Encuentro del 8 de marzo de 2008 en Würzburg
Revelación divina (como respuesta a una oración)
Mis amados hijos e hijas, quiero interrumpir, y lo haré solo brevemente, su círculo de oración para responder a sus oraciones, agudizar su mirada y ensanchar su corazón, a fin de que comprendan lo que está sucediendo en este tiempo y cómo deben reaccionar correctamente los mensajeros de la Luz, que todos ustedes son.
He dotado a TODOS Mis hijos de libre albedrío; y cuando digo todos, Me refiero a todos, incluso a quienes actualmente recorren su camino en la oscuridad porque todavía no se han reconocido a sí mismos ni Me han reconocido a Mí.
¿Qué significa esto, Mis amados? Significa que NUNCA JAMÁS intervendré en el libre albedrío de una criatura y que, por lo tanto, también la oscuridad tiene la libertad de atacar a la Luz y a todos los que se declaran a favor de ella.
Si Yo impidiera un ataque, sería parcial; pues consideren esto: amo a todos por igual, también a quienes están contra Mí, contra ustedes y tratan de extender el caos en este mundo.
Pero si amo a todos y ustedes se declaran a favor de Mí, ¿no resulta evidente que su meta solo puede consistir en amar también, de manera incondicional y desinteresada? Para eso vine al mundo y para eso les doy toda la fuerza. Por consiguiente, no debilito el ataque del bando contrario, sino que fortalezco a quienes, en Mi nombre, en el nombre del Amor, se enfrentan a estos ataques, para que también la oscuridad pueda reconocerse a sí misma en ellos.
Por lo tanto, no teman; más bien, reflexionen sobre los aspectos en los que todavía ofrecen un punto de ataque a las tinieblas. Si desean cambiar esos aspectos, vengan a Mí y Yo transformaré sus debilidades en fortalezas. Los haré poderosos y fuertes; y en Mi nombre se enfrentarán a los atacantes, y de sus corazones fluirá amor, ¡nada más que amor! En ese momento, amigos Míos, estarán protegidos y el ataque de la oscuridad quedará sin efecto.
Reflexionen sabiamente sobre ello y reconozcan su misión en este tiempo, aquella a la que dieron su sí: llegar a ser amor; con ello se sumergen al mismo tiempo en Mi protección. Amén.
Revelación divina
En verdad, en verdad, en verdad, el Cielo se ha abierto; y Yo les digo: Yo Soy la Luz de los Cielos. He enviado a la Tierra innumerables mensajeros de la Luz.
Allí donde creen ver solamente oscuridad, hijos Míos, ya resplandece Mi luz dentro de ella, fortalecida por todos los pensamientos de oración y todos los pensamientos de bendición. Todo se va disipando, como las nubes oscuras que se encuentran sobre su Tierra. En todas partes resplandece la luz; en todas partes irrumpen diminutos rayos de luz para reunirse en un gran rayo.
Todo se encuentra en transformación, todo se encuentra en proceso de purificación. No se desalienten; refúgiense muy cerca de Mí, su Padre celestial, que vine a la Tierra en Jesucristo para llevar a los seres humanos Mi misericordia, Mi amor y Mi redención. Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida; Yo Soy el Poder, la Fuerza y la Gloria.
¿Cómo podría vencerme la oscuridad? No puede vencerme, ¡pues Yo he alcanzado la victoria! ¡El Amor ha alcanzado la victoria!
Así pues, no se desalienten, sino acérquense cada vez más a Mí. Apártense de sus errores, ¡cambien el rumbo de sus caminos! ¡Vuelvan, cada vez más cerca de Mí! Entren en el amor, y todo lo humano que haya en ustedes entréguenmelo a Mí, hijos Míos, una y otra vez.
Y, en verdad, se hará la luz, pues Yo he prometido: habrá un Cielo nuevo y una Tierra nueva. ¡En verdad, así será! Porque todo lo que está escrito se cumplirá hasta el último punto de la i.
En verdad, Yo Soy Dios, el Señor; Yo Soy la Vida y no dejo solos a Mis hijos. Créanme que Mi corazón siente dolor cuando veo cómo se tratan unos a otros Mis hijos en la Tierra y cómo la Tierra es profanada. Pero Yo Soy la Vida y, en verdad, ustedes son Mis instrumentos, hijos e hijas de Mi amor. Son hijos e hijas de Mi luz, son hijos e hijas de Mi fuerza. ¿Quién habrá de enfrentarse a ustedes cuando se pongan en camino por Mí? ¿Quién habrá de oponérseles cuando caminen de Mi mano, llenos de valor y fuerza, llenos de esperanza y confianza en aquello que les he prometido?
Yo hago nuevas todas las cosas; se hará la luz y Mis hijos vivirán juntos en amor y paz; Me contemplarán ya en esta Tierra.
En verdad, en verdad, se lo digo: ¡Así es y así será por toda la eternidad! Amén.
Revelación divina
Conforme a la voluntad divina, la seriedad también se dirige a ustedes, Mis amados hijos e hijas, amados hijos Míos.
Aunque exteriormente parezcan ser pocos, sepan que, en verdad, son muchos en este recinto, unidos a sus hermanos y hermanas en lo invisible. Mi bendición paternal sumerge este lugar en el resplandor de la luz celestial y santifica esta hora. Sientan dentro de ustedes Mi gran anhelo, el anhelo de su Padre por cada uno de Sus hijos. Y este anhelo, Mis amados, inflama sus corazones y exhorta a cada uno de ustedes a despertar.
¿Cuánto tiempo más quieren ignorar la llamada de advertencia en su alma? ¿Quieren acallarla con toda clase de justificaciones? ¿Cuántas veces más se engañarán diciendo que todavía no ha llegado la hora y que las circunstancias aún no son propicias para actuar verdaderamente con seriedad y seguir Mis huellas de amor misericordioso, compasión y perdón?
Yo les digo que para esto no existen ni un momento equivocado ni un lugar equivocado. ¿O quién de ustedes cree que podría haber un momento inoportuno o circunstancias y situaciones de vida inadecuadas para volverse hacia el amor? Si se deciden por Mí, en el instante mismo de su decisión ya estoy a su lado con todo Mi cuidado y Mi ayuda. Oh, Mis amados, ¡esta es la Ley! Yo no Me impongo a ustedes.
En verdad, viven en ESE tiempo en el que un aliento pestilente y venenoso, compuesto de engaño y mentira, de seducción y vileza, de miedo y duda, recorre este mundo desde todos los ámbitos de la vida humana para afligir los corazones de los Míos, contaminarlos y conducirlos a la esclavitud. Viven en el tiempo de una cosecha sin precedentes, en el tiempo en que la paja se separará del trigo.
Reconozcan, Mis amados, que las fuerzas de las tinieblas azotan cada alma y a cada ser humano. ¿Creen que por ustedes mismos pueden hacer frente a estos ataques? ¿Que podrían resistir las seducciones sin Mí? Yo les digo que solo existe UN poder que posee esta capacidad. Y es la íntima unión Conmigo la única que hace posible que ese poder se despliegue dentro de ustedes. Solo el amparo en Mi amor, sabiduría y verdad divinos les da la certeza de que las fuerzas de las tinieblas tendrán que apartarse de ustedes sin haber logrado nada.
Examinen seriamente los espíritus; reconozcan los fuegos fatuos y los espejismos que han sido enviados contra ustedes para atraerlos como esclavos hacia el camino ancho y cómodo que, sin embargo, solo en apariencia señala el camino hacia el bienestar, la iluminación y la perfección.
Por eso les digo nuevamente: Estén vigilantes y reconozcan al lobo con piel de oveja; reconozcan al seductor que, con astucia y malicia, utiliza todos los recursos y artificios para hacer creer a los Míos que hay luz donde, en realidad, solo habrá oscuridad, frío y sufrimiento y, finalmente, decepción y lágrimas.
El camino hacia Mi corazón, Mis amados, se asemeja al sendero estrecho y empinado que todavía pocos están dispuestos a recorrer. Pero cuanto más se esfuerza el hijo y avanza paso a paso, tanto más aumenta la distancia respecto de todo aquello que, en más de una encarnación, él mismo se impuso como lastre de la existencia humana. Cuanto más avanza y dirige su mirada hacia el Cielo, tanto más consciente se hará de la excelsa meta, es decir: el Gólgota.
Reconozcan, Mis amados, el profundo simbolismo. Para ustedes no será un lugar, sino el momento en que el caminante haya ascendido los últimos peldaños hacia el despojo de sí mismo y, con ello, se haya liberado de toda la carga de su yo humano. Así, el hijo da también los pasos hacia la libertad ilimitada de un hijo que regresa al Hogar, de una hija que regresa al Hogar; hijos que, a través de diversos dolores, privaciones y aflicciones, inclinando la cabeza y las rodillas, con amor y paciencia se han sometido perseverantemente al esfuerzo de unirse a Mí, su Salvador y Redentor, para que Yo pueda glorificarme a través de Mi hijo en plenitud divina y como señal para muchos.
En verdad, quien se pone en camino por amor a Mí y a sus hermanos y hermanas, entra en el sendero estrecho y camina por él, es quien se encuentra en la ruta directa hacia Mi corazón. Y durante su peregrinación Mi presencia luminosa se convertirá en una realidad para él, guiará sus pasos con seguridad y será su apoyo y sustento para el camino, incluso si alguna vez cae, hasta alcanzar la bienaventurada perfección en Mí.
Entonces habrá terminado el esfuerzo de la peregrinación, pues está sujeto al tiempo; en cambio, la recompensa, Mis hijos e hijas, hijos Míos, permanece eternamente. Las palabras humanas fallan y son incapaces de expresar la experiencia del hijo que regresa al Hogar. Pero sepan que no tendrán fin el júbilo, la bienaventuranza y el canto de alabanza. Indescriptibles son la magnificencia y la gloria de su Hogar eterno.
Ustedes que oyen Mi palabra seria y severa, y ustedes que la leerán, no perciban solamente su sonido exterior y, por consiguiente, su envoltura; esfuércense por comprender el contenido con el que Yo, la Divinidad, la he dotado, y por dejar que actúe en su vida y se vuelva así saludable y salvador.
También a aquellos de ustedes, hijos Míos, que todavía permanecen encadenados en la oscura prisión de su propio yo, inflexibles y sin voluntad de reconocer que su lucha contra Mí, el Poder invencible e inconquistable del amor misericordioso, no tiene esperanza alguna, también a ustedes se les dice y se les deposita como fuego en el corazón: Por más alejados de Dios, llenos de espinas, intransitables y oscuros que sean todavía sus caminos, Yo, su Señor y Dios, su Padre, no los abandono, pues son Míos, amor proveniente de Mi amor. Aunque el momento parezca todavía lejano —y la duración queda sujeta a su decisión— también a ustedes se acerca inevitablemente la hora bienaventurada del regreso a la casa de su Padre.
Mi bendición del Hogar desciende sobre todo lo creado y sobre el corazón de cada ser. Mi paz, amados hijos Míos, está con todos ustedes. Amén.
Revelación divina
Concédanme unos minutos más, Mis amados hijos. Después de haber alzado Mi santa palabra desde Mi voluntad y Mi seriedad, tampoco la sabiduría quiere guardar silencio, tanto más cuanto que a algunos Mis palabras les parecen muy serias. Lo son, pero saben que siempre están sostenidas por Mi amor, que solo tiene el único deseo y voluntad de volver a atraer hacia Mi corazón todo aquello que se encuentra lejos de él.
Por eso quiero darles todavía una ayuda que puede ser para ustedes vara y cayado —y que también lo será si la aceptan— en este tiempo y en su camino hacia Mi corazón.
Las tinieblas rugen y se enfurecen y, semejantes a una tormenta, lanzan las olas contra la roca. Solo pueden lograr algo allí donde existen puntos débiles en la roca. Con esta imagen Me refiero a los errores y defectos que todavía llevan en su alma y que se manifiestan en su comportamiento. Si estos puntos débiles, con Mi ayuda y Mi amor, se van reconociendo y transformando poco a poco y, con ello, son sustituidos por fortaleza, entonces la oscuridad puede arremeter contra ustedes cuanto quiera: no logrará causarles un daño serio.
Por lo tanto, Mis amados, tienen que conocer las puertas de entrada por las que pueden ser debilitados, pues allí se encuentran en peligro. Más de uno piensa que tendría que saber algo sobre sus vidas pasadas para reconocer en qué aspectos debe comenzar su trabajo interior y qué cosas tiene que resolver. Sin embargo, esto es completamente innecesario.
Por una parte, ese conocimiento sería una carga para ustedes; por otra, les impediría adquirir por sí mismos conocimientos sobre su propio ser. Pero estos conocimientos son absolutamente necesarios para poder cambiar algo. ¿Qué posibilidades existen para reconocer aquello que todavía necesita ser transformado dentro de ustedes? ¿Qué hay en ustedes que todavía no corresponde al hijo poderoso y a la hija radiante? Miren su vida, miren su vida cotidiana; y si son sinceros y están atentos, sabrán con toda exactitud dónde se encuentran sus puntos débiles. Porque la vida refleja su interior.
Resumida en una frase, esta verdad dice así: ¡Su situación actual, su vida actual, es lo mejor que podía haberles sucedido! Aunque en alguno de ustedes surja descontento y piense algo como: «Padre, ¿mi situación ha de ser lo mejor que podía sucederme?», aun así te digo, hijo Mío: «Así es». Porque, si no fuera buena para ti, Mi amor habría cometido un error y te habría permitido vivir en circunstancias, o habría dejado que te sucediera algo, que no sería bueno ni necesario para tu comprensión y tu proceso de aprendizaje. ¿Puede ser esto?
Yo guío a cada uno por medio de las circunstancias de su vida; estas corresponden a su interior y tienen como meta conducirlo al entendimiento. Si ahora, hijo Mío, no sabes exactamente en qué aspectos debes comenzar tu trabajo interior, ven a Mí y pídeme que ilumine tu conciencia. Desde ahora te digo: «Esta petición será cumplida».
¿Y qué haces cuando has reconocido dónde hay algo que cambiar para llegar a ser fuerte y aún más fuerte? Entonces tendrás que decidirte a hacer algo o a dejar de hacerlo, pues una comprensión no vale nada sin una decisión. Ven, por lo tanto, a Mí con la decisión que tienes ante ti y pídeme nuevamente que te ayude. Y Yo te digo: «Tu petición será escuchada».
Y cuando llegue el momento de ponerlo en práctica y Me pidas ayuda para hacerlo, debes saber: «Mi ayuda está a tu lado».
¿No es maravilloso lo que te prometo desde Mi amor infinito? ¿Puede alguien esperar más que saber: «Si quiero cambiar, el Padre cumplirá mi deseo»?
Todo aquello que todavía los agobia —miedos, preocupaciones, debilidades de carácter grandes o pequeñas— y todo lo que aún hace que su vida sea más o menos caótica o agitada: vengan a Mí con todo ello, si así lo desean. Yo acompañaré sus esfuerzos de transformación y cuidaré de que se acerquen paso a paso a su meta, porque los amo. Amo por igual a cada uno de Mis hijos y cumpliré estas peticiones a cada hijo, porque tienen como finalidad que pueda regresar al Hogar eterno como el hijo perdido o la hija perdida.
De esta manera, Mis amados, se volverán fuertes y se convertirán en el baluarte que se enfrenta a las tinieblas, las bendice y sirve de ejemplo en el que cada uno puede reconocerse y medirse.
Esta hora está bendecida y permanecerá bendecida. Han sucedido grandes cosas; y si sus ojos pudieran contemplar lo que está ocurriendo en lo invisible dentro de este recinto, se estremecerían ante la luz y el resplandor que lo inundan.
Con esta luz de amor los bendigo, Mis amados hijos e hijas, y los hago fuertes, si así lo desean. Amén.