Encuentro del 9 de febrero de 2008 en Würzburg
Revelación divina
Mis amados hermanos y hermanas, Yo estoy en medio de ustedes y contemplo su grupo lleno de alegría y de amor. Hacia cada uno de ustedes fluye Mi rayo de amor, que es energía divina pura y los fortalece interior y exteriormente.
En esta hora se reúnen en todo el mundo innumerables grupos que, como ustedes, elevan su corazón hacia Mí, el Amor. Todos tienen el mismo deseo y el mismo anhelo: que haya paz en la Tierra. Todos Me han reconocido como el Amor, y todos están liberándose de aquello que todavía los retiene en lo humano.
Cuando hablan de Mí y de Mi amor, saben que este es un amor diferente de aquel al que se refieren cuando hablan del afecto humano. Mi amor es insondable para ustedes, aunque lo sientan en sus corazones; esto, sin embargo, es solo un reflejo de aquello que los espera, pero que ya vive en ustedes.
Este amor tiene como meta llevar de regreso a su corazón a cada uno de sus hijos, sin excepción; y todo lo que sucede conforme a Mi voluntad está orientado hacia esta meta. Si observan ahora dónde se encuentran hoy como seres humanos y contemplan la meta que hay que alcanzar, puede parecerles que el camino hasta ella es muy largo y muy difícil. Pero Yo les digo, Mis amados: ¡Hay que recorrerlo de Mi mano! Sí, hay que recorrerlo con alegría, porque cada paso dado Conmigo les trae más fuerza y más luz; y así pueden hacerse mayores las tareas que deben afrontar, porque el amor en ustedes se hace mayor.
Pero —quiero recalcarlo de manera muy especial— el camino hacia Mi corazón, entendido correctamente, significa trabajo. Significa el esfuerzo que Yo denomino trabajo interior y sin el cual ningún hijo vuelve a encontrar el camino hacia Mi corazón; pues ninguno de Mis hijos evolucionará por sí solo de regreso a la Luz, porque para ello es necesario que fluya la fuerza de Mi amor. Este fluir se desencadena mediante la decisión propia y libre de ustedes, decisión que Yo acepto, cualquiera que sea.
El camino hasta allí, de regreso a Mi corazón, sin duda también comprende tramos que no solo parecen difíciles, sino que realmente lo son para ustedes como seres humanos. Es un camino que —como dirían ustedes— no puede recorrerse «como si nada». Por eso Mis palabras a menudo también deben estar marcadas por Mi seriedad; pero saben que aun en la mayor seriedad está contenido el amor.
Esta seriedad debe moverlos a reflexionar sobre ustedes mismos, a examinar su comportamiento y a mirar dentro de su alma. En todo tiempo he alzado Mi palabra divina y he hecho llegar a Mis hijos enseñanza tras enseñanza. Esto sucedió con especial intensidad durante los últimos años, como cada uno de ustedes sabe. Es muy grande lo que la humanidad tiene que recuperar en cuanto a verdades y sabidurías divinas. Pero nadie tiene que permanecer en la ignorancia ni prescindir de Mis enseñanzas divinas.
Sin embargo, para ustedes, que Me conocen, llega el momento en que —más allá de las enseñanzas— se trata de poner ahora seriamente en práctica lo que han aprendido. No les sirve querer seguir conociendo más detalles sobre la vida en el más allá ni descripciones, por más hermosas que sean, de Mi misericordia. Se trata única y exclusivamente de vivir aquello que han reconocido como la verdad.
Yo sé que cada uno de ustedes lo hace en mayor o menor medida, pues de lo contrario, Mis amados, no estarían aquí.
Sin embargo, con Mis palabras quiero fortalecer su anhelo de una vida Conmigo, que puede manifestarse, y se manifestará, de una manera muy distinta de como la han conocido hasta ahora. Si ustedes lo desean, recorreremos los días estrechamente unidos. No habrá nada de lo que no puedan ni vayan a hablar Conmigo, y sobre lo cual Yo no les dé una respuesta directa o indirecta. Ya no habrá nada que yazca como una sombra sobre su vida ni que los vuelva inquietos, inseguros o temerosos de alguna manera. Sentirán lo que significa ser hijo o hija del Cielo. Y ya no tendrán duda de que darán su sí una y otra vez para colaborar en esta gran obra de redención.
En este tiempo grave irradio hacia ustedes Mi amor con mayor intensidad. Esto es necesario porque también se intensifican los esfuerzos del bando contrario por convertirlo todo en caos. Con sus oraciones ayudan a que muchas cosas puedan evitarse y mitigarse. Pero no olviden que, además de las oraciones, es necesario que crezcan cada vez más dentro de su divinidad radiante; que se conviertan en ejemplo, de modo que puedan tomar las decisiones correctas en los momentos correctos. Entonces no solo hay que pronunciar una oración correcta, sino que mediante sus actos se da una señal: Aquí está un hijo, aquí está una hija de Dios que Me ama a Mí, Jesucristo, por encima de todo.
Para ello, amigos Míos, hacen falta muchas cosas. No es fácil —sobre todo no lo será en el tiempo venidero— levantarse y dar testimonio de Mí; y esto es también aquello hacia lo que quiero dirigir su atención: que, más allá de sus buenos pensamientos y de sus oraciones, lo importante es iluminar cada vez más las sombras que hay en ustedes.
Si todavía no conocen sus sombras, vengan a Mí y pídanme que se las muestre. ¿Qué creen que sucederá? Si su deseo proviene de un corazón sincero, grande es la alegría de los Cielos, y recibirán ayuda tras ayuda para cambiar en los aspectos que hayan reconocido y transformarse hasta llegar a ser hijos radiantes de Dios.
Deposito estas palabras serias en su corazón como una petición. Muchos de sus hermanos y hermanas los necesitarán cuando llegue el momento grave. Muchos necesitarán guías que los conduzcan a través del caos que vendrá. ¿Y quiénes habrán de ser esos guías? ¿Sus dirigentes terrenales, que comparten la responsabilidad por el desorden que está surgiendo y por el que ya existe? No; serán quienes se esfuerzan por vivir la Ley del amor, quienes servirán de apoyo a los que preguntan y buscan, y quienes no solo señalarán la dirección, sino que marcharán delante de sus hermanos y hermanas.
¿Quiénes, amigos Míos, habrían de ser, si no aquellos que Me aman?
Si sienten profundamente Mis palabras, percibirán, aun con toda su seriedad, Mi amor infinitamente grande por ustedes y por todas Mis criaturas. Y este amor —Me repito— solo quiere una cosa: volver a atraer a cada hijo hacia su corazón.
Si su amor es suficientemente grande como para ayudar en esta misión, entonces pronuncien interiormente su sí, únanse a la multitud de Mis mensajeros de la Luz y sean en la vida cotidiana lo que son desde la eternidad: amor. Amén.
Revelación divina
Sobre Mi corazón, Mis amados hijos e hijas, estuvo recostada su cabeza, y sobre Mi corazón permanecerá recostada hasta que hayan alcanzado la meta de su vida y de toda su evolución, la meta que se les ha encomendado perseguir en medio de toda su aflicción y dolor, y todo se haya consumado en el Hogar.
En verdad, grande es Mi corazón, pues abarca todo lo que ustedes son capaces de ver con sus ojos y, además, todo aquello que sus ojos humanos no pueden contemplar. Y, en verdad, esto es mucho más que lo que el ojo humano es capaz de captar.
Mis amados, han hablado de que están en esta Tierra por una razón especial: porque en las regiones del más allá asumieron la tarea de ser luz y amor, de dar luz y amor y, de ese modo, mostrar a los seres humanos qué camino puede ayudarlos a salir de toda tribulación, de toda aflicción, del dolor y de la enfermedad.
Pero también hablaron de lo que hay que hacer, de lo que se necesita para poder mostrar este camino a los seres humanos. ¿Puede un maestro transmitir a sus alumnos un conocimiento que él mismo no ha adquirido en su camino y durante su evolución?
Vean, pues, están llamados a hacer esto; y el Espíritu de su Padre los exhorta una y otra vez: Recorran el camino del amor. Recórranlo con seriedad y constancia, para que el amor pueda desplegarse en ustedes. Entonces todas las personas con quienes se encuentren podrán percibir, con sus antenas espirituales, qué espíritu los anima. Podrán reconocer que de ustedes emana algo de lo cual carecen tantos otros; que de ustedes emanan la calidez de corazón, la misericordia, el amor, la justicia, la paz y la compasión. Pero, Mis amados, ¿puede suceder esto mientras se limiten a mover todas estas cosas de un lado a otro con su intelecto? Yo les digo: ¡Nunca!
¡Pues aquello que desean dar debe estar contenido en la vasija de su vida! ¿De qué quieren darles a sus hermanos y hermanas si su vasija está vacía? ¿Qué alimento quieren ofrecerles si su vasija está vacía? ¿Qué bebida les darán a quienes tienen sed de la verdad, del amor y del conocimiento de su Padre en el Cielo, si no hay nada o hay muy poco en la vasija de la que piensan servirse?
Ustedes hablan una y otra vez del tiempo en que viven, y Yo les pregunto: ¿Reconocen también ustedes que el tiempo es grave? ¿Reconocen las señales de los tiempos? Yo, su Padre, les digo: Apresúrense, porque el Amor que Yo Soy anhela todo lo creado, anhela todo lo caído y anhela todo lo que se ha apartado de Mí, todo lo que ha sido atrapado por el torbellino de la lejanía de Dios, arrojado a las profundidades y allí lleva una existencia miserable.
Así como Me anhelan a Mí, Mis amados, anhelen también a aquellos que están con ustedes en las profundidades y a quienes —esa es la tarea que se impusieron— prometieron llevar consigo de regreso a casa, al Hogar, a Mi corazón.
Y cuando sientan: «Sí, Padre, quiero apresurarme; quiero llenar mi vasija con aquello que Te agrada y con aquello que mis hermanos y hermanas necesitan, aquello de lo que tienen hambre y sed», entonces vengan a Mí. Yo cumpliré su petición; les mostraré qué les falta todavía y qué cosas humanas deben retirar aún de esa vasija, para que aquello que es eterno y divino encuentre lugar en ella.
Vengan a Mí, hablen Conmigo, ábranse ante Mí; Yo los conozco, y ninguno de Mis hijos puede esconderse de Mí.
Recorran, pues, el camino que les ha sido dado recorrer y del cual les hablo una y otra vez: pongan un pie delante del otro, porque en este camino no pueden apresurar nada, saltarse nada ni omitir nada. Todo lo humano tendrá que ser borrado y sustituido por aquello que resplandece eternamente y que ha sido depositado para la eternidad en su alma como Mi herencia.
Mis amados, aunque Mi palabra suene a veces severa, reconozcan en ella el anhelo y el amor de su Padre, que ustedes no pueden abarcar. Yo los anhelo, pero precisamente por eso también los exhorto: No vacilen ni titubeen, pues el camino hacia Mi corazón es un camino hermoso, un camino alegre. Cada paso que den hacia Mí lo recompensaré con cien pasos que daré apresuradamente a su encuentro.
¿No es maravilloso para ustedes saber esto? ¿Que ese único paso, es decir, su esfuerzo, basta para que Yo dé cien pasos hacia ustedes? ¿Para que los rodee con Mis brazos, los estreche contra Mi corazón y les regale por ello una abundancia infinita?
Vayan, pues, y que cada uno lleve consigo para su camino aquello que hoy haya penetrado profundamente en su corazón. Mi amor lo ilumina con sus rayos, Mi luz hará que la semilla se desarrolle en sus corazones; y si se esfuerzan seriamente por dar, con perseverancia y alegría, un paso tras otro, sentirán cómo su interior cambia de día en día. Y no solo eso, Mis amados: lo que cambia en el interior también hará surgir en el exterior aquello que le corresponde.
Así pues, tengan confianza, porque Yo, su Señor y Dios, estoy a su lado y nunca están solos. Mi paz está con ustedes y en ustedes, y Mi luz brilla para ustedes en el tiempo y en la eternidad. Amén.