdad, será penetrado, disuelto y redimido; solo entonces podrá comenzar la nueva vida sobre esta Tierra.
Este bramar, este cruel comportamiento de la oscuridad que ahora se desarrolla sobre esta Tierra es, por tanto, una cierta necesidad. Y, sin embargo, hijos Míos, deben orar por alivio. No es que puedan decir: “De todos modos todo tiene que venir como venga; es la voluntad del Padre”. No. Es una permisión, y cuando oran, cuando envían luz a este mundo, a las personas que ya ahora se encuentran en gran necesidad, cumplen Mi voluntad; entonces Me regalan en espíritu a quienes están necesitados.
También llegarán grandes necesidades a este país; entonces será necesario que estén firmes sobre un fundamento espiritual del que ya no puedan caer, que pertenezcan a las vírgenes con suficiente aceite en sus lámparas. La fe debe ser vigorosa y fuerte; la confianza en Mí es muy importante. Fe y confianza, ustedes lo saben, no pueden separarse: forman una unidad como el amor y la sabiduría.
Todavía pasarán algunos años, y no existe un momento fijado sobre el que puedan decir: “Entonces sucederá; por fin habrá llegado el momento; Jesús vendrá al mundo, la verdad penetrará la mentira y todo estará bien”.
Hijos Míos, lo subrayo una y otra vez: no se trata de lo que sucederá en el futuro; es importante que reconozcan Mi presencia. Para ustedes no se trata de Mi segunda venida; para ustedes se trata de reconocer que Yo estoy presente y de que cobren vida en Mi presencia. Por eso concéntrense por completo en lo que sucede ahora en su vida y no en lo que vendrá. Esta es la condición básica para que pueda emplearlos como trabajadores en este último tiempo y conducirles personas. Entonces deben estar preparados, deben poder revelarme de una u otra manera: sea mediante la palabra, sea mediante la fe viva, de modo que la chispa salte al corazón del prójimo.
Para eso los he reunido hoy: para renovar sus almas. Avivo la luz de sus corazones. Mi gran anhelo es que sean felices. Su felicidad es Mi alegría. No Me alegra el sufrimiento de Mis hijos; Me alegra la alegría de Mis hijos. Y puedo poner a Mi hijo, si abre la puerta hacia Mí, si abre el corazón a Mí, en un estado en el que esté protegido en Mí en cada situación, lleno de confianza y alegría, suceda lo que suceda, aunque el mundo se derrumbe en ruinas. Eso he preparado para ustedes, eso quiero regalarles, eso necesitan.
Consideren la muerte, la muerte del cuerpo: ¿qué significa para ustedes? Miren, jamás han abandonado el más allá. Sus almas, su conciencia, se encuentran siempre en el mundo del más allá, en el mundo espiritual; solo está cubierto por la materia. Y la muerte no es otra cosa que la disolución de la materia; entonces se harán conscientes de dónde se han encontrado en realidad desde siempre: en el mundo espiritual. Entonces se hará visible lo que ahora les es invisible, lo cual también es necesario, porque solo la fe que no ve les da la libertad del Espíritu. La fe y la confianza en que esto es así, en que Mis palabras son verdad: eso es lo que los hace libres».
Oración final
Querido Padre, Te damos gracias por Tus palabras, Te damos gracias porque nos has reunido aquí, porque nos regalas esta comunidad y porque nos das ánimo y confianza para seguir recorriendo este camino, porque estamos en el camino correcto, porque hemos encontrado la verdad que tantas personas buscan y no encuentran, porque tienen ojos y sin embargo no ven, porque tienen oídos y sin embargo no oyen. Pero a nosotros nos has abierto los ojos; podemos ver el camino que has preparado para nosotros, tenemos una mirada a Tu corazón, a Tu amor, sabemos de qué se trata en la vida. Gracias, Padre, porque nos has conducido hasta aquí y porque sigues guiándonos hacia donde ya solo hay amor y siempre solamente amor. Amén.
* * *
Segundo día en Haaksbergen
Querido Jesús, nos hemos reunido nuevamente con un corazón lleno de anhelo de Tu palabra, de Tu amor, de Tu presencia. Tú has puesto una llama en nuestros corazones, una pequeña llamita al comienzo de nuestra existencia terrenal, para que a lo largo de nuestra vida se convierta en una llama de amor que nos llene por completo, que nos colme de amor hacia Ti y de amor hacia nuestros semejantes: esa es nuestra tarea vital. Por eso no conduces a Tus hijos solo en espíritu, sino que los reúnes para hablarles personalmente.
Y así nos alegramos de que estés en medio de nosotros y nos pronuncies las palabras que tan urgentemente necesitamos, para que penetremos más profundamente, para que adquiramos mayor conocimiento de lo que Tú significas para nosotros, de qué Dios tan amoroso y manso eres, que solo tiene una cosa en mente: hacer infinitamente felices a Sus hijos. Pero para ello también se necesitan las vallas y barreras de esta vida terrenal, que deben superarse con Tu ayuda…
Jesús continúa: «… y así también Yo estoy lleno de alegría porque ustedes, hijos Míos, a quienes he llamado y convocado en este tiempo especial, están ahora aquí, para que cobren conciencia de Mi presencia, para que Yo cobre vida en ustedes, para que Mi resurrección de la muerte se realice en ustedes. Para que salgan de sus tumbas, de su muerte, hacia la vida eterna.
En este tiempo especial la Tierra está envuelta en oscuridad y tinieblas, y al espíritu satánico se le permite hacer de las suyas sin medida ni límite. Todavía lo hace ocultamente, más o menos, pero pronto podrá gobernar abiertamente, y entonces necesitarán Mi presencia, Mi fuerza y el Espíritu que los guía y conduce a través de ese tiempo.
Por esta razón Mi gracia actúa en una medida especial, para que el Espíritu pueda llenarlos más fácilmente de lo que fue el caso durante los últimos dos mil años. Porque quiero equiparlos, como antaño equipé a Mis apóstoles y discípulos con los dones del Espíritu, como Mis trabajadores en la viña. Ya los he equipado, pero se trata de que puedan utilizar esos talentos e instrumentos. Por eso la irradiación se ha hecho considerablemente más fuerte en la misma medida en que aumenta la oscuridad sobre esta Tierra. La irradiación espiritual, el nacimiento espiritual, es ahora mucho más fácil de alcanzar que antes y en un tiempo más breve.
Para ello se necesitan ciertas condiciones. A un hijo que se ha consagrado por completo a Mí, que se Me ha entregado y Me ha aceptado como su Dios, Creador y Padre, puedo guiarlo y conducirlo de una manera especial. A ese hijo todo cuanto encuentra en su camino le sirve de provecho. Y ya se requieren algunas pruebas poderosas para purificar el alma hasta el punto de que surja en ella el espacio necesario para recibir Mi Espíritu. En cada persona utilizo instrumentos distintos, conforme a la estructura y al estado del alma, conforme a la entrega de Mi hijo a Mi amor.
Por eso es tan importante y necesario que vivan siempre con esta conciencia: que ahora todo lo que encuentran viene de Mi corazón. Lo subrayo una y otra vez: un hijo que se Me entrega es guiado por Mí de una manera y en un sentido especiales, con la única meta de alcanzar lo más pronto posible el nacimiento espiritual. Las pruebas difíciles, los grandes desafíos de la vida, son las grandes piedras que pueden apartar del camino junto conmigo.
Por eso no desfallezcan cuando lleguen a situaciones en las que ya no sepan qué hacer, cuando digan: “Querido Padre, ¿por qué me sucede esto ahora?… ¡No lo entiendo! Yo quiero ser Tu hijo y entonces llega esta carga… ¿cómo debo manejarla? ¡En este momento no encaja en absoluto con la imagen de mi vida!”.
Y, sin embargo, Yo digo: es la necesidad para alcanzar la meta. Y solo es necesaria hasta que tú, como hijo Mío, puedas reconocer qué debe producir en ti esta situación, y entonces puedas abandonar, soltar con Mi ayuda el pecado correspondiente para quedar libre y seguir recorriendo este camino hacia Mi corazón.
Nada haría con más gusto que sacarlos ya ahora de esta Tierra y llevarlos a su patria espiritual; pero ustedes vinieron a esta Tierra para servirme. Yo deposité este plan en ustedes, este camino. Y ustedes dijeron sí: “Sí, Padre, quiero recorrer este camino, quiero seguirte. Sí, también asumiré sufrimiento —dijeron— por amor”. Y Yo puse debajo Mi Amén.
Y ahora se encuentran en este punto en el que les digo esto, donde este círculo puede cerrarse, donde salen del espíritu del tiempo, de esta corriente del tiempo que amenaza con arrastrarlos, y Yo los tomo junto a Mi corazón, a Mi pecho, para que puedan beber de la fuente de la eternidad y sean llenados con el Espíritu de Mis palabras… ahora y aquí.
Y un día, cuando después del trabajo realizado puedan regresar a casa, ustedes también sentirán esta satisfacción de haber cumplido su tarea, de haber recorrido el camino hasta el final, de no haber desfallecido ni perdido el ánimo diciendo: “¡Ya no quiero! No puedo hacerlo”. Todo hijo llega a ese punto una o varias veces. Entonces verán y reconocerán toda necesidad, y la alegría los llenará porque sucedió, porque Me sirvieron. Y luego, en el gran más allá, después de cierto descanso y fase de recuperación, asumirán nuevos servicios, principalmente relacionados con esta Tierra. Influirán con su espíritu de amor en el nuevo tiempo; esa será entonces la siguiente tarea.
Pero ahora la primera tarea es quedar libres de la materia aquí en la carne con Mi ayuda. Dar los pasos hacia Mí para que Yo pueda salir a su encuentro y tenderles la mano. Yo salgo a su encuentro más de la mitad del camino, pero ustedes deben dar los primeros pasos.
Hay ciertas cosas en su vida que todavía no han soltado y que ocupan el espacio que Yo necesito en ustedes. Y ahí también se necesita violencia contra uno mismo, que uno diga: “¡No, ahora termino con esto! Entrego este espacio de mi alma a Jesucristo; Él debe ocupar este espacio”. Y así se avanza paso a paso. Entonces llega cada vez más alegría y amor a ustedes, crece la confianza, crece la sensación de protección, crece la confianza interior. Y entonces tienen también esa seguridad espiritual, ese fundamento sobre el cual pueden actuar con los dones del Espíritu. Entonces son capaces de depositar Mi palabra viva en los corazones de sus semejantes; entonces son capaces de imponer las manos a las personas para que sanen: todos estos son talentos que Yo he distribuido. Y no importa la edad que tengan. Los mantengo en la carne mientras sea necesario».
Pausa breve.
«¿Cómo fue antaño, cuando caminaba sobre la Tierra y reunía a Mi alrededor a Mis apóstoles y discípulos? Ellos dejaron casa, hacienda y familia para seguirme. Solo tenían un deseo: estar conmigo.
No es que Yo les exija abandonar a sus familias. No en la materia; pero sí deben soltar espiritualmente todo cuanto los ata a la muerte, porque la materia está muerta. Solo posee una vida aparente, y únicamente aquello que está dentro de la materia, lo que constituye su esencia, lo espiritual de la materia, es vida. Y así es también con ustedes: el cuerpo está muerto, el Espíritu vivifica su cuerpo. Y el Espíritu en ustedes es la Palabra, y esa soy Yo. Reciben la Palabra desde dentro, como la vida misma, y reciben la Palabra desde fuera; y estas dos palabras, estos dos mensajes, estas dos luces de amor se unen, se convierten en una unidad: la palabra exterior y la interior, y todo junto es vida, vida en Mí.
Para subrayarlo una vez más: así como entonces reuní a Mis apóstoles y discípulos a Mi alrededor, así debe ser también hoy. Es el mismo proceso, solo que Yo no soy visible para ustedes; y, sin embargo, sucede exactamente como entonces. En el corazón son instruidos y formados por Mí. No se trata únicamente de la conciencia. Cuando Me plantean una pregunta: “Querido Padre, ¿cómo debo actuar en esta situación?”, siempre reciben una respuesta Mía. Y el amor es siempre el criterio para decidir. Así los conduzco.
Para ello es necesario entrar a menudo en el silencio. Prepararse con música hermosa y también orar en voz alta, hablar conmigo en voz alta; entonces los pensamientos se reúnen en Mí. Hay muchas posibilidades de entrar en contacto conmigo.
Como ocurre con el alimento, así ocurre con Mi palabra: hay que digerirla, hay que reflexionar sobre ella. El entendimiento mastica la palabra, pero las palabras están pensadas para el corazón. El corazón encuentra el espíritu de las palabras; el entendimiento mastica la envoltura y reflexiona si realmente es así. El corazón reconoce la verdad de Mis palabras. El núcleo de las palabras es siempre verdad, incluso dentro de la mentira. La mentira siempre tiene un núcleo espiritual-divino en lo más íntimo; solo la envoltura es la mentira. Y cuando contemplan las palabras con el corazón, se conectan con ese núcleo interior. Entonces reconocen si se trata de verdad o de mentira.
Esto es un proceso de aprendizaje. El alma es un instrumento, como un instrumento musical en el que hay que practicar. Uno puede tener talento, pero si no practica su instrumento el talento se marchita. Uno lo desperdicia, lo tira. Y el alma es un instrumento en el que deben practicar conscientemente cada día durante cierto tiempo. Se sientan, entran en el silencio, oran en voz baja o alta, y entonces activan el amor en ustedes mediante pensamientos hermosos hacia una persona amada, mediante la apertura del corazón hacia Mí. O puede ser una actividad amorosa en el jardín o con una persona a la que cuidan; todas estas son prácticas para el alma, para conectarse conmigo y entrar en Mi presencia.
Entonces sienten calor en el corazón; el corazón despierta, la llama arde en él y se vuelve cada vez mayor e intensa. La práctica hace al maestro; quien no practica no avanza. Es un asunto serio. Comprendan lo importante que es hacer estos ejercicios.
Y a menudo ocurre que uno se propone algo en lo espiritual, pero la materia se introduce en el alma, es más fuerte… y entonces lo aplaza, hace esto y aquello, luego recuerda otra cosa, llega alguien de visita, después se hace de noche y no hizo nada. Por eso permanezcan en esta seriedad, hijos Míos, cada día de nuevo: este único día en atención y amor, ejercitándose en paciencia. Siempre que les sea posible, eleven sus pensamientos hacia Mí, abran sus corazones para Mí: “Querido Padre, por favor abre mi corazón hacia Ti para que pueda reconocerte todavía más profundamente en Tu amor”.
Sí, hijos Míos, estas son palabras de vida que dirijo a ustedes. Quisiera dirigirlas a tantas personas, pero ¿quién Me escucha? No hay muchos dispuestos a abrir sus corazones para Mí y recibir Mi palabra. La mayoría de las personas anhela el mundo y no a Mí.
Así están ustedes llamados por Mí; sus nombres están escritos en el libro de la vida por toda la eternidad. Porque el ciclo de su vida, de su existencia en las vastedades de esta creación, llega ahora a su fin. El hijo perdido regresa a casa, y también la hija.
Sí, estas son palabras de gran peso para ustedes esta mañana. No las he pronunciado simplemente mediante este instrumento Mío, Mi hijo que Me sirve en esta palabra, sino que también están depositadas en sus corazones. Y por encima de ellas, estas palabras para cada uno: Estoy contigo, estoy contigo todos los días, nunca te abandonaré. Y aunque tú te apartes de Mí, Yo estoy dispuesto a tenderte la mano y el corazón para conducirte nuevamente al camino que te propusiste recorrer en esta vida junto conmigo, para que un día puedas entrar en la gloria de Mis cielos. Amén, hijos Míos, Amén».
Samuel: Ahora reina gran alegría en el cielo por nuestra disposición a tomar realmente en serio estas palabras. Y todos nosotros hemos comprendido todavía más profundamente, mediante este discurso de Jesús, de qué se trata, qué valioso es este camino para nosotros y para todas las personas cuando llevamos a Dios hacia este mundo. Él nos conducirá a las personas a quienes debemos servir en Su amor. Y esta alegría en el cielo porque aquí se inicia ahora un nuevo movimiento, aunque volvamos a separarnos, pues cada uno de nosotros es una pequeña isla, una columna de luz en la oscuridad, con la disposición de servir a Dios. Sea en el ámbito de este mundo, sea mediante oración de intercesión por el mundo del más allá o simplemente mediante una existencia de amor; eso basta para irradiar luz. Simplemente con la disposición: “Mi corazón está abierto; Jesucristo es mi amor”. Esta conciencia, este modo de ser, ya es una luz en la oscuridad, incluso sin actividad.
* * *
Primera Feierstunde en Stadtilm
Jesús habla: «Hijos Míos, hoy los he reunido aquí para unirlos con Mi amor y unirlos entre ustedes mediante la palabra amor. Esta palabra la puse antaño en sus corazones; esta palabra es lo que significa vida. Sí, por amor fue llamada esta creación a la vida, el amor sostiene esta creación y el amor llenará esta creación por toda la eternidad. Yo mismo soy el Espíritu del amor; Yo mismo Me puse en sus corazones para poder resucitar en ustedes en este tiempo y más allá.
He venido para hacer felices a todos los seres humanos; pero ustedes ven cuán pocos están dispuestos a dejarme entrar en su vida, a realizarme en sí mismos. En verdad, llamo a la puerta de cada corazón con un anhelo que solo Dios puede tener, pero ¿quién Me abre? Son tan pocos. Sin embargo, a aquellos que Me abren el corazón, que abren para Mí la puerta de su alma, entro con toda Mi fuerza y gloria. A quienes confían en Mí y se entregan a Mí les doy todo aquello que los demás no quieren para sí o ni siquiera reclaman.
Y así, para expresarlo de manera mundana, he traído muchos regalos. Sí, no es Navidad, pero cuando tengo y doy la posibilidad de reunirlos a Mi alrededor, también quiero colmarlos generosamente con los dones del cielo.
Ahora muchos de ustedes se preguntan: “Querido Dios, me esfuerzo tanto por acercarme a Ti y, sin embargo, hay cosas en las que me atasco; simplemente no avanzo y no sé por qué. ¿Qué debo hacer?”.
Y Yo digo: su alma es un espacio de libre voluntad. Ustedes mismos determinan lo que entra en ese espacio. Y muchísimos de Mis hijos han llenado a lo largo de su vida el espacio de su alma con cosas que la cargan, con pesos que una y otra vez la arrastran hacia regiones oscuras y la retienen allí. Y estos pesos a menudo se han vuelto tan pesados que Mis hijos ya no pueden sacarlos por sí mismos del alma. Así surge un constante subir y bajar, la vida de fe no tiene estabilidad y no existe un avance uniforme o no hay avance alguno. Por eso hoy les hablo aquí, para liberar junto con ustedes una parte de sus almas de la carga que les impide avanzar.
Sí, una pequeña parte del alma pertenece al mundo, pues uno vive en este mundo, tiene una profesión y tareas terrenales que cumplir, y ese espacio está destinado al mundo; pero es un espacio pequeño. El gran espacio del alma está destinado en realidad para Mí; lo he preparado para Mí, para poder entrar como Dios entero.
Así es un proceso de liberación, de retirar los desechos del alma. Y Yo estoy dispuesto, justamente en reuniones como estas y más allá, a producirlo dejando que en la apertura conjunta de Mis hijos Mi luz de amor penetre en los espacios del alma, para que puedan reconocer lo que los obstaculiza espiritualmente».
Pausa breve.
«Hijos Míos, asumieron el riesgo de tomar un cuerpo en esta Tierra en este tiempo. Es un tiempo especial que los desafía; sí, no es fácil mantenerse firmes en él. Y, sin embargo, Yo digo: Mi yugo y Mi carga son ligeros cuando un hijo se confía a Mí.
Sí, el mundo brama, la falsedad y la mentira han tomado el poder y tantos pensamientos tiran del alma en todas direcciones que a menudo uno ya no sabe qué hacer. No siempre fue así; el mundo jamás tuvo la configuración que tiene ahora, con todos estos puntos de referencia anímicos en los que el alma suele quedar desgarrada en sus pensamientos. Por eso es necesario e importante recogerse una y otra vez en la oración, conectarse conmigo para retirar los pensamientos del mundo. Si esto no sucede, fácilmente se instala una inquietud permanente en el alma y esta ya no encuentra acceso hacia Mí.
Y aquí llegamos al punto donde Yo digo: el Reino de los Cielos necesita violencia. A veces es necesario apartarse del mundo con violencia, obligarse a liberar vínculos mentales. ¿Y qué se necesita para ello? ¿Cuál es el instrumento para poder realizar estas separaciones? Es el amor hacia Mí. El amor hacia Mí debe ser más fuerte que el amor al mundo. Y para ello es eficaz que se arrodillen ante Mí en espíritu y oren: “Querido Padre, por favor abre mi corazón hacia el Tuyo y Tu corazón hacia el mío, para que surja un vínculo de amor, para que reciba una visión profunda de Tu amor”. Sí, todo depende del amor hacia Mí, amados Míos; el amor es la llave de la libertad del Espíritu en Mí».
Ahora Jesús habla a los familiares y antepasados difuntos de los presentes, que han sido invitados y desde el comienzo pueden participar de esta Feierstunde:
«Miren, también a ustedes los he llamado aquí para servirles, en el sentido de aclararles lo que deben hacer y dejar de hacer para avanzar espiritualmente. Ya han oído Mis palabras dirigidas a estos hijos Míos en este recinto, y a ustedes les añado: muchos no saben quién soy Yo en verdad y Me consideran un hombre perfecto, un maestro espiritual entre muchos. Pero les digo: Yo soy Dios Todopoderoso y el Único, y fuera de Mí no existe otro. Y no hay otro nombre que los conduzca a la redención sino este: Jesucristo.
Esto significa que no solo pronuncien este nombre, sino que penetren en el Espíritu de Mi nombre y obtengan allí el conocimiento de lo que este nombre significa en verdad, a saber, la acción del amor, y que Me sigan en ese amor. La acción de amor hace vivir a Jesucristo en ustedes y así Él se convierte para ustedes en el camino al Reino de los Cielos.
Hijos Míos, estas palabras no están destinadas únicamente a este recinto, sea de este lado o del más allá, sino que penetran hacia el mundo, y todo corazón abierto experimenta por medio de ellas un toque divino de la verdad que aquí se pronuncia.
Hijos Míos, respecto de lo que los espera en el próximo tiempo, venga lo que venga, lo subrayo una y otra vez y ya lo he dicho tantas veces: es necesario apartar los ojos del mundo, ocurra lo que ocurra. Ustedes saben en qué tiempo viven y que al Anticristo se le ha dado ahora todo poder por un breve tiempo; no necesitan saber más. Su conciencia debe estar orientada hacia Mí. No podrán resistir el próximo tiempo si no se aferran a Mí, caminan a Mi lado y dirigen hacia Mí toda su atención de ojos y oídos. La conciencia de la necesidad de Mi presencia debe estar presente ya por la mañana; deben ponerse en contacto conmigo desde temprano y atravesar el día atentos junto conmigo, porque en cualquier momento puede suceder que no vean una piedra de tropiezo, que entren inconscientemente en una trampa o que personas extraviadas los atraigan hacia una falsa pista.
Sentir protección divina es la prueba de que Yo estoy con ustedes y de que permanecen en la confianza correcta. Entonces estarán libres de preocupación y carga, y mirarán con alegría hacia el futuro, conscientes de que Yo estoy con ustedes y de que finalmente llevo todo a un buen fin. Amén».
* * *
Segundo día en Stadtilm
Visión espiritual de Samuel: Hoy solo están aquí nuestros antepasados y familiares fallecidos que ya viven en las regiones celestiales. (El día anterior fueron invitadas almas de las más diversas regiones del mundo del más allá.) Junto con ellos se encuentra aquí una multitud incontable de habitantes del cielo. Cada uno sostiene delante de sí una vela en la mano. Están a nuestro alrededor y su multitud se extiende en la profundidad del espacio hasta donde alcanza la vista. Sus velas simbolizan la luz de sus corazones; la luz eterna, es decir, su amor eterno a Jesucristo. Esta vela nunca volverá a apagarse, así como tampoco su amor volverá a extinguirse. La irradiación de estos habitantes del cielo es tan poderosa que este recinto está completamente lleno de luz y amor, que nos envuelven como una nube.
Y así como nosotros estamos aquí en medio de esta multitud celestial, Jesús también está de pie en medio de nosotros. Sí, hay gran alegría en el cielo, pero es una alegría silenciosa, una alegría que no puede describirse, una alegría llena de amor. Por eso Te pedimos, querido Padre, que, si es Tu voluntad, hoy nuevamente nos regales palabras de Tu corazón, de Tu amor.
Jesús habla: «Sí, cuando un hijo Me pide que hable y pueda hablar, estoy dispuesto. A veces Me contengo, pues ocurre que en ciertos círculos no puedo desplegar, regalar ni derramar Mi amor. Y, sin embargo, el gran deseo de Mi corazón es depositar Mi amor en ustedes, hijos Míos, para que la luz de la verdad —pues solo hay una verdad, y esa es Mi amor— les regale el conocimiento de su estado, de su verdadera identidad y de Mi presencia en ustedes.
Así, esta luz es una trinidad en el conocimiento del ser humano, que es el cuerpo; en la conciencia de su verdadera identidad, que es el alma; y en la conciencia de Mi presencia en ustedes, que es el Espíritu. Y mediante esta irradiación de Mi amor les es posible recorrer el camino de tal manera —como ya lo subrayé ayer— que puedan entrar en ese cumplimiento que arde en sus corazones como un gran anhelo. El anhelo que Yo puse en ustedes: que un día puedan unirse conmigo, que un día puedan habitar en Mi casa, pues este es el privilegio de Mis hijos.
Solo llamo hijos Míos a aquellos que también considero hijos Míos, tal como lo hace un padre terrenal cuyo deseo es que sus hijos vivan en su casa y exista siempre una comunidad familiar. Y así es también conmigo. También hay habitantes del cielo que no pertenecen al círculo familiar íntimo; son espíritus bienaventurados, como los incontables que ahora están aquí, que oyen Mis palabras y ven sus corazones y su disposición. Son felices, porque pertenecen a la gran familia de los espíritus celestiales, y, sin embargo, existe una pequeña diferencia. Quien vive en Mi casa vive en lo más íntimo de Mi corazón. Y quien vive en las vastas regiones celestiales habita en el atrio de Mi corazón, en el Espíritu de Dios omnipresente. Una cosa es la irradiación; la otra, la fuente. Y ustedes lo entienden correctamente: a ustedes quiero conducirlos a la fuente.
He venido para servirles. Sí, soy un Rey, pero soy un Rey que sirve. Soy Rey gobernante del mundo y Rey servidor de Mis hijos, pues ustedes son hijos del Rey. Así como un padre terrenal quiere servir a sus hijos, educarlos y prepararlos correctamente para que puedan sucederlo, para que tengan aquello que él mismo tiene y es. Esta es la herencia que he preparado para ustedes. Ahora todavía no pueden medir lo que esto significa, pero un día, cuando se abran por completo en este don espiritual procedente de Mí, entonces verán; solo entonces vivirán, solo entonces estarán vivos en Mí y reconocerán el valor de su vida terrenal y del resultado que de ella procede.
Es muy importante que reconozcan el significado de Mi crucifixión y Mi resurrección. Es importante y necesario reconocer por qué derramé Mi sangre por ustedes y qué significa que haya derramado Mi sangre por ustedes. Cuando un hijo se acerca a Mí, cuando se ha puesto en camino para recorrer el camino conmigo, viene hacia Mí y comienza a orar. Viene hacia Mí para pedirme guía y asistencia, y entonces Yo estoy dispuesto a trazar una línea final sobre lo que fue antes de que viniera a Mí: una neutralización y extinción de los pecados de Mi hijo, para que pueda seguir recorriendo el camino libre y sin carga.
Así, mediante Mi muerte en la cruz cargué por Mi hijo con todos los pecados que había cometido. De manera semejante a como quizá también un padre terrenal daría su vida por su hijo. Si ustedes, como padres y madres, tuvieran la posibilidad de ahorrar a su hijo un gran sufrimiento, ¿no lo asumirían quizá ustedes para que el hijo no tuviera que padecerlo? Así hice Yo también.
Y lo hice por todos los seres humanos, pero este sacrificio Mío solo se vuelve eficaz cuando una persona se pone en camino para convertirse en hijo de Dios; entonces Mi sacrificio entra en vigor y se hace efectivo. Y este sacrificio en la cruz ya contiene también la resurrección, Mi resurrección en ustedes. El perdón de los pecados y el posterior obrar del hijo, esforzándose por no pecar más, conducen inevitablemente a la resurrección en el Espíritu: la resurrección de Mi Espíritu en ustedes, de Mi Persona en ustedes, el pequeño Jesús en sus corazones. Él los llenará y ustedes vivirán conmigo, en Mi Espíritu, por toda la eternidad.
¿Qué sucede ahora si una persona viene a Mí y quiere convertirse en hijo de Dios, pero continúa viviendo en pecado? Entonces Mi misericordia actúa y ya no abandona al hijo, pero Mi sacrificio de sangre no puede actuar en la misma medida que en un hijo que verdaderamente procura despojarse del hombre viejo, dejar todo pecado para dejarme surgir dentro de sí. Esta es una gran diferencia. Lo digo porque les exijo mayor esfuerzo y mayor compromiso. No en el sentido de que deban convertir a otras personas, sino de que se desprendan todavía más del mundo y se vuelvan hacia Mí. Quiero ver seriedad y veracidad; son necesarias para que Mi poder, Mi Espíritu Santo, actúe y pueda surgir en ustedes.
Y una cosa más quiero darles para este día: la alegría. La alegría es el elixir vital del alma. Amor y alegría son una unidad. Sí, es muy importante tener alegría en el corazón, también en este mundo. Y la verdadera alegría solo puede dársela la certeza de que tienen un Padre en el cielo que los guía, protege y lleva a través de las confusiones de este tiempo y que los conduce a Su corazón. Esta certeza, esta conciencia, solo pueden sentirla cuando ponen a disposición el espacio para ello.
Ayer hablaron de estos espacios del alma que deben quedar libres, de los vínculos que deben cortarse. Entonces entran con alegría en el día con la conciencia: “¡Soy libre, soy libre para Jesucristo! Sí, esa es mi alegría, ese es el contenido de mi vida. Estoy libre de preocupación y miedo, también libre del miedo a la muerte, porque pertenezco a Jesús; Él es Dios y Rey y tiene poder sobre todo. Y yo soy Su hijo, ¿qué puede sucederme? Él me guía y conduce, Él tiene todo bajo control, Él sabe de todo, y yo Le pertenezco”.
Es una gran alegría poder vivir en esta conciencia. Y aunque lleguen a situaciones que los carguen y hagan pesada su alma, entren en este pensamiento: todo lo que encuentran pasa primero por Mi corazón y, por tanto, viene desde Mi corazón. Entonces vuelve a surgir la alegría, entonces abren la puerta a la alegría en Dios.
Y así los bendigo, los bendigo desde y con todo Mi corazón. Deposito en ustedes Mi fuerza divina, Mi poder divino, Mi luz y Mi vitalidad, y lleno sus almas con Mi amor para que se levanten los velos de la oscuridad. Entren a menudo en el silencio, un cuarto de hora o media hora, y varias veces al día; es necesario entrar en el autoconocimiento. Entonces haré resplandecer Mi luz en ustedes cuando pidan: “Querido Dios, Padre celestial, muéstrame la oscuridad en mí que no veo”. Y entonces entren en la veracidad, y Yo les mostraré dónde hay necesidad y cuál es la necesidad dentro de ustedes. Y en esta humillación que experimentarán tocaré sus corazones y experimentarán lo que significa resucitar en Mí. Porque solo la humildad puede recibir el verdadero amor, solo la humildad es capaz de llevarme; la resurrección divina ocurre únicamente sobre el suelo de la humildad.
Sí, hijos Míos, muchas palabras… Veo que están preparados, veo que Mis palabras los han tocado. Amén, hijos Míos».
A continuación tomó la palabra la esposa del anfitrión, que había regresado a la patria espiritual el año anterior:
«Querido esposo mío, hijo mío, sí, estoy muy ocupada aquí en este mundo, precisamente con la tarea —ya lo han oído hoy de Samuel— de servirles desde el lado espiritual, apoyarlos y darles también la sensación de que estoy presente, para que reciban cierta seguridad, una prueba de la vida eterna, que no está tan profundamente arraigada en todos ustedes.
No me refiero únicamente a este círculo; considero como mi familia a todos los hermanos y hermanas, cercanos y lejanos, con quienes me siento unida. Y mi tarea es difundir el amor de Jesús, irradiar con Su luz y ser eficaz con Su amor. Así como ya amé tanto el amor durante mi vida terrenal, aunque —como ahora veo— no siempre fue tratado como habría merecido. Como portadora del amor, mi corazón fue muchas veces maltratado y abusado; entonces lo sentía, pero no lo llevaba a lo público, sino que lo soportaba en silencio para mí.
Pero ahora todo está bien; no siento dolor ni sufrimiento. Tengo en mi corazón la certeza de que todos ustedes están bien protegidos y guiados por nuestro Padre celestial Jesucristo, que se ha convertido en mi único gran amor. Y mi gran y dichoso deseo es que ustedes también puedan y tengan permitido amar a Jesús como yo puedo hacerlo. Por eso estoy muy activa, obrando sobre ustedes, dejando que Su amor irradie por medio de mí en sus corazones. Esa es mi gran alegría; me hace tan feliz verlos felices. Esa es mi bienaventuranza: hacer y obrar junto con Jesús. Es una tarea maravillosa; no puedo imaginar nada más hermoso.
Y me alegro de que un día estemos otra vez juntos aquí, en las regiones celestiales; será una gran fiesta. Por eso también digo, como nuestro Padre celestial ya dijo hoy: esfuércense, luchen y breguen por el amor y no cedan; vale la pena. Recorran este camino consecuentemente y estén siempre dispuestos a atravesar también valles oscuros, conscientes de que su Padre celestial nunca los abandonará, sino que siempre está con ustedes y los volverá a sacar, para que después, cuando hayan atravesado ese valle oscuro, puedan disfrutar tanto más de las alturas luminosas. Así los abrazo y estrecho a todos juntos.
Y a ti, hijo mío, te digo: me da gran alegría ver cómo tú y tu esposa recorren juntos este camino y educan también a los hijos con esta conciencia. Sí, así estoy con ustedes siempre que me es posible y me alegro con ustedes».
Para concluir, nuestro Padre celestial dio a cada uno una palabra personal esclarecedora y después cerró:
«Hijos Míos, también podría descubrir y poner delante de ustedes sus pecados y errores, pero Yo soy un Dios que motiva; quiero levantarlos y no oprimirlos. Les hablo desde Mi corazón y no desde Mi sabiduría desnuda, Mi omnipotencia divina y Mi legislación. Soy un verdadero Padre para Mis hijos, y Mi deseo más profundo es tener hijos felices; como he dicho, siempre con cierta necesidad de preparación.
Así que reciban estas palabras. Confíen, alégrense, ámense entre ustedes como Yo los amo. Esto se lo doy también para su camino futuro. Yo soy todo, y sin Mí solo hay muerte y perdición. Yo soy la vida y el amor. Amén».
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Feierstunde en Kals-Lesach, junto al Großglockner
Jesús habla: «Amén, Yo soy Dios Todopoderoso y he venido a juzgar esta Tierra, a limpiar el lodazal de la fe y a salvar lo que pueda salvarse. Amén, soy Padre celestial para aquellos que se han puesto en camino para buscarme en la oscuridad del mundo llamado Tierra, que han reconocido el verdadero anhelo de sus corazones y quieren servirme en amor y misericordia.
Así se separan ahora los espíritus; el mal es separado del bien, la oscuridad de la luz y la muerte de la vida. Sí, ha llegado el tiempo de que esta Tierra vuelva a ser un vivero para los hijos de Mi amor y no un estanque podrido y un pozo de pecado lleno de hedor y podredumbre anímico-espiritual. Ha llegado el tiempo de que esta Tierra se recupere de todas las crueldades que se le han infligido y que los seres humanos se han infligido entre sí desde que puse aquí al primer verdadero ser humano, Adán, y con él a su mujer Eva, en libre voluntad divina.
He contemplado el obrar satánico con gran paciencia y misericordia, he demostrado longanimidad, he enviado a Mis servidores del corazón para despertar y esclarecer a los extraviados y muertos. Me sacrifiqué a Mí mismo para limpiar y volver transitable por toda la eternidad el camino hacia la vida divina. He cargado con los pecados de los seres humanos, y quienes se Me entregan con toda seriedad y confianza amorosa quedan por ello libres de pecado y carga.
He sembrado semillas que ahora brotan y prosperan a la luz de Mi descenso. Así habrá ahora un florecimiento, un florecimiento del alma, un maravilloso despertar. Y conduciré de manera maravillosa a los Míos en los últimos días, de modo que puedan y sepan mantenerse firmes en la gran lucha final entre la luz y la oscuridad.
Escuchen, pues, Mis fieles: tan cierto como que vivo, Yo soy un Dios fiel. La fidelidad es una de Mis cualidades más fuertes y amorosas; es hija de Mi amor, de Mi amor divino.
¿Qué significa entonces cuando digo: Yo soy un Dios fiel? Miren y sepan: significa que no Me es posible volver a soltar a un hijo que una vez ha sido tomado por Mi amor. Significa que el anhelo silencioso y fuerte de Mí en sus corazones es la mano amorosa de Mi corazón que ya no los suelta. Soltar en el sentido de que siguen siendo libres en su decisión de volverse hacia Mí; pero Yo ya no abandonaré su corazón, sino que esperaré pacientemente hasta que finalmente se haya realizado la unión de dos corazones: Padre e hijo, Padre e hija.
A este juramento de fidelidad Me he ligado, hijos Míos, con Mi condición de Dios, con Mi corazón divino. En él encuentran Mi disposición amorosa más íntima, una disposición que el mundo jamás puede ni podrá reconocer, que solo Mis verdaderos hijos tienen permitido y deben contemplar. Porque en la alianza de fidelidad habita la libertad del Espíritu para ustedes y también para Mí, eternamente, eternamente, eternamente. Amén, hijos Míos, Amén».
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Encuentro de hermanos en Nesselwangen, junto al lago de Constanza — primavera y otoño de 2022–2023
Querido Padre celestial, Te pedimos palabras de verdad y amor, como ya se nos permitió experimentar en la mesa que preparaste para nosotros. Tu pan, que recibimos, entra en el estómago de nuestra alma y allí nuestra alma lo recibe para acoger lo divino, la Palabra de la vida, que eres Tú mismo, que nos transforma, nos guía y conduce: la Palabra de la verdad y del amor.
Y entretanto hay muchos hijos a quienes se les permite anunciar Tus palabras. Porque cada alma tiene una estructura distinta, una personalidad propia y rasgos esenciales que se han formado durante la vida terrenal por medio de distintas experiencias e influencias, y también por la preparación anterior al nacimiento. Así existen diferentes palabras que Tú, querido Padre, envías, que atraviesan el territorio de nuestra alma, y cada alma colorea Tu palabra y la convierte en una expresión individual de la divinidad. Esta diversidad de Tu palabra, querido Padre, se entrega a la diversidad de las almas a las que llega. Y así es bueno que Tu palabra adopte diferentes matices…
El Padre continúa: «… para encontrar una distribución justa para los corazones de Mis hijos. Así como distribuí el pan entre los apóstoles y discípulos, así distribuyo ahora y doy de Mi mano el pan de la vida, la palabra del amor y de la verdad. Llenos de anhelo, deseo y hambre de amor, lo reciben para hacerlo vivo en ustedes mediante la acción. Una y otra vez les llamo: vivan el amor, denme vitalidad en ustedes y, con ello, al mundo. Regálenme a las personas caminando conmigo cuando Yo obro por medio de ustedes. Los llevo conmigo al corazón de sus semejantes mediante su acción. En ello ven la necesidad de la redención y también la necesidad de la necesidad.
Así quiero formarlos; es un proceso: suben de escalón en escalón, siempre “más cerca de Ti, Dios mío”. Todavía viven en el mundo, pero el significado del mundo se vuelve completamente distinto. Se vuelven conscientes de que es una escuela que visitan por breve tiempo para recibir una formación: entregar su libre voluntad a Mí para que Yo pueda llenarlos y se conviertan en verdaderos hijos de Dios.
Como dije antaño, así también digo ahora: les preparo una mesa delante de Mis enemigos, de sus enemigos. ¿Qué significa esto, qué clase de mesa les preparo? ¿Qué alimento pongo sobre la mesa, qué bebida? Como algunos ya han pensado, son Mis cualidades: el amor, la sabiduría, Mi voluntad, Mi orden, Mi seriedad, Mi paciencia y Mi misericordia. Pongo estas cualidades a su disposición y se las ofrezco; con ello volvemos al pan de la vida, al alimento que les regalo. Estas cualidades tienen el poder de transformar todo lo que encuentran. La suma, la comunidad de estas cualidades, soy Yo.
Este alimento está dividido, por tanto, en distintos alimentos, como sucede también en la vida terrenal, donde no toda comida agrada a toda persona. Así también Mi alimento está preparado de distintas maneras para los diferentes gustos —es decir, talentos— de Mis hijos. Cada hijo sentado a esta mesa toma automáticamente el alimento que mejor le sienta. Así, un hijo comienza más desde el amor, otro desde la sabiduría; uno tiene paciencia y otro lleva en sí la seriedad de la vida. Después ha disfrutado durante un tiempo de ese alimento y toma el siguiente.
Y puesto que Mis hijos sienten siempre anhelo de Mí —ese anhelo es el hambre y la sed de Mi amor, de Mí—, con el tiempo y a lo largo de su vida disfrutan de todos los alimentos de esta mesa, y se produce una composición espiritual de los alimentos que han acogido en el alma. De este modo el alma es penetrada por ese alimento, que es el pan de la vida, y ese pan es Mi palabra.
¡La creación es Mi palabra! Yo la pronuncié, el “¡Hágase!”, y Mi voluntad llamó esta creación a la vida. Y esta creación, esta palabra, la he depositado también en ustedes. Esto significa que en cada uno de ustedes está contenida toda la creación. Todos los astros y planetas, todos los seres de esta infinitud están contenidos espiritualmente en ustedes. Y cada ser humano que encuentran está contenido en ustedes como ser espiritual; esa es la resonancia de la que han hablado. Y utilizo su entorno para mostrarles lo que les falta. Pero deben contemplar esta ley, este reflejo, sobre todo desde el punto de vista que ahora les comunico:
Miren, cuando perciben un defecto en su prójimo y piensan: “Eso no me gusta, eso me duele”, entonces ustedes actúan de manera correspondiente con respecto a Mí. Es decir: lo que les muestra la persona que Yo les envío, ese defecto lo cometen ustedes frente a Mí en el plano anímico-espiritual. Esto es importante; deben saberlo, porque es una llave que abre sus corazones hacia Mí. Y conocen los muchos ejemplos prácticos de la vida cotidiana en que encuentran personas, no enemigos, pero sí encuentros donde sienten algo negativo: “Esto no me gusta ahora, esto me molesta”. Entonces entren en ustedes mismos y piensen: “¿Dónde actúo yo así frente a Dios? ¿Dónde hiero el amor de Dios de la manera que esta persona me muestra ahora?”.
Esta es una iniciación profunda, hijos Míos, una herramienta en su mano para avanzar más rápidamente, pues así se iluminan los rincones ocultos de su alma.
Ahora les he ofrecido de nuevo un trozo de pan, una palabra. Es una comida: comen en Mi mesa junto conmigo. Yo estoy sentado con ustedes a la mesa y les ofrezco alimento celestial. Así se irán de aquí saciados. Pero este alimento permanece como propiedad suya; no hay nada que eliminar de él.
Sí, hijos Míos, esto todavía para completar. Les he prometido que penetraremos aún más profundamente en el conocimiento divino, cosa que también es necesaria. La sabiduría debe estar unida al amor. Es como una vía férrea: los dos rieles corren paralelos, pero el tren no puede viajar sobre un solo riel; necesita ambos: amor y sabiduría, calor y luz. Amén».
Samuel: Este es un asunto muy serio en el que se trata de vida y muerte. Tenemos que alejarnos de la superficie figurativa y sumergirnos en la comprensión verdadera del proceso de redención en el que nos encontramos. Se trata de abandonar al hombre viejo. Comprender correctamente qué significa eso requiere valor para ir a lo profundo; el ser humano tiene que apartarse de sus viejos patrones y hábitos, de lo contrario mezcla lo claro con lo turbio y no resulta nada.
Jesús dice una y otra vez que por fin debemos despertar de nuestro “mundo suavizado” y comprender que la vida que Él quiere regalarnos es completamente distinta de la que hemos llevado hasta ahora. Tiene que producirse una sacudida poderosa en nuestras almas que cause una apertura permanente al rayo de salvación de Dios.
Beber la sangre de Jesús y comer Su carne significa aceptar consecuentemente Su palabra y ponerla en práctica en la vida cotidiana, sin embellecer ni hablar bonito, con todas sus consecuencias. Solo de eso se trata. Cuesta sacrificios dolorosos. Si no duele, si uno no siente resistencias, no está en el camino de la verdad y de la vida, sino que se engaña a sí mismo o todavía está ciego en el autoconocimiento; o ya es perfecto en y por Jesucristo, pero ¿quién lo es?
Queridos hermanos y hermanas, tenemos que esforzarnos más; el tiempo apremia. Entren más en el silencio, no para soñar, sino con corazones abiertos hacia Jesucristo, que siempre está con nosotros y espera que nos volvamos hacia Él. Entonces todo estará bien.
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Jesús habla: «Mi paz llene este recinto y sus corazones. Los he reunido para unirlos en Mi corazón, para unirlos en Mi Espíritu de amor y verdad. He abierto el cielo para ustedes y para los muchos que ahora tienen acceso visual a este recinto.
Hijos Míos, ustedes que viven en esta fase de transformación y renovación: les muestro los estados y procesos de este tiempo mediante acontecimientos pasados. ¿Cómo fue entonces cuando, en Mi gracia, representada por Moisés, liberé a Mi pueblo Israel de la servidumbre de Egipto? Lo conduje a través del mar dividido hacia el desierto, donde lo alimenté con maná de los cielos cuando padecía hambre y sed y añoraba las ollas de carne de Egipto. Hice con él una alianza eterna y le di los mandamientos que permitían a Mi pueblo permanecer libre de pecado. Pero cuando Mi gracia se retiró de Mi pueblo por un breve tiempo, se levantó un becerro de oro; sí, se hizo un dios propio de materia. Mi pueblo volvió a adorar la materia y se deleitó en ella, aunque antes había sido guiado y sostenido por Mi Espíritu. Entonces regresé con Mi gracia, restauré nuevamente el derecho divino y el orden divino y le mandé ofrecerme holocaustos justos. Después conduje a los justos a la tierra prometida. Allí hice que por Mi gracia se construyera un templo en cuyo interior más íntimo fue colocada el arca de la alianza, Mi Espíritu.
Y así, hijos Míos, vuelve a suceder ahora lo que ocurrió antaño. Ustedes son el nuevo pueblo de Israel, distribuido por toda la Tierra. Nuevamente los conduzco fuera del mundo, que ahora representa la esclavitud anticristiana del tiempo final, el sistema satánico. Mi gracia divide el mar para ustedes, lo cual significa que abro para ustedes la puerta a la libertad del Espíritu y la vuelvo a cerrar detrás de ustedes; y las olas de Mi justicia destruirán a quienes los persiguen para matarlos. Así llegan sin daño al desierto del apartamiento del mundo, donde por Mi gracia les doy Mis mandamientos del amor. Allí también ustedes, hijos Míos, son separados unos de otros: los tibios e infieles, que añoran su antigua existencia terrenal y vuelven a tomar allí su alimento muerto del alma, de los serios y fieles que toman y conservan la nueva vida de gracia en Mí mediante el amor hacia Mí.
A los tibios e infieles los arrojaré al fuego de Mi celo y probarán y sentirán la muerte; a los fieles los conduciré a la libertad de Mi amor eterno. A estos últimos los llevaré después a la tierra prometida, a Mi corazón. Y la nueva alianza que he establecido con ustedes no será una alianza de ley, sino la alianza de amor de nuestros corazones por toda la eternidad. Amén.
Hijos Míos, ¿qué representa el arca de la alianza que hice construir antaño por Moisés y sus fieles? ¿Y qué representa el holocausto? El arca corresponde a Mi Espíritu en sus corazones, que Mi gracia ha depositado allí. Y cada vez que entren en su corazón, Mi Espíritu los tocará y les hablará las palabras que los instruyen hacia la vida eterna. Y el holocausto simboliza que deben poner sus faltas sobre el altar del amor; así su pensamiento y obrar equivocados serán iluminados y penetrados por la verdad. El color del humo corresponde al color y pureza de su conciencia. Si su conciencia está limpia y libre, han ofrecido correctamente; si está pesada, solo Me han traído un sacrificio aparente, han sacrificado por afán de ganancia o han vuelto a llevarse el sacrificio en secreto. Así deben reconocer si han sacrificado de verdad o solo en apariencia y si Yo he aceptado su sacrificio.
Y otra parábola debe mostrarles los estados de este tiempo, pues muchos de Mis hijos Me piden que termine ya con el acontecimiento indescriptible que ahora cubre y penetra esta Tierra. Miren la parábola de la cizaña y el trigo: un hacendado hizo sembrar trigo que creció bien. Pero cuando el trigo formó espigas, de pronto brotó una gran cantidad de cizaña en el buen campo. Los siervos preguntaron al señor si debían arrancarla. Él dijo: “Para que no dañen el trigo que ha crecido alto, dejen crecer la cizaña. Cuando ambos hayan madurado, haré que ustedes cosechen Mi trigo y lo lleven a los graneros. Solo después haré atar la cizaña, dejarla secar y quemarla para purificar el campo como abono de la nueva tierra”.
Miren, hijos Míos, la comparación con este tiempo. Personas nobles, hijos de Dios, invitados al banquete, vírgenes con aceite en las lámparas: ellos son el trigo. Personas malas, el anticristianismo: ellos son la cizaña. El campo es esta Tierra. Como se describe en la parábola, también hoy digo: todo debe llegar a la madurez; solo entonces cosecharé. A los Míos los llenaré en el momento correcto con Mi Espíritu y los llevaré a los graneros celestiales, a la Nueva Jerusalén. A los malos los juzgaré según sus palabras y obras, y a ellas quedarán atados; su propia tibieza y maldad será el fuego que los atormentará en las tinieblas exteriores, desde donde un día, después de eones, podrán emprender nuevamente el largo viaje en el ciclo de vida y muerte, conforme a su arrepentimiento y humildad.
Sí, hijos Míos, como entonces, así hoy. Lo que ocurrió entonces se repite ahora en otro nivel, en una nueva dimensión del tiempo. Y ustedes están en medio de ello y son aquellos a quienes Yo envié a este tiempo y a quienes llamo Mis hijos ahora y por siempre.
Así caminan ahora sobre esta Tierra, y al respecto digo una y otra vez: su confianza abre la puerta para Mí, para que Yo obtenga acceso a su existencia terrenal. Porque sepan: existe una gran diferencia entre recibir algo de la mano del mundo o de Mi mano.
Los hombres del mundo, los impíos, están sometidos al destino de la ley divina que juzga; en ellos Yo no interfiero, sí, no puedo hacerlo, porque la puerta está cerrada para Mí. Pero en Mis hijos tengo acceso, porque su confianza y su amor hacia Mí son la puerta abierta por la que puede actuar Mi rayo de gracia, por la que puedo entrar en su mundo y hacerlos felices con Mi presencia. Ustedes viven en Mi misericordia, mientras que la existencia de los hijos del mundo está determinada por Mi legalidad. ¡Qué diferencia! Háganse siempre conscientes de ello; entonces permanecerán en la humildad, entonces la puerta de su corazón seguirá abierta para Mí. Hijos Míos, los amo, respondo por ustedes, estoy con ustedes en todo tiempo. Amén.
Y a los presentes del más allá les digo: hoy también se les ha permitido participar de Mi gracia y escuchar Mi palabra de una u otra manera, pues Mi gracia está para todos, también para quienes caminan en la oscuridad y no conocen la verdad del único Dios en Jesucristo. Sepan, ustedes que no reconocen su muerte: sus cuerpos ya están en la tumba y ustedes se encuentran en el mundo del más allá. Que su petición y su clamor sea invocar Mi nombre, pedir redención en Mi nombre; entonces les enviaré luz que los guiará por caminos en los que puedan recuperar lo que omitieron, para alcanzar finalmente su patria del más allá. Aquí no hay más permanencia para ustedes. Reciban estas palabras para su salvación y bendición. Amén».
Visión espiritual de Samuel: El recinto está lleno de la luz de amor de nuestro Padre celestial. Todo es amor que irradia hacia la infinitud. Jesús está de pie en medio del recinto; lleva una vestidura blanca, tiene cabello rubio y ondulado, ojos azules mansos y, sin embargo, fuertes. Una suave sonrisa rodea Su rostro; Su postura es erguida y digna. Su corazón está completamente abierto; gracia y misericordia brotan de él y buscan lo perdido y lo solitario. Oh Padre, Tu amor es indecible; Tu corazón es todo lo que alguna vez fue, será y es: amor, amor y otra vez amor.
* * *
Amado Padre celestial, nuevamente nos hemos reunido para sentir Tu amor en Tu presencia. Nuestros corazones siguen tocados y hoy has avivado aún más nuestro anhelo: el anhelo de que nuestra vida esté completamente en Tu mano y en Tu corazón, de que podamos pertenecerte y ser trabajadores en Tu viña en este tiempo. Para eso nos has formado y enviado a la Tierra. No estamos aquí para nuestro placer, no estamos aquí para servir al mundo. Y, sin embargo, muchos servimos al mundo antes de que nos tocaras; todavía cargamos mucho lastre. Y ya has dicho que con gusto nos quitarías este lastre, pero también dices…
Aquí continúa el Padre: «… sí, hijos Míos, ustedes mismos tienen que hacer algo. Sí, Yo salgo a su encuentro más de la mitad del camino, les tiendo Mi mano, he abierto Mi corazón, llamo a la puerta de sus corazones, pero ustedes tienen que abrir, tienen que ponerse en camino. La libre voluntad del ser humano es el mandamiento supremo de esta creación; Yo no intervengo en la vida de una persona. Estoy a la puerta del corazón y espero pacientemente. Y estoy dispuesto en todo tiempo; para Mí no importa cómo estén constituidos, cuánto lastre y suciedad lleven consigo. Para Mí eso es indiferente.
Y cuando un hijo viene a Mí y dice: “Querido Padre, estoy preparado, quiero recorrer este camino”, entonces escribo tus pecados en la arena, hijo Mío. Ya no existe para ti un pasado pecaminoso, sino únicamente un futuro conmigo y en Mí.
Y entonces digo: ahora no peques más. ¿Qué significa eso? ¿Qué es pecado? Muchos pensamientos están presentes en ustedes; vienen y van, pensamientos hermosos, pensamientos malos. Tomemos un ejemplo: surge en ustedes un pensamiento de pecado. Por ejemplo, hablar mal de una persona, engañar a alguien, robarlo, traicionarlo, vengarse porque alguien los ofendió o humilló. ¿Es ya pecado ver esos pensamientos en uno mismo? No, ciertamente no. Solo es pecado cuando integran ese pensamiento en su voluntad, cuando lo toman y voluntariamente lo hacen suyo. Mientras no lo hagan, no pecan.
Este es un dilema de muchos de Mis hijos, que creen que todos los pensamientos que se hacen visibles en ellos ya son pecado. No, no es así, hijos Míos. El pecado solo ocurre cuando uno deposita su energía volitiva en el pensamiento, lo incorpora a su vida anímica y de ese modo le da fuerza de acción.
Y cuando Yo digo: “No peques más”, quiero decir que rechacen cada vez más los malos pensamientos con esfuerzo serio, que los dejen pasar y así permanezcan libres. Y solo cuando esos pensamientos —esas energías que los arrastran a su oscuridad— se aferren cada vez menos a ustedes y, al mismo tiempo, Mi presencia vaya tomando cada vez más forma en ustedes, entonces la relación entre pecado y presencia de Dios cambia hacia el bien.
Ahora es así que en muchos de ustedes el pecado todavía ocupa un gran espacio en su alma y para Mí queda solo un espacio pequeño. Pero si liberan su corazón del pecado, el espacio del pecado se hará cada vez más pequeño y Mi espacio cada vez mayor, hasta que finalmente el espacio de su alma Me pertenezca.
Esa es la meta, la meta de esta creación en su conjunto y la meta de todo ser humano: el renacimiento en el Espíritu. Miren ahora en qué gracia están al saber esto. Miren cuántas personas caminan ciegas por este mundo y no conocen el sentido de la vida; hijos Míos, son casi todos. Son muy pocos los que se han puesto en camino para querer reconocer la verdad y el amor en Mí y vivir conforme a ello. Y ustedes forman parte de estos hijos Míos que han acogido esto en su vida, que aspiran a esta verdad y viven según ella, como he dicho, en este proceso de “todavía llegar a ser”.
Y, sin embargo, ahora reconocen intensamente en esta imagen de la relación que la composición pecado del mundo–vida de Dios debe transformarse cada vez más en ustedes, y que esto es un automatismo que se pone en marcha porque toman cada vez menos los pensamientos pecaminosos que pueden reconocer a la luz de su conciencia. Así el espacio del pecado se hace cada vez menor y, al mismo tiempo, Mi espacio aumenta naturalmente en ustedes. ¿No es maravilloso?
Así ven que no es tan difícil ser Mi hijo a Mi lado; no es tan difícil dejar de pecar, porque en Mis fieles Yo ya compenso donde todavía falta algo. Tomo su esfuerzo como buena voluntad de acción. Y donde fracasan una y otra vez, Yo ya Me acerco, y de pronto se logrará ese paso, como un músico que practica diligentemente su instrumento: algún día domina el instrumento. Y como ya lo he subrayado muchas veces: el alma es un instrumento en el que deben practicar cada día durante algunas horas; y en realidad, si se mira correctamente, practican todo el día, porque viven todo el día como alma en este mundo.
También durante su sueño Yo estoy activo; sucede mucho mientras no se encuentran en su conciencia diurna. Allí reciben nueva instrucción y el alma es purificada. Y también importa cómo uno entra en el sueño, qué hace antes. Una oración nocturna dirigida a Mí es tan importante; una oración silenciosa, elevar el corazón hacia Mí. Y por la mañana la oración: “Jesús mío, guíame a través de este día, camina a mi lado; si caigo, ayúdame a levantarme. Y si estoy triste, tócame; y si tengo preocupaciones y temores, ayúdame a elevar en ellos mi corazón hacia Ti para que vuelva a quedar libre, para que pueda atravesar este día sin carga”. Porque solo así pueden servirme, hijos Míos, libres del peso del alma. El alma tiene que estar libre para el amor.
Así los bendigo una vez más y penetro sus almas con Mi Espíritu dondequiera que sea posible. Dondequiera que los corazones estén abiertos, entro y lleno a Mi hijo con Mi gracia, con Mi amor. Estoy para ustedes en todo tiempo; permanezcan firmes en la fe, permanezcan firmes en la confianza, no se preocupen por la vida ni por la muerte del cuerpo: todo está en Mi mano. Sus vidas Me pertenecen y Yo soy Dios. Amén. Yo soy Dios Todopoderoso y no existe ninguno fuera de Mí. Amén».
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Jesús habla: «Mi paz sea con ustedes. Mi bendición, hijos Míos, llena este recinto, el gran espacio a su alrededor y el espacio aún mayor de sus corazones. Porque sus corazones son infinitos en sí mismos, en Mí, y un día entrarán en ese mundo de sus corazones tal como fue configurado en este mundo.
Este mundo es un lado de la preparación; Mi mundo es el otro. Un mundo, el mundo de la transitoriedad, de la muerte y del tiempo, en el que se alimentan del árbol del conocimiento; el otro mundo, que Yo les ofrezco, el mundo de la eternidad, que los alimenta con los frutos del árbol de la vida. Así, como seres humanos, han sido puestos en dos mundos para darles la posibilidad de decidir por este o aquel mundo. Y ustedes saben que esta libertad de decisión es necesaria: hacia dónde dirigen su amor, a quién regalan su amor y qué hacen con el amor divino dentro de ustedes.
Hijos Míos, pregúntense: “¿Qué significa en realidad el amor para mí? ¿Qué es amor?”.
El amor tiene muchos espacios, el amor ofrece muchas posibilidades. Para experimentar el amor es necesario entrar en el silencio y dejar reposar los pensamientos. Contemplar la belleza del amor requiere un corazón tranquilo, requiere la disposición de querer ver belleza; no la belleza del mundo, sino la belleza de lo invisible. Implica dejarse llevar por ello y avanzar más allá de lo que la fe ofrece inicialmente.
Pero existe también el peligro de decidirse por Mí porque uno siente dentro de sí anhelo de lo divino, de amor y protección en Dios; después entra el mundo y, lamentablemente, a menudo el alma se endurece en ese deseo incondicional de alcanzar a Dios, de servir a Dios, y la persona se desliza al fanatismo. Cree servirme, pero en realidad sirve a la voluntad de poder, a la voluntad propia y a la violencia.
El amor es mansedumbre y bondad, el amor es tolerancia y paciencia, el amor es disposición al sacrificio. El amor es como el agua, que siempre busca lo bajo: eso es humildad; ella es el fundamento del amor. El orgullo es el enemigo del amor. Sí, también el orgullo es amor, pero solo amor a uno mismo y no amor a Dios ni al prójimo.
Y a menudo les resulta difícil, hijos Míos, reconocer qué color lleva su amor, con qué vestidura han vestido su amor. Una vestidura hermosa y brillante puede albergar un amor falso. Por eso la contemplación de uno mismo es tan importante en Mi presencia, pues solo Yo soy la luz de la verdad y solo Yo puedo iluminar su interior; solo conmigo deben y pueden mirar y entrar en los abismos de sus almas, porque solos se perderían. Por eso es necesario pedirme una y otra vez: “Querido Padre celestial, muéstrame qué hay todavía de errado y falso en mí. Condúceme a mi mundo interior”. Entonces Yo estoy dispuesto. Ustedes saben que cumplo todas las peticiones que sirven a su progreso; estoy aquí y dispuesto a disolver la oscuridad en ustedes.
Ustedes son portadores y reveladores de Mi Espíritu; la vitalidad de Dios habita en ustedes. Mis hijos son la luz del mundo, forman Mi cuerpo, son portadores de Mi segunda venida, preparadores del Reino de Paz. ¡Vean esta responsabilidad! Por eso les encargo seriedad y esfuerzo. Y ya lo dije: Yo añadiré lo Mío. La buena voluntad cuenta, y Mi hijo siente con exactitud ciertas cosas que debe dejar porque constituyen un obstáculo en el camino hacia Mí. Yo lo pronuncio en voz alta como voz de su conciencia, y alguna vez llega para ustedes el momento de soltar y dejar los vínculos mundanos; de lo contrario uno gira en círculos. También esto es necesario saberlo.
Pero sepan: Yo siempre actúo en lo profundo. A menudo un hijo piensa que no avanza en el camino hacia Mí y, sin embargo, suceden muchas cosas en las profundidades del alma. Y cuando Mi hijo vuelve a dar un paso hacia delante, entonces se le revela este trabajo espiritual realizado en las profundidades de su alma, esta preparación divina en lo oculto. Y de pronto advierte: “Oh, qué hermoso, eso también está en mí”. La alegría que surge por el progreso perceptible y visible es un incentivo para seguir adelante, para continuar. Sí, ver un resultado en el avance es importante para ustedes; es confianza y motivación.
Cuando entran en el silencio y buscan Mi presencia, Yo siempre les aclaro cada situación que los ocupa y aparentemente los obstaculiza en la existencia terrenal; solo tienen que escuchar. Sí, Yo hablo a todos Mis hijos. ¿Qué padre no querría hablar con sus hijos solo porque ellos todavía no pueden verlo? Tendría que ser un padre cruel.
¿Qué quiero decir con esto? No depende de Mí que nos encontremos, porque Yo estoy siempre dispuesto. Tómense tiempo; lo tienen. Sí, a menudo el mundo los desafía, el mundo es ruidoso y hace ruido, tira de las almas. Y Yo, Yo soy el Silencioso delante de su puerta. Decidan.
Hablé de la belleza del amor. ¿Puede contemplarse el amor? Sí, el amor puede contemplarse haciendo el bien. Cuando uno hace bien a su prójimo, cuando alegra a personas necesitadas, en ese acontecimiento contempla la belleza del amor. Es algo maravilloso contemplar el amor. Y quien contempla el amor Me contempla a Mí, porque Yo soy el amor. Y quien regala amor Me regala a Mí. Y cuando ustedes Me regalan a las personas, Yo Me toco a Mí mismo en el corazón de esa persona y puede producirse un despertar, no de forma evidente y, sin embargo… siempre sucede algo cuando el amor está en juego: amor desinteresado, amor sanador, amor divino. Amén».
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Extractos de las Feierstunden en Zorneding 2023/24
Jesús habla: «Hijo Mío, no necesitas orar mucho tiempo, porque Yo ya estoy aquí. He llenado este espacio de luz, he llenado este espacio de amor. Estoy aquí, estoy en medio de ustedes, para regalar a cada uno la bendición de Mi corazón; para volver a levantar a quienes justamente se encuentran en una etapa difícil de su vida, que tienen la sensación de que la oscuridad quiere apoderarse de ellos. Y estoy con quienes en esta etapa de su vida pueden vivir puestos sus ojos en Mí. Así los reúno en este círculo para elevar a quienes están en necesidad y hacer felices a quienes son conscientes de Mi presencia.
He llamado aquí a muchos; por eso no se extrañen de que no hable solo a ustedes, sino también a quienes ahora se agolpan aquí, a quienes están cerca de ustedes y a quienes están lejos. Entre ellos hay muchos que ustedes conocen: sus antepasados y ancestros. Pues ustedes son el último eslabón de una cadena, un círculo que ahora se cierra; y así también sus antepasados encuentran redención porque ustedes Me entregan su vida.
Todos están incluidos; es la línea de sangre que se remonta muy atrás. Hay quienes dejaron esta Tierra hace cientos de años y todavía no han encontrado el camino a casa, aún no han hallado su morada espiritual, y que ahora, en este tiempo en que se abren las tumbas y los muertos son despertados a la vida, pueden alcanzar la redención.
Yo soy la Palabra y Yo soy la Vida. Así, con Mi palabra, Mi vida se extiende ahora aquí y llena las almas de todos. Ustedes lo saben, hijos Míos: es el amor el que lo hace todo posible, el que todo lo redime, el que todo lo libera. También saben que Yo habito como el amor en sus corazones y que Me despiertan amándome. Entonces Yo surjo en ustedes y ustedes resucitan conmigo a la vida eterna. Esto es realidad.
Estas palabras Mías pueden contemplarse con el entendimiento; pero, para producir vida dentro de ustedes, solo se comprenden con el corazón. El corazón es necesario para dar vida a Mis palabras.
Su amor por el bien, por la verdad, se refleja en su entorno. Pero también les conduzco personas que los desafían. Esas son las pruebas que necesitan urgentemente para conocerse a sí mismos. La diversidad de los seres humanos de esta Tierra hace posible este proceso de desarrollo. Por eso alégrense cuando les traigo personas amorosas que les muestran Mi amor por ustedes y les reflejan el amor que vive en ustedes. Pero denme también gracias por las personas que los desafían, que los «irritan», porque son los instrumentos que necesitan para poder reconocer los campos oscuros de energía en su alma y presentármelos. Y el conjunto es precisamente la perfección en la que Yo los coloco.
Hijos Míos, pídanme que abra cada vez más sus corazones a Mi amor. Pídanme que abra cada vez más Mi corazón a su amor. ¡Pídanme y les daré! Esto no es una frase dicha al pasar. La petición de Mi hijo significa muchísimo para Mí como Dios. No dejo de oír ninguna petición. Considero cada pensamiento y cada palabra que ustedes Me dirigen. Mi sabiduría sopesa, y luego pongo Mi sabiduría en Mi misericordia. Y este paquete, este paquete de luz, es entonces la acción, es lo que les doy en respuesta a su petición. Pero siempre es un regalo de Mi corazón que sirve para que puedan acercarse más a Mí, si lo contemplan correctamente y lo reciben de Mi mano.
Ahora existen ya muchas pequeñas islas de luz sobre esta Tierra. Son pequeñas islas que forman una red, y espiritualmente todos están unidos entre sí. No importa si ocurre al otro lado de esta Tierra ni cuán grande sea la distancia. En lo espiritual no existe esa distancia. Es una unidad en el Espíritu que envuelve esta Tierra y combate y penetra la oscuridad de esta Tierra. Porque es una lucha espiritual; todo lo que sucede en el plano material es la envoltura de procesos espirituales.
Y ustedes, a quienes ahora he reunido en pequeñas comunidades, ya lo han oído: cada uno tiene una tarea muy particular. Esta tarea se irá desplegando cada vez más en el amor a Mí, y Mi amor por Mis hijos será percibido con creciente intensidad. En ustedes habrá cada vez más luz, sentirán cada vez con mayor frecuencia amor por sus semejantes y percibirán cada vez más la bendición divina. Porque esto es necesario; de otro modo no podrían cumplir esa misión. Necesitan Mi presencia, Mi vitalidad en su alma, y así ha de suceder. Y deben creer firmemente que sucederá.
Hay hijos que no lo creen y no se sienten dignos de que Yo surja en ellos como Dios. Esa no es la humildad correcta. La verdadera humildad consiste en reconocerse como hijo de Dios y crear dentro de sí el espacio para Mí, para que Yo pueda surgir en ustedes. Eso es humildad.
Si no los hubiera despertado, ¿qué sentido tendría que no los condujera adelante hasta el lugar que he preparado para ustedes? Todo acto divino contiene una meta divina, una plenitud divina, un despliegue del potencial divino y de la identidad divina. Eso son ustedes en su esencia, y no el ser humano terrenal exterior».
* * *
Jesús habla: «Hijos Míos, sigo estando en medio de ustedes y he participado en sus conversaciones. Y como ven, así como existen distintos caracteres y personalidades, también hay distintos caminos y distintos niveles de fe. Sí, Mis hijos se encuentran en distintos niveles, y algunos se apartan un poco del camino. Entonces Yo estoy siempre dispuesto a conducir nuevamente a Mi hijo de regreso.
Y algunos hijos se detienen en el camino, no continúan y dicen: “El camino no es como yo me lo había imaginado”. Entonces vengo y digo: Hijo Mío, te falta humildad. Quieres diseñar tú mismo el camino. ¿Quieres decir que tú eres el camino, la verdad y la vida? ¿Hablas en serio, hijo Mío? ¿Quieres establecer para ti mismo un orden divino? Mira, ese camino conduce a un abismo. Allí hay muchas trampas. Por eso es tan necesario recordar una y otra vez que Me necesitan y que Yo debo configurar su vida.
Sí, ustedes tienen deseos, y Yo los cumplo: los deseos espirituales siempre. También cumplo deseos materiales cuando ustedes los reciben agradecidos de Mi mano, si son provechosos para su salvación. Pero muchas veces tengo que poner un límite a sus deseos, porque algunos son peligrosos, aunque ustedes piensen: “¡Pero si esto es bueno para mí!”.
Pero Yo tengo la visión de largo alcance, veo lejos dentro de la eternidad, y un pequeño cambio aquí en perjuicio de ustedes puede significar un gran rodeo. Y Yo quiero guiarlos por el camino recto. Sí, urge. Me apresuro hacia ustedes para tomarlos de la mano y avanzar con ustedes con rapidez en este breve tiempo que aún queda. Porque ustedes deben vivir ya en Mi presencia antes de que Yo envíe sobre esta Tierra Mi Espíritu de verdad y justicia para «juzgarla», de modo que luego puedan vivir conmigo Mi segunda venida general. Y hasta entonces no queda mucho tiempo. Por esta razón he formado estas islas, estas comunidades. Por esta razón estoy con ustedes, para atraerlos y también para apremiarlos.
Pero cuando les revelo Mi corazón existe también un gran peligro. Porque entonces fluye poder divino en ustedes y pueden abusar de ese poder, de ese poder del amor. Y esto es también lo que hace Satanás. Él Me conoce; Satanás conoce Mi gran paciencia y longanimidad y Mi amor. Sabe que, si se vuelve, Yo lo recibiré con los brazos abiertos. Y se aprovecha de ello. Usa Mi amor para sus fines. Se burla de Mí en Mi paciencia y amor.
Y con un hijo puede ocurrir igualmente que use Mi amor y diga: “Querido Padre, sé que Tú siempre me recibes. Todavía puedo entregarme a mis placeres, todavía puedo seguir mis propios caminos. Ya vendré después a Ti, y entonces de todas maneras Me recibirás”.
Pero les digo, hijos Míos: no comprenden la gravedad de la situación. Sí, Yo estoy dispuesto, pero debe existir un esfuerzo por parte de ustedes. Solo puedo perdonar sus pecados si de ahora en adelante muestran un esfuerzo serio por no volver a pecar. Y un hijo de Mi corazón sabe muy bien qué es pecado. Ustedes sienten exactamente cuándo abandonan el camino recto; Yo se los muestro en todo momento.
Ya les dije: en quien abre la puerta para Mí, Yo entro. ¿Qué significa Mi entrada en su alma? Es la plenitud con Mi Espíritu, es el descenso del Espíritu Santo, es el arrebatamiento, es el renacimiento en Mí. Eso es lo que quiero darles.
Y alguno piensa: “Todavía me falta muchísimo para llegar a eso”. Y está bien pensar así, porque reconocerlo es un acto de humildad. Y cuando un hijo piensa: “Ya estoy cerca del renacimiento, yo hago todo bien y correctamente”, entonces digo: Hijo Mío, todavía no Me has reconocido correctamente ni tampoco te has reconocido a ti mismo. Porque solo Yo soy bueno en ti, y todo lo tuyo es pecado. Solo cuando Yo surja en ti estará bien. Solo entonces serás un verdadero hijo de Dios. Mientras no seas un hijo de Dios, eres una criatura de Mi orden legal. Y, sin embargo, vuelvo a decir: Mi misericordia toma a Mis criaturas en Mi amor y las convierte en Mis hijos, y por eso los llamo así. Eso son ustedes, los que seriamente se han puesto en camino para recorrer conmigo el camino».
Breve pausa
Jesús habla: «La necesidad es lo que lleva a muchas personas a orar, y una gran necesidad vendrá sobre esta Tierra. Sin embargo, una persona que camina a Mi lado ve el plan divino que hay detrás de todo y que siempre conduce todo hacia el bien. Porque existe una cierta necesidad de los acontecimientos sobre esta Tierra. Visto desde Mi perspectiva, Satanás prepara el campo para Mi Reino. Él hace caer este mundo con la voluntad de edificar sobre él su reino. Pero en verdad es así: Yo edifico Mi Reino y, por ello, el suyo perece definitivamente. Así se ve que el mal siempre tiene que servir al bien, precisamente cuando se lo contempla correctamente, cuando se lo contempla conmigo.
Y quiero comunicarles todavía algo más. Sí, es la necesidad la que lleva a las personas a orar. Pero hay algo mucho mayor y más valioso cuando una persona viene a Mí sin necesidad. Cuando a una persona le va bien, puede moverse libremente, está sana, tiene buenos ingresos, es decir, está puesta en buenas circunstancias. Y entonces viene a Mí y da gracias, recibe con humildad de Mi mano el hecho de que le vaya bien y se alegra de que Yo se lo regale. Mis amados, eso es lo que espero de ustedes.
Hijos Míos, la primera palabra preparó el campo. Esta palabra ha trazado ahora los surcos, y todavía regalaré una palabra más para esparcir la semilla en el campo de sus almas y corazones. Amén».
Breve pausa
Jesús habla: «De Mi corazón sale un rayo de luz hacia sus corazones, y esta luz une sus corazones entre sí, de modo que se ha formado una rueda, un círculo de luz. Y ahora es necesario que sus pensamientos se aquieten todavía más, que se entreguen enteramente a Mí para ser libres, para sentir Mi presencia, para captar Mi Espíritu.
Que la vitalidad y el amor llenen sus corazones. Soy Yo, Jesucristo, Dios Todopoderoso, Padre de Mis hijos. Amor soy Yo, y amor es Mi vida, y vida es verdad. Y todo esto unido es Mi Espíritu de vitalidad. He puesto poder divino en ustedes; todo lo que es Mío está contenido en ustedes. Ustedes son Mis hijos. En ustedes hay amor divino y hay vida divina. Una vitalidad que todavía está más o menos ligada, y Yo quiero liberar este espíritu en ustedes. Para eso es necesario que Me reconozcan.
Hablé de que existe un cierto peligro en darme a conocer plenamente a ustedes, y sin embargo es necesario. Yo veo en qué terreno está cada uno de Mis hijos. La humildad, ustedes lo saben, es el fundamento del amor, y el orgullo es el enemigo del amor; ese terreno Yo no lo piso.
Y así ocurrirá pronto, hijos Míos: para quienes estén preparados, Yo liberaré Mi Espíritu en sus corazones. Pero solo puedo hacerlo con quienes abandonen enteramente el mundo, quienes no retengan nada para sí, sino que suelten también lo último al reconocer que el mundo no es sino muerte y transitoriedad. Y este es nuevamente un paso decisivo: esta entrega final, este morir en Mí para que Yo pueda resucitar en ustedes. Es un acto muy grande y no muchas personas están dispuestas a dar este paso.
Sí, existe también un renacimiento por etapas, puede llamarse así. Y a muchos de Mis hijos les basta con sentir de vez en cuando Mi presencia. Pero hay algo todavía mucho mayor. Y precisamente en este tiempo los he llamado y convocado a dar este paso, este último paso hacia Mi corazón. Puede suceder que dentro de ustedes vuelva a producirse una gran agitación.
Sí, Satanás se acercará a ustedes, y por eso les muestro sus ardides y trampas. Tiene muchos accesos y posibilidades, pero todos en relación con el mundo. Por eso dije: aparten sus ojos del mundo y miren hacia Mí. Yo les doy las señales que necesitan para reconocer lo que hace falta; entonces lo sienten, lo tienen en el sentimiento, en el alma.
Y les digo todavía algo: si prueban tan solo una diminuta parte de Mi Espíritu en este último paso de la entrega, entonces este los atraerá hacia el Espíritu y todo lo demás caerá de ustedes de todos modos. Pero deben dar este paso; denme esta prueba de fidelidad de que realmente lo quieren.
Si una y otra vez son atraídos hacia el mundo, hacia el televisor o la computadora, para buscar distracción —Jesús no se refiere aquí a actividades buenas, informativas y necesarias en los medios—, sea lo que sea; si todavía están sometidos a alguna adicción, ha llegado el tiempo de soltar. Es un proceso, y sin embargo es solo un paso hacia Mí, y Yo los tomo. Por eso reúnan su valor, su fuerza de voluntad, y regálenmelos. Entonces Yo fluyo dentro de su voluntad y se convierte en una sola voluntad y un solo amor: el nacimiento interior en Mí.
Hijos Míos, los amo, los amo muchísimo. Nada deseo más que poder estrecharlos ya ahora en Mis brazos —Jesús quiere decir aquí: llenarlos anticipadamente con Su Espíritu y/o sacarlos de la Tierra—, y sin embargo no puedo hacerlo. Una fruta arrancada del árbol antes de madurar no se puede disfrutar. El grano cosechado antes de madurar no sirve. Todo necesita su madurez, por eso déjenmelo a Mí. Yo conozco el estado de toda maduración. Sé cuándo el fruto está maduro.
Por eso permanezcan en la confianza, permanezcan en la paciencia, permanezcan en la entrega. Estoy con ustedes en todo momento. Mi corazón está abierto de par en par. Así los bendigo y pongo Mis manos sobre sus cabezas. Los uno a ustedes, esta pequeña isla que ahora se ha formado aquí, esta isla de amor que ahora irradia hacia el mundo, la luz que se extiende y fluye y envuelve este globo terrestre desde este lugar donde Mi corazón está abierto de par en par. Así participan en Mi obra, son parte de Mi luz, son parte de Mi amor.
Así ha de ser y así ha de permanecer. Y volveré a reunirlos en este o aquel círculo para hablarles, para infundirles valor, para demostrarles Mi amor. Amén».
Samuel: Ahora percibo que el cielo se ha abierto. El silencio del cielo se manifiesta en este espacio. Los habitantes del cielo miran todos a Jesús, que está aquí en el centro. Silencio absoluto en el cielo, que puede sentirse. Es una alegría silenciosa. La alegría divina es una esencia concentrada que llena el alma. Bienaventuranza penetrada de amor divino, de una paz indescriptible y de unidad en Jesucristo.
Esta conciencia celestial que ahora irradia en este espacio es la oración sin palabras de estos hermanos y hermanas nuestros que no han revestido un cuerpo terrenal, sino que permanecieron en la patria espiritual para acompañarnos en oración. Huestes enteras de ángeles oran por nosotros para que no nos perdamos y para que recorramos este camino hasta el final. Hay gran alegría porque ya hemos llegado hasta aquí, porque caminamos con Jesús y no nos hemos hundido en la esoteria y espiritualidad anticristianas. Los rayos de luz de sus corazones hacia nuestros corazones son el abrazo espiritual que ahora se nos concede. En lo material-terrenal sería un abrazo corporal.
* * *
Jesús habla: «Amén, hijos Míos, he venido para cumplir el anhelo de ustedes y para cumplir Mi anhelo. ¿No siente un padre gran anhelo por sus hijos? ¡Cuánto desea que sus hijos vuelvan hacia él su rostro, llenos de confianza y alegría porque el padre está ahí para ellos!
Y sin embargo digo: hay tantos de Mis hijos que oran y hablan conmigo, pero han vuelto el rostro y miran en otra dirección y no contemplan Mi rostro. Y luego se sorprenden de no oír Mi palabra, de no poder recibir Mi amor; porque si su rostro está vuelto lejos de Mí, también su corazón está lejos de Mí, mirando en otra dirección. Y miren, eso entristece a todo padre, también a Mí.
Y ahora, en este espacio, es una alegría para Mí que hayan dirigido sus corazones y sus ojos, los ojos de su alma, hacia Mí; así se cumple el anhelo de ambos. Si sus corazones están abiertos a Mi palabra, pueden experimentar la vitalidad de la palabra; entonces la palabra cobra vida en ustedes y, por ella, también ustedes, porque Yo soy la Palabra y Yo soy la Vida.
Y así la alegría llena este espacio, alegría divina: Mi alegría, la alegría de ustedes, la alegría de todos los que aún están aquí desde los cielos y la alegría de quienes, en los mundos del más allá, pueden participar en esta comunidad. Porque muchos que ahora pueden recibir y tomar este rayo de luz de Mi amor tienen la posibilidad de salir del valle de la perdición, la desesperación y la oscuridad siguiendo este rayo luminoso de Mi palabra, para hacerse libres y encontrar a su Padre celestial, que también los ama por encima de todo y quiere ayudarlos a hacerse libres y felices. Porque esa es Mi voluntad: difundir bienaventuranza para Mis hijos, en cuanto se abren en su amor libre a Mí y abren humildemente sus corazones para recibirme.
Hijos Míos, ¿cómo es cuando comienza la mañana y sale el sol? ¿Se unen la noche y el día? No, hijos Míos, no es así. La noche tiene que desaparecer cuando comienza el día. ¿Qué significa eso para ustedes? Significa que tienen que experimentar un nuevo nacimiento, que deben dejar por completo al viejo ser humano para convertirse en uno nuevo. Que deben soltar lo antiguo que todavía se les adhiere; de otro modo no podrán vivir el nuevo día. Que no deben aferrarse a la noche, porque la noche tiene que terminar cuando comienza el día.
Así todo está en proceso de transformación en el tiempo y finalmente entra en la eternidad. La muerte va hacia la vida, la oscuridad hacia la luz; así lo he previsto y así sucederá, hasta que finalmente todo quede sumergido en la luz, en la luz de la verdad.
Y ahora ha llegado el momento: la luz de la verdad descenderá sobre esta Tierra y también aquí desaparecerá la oscuridad. Pero solo la luz soportará la luz, solo el amor podrá recibir Mi amor. Y lo que no corresponda a ello seguirá otros caminos, será conducido a un nuevo y largo proceso, por otras vías, en otras moradas.
Pero ustedes, hijos Míos, ya han llegado. Consideren lo que significa completar este ciclo: de donde salieron una vez —de Mi corazón—, recorrieron este camino de eones a través de los tiempos, y ahora se cierra el círculo de su existencia para entrar en el ser imperecedero. No pueden medir lo que esto significa. Ahora todavía están en la fe, y en esta fe reciben Mis palabras, y reconocen la verdad de estas palabras, porque la verdad está en ustedes, porque Yo estoy en ustedes.
Sí, he preparado muchos regalos para esta Navidad, que ustedes pueden celebrar en el tiempo conforme está establecido en esta Tierra, pero no con ese hacer de los seres humanos que se colman de regalos. En correspondencia espiritual es naturalmente algo bueno regalarse unos a otros amor, comprensión y afecto. Pero todo en esta Tierra se ha materializado, y así los regalos se han convertido en materia.
Y cuando celebren la Nochebuena, Me alegraría que dedicaran una hora de esa noche solamente a Mí, también en el círculo de sus familias. Que escuchen música contemplativa, que entren en el silencio y se unan conmigo. No muchas personas hacen eso; en Navidad Me llevan a un lado y dicen: “Sí, Dios ha nacido, pero a mí me interesan cosas completamente distintas”. No hagan así, hijos Míos.
Solo cuando estén preparados para recibir, nacerá el Niño Cristo en ustedes; y en realidad ya ha nacido en ustedes, en este despertar de su cautiverio y atadura terrenales, de la muerte terrenal; ahora tiene que crecer dentro de ustedes».
* * *
Jesús habla: «Hijos Míos, quiero decirles algo acerca de Dios y del Padre celestial. Miren, desde aquí gobierno ahora esta creación. Desde aquí doy vida a todo, desde el átomo más pequeño hasta el sol más grande. Mi conciencia penetra la infinitud y es la infinitud misma. Un fuego consumidor que todo lo devora y al mismo tiempo todo lo vivifica. Así soy Yo la Divinidad, que jamás podrá ser investigada en Su profundidad, que ustedes nunca podrán comprender en Su infinitud; y sin embargo están insertos en esta conciencia como hijos de Mi amor. Y ahí soy Yo el Padre celestial. Como Padre celestial los protejo de la Divinidad todopoderosa. Así puede contemplarse.
Sí, como Padre celestial mantengo Mis manos protectoras sobre ustedes, los envuelvo en el amor de Mi corazón para conducirlos a la bienaventuranza eterna, mientras al mismo tiempo soy este fuego eternamente consumidor, una conciencia que se devora a sí misma y al mismo tiempo se engendra en la eternidad y la infinitud.
Para ustedes esto significa que solamente el Padre celestial es importante. Que solo deben llamarme como Padre celestial y amarme, y no internarse ciegamente en el laberinto de la sabiduría infinita de Dios, porque ese es este fuego, esta luz de fuego que todo lo penetra y que jamás podrán comprender de manera total; más bien reciben de Mí la sabiduría que necesitan a partir del amor a Mí, en la medida de su amor.
Así Me creé para ustedes un cuerpo, hace 2000 años, para que tengan ante ustedes un Padre celestial, palpable, visible y tocable por toda la eternidad. En Él también está oculta la Divinidad, pero jamás se revela a ustedes en Su totalidad; lo que se revela es solamente el amor.
Todavía no les es posible comprender plenamente esto, pero creen Mis palabras y reconocen la verdad, y no hace falta nada más que el amor a Mí. Reconocerme en este amor, en Mi mansedumbre y bondad, en esta solicitud por Mis hijos. Reconocerme así es para ustedes la puerta para disolverse en este amor. Necesitan, pues, reconocer cómo es su Padre celestial y cómo se comporta con ustedes, qué significa Él para ustedes. Para eso he venido, para comunicarles que Mi único deseo es hacerlos felices, protegerlos, guardarlos y estrecharlos en Mis brazos.
Para eso llamé a la creación a la vida, este proceso de libertad y de regreso dentro de ella. Y como ya dije, ustedes han sido llamados y convocados por Mí para llegar a Mi corazón. Pero eso no es garantía de que ocurra. Ustedes saben que deben aportar su parte. Tienen que caminar conmigo, tienen que tomar Mi mano, tienen que asirse de Mi corazón; de otro modo no funciona. Tienen que dejar atrás ciertas cosas, como ya dije: la noche debe pasar cuando comienza el día. Compréndanlo correctamente. Son palabras serias, cuya comprensión decide entre vida y muerte.
¿Y por qué dije que reparto muchos regalos en Navidad? Es porque ahora derramo gracias especiales sobre esta Tierra. Pero tengo que ser prudente para no inundarlos con Mi luz de amor, que todavía no podrían soportar en toda su plenitud. Y sin embargo un corazón abierto, que lleva dentro de sí infinitud, puede recibir mucho. Y depende de ustedes ensanchar sus corazones para Mi amor.
Es, pues, una convivencia, una comunidad en dar y recibir, y luego en la unión: algo maravilloso que he preparado para ustedes.
Así fluye Mi amor en sus corazones y ya no los suelta. Solo ustedes pueden arrancarse de Mí, pero Yo no los suelto jamás. Cuando se apartan de Mí, Yo estoy allí y espero, como testimonio de Mi amor por ustedes. Ustedes saben que han llegado al punto en que ya no hay regreso, en el buen sentido. Y cuando se apartan de Mí, también los sobrevienen tristeza, reproches contra sí mismos y desaliento. Pero sepan que Yo siempre estoy ahí, como una fuente de agua fresca que brota y fluye. Así nunca miro hacia atrás a lo que fue, sino solamente a lo que viene y a lo que puede y habrá de ser. Amén».
Samuel: Jesús va ahora de uno en uno, pone a cada uno la mano sobre el hombro y tiene la otra mano sobre Su corazón; abre Su corazón abriendo hacia adelante la mano que está sobre él y habla a cada uno de nosotros:
«Hijo Mío, ahora un rayo de luz nos une de corazón a corazón. Anclo esta paz en tu corazón. Y ahora quiero que tomes conciencia de que sientes esta paz, esta presencia Mía, este apretón de mano Mío, este toque de Mi corazón que nos une para siempre y nos hace uno —lo cual ciertamente ya existía—, pero que ahora te acerca un gran trecho más a Mí, anuda entre nosotros un vínculo todavía más fuerte que nadie puede romper y que inevitablemente nos unirá, como dos imanes que se atraen.
Y siempre que en el tiempo venidero, que no será fácil para ustedes, sean llevados a la inquietud, recuerden este toque. Esta confianza que despierta cuando piensan en Mí, esta entrega de su vida a Mí sabiendo que Yo soy Señor sobre la vida y la muerte y nadie más, porque Yo tengo el poder y solo existe un poder y ese soy Yo: el poder, la fuerza y la verdad: Jesucristo».
Amado Padre celestial, nos has dado ahora tanto en Tu palabra, y en realidad es la respuesta a todas las preguntas que nos ocupan. Y Tu respuesta se refiere a todos, a los de este lado y a los del más allá que también pueden estar aquí. Pero si alguna carga particular nos oprime, pon en nuestros corazones el impulso de depositarla ante Ti. Porque una y otra vez dices que podemos y debemos darte nuestras cargas…
Jesús continúa: «…y entonces vuelven a quitármelas, y después Me las dan de nuevo y luego vuelven a recogerlas. Así es un ir y venir y nunca quedan libres, porque no pueden ni quieren soltar la carga. Y de eso se trata precisamente: poner lo que los oprime sobre el altar del sacrificio para que Mi amor lo consuma, para que la carga sea quemada en Mi corazón.
El sacrificio que Me traen a Mí, su Padre celestial, cuando ha sido consumido por Mi amor, entonces ustedes son libres. Pero solo si lo ofrecen con alegría, como una vez hizo Abel, de modo que el humo subía, humo blanco hacia el cielo; mientras Caín Me trajo el sacrificio lleno de resistencia y el humo era oscuro y caía a la tierra. Así sucede también con su sacrificio. Solo cuando llenos de humildad, confianza y alegría Me ofrecen el sacrificio, sube a Mi corazón y no cae a la tierra, donde vuelve a adherirse a ustedes. Compréndanlo: es muy importante no sacrificarme de mala gana, sino decir: “Querido Padre, Tú me has pedido que Te lo dé, no porque quieras esclavizarme o determinarme, sino porque quieres hacerme libre”.
En este reconocimiento descansan precisamente la alegría y la necesidad de comprender que deben entregar estas cosas para poder vivir permanentemente en Mi presencia, aunque invisible, sí perceptible. Y un hijo de Mi corazón sabe exactamente qué puede y debe hacer y dejar de hacer.
Sí, se puede plantear la pregunta: “¿Qué es importante hacer o dejar de hacer en el mundo y qué debo darte a Ti, querido Padre?”. Cuando un hijo Me hace semejante pregunta, siempre estoy dispuesto a responder. Solo tienen que entrar en el silencio, aquietarse; entonces pongo la respuesta en su corazón. Entonces saben lo que deben hacer».
Querido Padre, ponemos ahora en silencio sobre este altar que Tú has dispuesto en este espacio —Tu corazón como altar del amor— nuestras peticiones y cargas. Líbranos de lo que nos separa de Ti, de lo que una y otra vez nos arrastra hacia abajo, a las oscuras regiones de la incertidumbre y la duda.
«Sí, hijos Míos, estoy aquí. Sucede como Yo digo. Y lo que hoy les he hablado es verdad y realidad; esa es su vida, ese es su futuro, esa es su presencia eterna en Mí».
Samuel: Ahora este espacio se llena cada vez más de luz. Puedo ver sus almas; ahora están llenas de luz blanca, solo sus contornos crean separación entre ustedes. En cada alma hay un corazón amarillo dorado. Por nuestra atadura a la materia no podemos percibirlo así, pero en el mundo espiritual se ve quiénes somos realmente, porque recorremos nuestro camino con Jesús, porque hemos aceptado a Jesús y Lo amamos. Pero esto debe convertirse primero para nosotros en realidad consciente mediante la unión con el ser humano interior, con nuestra identidad divina. Alguno puede pensar: “Todavía no estoy tan avanzado, me siento indigno”.
A esto dice Jesús: «Hijo Mío, si Mi luz no irradiara en ti, no podrías sentirte indigno. Tu sentimiento de indignidad es una señal de Mi presencia, de otro modo no te vendría ese pensamiento. Y eso te conduce a la humildad. La indignidad ante Dios es la condición para la humildad, y la humildad es el fundamento del amor. Y así todo está bien. No se desalienten por la conciencia de ser indignos ante Mí, sino crean firmemente que los he aceptado, que los conduciré a Mi perfección por el poder del amor. Esa es Mi palabra para ustedes. Créanla firmemente y sucederá. Amén».
* * *
Jesús habla: «Hijos Míos, los saludo de corazón. Mi corazón está abierto; el amor penetra, ilumina y llena este espacio. El amor llena el espacio de sus corazones; y así formamos una unidad, una unidad divina de amor que ha de renovarlos y levantarlos en este tiempo oscuro.
Sí, una y otra vez necesitan Mi alimento: la Palabra de Mi boca, pronunciada hacia el mundo y también pronunciada en sus corazones. Son semillas de amor plantadas en el suelo de sus almas, que luego deben regar constantemente con las obras del amor al prójimo. Entonces estas plantas brotan, crecen y prosperan y les dan frutos de vida eterna. Porque Yo soy un dador y no un tomador. Mi bienaventuranza consiste en dar, porque Yo soy amor, y el amor solo puede dar y el amor solo quiere dar, y el amor da y da y se regala a todo lo que se ha abierto al amor. Pero solo pocos de los que eligieron este camino terrenal se han abierto a este amor. Y allí estoy Yo ante las puertas y llamo, por medio de la necesidad, por medio de la alegría.
Y también entre Mis enviados, entre los hijos de Mi corazón que se propusieron recorrer determinado camino sobre esta Tierra y cumplir determinada tarea, muchos no recorren el camino como se lo propusieron. Y entonces tengo que volver a encauzarlos, sea en este mundo mediante una necesidad breve, mediante humillación, sea en el más allá, donde el camino se hace largo y estrecho y pasa todavía por más de un valle.
Pero aquí, sobre esta Tierra, el camino es corto. Sí, ciertamente es estrecho, pero solo es un instante. Y este instante se ha abierto ahora para ustedes, el instante de Mi palabra, un instante eterno que se abre brevemente aquí en este espacio y los lleva consigo hacia esta eternidad del amor.
Así estoy aquí en este espacio como Creador, como Dios de la infinitud; así estoy aquí en este espacio como Padre. Y a este Padre que soy para Mis hijos Lo he puesto en sus corazones. La palabra Padre está escrita en sus corazones, pero deben darle vida. No deben pronunciar esta palabra con el entendimiento, sino con el corazón. Deben dar amor a la palabra Padre. Como un niño pequeño, lleno de confianza, dice “padre” a su padre y le confía sin preocupación su vida, y su corazón arde al mirar hacia su padre —y hacia su madre—, así deben hacerlo ustedes. Y entonces el Padre cobrará vida en ustedes, solo cuando Me den vida dentro de ustedes.
Ya Me han insuflado vida, más o menos, y sin embargo cada vez con mayor frecuencia. Y ahora han llegado a un punto de su existencia terrenal en que quiero insuflarles nuevamente vida nueva, para que vuelvan a reconocer lo que significa ser hijo de Dios y tener un Padre en el cielo que posee el poder de la redención, a quien todo está sometido, a quien no se han puesto límites y que quiere formarlos como dioses.
Entonces alguno se dice: “Pero solo hay un Dios”. Y Yo les digo: hay un Padre que tiene muchos hijos. ¿Pero son los hijos algo distinto del Padre? ¿No han nacido de Él? ¿Y no llevan en sí, como hijos Suyos, todo lo que el Padre lleva en Sí? Así, cuando un hijo de los hombres se ha puesto en camino para convertirse en verdadero hijo de Dios, y mediante el amor a Mí y el amor al prójimo Me despierta y alimenta dentro de sí, entonces ese ser humano se convierte en un dios.
Consideren lo que esto significa. Consideren quiénes son en realidad. Consideren qué está contenido realmente en ustedes. Son pensamientos grandes, y a menudo es útil pensar pensamientos tan grandes, porque hay muchos pensamientos pequeños que los pellizcan y fastidian, que tiran de ustedes y los irritan; entonces entren en estos grandes pensamientos: quiénes son realmente ustedes y quién soy realmente Yo. Y que todo lo que existe en la infinitud está contenido en ustedes. Porque todo lo que está contenido en Mí está también contenido en ustedes. No hay diferencia, salvo que Yo soy el Padre y ustedes los hijos. Pueden contemplarlo de manera muy sencilla; no es complicado. Y sin embargo hacen falta toda la seriedad de la vida, veracidad y entrega para entrar en este estado de verdadera condición de hijos de Dios.
Como ya dije: muchos de Mis hijos no llegan a aquello que se propusieron, porque hacen demasiado poco. No toman el camino con suficiente seriedad. El mundo es más fuerte, el mundo es ruidoso y colorido y tira, empuja y grita. Y Yo, Yo soy el Silencioso, el Quieto, la Mansedumbre. Acaricio sus corazones mientras el mundo los golpea. Y ese ruido, ese estrépito y furor del mundo se ha convertido para ustedes en costumbre. Creen hallar ahí la vida, pero es una mentira.
Eso no es la vida, hijos Míos. Mi hijo tiene que pasar por el valle del silencio; Mi hijo debe tener el valor de apartar los ojos del mundo, pase lo que pase. Ya es necesario e importante que cumplan sus tareas en lo terrenal; también para eso están aquí. Pero Yo debo ocupar el primer lugar, y entonces pueden cumplir sus tareas terrenales en comunión conmigo. Pero muchas veces sucede que el mundo los separa de Mí, y entonces, abandonados a ustedes mismos, intentan resolverlo todo, y eso incluso funciona hasta cierto punto, pero entonces no está en Mi mano.
Sí, llevan dentro de ustedes poder divino que actúa casi por sí mismo. Cuando hacen algo, les resulta porque han nacido de Mí y por ello llevan automáticamente en ustedes cierto poder divino de voluntad para lograr las cosas, tanto en el bien como en el mal. Pero si hacen algo junto conmigo, entonces intervengo en su vida, entro en la esfera de su existencia terrenal y camino junto a ustedes y con ustedes, y ustedes reconocen Mi voluntad. Entonces ningún espíritu malo puede acosarlos, porque nadie se acerca a Mí si Yo no lo quiero. Entonces están protegidos y guardados.
Por eso vean la importancia de unirse conmigo ya por la mañana, de regalarme el primer pensamiento. De dar vida por la mañana a su amor con pensamientos dirigidos a Mí. De dirigirme una mirada una y otra vez; de imaginar una y otra vez que Yo camino junto a ustedes. Y en el mundo espiritual esto tiene realidad, porque su corazón forma el mundo que los rodea, y su amor Me da forma en su presencia, Me hace presente: para eso tienen poder.
Y también tienen poder para la humildad. La humildad, a su vez, dice: has recibido todo de la mano de Dios, vives porque Dios te permite vivir. Y entonces es algo maravilloso entrar en esa pequeñez. No decir: “Solo puedo amar a mi prójimo si me amo a mí mismo”. No, no hagan así, hijos Míos. Considérense pequeños; entonces encontrarán su valor en este espacio de humildad, encontrarán su valor en el amor divino procedente de Mí. Hay una gran diferencia entre amarse a sí mismos y decir: “Tengo una gran opinión de mí, porque soy una persona amorosa”, y que el amor divino actúe en ustedes y ustedes lo irradien en humildad. Por eso entren en esta pequeñez, sabiendo que en ustedes habita poder divino que ustedes atribuyen a Mí.
Estas son Mis palabras para ustedes. Amen el amor. No miren el fruto del amor, sino contemplen el amor mismo. Encuentren alegría en la belleza del amor. Lo que de él crezca es Mío. Amén, hijos Míos».
* * *
Jesús habla: «Hijos Míos, el cielo se ha abierto para ustedes, para este mundo, ahora que Yo estoy en medio de este mundo. Desde aquí irradia paz y penetra las nubes oscuras del mundo demoníaco. Ese mundo demoníaco que ahora tiene tanto poder sobre esta Tierra oscura durante cierto tiempo. Lo he dejado libre, le doy el espacio que necesita para poder decidirse. Allí donde todavía hay conciencia, Yo ilumino y doy la posibilidad de volverse. Pero ya son pocos los que todavía se dejan enderezar, porque todos están poseídos por la codicia de poder. La maldad ha tomado y llenado sus almas y durante cierto tiempo todavía se les permite realizar su obra perversa.
Aparten sus ojos y corazones de este hacer. Orienten su vida enteramente hacia Mí. Ustedes saben lo que ocurre en el mundo; ya les he comunicado cómo se permite actuar al mal y que todavía será así durante cierto tiempo, y que vendrá algo mucho peor de lo que ya existe. Pero no le presten demasiada atención, porque prestar atención es una apertura. Con ello abren una puerta, y por ella una y otra vez entra oscuridad. Y si entonces Yo no estoy con ustedes, si no Me han integrado en su vida, esta oscuridad llena su esfera y vuelven a caer en necesidad, como tantas veces sucede.
Esto no se refiere solo al comportamiento del mundo, sino también a los acontecimientos y situaciones de su ámbito privado y de su entorno, donde hay obstáculos, donde ocurren tantas cosas que no comprenden, que los desafían demasiado, que los sacan del fundamento espiritual sobre el que están. Entonces están sobre fundamento inestable y caen. Por eso es tan importante buscar y encontrar una y otra vez la confianza en Mí. Entrar una y otra vez en ese espacio en el que Yo Me encuentro dentro de ustedes, extender sus manos, abrir sus corazones.
Y cuando digan: “Padre, aquí estoy, ya no puedo más, no entiendo esto, ya no puedo soportar este comportamiento malvado, este sufrimiento y esta necesidad que ahora ocurren, esta mentira y falsedad, ¡ya no puedo soportarlo!”, entonces vengan a Mí y Yo los tomo en Mis brazos y en Mi corazón y tendrán paz. Eso es lo que pueden hacer y eso es lo que deben hacer. Háganlo. Entonces el valle se convierte en montaña y la oscuridad en luz, porque en Mí no hay oscuridad. En Mi mano están seguros; los guardo como Mi propia vida, cuando como hijos han despertado dentro de ustedes a su Padre celestial.
He extendido ampliamente Mis brazos, grande es Mi anhelo de amor. Y ustedes aquí en este espacio, hijos Míos, si pudieran ver Mi corazón, qué anhelo tengo de Mis hijos, que también Yo como Dios siento esta añoranza que ustedes sienten dentro de sí. Porque su anhelo de Mí es Mi anhelo de ustedes en sus corazones, en una pequeña parte. Y este anhelo ya es Mi presencia y, en cierta forma, una unión de nosotros, cuando ustedes toman este anhelo.
Hijos Míos, las palabras que les hablo son siempre palabras de amor. Tampoco falta motivación; a veces también digo lo que necesitan para que, como dicen los seres humanos, vuelvan al carril. Y sin embargo Mi palabra está siempre ahí para levantarlos, para encender sus corazones, no para oprimirlos. Por eso les hablo en este amor, en este amor de Padre-Jesús. Amén».
Samuel: Jesús recalca una vez más que para Él es importante dirigirse a nuestro lado divino en estos encuentros. Que así nos muestra Su amor y Su afecto, hablándonos estas hermosas palabras y tocando precisamente ese amor dentro de nosotros, para que Lo reconozcamos como Padre celestial amoroso. No se dirige tanto a nuestros lados sombríos, del mismo modo que tampoco debemos contemplar el mundo principalmente en su maldad, sino contemplar lo bueno del mundo incorporando a Jesucristo a nuestra mirada sobre él.
Debemos conocer muy bien los lados oscuros del mundo, igual que los nuestros, pero dirigir siempre la mirada a Jesús, dirigirla al bien; así lo oscuro se transforma. Aunque a veces haya que entrar conscientemente en lucha con los lados sombríos de nuestra alma, debe ser precisamente con Jesús. Nunca debemos entrar sin Jesús en los abismos del alma, porque eso es demasiado peligroso: despertamos demonios, abrimos puertas a poderes oscuros que solo esperan hacernos caer. Por eso, al contemplarnos a nosotros mismos y trabajar en nosotros, debemos llevar siempre espiritualmente con nosotros a Jesús. Contemplar siempre todos los pensamientos junto con Jesús; entonces tenemos la protección necesaria.
Jesús habla al final: «Hijos Míos, una vez más voy de uno en uno para bendecirlos. Pongo Mis manos sobre ustedes, toco de nuevo sus corazones. No nos separamos, porque en el Espíritu no hay separación. La unión siempre existe; solo la materia despierta la apariencia de separación. Yo lo he dispuesto y querido así para que, a partir de esta separación, pueda ocurrir una nueva unión en el amor. Así sucede también con la creación, con esta separación por la caída de Lucifer, esta apostasía de Mí con la hueste de espíritus que lo siguió, para que desde esta separación vuelvan a encontrarse en el amor libre unos con otros.
Así sucede, así es. Así les he hablado hoy; así sigo estando en este espacio y permanezco en este espacio. Porque he tomado morada en esta casa, y todos los que entran y salen aquí son bendecidos; Yo toco sus almas y pongo semillas en ellas. Lo que luego haga el ser humano con ello queda a su cargo. Siempre estoy dispuesto a tomar de la mano a cada ser humano y hacerlo feliz, según la medida de bienaventuranza que puse en él desde el comienzo del tiempo, desde el comienzo de la eternidad; y así también en ustedes. Los he formado según la medida de Mi corazón, que no tiene límites; Mi amor es inconmensurable, y así también ustedes en el amor a Mí. Amén».
Samuel: Jesús reúne a las personas que han sido llamadas. Pero ser llamado no significa ser escogido. Porque muchos seres humanos son llamados, el Padre ha llamado a muchos, pero lo que la persona haga con ello queda nuevamente a su cargo. La vocación a ser hijo de Dios no garantiza alcanzar la meta; se trata de que nosotros hagamos con esa vocación lo que Él ha preparado para nosotros. Por eso se dice: «Muchos son llamados, pero pocos escogidos». Significa que el Padre celestial pone Su llamado misericordioso en muchos corazones, pero solo pocos siguen ese llamado desde y con todo el corazón y de ese modo se convierten en verdaderos hijos de Dios. Porque solo ellos son escogidos para recibir el Espíritu Santo y formar el cuerpo de Cristo; solo ellos están invitados a las bodas del Cordero.
Los hermanos y hermanas presentan sus intercesiones.
Jesús dice al respecto: «Amados, he escuchado bien sus oraciones. Pero sepan que el camino de una persona se configura siempre conforme a su estado espiritual, y por eso tengo que permitir muchas cosas que tampoco Me agradan a Mí y que no agradan a los seres humanos. Y sin embargo es necesario, para que no caigan por completo en la muerte espiritual.
Estas palabras son la imagen de Mi orden legal y de Mi sabiduría que les muestro, y sin embargo existe también Mi misericordia. He oído y sopesado sus peticiones, las he puesto en Mi corazón. En el corazón habita el amor, y así está en Mi poder guiar los caminos de manera que sea bueno, permitir sanaciones cuando sea posible.
Sus oraciones nunca son en vano; siempre escucho las oraciones de Mis hijos. Así como un padre terrenal escucha siempre lo que sus hijos le dicen. Un padre amoroso toma a sus hijos en su regazo y escucha sus palabras. Y luego hace lo que puede para hacerlos felices. Pero no puede darles todo lo que desean, porque les haría daño. Así sucede también conmigo en la oración de intercesión. No puedo cumplir todas las oraciones, y sin embargo puedo abrir puertas, ofrecer posibilidades, tocar corazones. Y luego siempre depende de lo que la persona haga con ello. Así es en todas partes y en todo momento; Yo siempre estoy dispuesto… siempre estoy dispuesto.
Mi corazón solo está cerrado para quienes ya no tienen conciencia. Entonces se cierra la puerta de la gracia y la misericordia. Sí, eso también existe. Y así algunos de los autores de esta época final han caído de tal manera en el mal que se han petrificado, se han vuelto duros como piedra; sus corazones ya no pueden ser tocados. Y créanme, hijos Míos, el destino de estas almas humanas es uno que ustedes no querrían contemplar. Por eso no juzguen a las personas de este mundo, por malas que sean, porque Yo soy el Juez, el que asigna los destinos. Su tarea es realizar Mi amor en ustedes y enviarlo y llevarlo al mundo. Pueden formarse un juicio, pero la condena la pronuncio Yo.
Volviendo ahora a sus intercesiones: las he puesto todas en Mi corazón. En las comunidades que Yo reúno, esta ronda de intercesión es algo para lo cual Yo doy el impulso. No solo en este círculo; también en otras comunidades se ora mucho por el mundo y por los seres humanos. Y allí siempre soy Yo quien da el impulso, porque pongo en sus corazones la voluntad y el deseo de interceder.
Yo soy el amor en ustedes, y cuando Me muevo y actúo en sus corazones, y de ese modo se manifiesta en ustedes misericordia y quieren entonces interceder, soy Yo ya dentro de ustedes quien los mueve y los impulsa. Así, en sus intercesiones ya está contenido Mi querer; compréndanlo correctamente. En cierto modo Yo los motivo a ello, y por eso pueden creer que las cumplo conforme a las posibilidades… y aun un poco más allá.
Hijos Míos, si pudieran ver el amor de Mi corazón; si pudieran sentir Mi amor por ustedes, no lo soportarían. Y sin embargo lo expreso en la palabra para mostrarme, para conducirlos, guiarlos y moverlos, a fin de que finalmente despierten, porque muchos de ustedes todavía están adormecidos.
Sí, los he tocado, Me he mostrado y Me muestro a ustedes, y sin embargo todavía se frotan los ojos. Algunos se dan vuelta y vuelven a dormirse. Muy pocos se levantan ahora, salen de sus camas y dormitorios y salen conmigo al mundo para cumplir el encargo, la tarea que les doy.
Por eso clamo: ¡Despierten, levántense! Levantarse significa: conviértanse en hacedores de Mi amor. Entonces todo estará bien. Amén».
Samuel: Queridos hermanos y hermanas, hasta ahora nuestro Padre celestial nunca nos había hablado de manera tan extensa, penetrante e íntimamente amorosa. Esto nos muestra la urgencia de este tiempo, nos muestra cuánto significamos para Su corazón. Somos Sus pensamientos del corazón encarnados, puestos fuera en la libre voluntad. Dios se separó de Sí mismo con nosotros y por medio de nosotros, porque en el sentido más propio y en el fundamento de nuestro ser Sus pensamientos son Él mismo; Dios no se separa de Sus pensamientos cuando piensa, no puede hacerlo; solo ellos mismos pueden hacerlo, solo nosotros mismos podemos hacerlo, y lo hemos hecho. Hemos privado a Dios del amor que Él mismo es. Ahora volvemos a llevárselo, volvemos a unir al Dios omnipresente con el Dios en nosotros, le devolvemos Su integridad uniéndolo nuevamente consigo mismo mediante nuestro regreso al hogar.
Si vamos todavía más profundo, reconocemos que en el fundamento primordial jamás hubo separación. El nacimiento en el Espíritu de Dios es en realidad la toma de conciencia de la unidad inseparable con y en Dios. Solo el pensamiento aislado creó una separación, pero esta no tiene existencia divina y por tanto carece de sustancia y fuerza; únicamente la falsedad forma su aparente poder, y eso es Satanás.
Seamos conscientes de que somos un ser procedente de y existente en la conciencia de Dios, de que en el fundamento de nuestro ser somos uno con el amor de Dios y por ello con Dios, y por ello verdaderos hijos de Dios. Realizar esto es nuestra tarea. Jesús nos dice cómo: Ámenme sobre todas las cosas y a su prójimo como a ustedes mismos.
* * *
Samuel: Es realmente así: Jesús se acerca cada vez más a nosotros. Basta con elevar hacia Él los pensamientos y abrir el corazón; entonces se siente de inmediato Su presencia y uno queda lleno de amor. Ya no queda duda alguna; uno sabe: es Jesús, Él está aquí, Él está conmigo para llenarme con Su amor. En Él estoy protegido en vida y muerte. Y entonces tampoco se tiene ya miedo a la muerte; todo está bien porque todo está en Su mano.
Él dice que ha dispuesto dentro de nuestras almas un espacio adicional al que ha entrado. No se refiere al espacio de la chispa espiritual en el corazón, sino a un espacio adicional de gracia para aquellos de Sus hijos que, en humildad y veracidad, se han entregado y se entregan a Él y en los hechos consagran y regalan a Él su vida. Este regalo nos concede un sentimiento intenso de Su presencia.
La imagen del espacio es una forma de contemplarlo; otra es que el Padre celestial ha ampliado la apertura de nuestra alma hacia Su corazón, y así la irradiación divina actúa ahora con mayor intensidad en nosotros. Pero quedémonos con este espacio: no debemos entrar en él; la meta es que esta morada Suya en nosotros se abra hacia los espacios de nuestra alma. Que entonces ya no exista esta separación y se convierta en un solo espacio en el que vivamos junto con Jesús. Y esto es entonces el arrebatamiento, la entrada en Su Espíritu, porque entonces también la chispa espiritual en el corazón queda liberada.
Algunos de Sus hijos se encuentran así ya en el proceso del arrebatamiento; son precisamente aquellos que sienten cada vez más intensamente la presencia de Jesús, para quienes Su amor se hace cada vez más experimentable y que por ello pueden amarlo cada vez más. Cuanto mayor es la apertura del corazón, tanto mayor acceso tiene Jesucristo a nuestra vida. Solo si, en Su gracia, abrimos y mantenemos abierto para Él nuestro corazón, puede Él entrar obrando en nuestra esfera y conducirnos conforme a Su plan.
La mayoría de las veces solo se ve retrospectivamente lo que Jesús ha hecho por uno, que precisamente los valles por los que uno pasó eran absolutamente necesarios para conducir el alma a la humildad, a fin de que Él pueda entrar en nuestra vida. Porque la humildad es la condición fundamental…
Jesús continúa: «…para que Yo pueda entrar en su vida, para que pueda tomarlos de la mano, para que pueda abrir Mi corazón a ustedes. Por tanto es la humildad, y todo en su vida está dirigido a que se vuelvan humildes en el sentido de entrar en esta confianza en Dios, en este amor a Mí. Y que sean conscientes de que Yo soy todo, de que todo es Mi propiedad y de que Yo soy quien permite aquello que los conduce a la humildad.
Mis hijos a menudo no comprenden lo que les sucede ni por qué sucede algo, y entonces se vuelven inseguros; de la inseguridad surgen dudas y, no pocas veces, desesperación. Este muro de separación de la duda y la desesperación hace que Yo ya no tenga acceso a su vida y entonces Mi hijo se encuentra en un círculo vicioso.
He venido a romper estos círculos viciosos, a disolver la oscuridad en ustedes, la oscuridad de la duda, de la queja y de la acusación. Porque esas son las semillas de Mi enemigo que él pone dentro de ustedes. Y cuando germinan y brotan… el árbol que de ellas crece, sus frutos están llenos de veneno y muerte.
Por eso es tan importante, hijitos Míos, que entren en esta confianza en Mí, que reconozcan que Yo tengo todo poder, que tienen un Padre celestial que está ahí para cada uno de ustedes. Lo recalco: para cada uno de ustedes, porque estoy y camino al lado de cada uno de Mis hijos y estoy siempre dispuesto a regalarme, a quitarles toda carga. Pero eso solo funciona si confían en Mí, si sueltan el pasado, esa cruz que llevan consigo; y también la cruz presente deben dármela, porque solo entonces sienten esta libertad en Mí, entonces se disuelve la oscuridad dentro y alrededor de ustedes. Y entonces tengo el poder de tocar por medio de ustedes a las personas que aman, a quienes están cerca y lejos de ustedes, a los buenos y a los malos. Entonces son canal de la fuerza y del poder de Mi amor. Sí, el poder divino actúa entonces en ustedes únicamente porque Me aman. Es tan sencillo, hijos Míos; lo digo una y otra vez: el camino espiritual no es complicado, todo es muy sencillo, se trata solamente del amor, del amor a Mí.
Y si les resulta difícil, imaginen sencillamente que Yo estoy delante de ustedes con los brazos extendidos esperando que vengan hacia Mí… y entonces nos abrazamos. Imagínenlo y sentirán en sus corazones este amor cuando dos corazones se encuentran: Padre e hijo formando una unidad. Eso los fortalecerá, eso los transformará si lo hacen una y otra vez. Entonces se derrumban los muros, entonces retrocede la oscuridad».
Al hermano que, en la ronda de presentación, dijo que antes tenía un contacto íntimo con Jesús pero que desde hace veinte años ya no lo encuentra:
«Hijo Mío, a ti te digo: te doy una imagen. Mira un pato o una gallina caminando con sus polluelos; entonces aparece un obstáculo y uno de los polluelos no puede superarlo. ¿Qué hace entonces la gallina o la pata? Regresa y espera hasta que el polluelo supere el obstáculo… y lo ayuda. Aunque tarde, aunque el polluelo tropiece y lo intente una y otra vez sin lograr pasar el obstáculo. Finalmente la madre ayuda y se consigue.
Mira, así hago Yo también. Eres un polluelo de Mi amor y he esperado mucho tiempo por ti. Sí, un obstáculo se ha levantado ante ti y no puedes superarlo; por eso ahora vengo a ti para ayudarte. Por eso dame tu mano, tu corazón, para que Yo pueda darte Mi mano y nuestras manos y nuestros corazones se encuentren. Para que puedas superar este obstáculo, porque tu tiempo todavía está por llegar. Todo lo anterior fue preparación y disposición.
No solo para ti; para todos ustedes, hijos Míos, la vida apenas comenzará. Porque no solo las personas del mundo no conocen la vida… pues buscan la vida en la muerte y mueren en ello. También Mis hijos todavía no conocen la vida… sí, eso les digo, porque la vida es algo maravilloso, la vida es vitalidad en Mí. Pero ustedes todavía están en la fe hacia la vida; creen en la vida, pero todavía no viven, hijos Míos. Porque quien vive está lleno de Mi Espíritu. Por eso vengo a ustedes y lleno y cumplo su fe con vida. Este es Mi regalo para ustedes:
Yo lleno su fe con vida.
Entonces la cáscara de la fe se romperá y la vida los llenará desde su fe… vitalidad divina. Por eso es tan importante que crean Mis palabras, porque Yo no construyo castillos en el aire ni digo palabras vacías. Cada una de Mis palabras es vitalidad y verdad. Sí, quiero regalarles vida, porque para la vida fueron creados: vida eterna, vida divina a Mi lado. Y esta existencia terrenal es la preparación y disposición para ello. Por eso reconozcan la importancia del proceso en el que ahora se encuentran, cada hijo de una manera completamente propia. La preparación es individual, como cada alimento se prepara de manera diferente, como cada instrumento se toca de forma diferente; así sus almas se encuentran en un proceso especial e individual, pero la meta es la misma.
Y a quienes todavía se encuentran al comienzo de este proceso, a quienes están ante obstáculos aparentemente insuperables y todavía no experimentan Mi presencia, les digo: precisamente aquello que ahora les impide sentir Mi amor es exactamente lo que finalmente los capacitará para sentir Mi amor. Porque en toda aparente imperfección está siempre contenida la perfección. El fundamento de toda imperfección es perfección, el fundamento de toda oscuridad es luz. Por eso permanezcan en la paciencia, porque les digo: Yo resolveré todo en el tiempo correcto».
* * *
Jesús habla: «Amén, hijos Míos, he venido para regalarles palabras de vida eterna, frutos del árbol de la vida. Mis palabras son frutos que les ofrezco, frutos sabrosos para calmar y cumplir el anhelo de sus corazones. El anhelo que los impulsa hacia Mí, pero también tienen dentro de ustedes un anhelo que los impulsa hacia el mundo. Siempre depende de la dirección que se dé al anhelo; y el mundo puede ocupar un gran espacio, y entonces el anhelo se orienta hacia la materia, el bienestar y lo corporal.
Y como ya dije: quien busca la vida en la muerte encuentra la muerte. Pero ustedes han seguido su anhelo, lo han dirigido hacia Mí, lo han orientado a Mí. El rayo de su corazón va hacia Mí; la conexión entre nosotros es el verdadero camino del anhelo y solo Yo soy el verdadero cumplimiento de su anhelo. Solo en Mí pueden encontrar aquello que tanto anhelan y que el mundo jamás podrá darles.
En Mí encuentran su valor, el valor de la condición de hijos de Dios. El mundo también les da cierto valor, y eso es algo que puedo aprobar. Cuando alguien ejerce bien su profesión, recibe algo a cambio. Cuando se trata amorosamente con las personas, recibe algo a cambio. Ese también es un valor de la vida, y está bien. Pero existe otro valor, y es el que Yo les doy. Para eso no necesitan hacer absolutamente nada; solo tienen que abrirse a Mí. Esta valoración consiste en que ustedes son hijos de Dios. Y de este valor nacen satisfacción, bienaventuranza, paz y alegría por poder serlo.
Y también hablo de justicia. Muchos de Mis hijos quieren hacerme justicia. Quieren darme algo: el valor que tienen. Quieren estar ante Mí de manera justa y justificada, y por eso hacen el bien, no por causa del bien mismo. ¿Comprenden? A Dios no se le puede hacer justicia, a Dios no se le puede dar nada, porque todo viene de Él.
Y sin embargo también se dice: si en un lugar viven tres justos, no quiero juzgar ese lugar. Si en una ciudad viven dos justos, quiero perdonar la ciudad. Mientras un país tenga siete justos, no quiero visitarlo con Mi ira. Y si un pueblo tiene diez justos, quiero perdonarlo. ¿Qué quiero decir con esta justicia? Hijos Míos, esta justicia da testimonio de la fidelidad a Mí. Serme fiel significa seguir Mi amor; recorrer el camino que Mi amor ha preparado para ustedes… de Mi mano. Esa es justicia ante Mí en el sentido de que ejerzo clemencia, que perdono un país, un pueblo, un lugar, una casa donde viven fieles, una familia que Me está fielmente entregada.
Fidelidad, eso sí pueden darme: fidelidad para usar recta y justamente lo que les doy de bien divino, de amor divino. Y ahí vuelve a entrar en juego la humildad: recibir humildemente de Mi mano para transmitirlo a su prójimo. Y recorrer llenos de confianza los caminos por los que Yo los conduzco.
Esto significa que no tienen que buscar personas a quienes puedan hablarles de Mí; Yo se las conduciré. Pero solo lo hago cuando Mi hijo ha alcanzado la madurez necesaria, cuando Mi hijo está sobre el fundamento que lo capacita para trabajar como obrero en Mi viña. Solo Yo puedo medir esta madurez. Y cuando entra la impaciencia, cuando un hijo dice: “Querido Padre, ¡ya quisiera trabajar para Ti! ¿Por qué no hay nadie a quien pueda hablarle de Ti?”.
Hijo Mío, entonces es porque Yo lo quiero así. Entonces todavía no ha llegado tu tiempo. Y cuando tu tiempo llegue, Yo te conduciré las personas y serás muy feliz de poder hablar entonces de Mí. Sí, entonces Yo seré tus palabras y por medio de ti tocaré a las personas… por tu palabra, tu mirada, por la irradiación de tu corazón. Pero el tiempo correcto está en Mis manos, en Mi corazón. Por eso sean pacientes y llenos de confianza.
Yo conduciré todo hacia el bien, pero el tiempo es Mío; Yo determino cuándo algo puede y debe suceder, solo Yo reconozco la madurez, el progreso que conduce a la meta. Por eso confíen, pase lo que pase. Me han dado su vida, y por ello tengo la posibilidad de conducir su vida de manera que lleguen a la meta».
* * *
Jesús habla: «La lucha que se desarrolla en lo espiritual se manifiesta en la materia. El espíritu siempre va delante. La lucha entre bien y mal, las fuerzas que combaten unas contra otras, la fuerza ruidosa del mal, la fuerza silenciosa del amor. Se encuentran; luz y oscuridad rugen en el mundo espiritual. Especialmente en las regiones bajas del más allá hay gran agitación; las almas son incitadas a levantarse contra el bien… cada vez más. Mis ángeles se oponen, y a menudo es un ir y venir, también en ustedes, porque todo lo que ocurre en el mundo ocurre también en ustedes.
Sí, también la lucha de ustedes es enorme y no pueden ganarla sin Mí. Las personas que ahora luchan sin Mí se encuentran en una situación difícil. No tienen sostén, y cuando el mal se levante caerán, desesperadas, llenas de terror. Pero ustedes, hijos Míos, tienen este sostén en Mí. ¿Qué puede sucederles a Mi lado? ¿Puede asustarlos la muerte? No, en Mí no hay muerte. Pase lo que pase en su vida, Yo estoy a su lado.
Siempre deben vivir mirando a lo que he preparado para ustedes y sabiendo que todo les sirve para bien, aunque no les agrade. Y lo digo una y otra vez: aparten sus ojos de las cosas exteriores que ocurren en este mundo, porque entonces se abren a esas fuerzas. Abren la puerta y esas energías entran en su alma y los oprimen. Entonces se extiende el miedo, y ese miedo levanta un muro entre ustedes y Mí. Eso no debe ser. Por eso miren hacia Mí, porque todo pensamiento que los distrae de Mí, sea una preocupación, sea que se quejen ante Mí, que Me acusen porque no entienden algo, todo eso viene del enemigo de la vida, que quiere impedir que se unan conmigo en el amor.
Sí, es una lucha constante hasta la meta, y sin embargo vean: cuando Mi Espíritu los fortalece y llena, ¿qué lucha queda entonces? Mientras Yo esté en ustedes, todo está bien. La oscuridad y la muerte tienen que retroceder. Ningún poder maligno puede acercarse a ustedes cuando están unidos conmigo en el amor; ningún acontecimiento terrenal puede asustarlos cuando están unidos conmigo. Vean la necesidad y la importancia de esta presencia Mía junto a ustedes y dentro de ustedes; les salva la vida.
Ustedes son Mis hijitos; Yo los tomo en Mis brazos. Me alegra tanto cuando levantan la mirada hacia Mí y dicen: “Querido Padre, aquí estoy; toma mi vida en Tu mano, Te pertenezco, solo a Ti quiero pertenecer, ¡Tú eres mi todo!”.
Hijos Míos, no imaginan lo que sucede entonces con Mi corazón, qué alegría Me producen con esta entrega. Esa es Mi gran alegría; sí, por eso llamé a esta creación a la vida, para tener hijos que Me amen libremente y a quienes pueda dar todo lo que Yo mismo tengo y soy. Esa es la razón de esta creación, esa es la razón de su existencia. Por eso miren solamente hacia Mí, inclúyanme en todo lo que piensan, planean y hacen. Entonces iremos juntos, ya ahora desde este tiempo hacia la eternidad, unidos para siempre. Y haremos grandes cosas; juntos llamaremos a la vida creaciones siempre nuevas, llenos de alegría.
Y cuando algún día miren hacia atrás a esta vida terrenal, dirán: “Querido Padre, lamento no haber hecho más, fui tan negligente, dejé pasar esto y aquello”. Entonces Yo diré: Hijo Mío, sí, es correcto, pero mira: de todos modos has alcanzado tu meta, porque Me dejaste entrar en tu vida y Yo obtuve cada vez más acceso y así pude llenarte cada vez más con Mi Espíritu, Mi presencia, Mi amor.
Hijos Míos, también he venido para recibir y aceptar sus peticiones. He puesto en ustedes los impulsos respecto de las personas por quienes deben orar. Ahora podrían preguntar: “Sí, querido Padre, si Tú ya sabes por quién debemos orar, ¿por qué tenemos que llevártelo otra vez?”.
Entonces digo: Yo quiero que actuemos juntos y hagamos el bien. Esa es Mi alegría, y se la regalo; este anhelo de ayudar lo he puesto dentro de ustedes. ¿Y qué significa que Yo ponga en sus corazones los impulsos para las intercesiones, la necesidad de ayudar y hacer el bien? Significa que en esta petición ya está contenida la realización. Yo la he puesto dentro de la oración que Me ofrecen. Y es algo maravilloso que sepan que Yo escucho sus peticiones. Aunque el tiempo determine cuándo tiene lugar la realización, existe la certeza de que es así.
Y dejo a Mi hijo en libertad de pronunciar la petición en voz alta o presentármela en silencio; para Mí es lo mismo, porque la palabra es solo la envoltura. La envoltura cae; se trata del sentido, del alma de la palabra. Y en el alma está el espíritu, y ese soy Yo y esa es la realización. Así toda palabra consta de cuerpo, alma y espíritu, igual que ustedes constan de cuerpo, alma y espíritu».
Intercesiones
«Hijos Míos, sus pensamientos y palabras los he puesto en Mi corazón, en Mi misericordia. Pero añado esto: la necesidad exige a menudo una corrección dolorosa, un doloroso camino de redención, y sin embargo también soy capaz de proporcionar alivio, de posibilitar durante cierto tiempo libertad de una carga para que el alma pueda volver a respirar. En este espacio libre de tiempo hago entonces que Mi luz penetre en el alma, esparzo semillas de amor, y después depende de cada persona en qué medida está dispuesta a recibirlo y tomarlo. Reconocer este trozo de libertad como regalo del amor, aferrarse a él, para salir entonces por el rayo de luz de su oscuridad y necesidad, quizá de una enfermedad… desesperación… posesión.
Y ahí intervengo profundamente en el entramado de los procesos del alma, de modo que Mi voluntad se sitúa por encima de la voluntad de la criatura. Porque cuando esta ha caído en lo demoníaco, tengo que usar herramientas más duras, tengo que ejercer poder divino. Pero siempre sirve para el bien. Sí, incluso el infierno es un lugar de Mi misericordia. Sí, el fundamento del infierno es amor, porque allí las almas son purificadas. Y también es dolor de Mi corazón poner Mis pensamientos en un estado de dolor. Y sin embargo es necesario para crear una salida, producir humillación, a fin de que Mi obra de redención se haga efectiva.
Un hijo que Me contempla correctamente ve que en realidad todo es siempre amor. Solo en las gradaciones hacia “abajo”, hacia los ámbitos inferiores de la vida, el amor se vuelve cada vez más invisible y allí ya no puede contemplarse como tal, sino como justicia, como ley de causa y efecto, como destino ciego… y sin embargo siempre es amor. Incluso el dolor más terrible, la muerte más terrible tienen un núcleo, y ese núcleo es amor».
* * *
Jesús habla: «En el silencio pongo Mi palabra; en este espacio pongo en Mi palabra; en sus corazones pongo en Mi palabra, la que hoy les hablo, la que les hablo por siempre. La Palabra soy Yo mismo. No existe diferencia entre Mí y la Palabra. Así los he conducido a Mi corazón, he venido con un corazón lleno de amor y estoy dispuesto a servirlos como Dios, porque estoy lleno de anhelo de recibir su amor y hago todo para que nuestros corazones puedan encontrarse ahora en este espacio, donde no Me ven pero sí Me oyen.
La fe que no ve, hijos Míos, es la fe verdadera, porque verme sería una coacción. Pero si creen Mi palabra, entonces son libres en la fe y en el amor. Y esto es lo que los llena con la libertad del Espíritu del amor a Mí. Por eso alégrense de no verme, porque entonces pueden escalar la montaña más alta de la fe. La corona de la fe es confiar en Mí sin verme. Confiar en Mi palabra hasta la muerte. Por eso no deseen contemplarme. Me contemplarán bastante pronto; ahora es el tiempo de la fe y de la entrega.
Hijos Míos, dense las manos como señal de que he ceñido alrededor de ustedes un lazo de amor, de que están unidos en el amor a Mí, de que forman una unidad en Mi Espíritu. Y sienten esta unidad que forma el fundamento en este espacio. Es el fundamento de sus corazones, y este fundamento soy Yo.
Y así los uno, y esto ya es un anticipo de la unión tal como Mis hijos pueden experimentarla en el cielo: esta unidad penetrada por Mi Espíritu, una concordia sin igual, una alegría sin igual, una unidad de amor orientada hacia Mí, que Yo vuelvo a irradiar a los corazones de Mis hijos. Y en el fondo es una luz y un amor, y eso es el cielo.
Les doy este pequeño anticipo de este estado de amor del alma reuniéndolos aquí en la oscuridad de este mundo para encender una luz que irradia hacia el mundo. Ustedes no pueden verlo, y sin embargo es así: ahora la oscuridad retrocede… y retrocede… y retrocede hacia sus cavernas, hacia su maldad, para consumirse allí a sí misma durante este instante de eternidad que Yo abro ahora aquí en este espacio.
La unidad del cielo está presente en el sentido de que el cielo se ha abierto. Y a este hijo Mío que les habla, por medio de quien Yo les hablo, he formado su alma de tal modo que a través de él puedo abrirles el cielo, y así tiene lugar una irradiación celestial y una mirada de los habitantes del cielo hacia aquí, y ustedes tienen la perspectiva del cielo que ya llevan dentro de ustedes porque Me aman.
Hijos Míos, he configurado la creación de modo que la libre voluntad constituye el mandamiento supremo. Especialmente en esta Tierra, donde Me formo verdaderos hijos para toda la eternidad, es necesario que estén presentes las fuerzas del bien y del mal para que las personas puedan decidir siempre entre lo que es bueno y lo que no lo es. Pero este mundo se ha desarrollado por el comportamiento equivocado y los falsos deseos de la humanidad de tal manera que el lado malo ha adquirido un peso excesivo más allá de la medida establecida. La atracción hacia la oscuridad se ha impuesto, y este poder del mal roe ahora con fuerza también a Mis hijos, más que nunca antes.
Ustedes están divididos entre lo que han reconocido como bueno y verdadero y las regiones bajas de su alma, que una y otra vez los arrastran hacia los ámbitos de la atadura al mundo, la autosuficiencia, la obstinación y también la duda. Así tienen que sostener una lucha intensa en este tiempo; por eso Mi gracia y Mi misericordia han alcanzado una medida que hasta ahora no existía sobre esta Tierra. A menudo se sorprenden de que Yo entre con ustedes en sus pecados, de que esté siempre dispuesto cuando Me abandonan, de que luche incansablemente por ustedes para que no se pierdan, sino que encuentren el camino a Mi corazón… de manera permanente y no solo aquí y allá.
Y ven cómo la humanidad corre hacia un abismo, pero solo son pocos —entre ellos ustedes— a quienes he introducido en la única verdad que Yo soy. Por una parte es un privilegio, por otra una gran responsabilidad, y esta requiere una especial constancia en su avance espiritual. Ese es el punto, hijos Míos, donde falla la mayoría de ustedes. Porque todavía son demasiado tibios, todavía no han reconocido la necesidad de seguirme con toda la fuerza del alma. Y esto genera en ustedes una división que una y otra vez los arrastra hacia abajo y hacia el mundo. Entonces muchas veces recorren un círculo y no avanzan.
Y sin embargo digo también: cuando se mueven en círculo, Yo trabajo en ustedes en las profundidades de su alma, donde ustedes no miran y donde existe un progreso constante que solo se hace visible cuando vuelven a caminar por el camino recto de Mi mano. Entonces se despliega en ustedes lo que Yo obro ocultamente durante su tibieza e inconstancia. Así no avanzan y, sin embargo, por Mi gracia y misericordia sí avanzan, en el sentido de que Yo ya pongo de antemano las agujas para que encuentren y puedan recorrer el camino correcto.
Y las agujas siempre están puestas de modo que una vía conduce al mundo y otra vía conduce a Mí. El tren en la vía que conduce al mundo es ruidoso, colorido, seductor y los halaga. Y en el tren de la vía que conduce a Mí reinan silencio, quietud y paz. Siempre tienen la posibilidad de subir a uno u otro tren. Por eso es tan importante que atraviesen el día con atención, que busquen el silencio y no el ruido de este mundo.
Sí, la música produce alegría y relajación del alma, y sin embargo es necesario entrar en el silencio para oír Mi voz, para poder recibir los impulsos que Yo doy y que son tan necesarios para ustedes.
Pero muchos de ustedes, por faltarles la necesaria constancia en la vida espiritual, han llegado a un estado pesado en el que sienten: “Algo no está bien en mí, me siento enfermo, hay una carga sobre mi hombro, estoy triste y no sé por qué”. Esto se debe a que no han dado o no dan ese paso que ahora es necesario en esta fase del proceso de espiritualización de Mis hijos y en la fase del proceso de completa satanización del mundo. Por eso es necesario que ahora se aferren muy firmemente a Mí, hijitos Míos. Solo si Me abren la puerta puedo intervenir en su vida. Ya lo he dicho muchas veces: la diferencia entre las personas del mundo y los hijos de Dios consiste en que la persona del mundo está ciegamente entregada a su destino, no sabe por qué suceden las cosas; mientras que los hijos de Dios, que Me han abierto las puertas de su corazón, Me dan la posibilidad de entrar en su esfera para recorrer allí con ellos el camino; entonces puedo poner luz y amor en sus corazones, en los corazones de ustedes.
Ustedes se han decidido por Mí, están dispuestos; sí, llevan un gran anhelo en sus corazones de estrecharme en sus brazos, de estar conmigo. Hijos Míos, ¿pueden todavía imaginar una vida sin Mí? Yo digo: no. Y si preguntara a una persona del mundo: ¿puedes imaginar una vida conmigo? Dirá: ¡No! Esa es la gran diferencia».
* * *
Jesús habla: «Hijos Míos, digo palabras serias para prepararlos para lo que pueda venir. Y digo palabras de amor como Padre a Mis hijos para mostrarles lo que significa para Mí recorrer junto con ustedes este camino. Así como un padre terrenal o una madre terrenal recorren el mundo con corazón alegre cuando el hijo está con ellos, cuando los hijos están con ellos, cuando existe comunidad en la familia sobre un fundamento común, como ocurre aquí entre nosotros. Así es Mi alegría que caminemos juntos, que Yo pueda estar con ustedes; porque aunque Yo los llamé, ustedes también vinieron, y eso no es algo evidente, pues no muchos siguen Mi llamado.
Hijos Míos, nombro una palabra que es un instrumento para ustedes, para que puedan hacerse libres de ciertas ataduras, y la palabra es arrepentimiento. Ustedes saben que como Padre he recibido sus pecados en Mi corazón y les perdono todo porque se han puesto en camino para caminar hacia Mí y conmigo. Pero eso no significa que no deban arrepentirse de sus pecados, porque el arrepentimiento es un instrumento muy poderoso que enciende el alma y crea así un espacio libre, y este espacio libre se llama humildad.
La humildad, a su vez, es el fundamento y el espacio del amor. Por eso no teman, hijos Míos, entrar en el fuego del arrepentimiento, reconociendo que se han desviado tantas veces y una y otra vez, y que mediante el dolor del arrepentimiento pueden hacerse libres para Mi amor. En el infierno el arrepentimiento es un instrumento poderoso, el instrumento por excelencia, porque solo quien siente arrepentimiento puede encontrar el camino para salir de las regiones infernales y hacerse libre de esa oscuridad. También el purgatorio, como lo llaman los seres humanos, es el fuego del arrepentimiento.
Pero tener arrepentimiento no significa que deban atravesar el día con mala conciencia; arrepentimiento significa reconocer su extravío, que les duela, y entonces venir con ello a Mí y poner delante de Mí su pecado, poner delante de Mí este dolor del pecado, este dolor del arrepentimiento que una y otra vez aparece y arde en ustedes porque todavía viven en pecado. Entonces los tomo de la mano, toco sus corazones, los libero de esta carga, y así reconocen Mi amor, y esto los hace humildes ante Mí. La visión de Mi misericordia les regala humildad y por ella florece el amor en ustedes; ese es el camino que pueden recorrer.
Para sentir arrepentimiento se necesita también cierta veracidad, y se necesita valor para confesarse que uno vive en pecado. No ponerse un hermoso vestido, un vestido de santidad, y decir: “Camino con Jesús”, mientras el alma se ve completamente distinta porque uno vive en pecado y lo oculta ante el mundo y supuestamente ante Mí.
Por eso es necesario abrirse verdaderamente ante Mí, para que Yo pueda entrar en su debilidad. Porque como dije: ¡Yo soy poderoso en los débiles! Mi poder divino se despliega en su debilidad ante Mí, en su necesidad de reconocer que con sus propias fuerzas no pueden lograr liberarse del pecado.
Hijos Míos, he hablado del arrepentimiento; ahora hablo del amor. Prefiero hablar del amor que del arrepentimiento. El amor es algo maravilloso; en realidad solo existe amor, pero esto solo puede reconocerse cuando uno está enteramente penetrado de amor, cuando se ha convertido por completo en amor. Entonces en todas partes se ve solamente amor. Entonces se ve la acción del amor en el mal, se ve la luz en la oscuridad, entonces todo está bien.
Cuando llené a Mis apóstoles con el Espíritu Santo, llegaron a un estado en el que pudieron contemplarlo todo con los ojos del amor. Estaban tan sobrecogidos que no encontraron palabras para describir este estado de la verdad del amor. Y les sobrevino de repente; estaban sentados juntos —como ustedes en este espacio— y hablaban de Mí, deliberaban qué debían hacer y cómo debían configurar juntos su futuro. Tenían los corazones abiertos y estaban llenos de anhelo por Mí, y también había en ellos un poco de tristeza; y entonces sucedió. Estaban preparados, sus almas estaban listas, Yo los llené con Mi Espíritu.
En aquel instante no encontraban palabras, y sin embargo este estado se convirtió para ellos en una conciencia de vivir en lo divino y, al mismo tiempo, poder actuar razonablemente de manera humana. Lo divino y lo humano se unieron en este Espíritu formando una capacidad de actuar que podía ejercerse en Mi sentido y Mi voluntad.
Hijos Míos, créanlo: también a ustedes los he puesto en esta preparación. También a ustedes quiero llenarlos con este Mi Espíritu. No deben creer que los apóstoles de entonces fueron seres humanos especiales. Sí, fueron escogidos para aquel tiempo, pero ustedes han sido escogidos para este tiempo. Los he tomado de los cielos, los he tomado de la luz y los he puesto y conducido a la oscuridad, como entonces a los Míos, para finalmente volver a llenarlos con Mi luz, con Mi amor. Solo el tiempo hace la diferencia.
Y como entonces, también ahora es necesario que Yo envíe Mis apóstoles al mundo, a quienes tienen anhelo de lo divino, a quienes están perdidos y desesperados. Eso deben ser ustedes, y para ello necesitan este Espíritu. Y la condición para ello es, a su vez, la entrega de sus vidas a Mí, esa confianza al cien por ciento de que Yo, su Jesús, los conduzco y guío, de que jamás los abandono y hago todo para que alcancen la meta de su vida. Amén».
Samuel: Jesús va de uno en uno y pone a cada uno de nosotros la mano sobre la cabeza y pronuncia Su bendición y las palabras que pone en el corazón de cada uno: «Estoy contigo». Podemos convertirlas en un «Tú estás conmigo». Él está lleno de alegría: una mirada alegre, misericordiosa y solícita ante el hecho de que atravesemos este tiempo junto con Él.
Él habla: «Hijos Míos, los amo, los amo tanto; ustedes son parte de Mi amor. Los tomé de Mi corazón. Envié una parte de Mi corazón a la oscuridad, y ahora Me falta este amor; ustedes Me lo traen de regreso al volver a Mi corazón, para que vuelva a ser entero. Así los uno y permanecen unidos aunque vuelvan a separarse físicamente. Este vínculo que he anudado entre ustedes y entre nosotros… pueden estirarlo mucho, pero jamás se romperá. Por este lazo de amor y de luz siempre pueden volver a trepar y encontrar el camino de regreso a Mi corazón.
Y ustedes saben que Yo una y otra vez voy hacia ustedes, disminuyo la distancia entre nosotros dondequiera que sea posible, pero siempre respetando su libre voluntad. Esto significa que cuando ustedes se apartan de Mí, Yo permanezco orientado hacia ustedes con Mis ojos, con Mi corazón. Y cuando vuelven a Mí, nuestros ojos y corazones se encuentran de nuevo.
Esto lo experimentan también ahora en la lucha de su vida: unas veces sienten Mi cercanía, otras sienten frío y ausencia de amor, y sin embargo este subir y bajar despierta cada vez más su anhelo de estar conmigo. El deseo de este estado de amor junto conmigo se hará cada vez más intenso. El deseo de la resurrección en Mí, que luego podrán experimentar, los llenará por completo y será la puerta para Mi Espíritu, para la fusión conmigo, su Jesús.
Ahora he abierto la gran puerta del más allá, también para las regiones inferiores del más allá, para que Mi palabra penetre en el crepúsculo, en la oscuridad, para que también estas almas sepan que existe un Dios de amor. Y las palabras que ahora pronuncio deben y van a penetrar en este mundo de duda, obstinación y mal.
Les digo de nuevo —a los fallecidos presentes—: solo existe un Dios y solo existe un Redentor, y ese soy Yo, Jesucristo. Crucificado por el mundo, resucitado de la muerte para abrir el camino a todos los caídos, a todos los perdidos. Y este camino permanece en la eternidad; conduce a la libertad desde la prisión de la muerte. Las palabras que les hablo penetran también a quienes se han vuelto a apartar, a quienes se burlan de Mí y también de Mis hijos aquí en este espacio. Todavía tienen un largo camino por delante. Les digo: sí, todavía tienen un largo camino por delante, un camino doloroso que ustedes mismos se han preparado con su incredulidad y su maldad.
Y a quienes escuchan Mis palabras llenos de gratitud y las aceptan, les digo: pónganse ahora en camino; ustedes lo ven, está delante de ustedes. Se abrirán ante ustedes muchos obstáculos y solo con amor podrán vencerlos. Por eso avancen con valor, para que también ustedes alcancen algún día su patria.
Y a ustedes, hijos Míos, que están aquí corporalmente, les digo que también sus familiares, antepasados y ancestros pueden estar presentes para participar de este acontecimiento. Están llenos de alegría y gratitud. Ven la confianza que ustedes tienen en Mí, sienten su anhelo, y esto toca sus corazones. Presienten que esto es verdad y que lo que sucede aquí les ofrece la posibilidad de hacerse libres, de poder por fin emprender el camino hacia la libertad del Espíritu. Sí, también a ustedes, los del más allá, los envuelvo en Mi amor.
Hijos Míos, son innumerables los que ahora están reunidos aquí, a todos los incluyo en Mi gran corazón, Mi corazón infinito. El amor que fluye de Mi corazón es inconmensurable y está dispuesto para todos los seres de esta creación. Pero se encuentra con cada uno según su estado. Mi amor incluye también el juicio. Y así el fundamento de todo juicio y de toda consecuencia de una acción pecaminosa es amor, para volver a conducir el pecado a la luz.
En el fondo es sustancia anímica satánica la que forma esta creación, y Yo la conduzco de regreso a la luz, para que finalmente el enemigo de la vida quede sin posibilidad de producir efecto alguno, aislado de todo, solo y solitario en la oscuridad. Y así también él emprenderá algún día este camino. Pero las dimensiones de las eternidades hasta entonces son inconmensurables. Y aunque él mismo no quiera creerlo, sucederá que un día todo lo caído volverá a Mí y nada quedará en la oscuridad de la infinitud.
Ustedes, que han entrado en el tiempo, no pueden medir lo que significa una eternidad. Para quienes ya viven en Mis cielos, en Mi casa, espacio y tiempo son lo mismo, porque en el Espíritu no existe distancia ni temporal ni espacial. Para comprenderlo hay que entrar uno mismo en la dimensión de la atemporalidad. Con el entendimiento no se puede, hijos Míos, y tampoco lo necesitan.
Para ustedes cuenta solamente lo que es ahora, en este tiempo final, en el presente, y que Yo realizaré Mi plan: fundar el Reino de Paz sobre esta Tierra, y que ustedes son parte de este plan. Eso es importante para ustedes. Y aunque dije: vendrá una guerra, vendrá necesidad, desesperación y muerte, eso no debe arrastrarlos a la oscuridad. Miren siempre que Mi plan está detrás de estos acontecimientos y que Yo conduciré todo al bien. Eso les da consuelo y alegría de vivir; son condiciones fundamentales para poder amar.
Muchas personas perderán la alegría de vivir y ya la han perdido. Ya no querrán vivir y se quitarán la vida; ya sucede que muchos lo hacen porque no tienen perspectiva, futuro, sentido de vida, fe… como Dios no puedo hacer nada ante ello, es la libre voluntad. Pero también allí entro Yo, en el mundo de los suicidas, y creo posibilidades para que también esas almas sean salvadas. Y también por medio de ustedes, cuando oran de corazón por las personas que ya no pueden ver sentido en la vida; entonces Yo doy el impulso, y ustedes viven Mi amor en la oración y lo envían al mundo. Por eso digo una y otra vez: no subestimen sus oraciones, porque Yo soy el poder de la oración en ustedes.
Ya les he regalado mucho hoy, hijos Míos, muchas palabras que pueden volver a leer. Entonces pueden entrar en la profundidad de estas palabras, reconocer nuevamente lo que significa que Yo les hable. Que reconozcan la verdad de las palabras que en el tiempo pasan rápidamente y que, sin embargo, pueden retener en la escritura para profundizarlas. Son alimento para sus corazones.
Ahora vuelvo a cerrar la puerta del más allá para que queden aislados de las influencias del mundo del crepúsculo y de la oscuridad. Así deben pedirme siempre ya por la mañana que los proteja, que aparte de ustedes lo que no les hace bien. Y cuando atraviesen el día, envíenme un pensamiento tan a menudo como puedan, inclúyanme en su mundo de pensamientos, en su hacer y dejar de hacer, en su vida. Y por la noche denme gracias: “Querido Padre, Te agradezco que estés conmigo, que me conduzcas y guíes, que me ames. Oh, regálame todavía más amor por Ti, para que podamos hacernos uno en este amor”.
Así oren a Mí, hijos Míos, así hablen conmigo, su Padre Jesús. Amén».
Samuel: Jesús dice que los pecados que todavía llevamos dentro pueden ser algo grave que uno conoce pero de lo cual no logra liberarse, o algo muy sutil que uno no reconoce. Él nos mostrará con exactitud qué es. Dice que ahora debemos romper con estas cosas, abandonar ciertos comportamientos que nos atan al mundo. De otro modo podemos entrar en grandes dificultades; de otro modo la discrepancia entre lo que Él nos da y cómo vivimos se hará demasiado grande y puede suceder que no alcancemos la meta de nuestra vida. Tenemos que tomar ahora nuestro camino muy en serio, porque estamos en un tiempo que nos exigirá todo.
Él dice que, aunque aquí hemos escuchado, todavía no hemos reconocido del todo de qué se trata realmente. Y vuelve a decir con gran insistencia: «No miren ya tanto al mundo; sí, vivan en el mundo, carguen con la responsabilidad de las cosas necesarias en el mundo, profesión, familia, pero rompan con aquello que dentro de ustedes reclama el espacio que Yo necesito para conducirlos. De otro modo pueden surgir enfermedades, problemas del alma que ya no podrán dominar».
Este tiempo trae desafíos especiales y por eso debemos abordar el asunto con toda seriedad y esforzarnos más. Pero debemos verlo como una buena noticia: Él nos llama la atención sobre ello, sabemos de qué se trata y qué hay que hacer. No nos deja huérfanos, no nos abandona; sabremos exactamente lo que debemos hacer.
Él dice también que Su fuerza es poderosa en los débiles. Así podemos y debemos presentarnos ante Él en nuestra necesidad: «Querido Padre, soy débil y no lo logro con mis propias fuerzas; sé Tú con Tu fuerza y poder divinos en mí, expulsa Tú de mí la oscuridad». Así podemos avanzar paso a paso. Así llegamos al estado en que no dudamos ni desesperamos, sino que penetramos cada vez más profundamente en el corazón de Jesucristo.
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Canciones que, entre otras, se tocan en las Feierstunden
Thaïs/Acte Deux Meditation – Jules Massenet
Sanctus aus der Cäcilienmesse – Charles Gounod
Jesus höchster Name
Meine Zeit steht in Deinen Händen
Jesus ist Sieger – Arno Krumm
Jesus kommt, bist du bereit – Anja Schraal
An Easter Hallelujah – Cassandra & Callahan
Thank You – Jesus Army
Abwun ´Vater Unser´ Aramäisch – Antje Nagula/Dominus
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Otras manifestaciones de nuestro Padre celestial en horas de silencio
«Escribe, hijo Mío, pues te revelo Mi corazón y anuncio a ti y a tus hermanos Mi amor. Mira, estoy ante cada puerta del corazón y llamo. Así lo hice desde siempre, así lo hago hoy. Porque tengo anhelo de su amor, tengo anhelo de intimidad con Mis hijos.
Este anhelo Mío se funda en que una parte de Mí habita en ustedes, una parte del Espíritu de Mi corazón. Así pues, Yo ya estoy en ustedes, en lo más íntimo de su corazón, en lo más santo del templo de su alma como santuario de su vida. Porque solo Yo soy santo en ustedes, y ustedes lo son por Mí y en Mí cuando abren para Mí las puertas de sus corazones.
Por eso deben pedirme que les abra y muestre Mi divino amor de Padre y que ustedes lo tomen con la fuerza de su libre voluntad. Esto es abrir la puerta del templo, de modo que después Yo pueda entrar en la tierra de su alma y santificarlos en el amor a ustedes y, por ello, en su amor a Mí.
Pero, hijos Míos, cuando oren para que Yo les revele Mi corazón, sean conscientes de que solo puedo hacerlo si están sobre el suelo de la humildad. Porque si les revelara Mi amor más íntimo mientras todavía llevan la carga del orgullo y del amor propio, usarían y explotarían Mi amor para su ventaja. Continuarían pecando conscientes de que Mi corazón manso y fiel solo puede amar y ya no se esforzarían suficientemente en vencer y entregarse sin condiciones; arrastrarían Mi amor al lodo.
Solo cuando contemplan Mi amor en humildad puede y podrá tocarles de tal modo que sus almas sean transformadas desde el fundamento y que, en la tormenta del amor, tomen posesión de Mi corazón porque no pueden hacer otra cosa al reconocer Mi verdadero ser divino.
Miren, por eso primero tengo que conducirlos a la humildad por medio de enfermedad y necesidad, mediante humillaciones que ciertamente no les agradan, pero que son necesarias como preparación para el amor imperecedero a Mí. Contemplen su situación vital con estos ojos; entonces podrán aceptarla conscientes de que es necesaria, pues de otro modo no puedo llenarlos con Mi Espíritu ni pueden entrar en Mi Reino, ni puedo conducirlos a la tarea que he previsto para ustedes en este tiempo final y más allá.
Hijos Míos, el tiempo apremia. Sepan que pronto surgirá una gran tormenta que arrastrará todo lo que no esté anclado en Mí. Por eso acepten lo que permito que llegue a ustedes; sirve para su salvación y redención, siempre es Mi amor el que los toca, también por medio de acontecimientos terrenales, porque todo pasa por Mi corazón antes de alcanzar a Mi hijo. En Mi corazón suavizo o intensifico su destino, que también es Mi destino, porque Mi corazón de Padre late en ustedes, Mi corazón de Padre sangra en ustedes, Mi corazón de Padre ama y vive en ustedes.
Sí, en ustedes late un corazón divino y en ustedes fluye Mi sangre, porque han sido tomados de Mí; son Mis verdaderos hijos, hijos del Dios eterno y todopoderoso. ¡Consideren una vez correctamente lo que eso significa! Pero consideren también correctamente que se mueven en libre voluntad y pueden rechazar su condición de hijos y con ella Mi paternidad. Entonces permanecen en tierra extraña para seguir alimentándose en los comederos de cerdos del mundo. Pero si regresan a la casa del Padre, he preparado un banquete para ustedes, y entonces habrá alegría desbordante en ustedes ya ahora y mucho más allá del tiempo, en Mis cielos.
Amén, Jesucristo, Amén».
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